San Petersburgo - Día 1 - ¡Ya estoy aquí!

Hola,

Debe de ser que, con esto de la edad, uno se hace animal de costumbres y, como cambiar las cosas a veces cuesta, no es extraño pensar que, a pesar de que esta vez mi vuelo hacia San Petersburgo era un poquito más tarde que anteriores ocasiones, lo cierto es que empecé a funcionar a las 6 de la mañana, con las consecuentes neuras re-re-revisando mi maleta (que esta vez era mucho más pequeña de lo habitual) y con un taxi esperándome en la puerta a las 7:30...

Antes de salir, un último mensaje para mi compañero de casa para que me cuide las plantas (que no son mías, pero como me dejaron al cargo de las mismas, procuro tenerlas bien cuidadas :-)) y, con todo "atado y bien atado", salgo a la calle donde, como ya va siendo habitual, un amable taxista me espera...

Durante mi trayecto al aeropuerto, hablo con él para ver cómo va la vida: al parecer la actividad ha bajado durante las vacaciones pero, con eso de que los niños empiezan el colegio a principio de Septiembre, me reconoce que el tráfico ha empeorado y los atascos vuelven a ser más comunes...

Durante el viaje, además, aprendo algo increíble: hace unos años, con el tema de la liberación de sectores, el taxi en Holanda se flexibilizó en temas de licencias (no sé si completamente, pero, de acuerdo con el taxista que me llevaba a mi, las cosas se han abierto "bastante") y, lo que tendría que ser beneficioso para el cliente (a mayor oferta, con una demanda estable, los precios deberían bajar) ha ido a final en nuestra contra (no me puedes ver la cara, pero, créeme, no es de sorpresa) porque, ¿Cómo no? "Aquí mis amigos", con el tema de la liberalización y con el aumento de taxis, a lo que se han dedicado estos años es a incrementar el precio artificialmente, con eso de que, ("Es que son muy negociantes") al final, negocian con el cliente el coste de la carrera...

"Pero...", empezarás diciendo: "¿Y el taxímetro? ¿No hay tarifas oficiales y todo eso?"...

Se nota que eres una persona inteligente: seguro que ves el telediario de las 21:00 y escuchas alguna radio con sesudas tertulias sobre lo humano y lo divino...

Efectivamente, de eso hay pero, como "es que son muy negociantes", pues algunos (los que trabajan por cuenta propia) procuran pasárselo por donde amargan los pepinos (en especial si eres guiri o es fin de semana) así que, si algún día vienes aquí, ya sabes a lo que te enfrentas...

Ya en el aeropuerto, consigo mi billete de vuelo y me pongo a dar vueltas por la Terminal (voy sobrado de tiempo en primer lugar y, sobre todo, en los aeropuertos me pasan cosas geniales :-))...

Es temprano, así que es hora de desayunar... Busco el Starbucks, me pido un café de tamaño familiar y una magdalena (o Muffin, que suena más fino) de arándano (o "Blueberry", que suena más internacional)...

Así que, cuando me dispongo a meterle el morro a tan maravillosa combinación de cafeína y dulce, noto que, a mi lado, una adorable parejita de ancianos japoneses desayunan hablando casi en susurros...

Decido observarles por tanto y así, cuando el marido se levanto para hacerle una foto a la mujer, una vez que terminó le dije que si quería que les hiciera una foto juntos...

Ellos no hablan inglés y yo apenas conozco dos o tres frases en japonés, pero aún así nos hacemos entender (cuando uno quiere comprender, acaba comprendiendo) y así, después de hacer la foto, les explico que soy español, que vivo en Ámsterdam y que trabajo para una empresa que, cuando vieron mi tarjeta, les hizo aplaudir como si estuvieran viendo al mismísimo emperador de la tierra del sol naciente...

Me despido de ellos en japonés y con una gran sonrisa, mientras ellos me desean un buen viaje (eso o "Súbete la cremallera de la bragueta que la llevas abierta", vete tu a saber, que mi japonés no da para mucho :-)) y así, después de un ratito, enfilo hacia mi puerta de embarque...

"No hay jamonacas en el avión" digo en un SMS justo antes de apagar el teléfono... Será una de las cosas que me llame la atención en este viaje: acostumbrado al "nivelazo" moscovita (en serio: NIVELAZO), de pronto la cosa cae incluso por debajo de la media y, apenas 5 minutos antes de que despegue el avión, cuando estoy a punto de desconectar del mundo, una dulce voz me dice en inglés:

"Perdone... Me deja pasar?"

Justo a mi izquierda hay un asiento libre (el de la ventanilla) y a mi derecha, de pie, una mujer impresionante de dulces ojos, largas piernas y corta (muy corta) minifalda...

PROCEDURE (Dale al Play :-))...


Despegamos y, cuando alcanzamos los famosos 10.000 pies de altura, otra chica de agradables facciones aparece para llevarse a mi compañera de fila (el jubilata de mi derecha no cuenta :-)) y, como compensación por la pérdida de efectivos, recibo a cambio a un ingeniero iraní que va a trabajar a una refinería de petroleo próxima a la región de San Petersburgo...

Podrías pensar que salí perdiendo con el cambio (jamonaca impresionante Vs. ingeniero iraní) pero, si me conoces desde hace algún tiempo, sabrás que, muy al contrario, la operación resultó altamente beneficiosa para mi...

Así por tanto, hasta el fin de nuestro vuelo y la zona de inmigración (donde tuve que dejar al ingeniero lidiando con las autoridades: eso de poner en la misma frase "Ingeniero iraní", "Avión", "Moscú" y "Refinería de Petroleo" debe de ser que hizo pitar al ordenador) me dedicaré a hablar con él y a comprender los procesos industriales de refinado de petróleo, así como otras cosas como procedimientos de seguridad y demás (me explicó a groso modo lo que ha pasado en el Golfo de México y, para hacértelo corto, te diré que, en lenguaje técnico, lo allí sucedido tiene un término específico en su argot profesional: "Cagada monumental" :-))).

Nos volvemos a situar (que ya sabes que me disperso): hemos aterrizado y estamos en el control de inmigración (por cierto: aquí mi menda asistiendo a los turistas del vuelo para enseñarles a rellenar el panfleto de visado que hay que entregar en inmigración, dado que los señores de KLM, que hacen esta ruta 4 veces al día, no tenían ni pajolera de cómo hacerlo)...

Detalle adicional: en Moscú, el 90% del pasaje viaja por cuestiones de negocio, mientras que, a San Petersburgo, el 90% del pasaje viaja por turismo (y la media de edad, en mi vuelo de ida y de vuelta, es como 40 años superior a la de mis vuelos hacia la capital de la federación rusa)...

Dejo inmigración tras de mi con el ingeniero iraní intentando explicar que viene a trabajar a Rusia y que todo está en regla... Salgo de la terminal y no veo a nadie con mi nombre, así que, de inmediato, marco el número de mi colega en San Petersburgo (a la cual formé en Diciembre en Moscú y que me enseñó el famoso "Pakka Pakka"): un encanto de mujer a la que pillé de milagro, porque estaba a punto de irse a entrenar con su equipo de Volley-Playa)...

En nuestra conversación telefónica no reparé en el detalle, pero el caso es que ella le puso nombre al taxista ("Vladimir") y por fin, deambulando por la pequeña terminal, veo a un señor con el logotipo de la compañía para la que trabajo...

Ahora vais a conocer el significado real de "Tormenta Perfecta"...

Estoy al teléfono, así que le hago señas de que "¡Hola! ¡Soy yo al que esperas! Te doy la mano rápido pero no puedo hablar porque estoy al teléfono" (échale un poco de imaginación y seguro que eres capaz de reproducir el momento en tu cabeza)...

Así por tanto, sigo al tipo por el aeropuerto mientras mi compañera me cuenta cosas a tener en cuenta en la ciudad (como, por ejemplo, que estoy alojado en la isla de la ciudad y que, si salgo por ahí, que tenga cuidado, porque a la 1 de la mañana levantan los puentes que conectan dicho lugar con la parte continental de la ciudad) y, así, llegando al coche, meto mi pequeña maleta en el coche y me pongo en el asiento de atrás mientras sigo al aparato)...

Cuando cuelgo, otra vez una llamada de teléfono... Durante los próximos 30 minutos estaré hablando en francés con un reclutador al que "mi perfil le ha llamado la atención"...

Pues nada: ¡A dejarse querer!

Ahí empieza una semi-entrevista de trabajo a la que, más pendiente de la carretera y de las calles de la ciudad que del teléfono, voy respondiendo a sus preguntas y describiéndole lo que está pasando en estos momentos...

La entrevista termina y el atasco en San Petersburgo es como la ciudad: ¡Monumental! "Si uno pensaba que Moscú tiene mal tráfico, es que no conoce ésto" digo para mis adentros mientras el amable conductor pone música en el coche...

Y digo "amable conductor" y no taxista, porque, al llegar finalmente a mi hotel, le pregunto que cuanto tengo que pagarle...
Paquito: ¿Y cuánto es jefe?
Vladimir: Nada.
Paquito: Ahh... ¿Ya se ha encargado la compañía? ¿Necesita una firma de la factura o algo?
Vladimir: No... Yo trabajo para XXX...
Paquito: ¿Cómorrrrrrr?
Vladimir: Sí: soy el responsable de la oficina de San Petersburgo...
Vale: ¡Que no cunda el pánico! Acabas de tratar al responsable de la oficina de San Petersburgo como si fuera un taxista: no te has sentado a su lado, sino detrás, en plan "Bautista: ¡Conduce!" y menos mal que lo has hecho en francés, porque has estado haciendo una entrevista de trabajo con él dentro del coche...

Incluso, al salir del coche, has buscado algún billete para darle al hombre una propina...

Sí... Definitivamente, como dijo Carlos Sainz en aquel mítico Rally: "¡La cagamos Luis!"

El hombre se lo toma con sentido del humor, yo mantengo el tipo como puedo (¡Qué cagada Manolo! ¡Qué cagada!), mientras me dice que mañana pasará a recogerme a las 8:30.

Por fin entro en el hotel, donde una amable señorita comprueba que, efectivamente, tienen un sitio para mi, un mapa de la ciudad y, ¡Extra bonus!, un par de papelitos con códigos para conectarme a Internet en el hotel durante mi estancia...

Al entrar en la habitación, una frase para el recuerdo:
"Hemos perdido caché Fiti: ¡Hemos perdido caché!"
La habitación tiene unas vistas "interesantes", pero es muy pequeñita (es como uno de esos hoteles de Sol Meliá que, por más que te juren que el hotel es 5 estrellas, tu te sigues preguntado: "Pero... ¿De qué?")

Y así, después de la inspección rutinaria, descubro que, otra vez, con el rollito minimal, tengo una ducha gigantesca y muy moderna, pero no tengo una puñetera bañera ("Tenemos un Spa maravilloso e ideal de la muerte, señor cliente" me ponen en un panfleto que, curiosamente, en lugar de sugerirme buenas ideas, sólo me sugiere al director de la cadena de los hoteles flexionado levemente mientras el susodicho panfleto de acerca de canto hacia esa parte de nuestro cuerpo que, en general, no conoce la luz del sol)...

También descubro que el baño es de Porcelanosa y, como estoy inspirado, rememoro uno de aquellos famosos anuncios con la Preysler diciendo eso de:
"Porcelanosa decora tus mejores sueños"...
Observo la cama y, como ya es habitual, decido hacer mi famoso "Test del Salto del Tigre" (Patente Pendiente) para ver sobre qué superficie van a reposar mis huesos los próximos días...

"¡Ye-yeeeeeeeeeeeeeee!" Se oye unos segundos más tarde mientras, si hubieras estado allí, me habrías visto saltando encima de la cama para comprobar la dureza del somier y del colchón...

El costalazo fue tremendo: acostumbrado a esos colchones duros que te hacen rebotar casi fuera de la habitación, éste en cambio salió rana, así que, después del salto a lo "Último Guerrero" en el Pressing Catch, al caer allí me quedé, justo donde tenía que haber rebotado hacia algún lugar...
"Hemos perdido caché Fiti: ¡Hemos perdido caché!"
Duchazo laaaaaaaaaaaaaaaaargo, cambio de ropa, visionado de la tele rusa con una tipa haciendo un programa IGUALITO al de "Teresa Campos" (o "Materesa" si eres Peñafiel) en plan ruso, y una señora cantando el tema de "Los Ricos también lloran" porque (anécdota, mis queridos niños) cuando la URSS se colapsó, los culebrones entraron en Rusia (y el ya mencionado fue de los primeros)...

El éxito de esta telenovela en particular fue tal que, en algunas regiones de la extinta Unión Soviética (como Ucrania), durante la hora de emisión, empezaron a cortar la luz en las casas y en las emisoras, por cuanto el personal dejó incluso de ir a trabajar para ver las idas y venidas de los Luis Albertos, Carlos Alfredos, Esmeralda Marías y demás personajes con curiosas combinaciones de nombres compuestos (en España, como curiosidad, mencionar que los nombres compuestos en Latinoamérica nos suenan muy rimbombantes, quizás porque no estamos acostumbrados a la riqueza de sus mezclas) ...

Salgo por fin a la calle y noto "la presencia del mar" (ese concepto tan absurdo y gafapastoso)... No por nada en particular, sino porque el mar está justo enfrente de mi hotel y percibo ese olor tan peculiar que el mar tiene (yo soy más de montaña y de ciudad, así que no me van a impresionar con el agua)...

Hago algunas fotos y empiezo a caminar por la San Petersburgo (estoy en la isla)... Esto es enorme y, creo que es porque es el inicio del curso escolar en Rusia, veo un montón de flores en las distintas escuelas e instituciones relacionadas con la educación en San Petersburgo (estoy alojado justo al lado de la universidad) y, en las calles, veo a un montón de marineros vestidos con los tradicionales uniformes que indican su oficio (me dan unas ganas de ponerme a cantar "YMCA" de los Village People tremendas :-))...

San Petersburgo me hace sentir más seguro que Moscú: la ciudad, sin embargo, por el tamaño y por mi desorientación (6 millones de personas) hacen que, al rato, tenga que parar de caminar y deshacer mis pasos para no perderse (recuerda: estás en un sitio donde las calles están escritas en un alfabeto que no comprendes y, en general, la población no habla ningún idioma comprensible para ti)...

Se nota además que no es la capital: allí está todo, créeme (el perfil de la gente en las calles: la forma de vestirse te lo dice todo) y, a lo largo de los dos siguientes días, para mi desgracia, descubriré que es una ciudad turística, lo cual quiere decir que, si eres turista y no hablas el idioma, eres el blanco ideal para que todo te cueste el doble y los recibos desaparezcan por arte de magia...

Afortunadamente, y eso lo descubriré al día siguiente, en la oficina conoceré a gente encantadora y amable, los cuales harán todo lo posible por hacerme sentir en casa (y créeme que lo lograron: se nota que los rusos fueron un gran imperior en el mundo por algo :-)).

Consigo cenar algo y, de vuelta a mi hotel, decido seguir caminando por algo parecido a un "Paseo Marítimo" al lado de mi hotel...

Y así, en mi Santa Inconsciencia, descubro que, a unos 20 minutos andando de mi hotel (insisto: el tamaño de las cosas aquí, como en Moscú, es desconcertante, pero créeme que 20 minutos a pie allí es "enfrente") está el famoso Museo del Hermitage y que, si Elza me dijo que este hotel era bueno, desde luego que tenía razón, porque me puso en el mejor lugar posible de la ciudad...

Pero ya es de noche, así que, con la cámara en ristre, intento hacer fotos en condiciones bajas de visibilidad... No son, ni de lejos, más mejores fotos que he tomado en mi vida pero, aún así, intento reflejar lo que me rodea, sobre todo en perspectiva de tamaño, para no sólo tomar la belleza del entorno (la calidad), sino la talla (la cantidad) de las cosas que me rodean (como un paso de cebra de 70 metros)...

También, haciendo fotos desde un puente, recordaré a aquel que visitó la ciudad y que, en un momento "épico", gritó aquello de "¡MO-NU-MEEEEN-TOOOOOOOOOO!" por aquí...

Es una pena: desorientado y, buscando aventura, me aventuré por calles inertes mientras, justo al otro lado, se escondía el edificio del Estado Mayor y uno de los Museos más lujosos del mundo...

6 millones de habitantes, el tamaño descomunal que tienen las cosas en Rusia y ese extraño contraste entre lo nuevo, lo maravillosamente restaurado y lo viejo, medio derruido, cayéndose de viejo, que hacen del "sabor ruso" una experiencia poco comparable a otras cosas que puedas ver en tu vida...

Y así, después de pasar horas y horas caminando, decido volver a mi hotel y, en el camino a los ascensores, con la música de Extremoduro cantándome una preciosa canción llamada "Golfa", veo a 4 personas con peculiares facciones...
Ella: ¿Y cómo funsiona el elevador?
El: Tenés que aproximar la tarjeta al lector.
Son de Buenos Aires, así que decido intervenir en español y explicarles cómo funciona la cosa...

En algunos hoteles en Rusia,  por motivos de seguridad, no puedes utilizar el ascensor sin que antes pases tu tarjeta de alojado en el mismo por un lector (así evitan que terceras personas puedan acceder al lugar).

Así que, después de desearles una muy buena noche, llego a mi habitación, programo la alarma de la tele para las 6:15 de la mañana...

Me acuesto con la tele hablando del evento de Apple que, esa misma tarde, había tenido lugar en Cupertino, el primero que no sigo en 5 años pero, aunque todavía no lo sé, esos códigos que me dieron en la recepción salvarán mis noches, porque, justo cuando me entregué a Morfeo, San Petersburgo abrió el grifo de la lluvia hasta el día que me fui, sin parar de llover ni un sólo minuto en todo ese tiempo...


Y para los que lo leen en un iPad (¿Ves cómo tomo nota de las sugerencias? :-))


Eso es todo: ¡San Petersburgo Prevalece! :-)) 

Próxima Entrega: "Santori Times"

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