Old Blog - Café Bahlke

En todas las empresas o lugares del mundo (en general), existen ciertos aspectos comunes basados en anécdotas...

En la Alemania que me prometieron en Francia, curiosamente, he encontrado uno de esos lugares, casi ya mítico, que es el Café Bahlke...

¿Y qué es el Café Bahlke? Se preguntará el lector cauto (el lector más atrevido habrá ya preasumido una condición que en breves momentos le romperemos, calma :-))... Os tengo que contar una pequeña historia para situaros en un lugar que me está resultando de gran agrado y que espero que os haga sonreir como a mi...

Esta, es la historia del Café Bahlke...

El primer documento conservado que atestigua su existencia, es un diploma puesto en la entrada, datado el 13 de Abril de 1994... Dicho diploma atestigua la excelente calidad del Expresso en ese mítico lugar... También existen tarjetas de visita creadas con la dirección del Café Bahlke pero no existe fecha que constate su creación... Visitantes habituales aseguran, sin embargo, que Bahlke lleva en servicio más años, pero, como todo siempre requiere un papel y una fecha, la andadura oficial es ese 13 de Abril de 1994...

Unos años antes (siempre fieles a los testimonios de los parroquianos), en la oficina, sólo existían en las cocinas repartidas por la empresa las famosas máquinas de café americano (largo de agua)... Hace unos 5 años se puso una máquina en la empresa digna de ser llamada "de café", básicamente por su calidad y variedad (4 tipos de café distintos de una calidad media-alta) aunque esta, a diferencia de las demás, no es gratuita sino de pago.

La historia sin embargo, que es cruel a veces y a veces generosa, cuenta cómo Bahlke, un empleado reputado por sus conocimientos técnicos, decidió comprar una máquina de café expreso y ponerla en su despacho...

Los habituales, que son dados al gusto por el buen café, no tardaron tiempo en empezar a frecuentar su despacho, siempre con alguna cuestión técnica o pregunta que, aunque al principio quizás tuviera alguna lógica, como siempre acabaron siendo vanas excusas para despacharse un expresso con nuestro amigo...

La leyenda comienza por tanto ahí: el aluvión de empleados que frecuentaban su despacho era tal que, poco a poco, el caos llevó al orden, estableciéndose de forma organizada 2 turnos de cafetazos, 1 después de la comida (sobre las 12:40) y otro sobre las 15:30... Del café no hay que preocuparse, por cuanto es gratuito, pero sí de la máquina (que se deteriora con el uso): en una de las pizarras del despacho se empezaron por tanto a apuntar los alias de los empleados, donde, cada uno, apunta con un palote cada café que se toma...

Algo que aprendes aquí es el sentido de confianza y de la honradez: todo el mundo apunta religiosamente lo que se toma, como en la empresa, en la cantina, la gente paga y deja el dinero en unos monederos abiertos... Es impensable en otros lugares dicho sistema, pero todo se basa en la confianza: pagas lo que tomas, da igual que te vea alguien o que estés solo... Este es el lugar donde trabajo amiguetes...

El caso es que cada palote en el Bahlke corresponde a 0,15 céntimos de Euro, que es lo que cuenta cada expresso... El pago, del que Balhke se encarga de vez en cuando mandando emilios, sirve para financiar la compra de la siguiente máquina de café (en la vida de esta historia, ya han caido 3 máquinas).

Las rondas para hacer café se determinan in-situ: al final se lavan las cucharillas y las tazas (que hay de todos los lugares que podáis imaginar) se dejan en la cocina para que se laven por la noche con los servicios de mantenimiento... Existe azucar blanco o moreno, a gusto del consumidor... No he visto sacarina, pero supongo que todo será preguntar...

¡Y también hay galletitas! Se compran de una marca específica (hoy las ha traido un compi español que es más majo que las pesetas y me está civilizando) y que tienen la peculiaridad de parecer trocitos de galleta (como si cortaras una galleta en 3 o 4 pedacitos) con pistachos o algo así...

Me gusta este sitio porque aquí se habla alemán (aunque conmigo empezaron hablando en inglés y les he pedido que por favor me hablen en alemán, que así algo se me pegará :-)) y está terminantemente prohibido hablar de trabajo en los turnos de los cafetazos... En el despacho trabajan dos personas y cuando estamos allí estos, si no quieren hacer pausa, son absolutamente capaces de abstraerse y concentrarse en lo que están haciendo... A mi me parecería imposible, pero es cierto que es bonito eso de que la gente vaya a tu despacho con una gran sonrisa y que se cuenten cositas...

Así es que quizás este lugar a veces sea frío, quizás la gente sea distinta a ti, pero hay que tener en cuenta que es lo que he venido buscando y que, como no, sorpresas gratas siempre nos aguardan en el camino que nos lleva a Itaca: en mi caso, al menos, he encontrado el Café Bahlke, que quizás a ti te parezca una tontería, pero quizás no lo sería si tu estuvieras aquí...

Un lugar mágico con certificado de alta calidad en sus cafés firmado por los empleados: un punto de reunión informal donde el macuto mueve sus hilos, un centro neurálgico donde varias divisiones se reunen a la vez para dedicar 5 o 10 minutos al esparcimiento... Quizás los alemanes no sean la alegría de la huerta, pero tienen estos pequeños detalles que, a mis ojos, los hacen únicos...

Lo más bonito es saber que los empleados te llaman para ir ("Hey José, que vamos para allá") y que en ese momento descubres que no hay nada como parar unos minutos para ir a escuchar un poquito de alemán, con gente amable y divertida, que te dice cosas curiosas, te preguntan sobre tu visión como guiri del mundo alemán, que te dan consejos (soy, para variar, el visitante y usuario más joven) y con los que compartes bromas y chascarrillos... Todo ello, eso sí, acompañado de un buen expresso con azúcar moreno, en la silla de Rolf, cuya condición es que no puede ser tocada en ninguna de su configuraciones de inclinación, altura o presión del muelle (frikis hasta la muerte :-)).

Seguro que conoces algún lugar así: tienes un bar fetiche, la casa de algún amigo donde te encanta estar, algún cubículo o algún despacho de un colega donde te encanta ir y echarte unas bromas... Yo he encontrado aquí este despacho con esta peculiar historia... La historia de un empleado que, hace ya muchos años, tuvo la idea de poner una máquina de café expresso en su despacho... Sin él saberlo, quizás, se ha convertido en el punto informal más importante de la organización...

Y eso hace que, sin que él lo sepa, hoy, este post, esté dedicado a él... Mañana mi expresso será levantado a su salud :-)

Un cordial saludo desde la Europa adicta al Café de Colombia :-)

Paquito.

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