Russia - Episodio 3 - Día 2 - Con máscaras y a lo loco

... 
Paquito: "Hi"
Señor Conductor: "Paquito?"
Paquito: Sí señor... ¿Habla inglés?
Señor Conductor: "Niet"
Paquito (en español): ¡La jodimos! No problem! :-))
Día 2 - Con máscaras y a lo loco.


El segundo día empieza muy temprano (para variar)... A las 6 de la mañana, me levanto tremendamente cansado (son las 6 de la mañana en Moscú, pero, para mi cuerpo, todavía son las 4 de la mañana en Amsterdam, lo cual hay que mitigar lo antes posible).

Al terminar mis habituales neuras mañaneras (chequear ropa, duchazo extra-largo para convertirme en ser humano y re-chequeo de la caja de seguridad con las cosas que debo dejar ahí dentro), salgo de mi habitación para enfilar hacia la zona de desayunos...

Y ahí es donde el primer bofetón me llega: el olor a quemado es tremendo... Es el humo que, durante las próximas 48 horas me acompañará en mi aventura...

Después de desayunar, recojo mis cosas y enfilo hacia la calle, donde, por primera vez, voy a ir a la oficina andando a través de una de las enormes avenidas de Moscú  (10 carriles: así, desde el cariño)...

Al salir del hotel, noto que no puedo respirar... Menos mal que soy un neuras y (¿Cómo no? :-)) en Amsterdam, el sábado, me compré mi máscara para poder respirar agustito (en Moscú estaban agotadas, así que el personal, una vez más alucinó con mi sentido arácnido :-))

Y así, por tanto, el lunes empezó con un pequeño español, máscara en rostro y en ristre, caminando por las calles moscovitas, disfrutando del despertar de la ciudad y, a su vez, padeciendo la enorme humareda que todo lo cubría.

Consigo llegar a la oficina y, en la recepción del edificio, como el inglés aquí sirve de poco y, uno, ante todo, tiene sentido común, me las ingenio para hacer comprender al tipo de seguridad de que me deje entrar (dedito hacia arriba indicando hacia donde voy y, dedito hacia mi tarjeta de empleado con el logo de la compañía, para que el tipo comprenda porqué me debe dejar pasar)...

Todas las mañanas, todas las personas que entran en el edificio deben ser registradas (un protocolo de seguridad que en España también se sigue)... Pero... ¿Todas? Como con Asterix, siempre puedo decir que "No todas" y que un pequeño e irreductible hispano jamás ha sido registrado en ese edificio (nunca: otros compañeros míos, incluso, fueron forzados a registrarse, mientras a mi me dejaban pasar "tan tranquilamente" :-)).

Cuando al fin llego a la oficina, descubro que es temprano: todos los días llegaré a las 8 de la mañana y descubriré, con cierta sorpresa, que casi estoy solo en el lugar (como en Madrid, el personal empieza a llegar entre las 9 y las 10:30 de la mañana :-)).

Pero cuando empiezan a llegar los empleados rusos, algunos recuerdan al español que se bajaba en invierno a la calle en camiseta (con -19 graditos... Acojonaos los tengo :-)) y así, con una enorme sonrisa, empiezo a trabajar en mi primer día en la oficina de Moscú, con mis habituales toques de calidad, mis momentos míticos y mis expresiones en español que, sin saberlo, estarán siendo decodificadas (ya lo explicaré: sin prisa :-)).

Es extraño: sólo he estado 3 veces en los últimos 12 meses en la oficina, pero se acuerdan de mi, de mi nombre y, más importante, me reciben con una sonrisa (lo cual es de agradecer)...

Detallazo de los rusos: todas las mañanas, al igual que todas las tardes, los empleados se dan los buenos días y las buenas tardes/noches dándose un amable apretón de manos...

Me siento en una mesa libre y empiezo mi trabajo: debido a la nube, algunos empleados a los que tenía que formar no han podido venir.

Gano tiempo, estudio el lugar: la contaminación es impresionante y el calor es como el de Madrid en Agosto: duro, pero seco.

Ahí es donde tuve un flash-back: Diciembre de 2009, mismo lugar, mismas circunstancias, 60 grados de diferencia (estamos a casi 40 y, entonces estábamos a -20)...

¿Qué tiene esta ciudad? Es Madrid pero a lo bestia... Mismo espíritu, misma forma de vida (más insegura también, ojo) y mismo carácter en la forma de pensar de la gente (ya daré ejemplos: tiempo al tiempo)...

El día pasa deprisa y, en la comida, descubro que una de las personas que vengo a visitar es un apasionado de los aviones...
Paquito: ¿De veras?
X: Sí... Es mi pasión...
Paquito: Pues chico, excusa no tienes, viviendo en el país que produce los caza MIG (los kalashnikov del aire: el cazabombardero más fabricado de la historia)...
X (con aire sorprendido): ¿Tu conoces eso?
Paquito: Sí... Claro :-))
X (con cara de "Órdago a grande"): ¿Sabes? Mi padre fue uno de los ingenieros que diseñaba los MIG 20...
Paquito (con aire muy sorprendido): ¡No jodas!
X (con cara de "Todas"): Lo que oyes :-))

Así es éste país: uno abre la boca y de pronto descubre algo alucinante (será una de tantas cosas que, durante estos días, descubriré en las personas a mi alrededor)...

Hay una compi por la ofi a la que conocí hace un año... Desde que nos conocimos, le llama mucho la atención mi forma de ser: siempre sonriendo, diciendo mis chorradas, enseñándoles cosas en español ("Me la pela" es mi señal: si algún día te encuentras a un guiri de algún país del mundo que te diga esa frase, sabrás que fui yo)... Como soy como soy (y así me va) después del duro día de trabajo, la engancho por banda y le digo: "¡Venga! ¡Nos vamos por ahí!"...

Vengo de Holanda: la gente funciona con agenda hasta para ir al baño... Pero esto no es Holanda, sino Rusia, y esto no es Amsterdam, sino Moscú, que es como Madrid pero en plan "¡Halaaaaaaa!", así que cede...

Ya tengo guía en Moscú: le digo que quiero cenar y que encuentre un lugar que esté bien...
"Conozco un restaurante armenio" me dice... "¿Te gusta la comida armenia?"
Uno, que va por la vida de hombre de mundo, tiene muchos recursos, pero uno de ellos no es precisamente el gastronómico (durante esta semana, todos los días, mi comida ha sido Sushi y una ensalada de pollo, jamón dulce, croustillons y queso rallado: la misma comida que hago siempre aquí en Moscú, pagando exactamente la misma cantidad cada vez).

Pero, en su día me llevaron a un restaurante armenio (la primera vez que vine) y recuerdo que estaba bueno...

"Me da igual: tu ciudad, tus reglas" le digo, delegando una vez más cualquier responsabilidad en asuntos no puramente estratégicos (todo lo demás es prescindible :-)).

Moscú es enorme: 10 millones de personas censadas (y unas 5 más no censadas) con avenidas de 9-10 carriles cada dos por tres... La superficie de la ciudad es gigantesca, de ahí que me dé por reír cuando, al llegar al sitio, recordé la estampa de un tipo de seguridad con una ametralladora en la puerta...
"Sí... He estado aquí" le confesé, "Y me gustó mucho"...
En la cena, obviamente, delego y al final acabo zampándome una ensalada y una especie de rollos de carne con Dios sabe qué donde, el rollo, en lugar de estar hecho de algas o algo así, están hechos con una hoja de viñedo (o algo así: me lo intentaron explicar pero no lo comprendí bien)... Se dejó comer en cualquier caso :-))

Todavía la cosa, hasta ese momento, ha ido dentro de los cauces normales... Pero, como ya deberías conocerme a estas alturas, las cosas no son siempre como uno las pinta, sino todo lo contrario...

Es decir, unos 15 minutos antes de entrar al restaurante, mi colega me habla sobre Francia (lugar que visita para esquiar, junto con Suiza) y le cuento que viví por allí hace algunos añitos (incluso tenía pelo, o sea que ha llovido :-))...
Y: ¿Hablas francés?
Paquito: Sí claro... ¿Hablamos mejor en francés?
Y: Sí... Me siento más cómoda en francés que en inglés...
PROCEDURE

Por tanto, toda la noche se pasa hablando en francés de lo humano y lo divino... Si a esto le unes que, de pronto, en este restaurante, empiezan a meter como música de fondo a Ana Belen, la cosa ya toma tintes de Pajares y Esteso.

Es lo que tiene esto de la globalización: "Un español y una rusa, en Moscú, zampando en un restaurante armenio escuchando a una cantante española mientras conversan en francés"...

Si a esto se le une que la persona que tengo enfrente es de natural tímida, entonces la fiesta incrementa el nivel, porque el factor "Estoy de lo mío" les aterra (esto es, desde ponerme a cantar lo de "¡Os recibimos! ¡Americanos con alegría!" hasta ponerme un trozo de papel en un diente y gritar "¡Cuñaaaaaaaaaaaaaaao!" allá donde esté :-)).

Y así, por tanto, mi segunda noche en Moscú se pasa tranquilamente, dando un largo paseo hasta mi hotel y sufriendo la caída de nuevo del humo sobre la ciudad, con mi máscara bien preparada y corriendo como un loco (porque en las grandes ciudades, truco del almendruco, la mejor forma de que no te pase nada es, en primer lugar, caminar rápido y, en segundo lugar, nunca establecer contacto visual con nadie).

Llegué sano y salvo a mi hotel y me dormí escuchando las noticias de Russia Today... Lo mejor estaba todavía por llegar, pero, de momento, había conseguido salir del hotel y sobrevivir a la humadera...

Os dejo las fotos del día para que las disfrutéis.




Eso es todo: ¡Moscú prevalece! :-))

Comentarios

  1. pero como dirian los galos, a lo unico que le temen es: "a que el cielo se desplome sobre sus cabezas" y al parecer por Rusia aun no se desploma pero que humareda hay por los cielos!!! Y por tutatis! que la humareda pase, el calor no mate y que tu ironia hacia la vida siga con esa chispa ;)
    Saludos

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  2. Hola S.S.

    Mil gracias por tu visita y por tu comentario: efectivamente, no sé si el cielo se desplomaría sobre sus cabezas, pero lo cierto es que, durante 3 días, la atmósfera era digna de un anuncio de Greenpeace (aterradora).

    El calor estuvo divertido: me cansé mucho, es cierto, pero me lo pasé como hacía tiempo que no lo hacía y, eso, al final, es lo que cuenta :-))

    Gracias una vez más por tu visita y tu comentario :-))

    Paquito.

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