San Petersburgo - Día 2 - Santori Times

...
Paquito: ¿Y cuánto es jefe?
Vladimir: Nada.
Paquito: Ahh... ¿Ya se ha encargado la compañía? ¿Necesita una firma de la factura o algo?
Vladimir: No... Yo trabajo para XXX...
Paquito: ¿Cómorrrrrrr?
Vladimir: Sí: soy el responsable de la oficina de San Petersburgo...
San Petersburgo - Día 2 - Santori Times

Una señora mayor, con profundos ojos azules, canta algo así como "Aprendí a llorar" con un peculiar acento... Lo está dando todo, entregada a su labor y, de pronto, repara en mi: de acerca despacio, creo que para explicarme porqué está cantando esa canción y, cuando parece que por fin voy a entenderlo, un ruido indica que nuestra comunicación será imposible...

La tele y el sistema despertador no engañan: Jueves 2 de Septiembre de 2010, 6:30 de la mañana en San Petersburgo, la segunda ciudad más importante de la Federación Rusa...

Duchazo descomunal para despertarme (me hago mayor y estos excesos los acabo pagando) y salir disparado por la puerta (porque por la ventana me pillaba un poquito alto) hacia la zona de desayunos donde, para mi agradable sorpresa, me lo encuentro casi vacío, con unos cuantos turistas mayores zampándose un poco de fruta con cereales y leche...

Algo que me llama la atención de este viaje es la cantidad de gente mayor que hace turismo en San Petersburgo: debe de ser el rollito histórico y demás, pero, como comenté en la anterior ocasión, el avión en el que viajé, a grandes rasgos, parecía un comando del IMSERSO...

A mi mente vino mi segunda visita a la Expo de Sevilla en 1992 - Era septiembre, fue el día del record de asistentes (medio millón de personas en el recinto) y un grupo de jubilados dándose un garbeo por el enorme recinto...

Recuerdo que, con el rollo de "somos jubilados" entraban en todos sitios de forma prioritaria e, incluso, en algunos donde había que pagar algo, ellos simplemente no lo pagaban...

Hasta que dieron con "la torre" (un lugar desde donde se podía ver todo el recinto de la Exposición Universal)...

"¡Oigan Oigan!" dijo la salada azafata a la entrada: "¡Que tienen Vds. que pagar!" les digo con muchísima amabilidad...

"¿Y los jubilaos?" Preguntó uno de ellos, ya resabido con lo de los beneficios de la Tercera Edad...

"Sí también, pero siendo Vds. pensionistas, pagan Vds. menos" respondió la amable chica...

"¡Vámonos que hay que pagar!" Sentenció finalmente uno de ellos, mientras todo el comando se desplazaba en otra dirección, con uno de ellos sosteniendo un palitroque que coronaba un cartelito con no sé qué de "Jubilatas de no sé dónde"...

Aquí, eso sí, es otro pelaje: un viaje a Rusia es caro y, si Moscú puede resultar carito, San Petersburgo también le anda a la zaga y, cuando uno va por negocios, lo mira y, cuando no queda más remedio, pues pagas y ya está...

Pero cuando lo tienes que pagar enteramente tu: entonces, como norma general, la cosa cambia...

Los señores mayores, por tanto, siguen rumiando sus cereales mientras yo, por fin, me he zampado lo mío y salgo disparado (vivo corriendo: "la vida un Metro a punto de partir" :-))  hacia la entrada del hotel donde, de acuerdo con mi reloj, mi compañero de trabajo, al que el día anterior traté por error de taxista, me tiene que estar esperando...

Hace frío y llueve: siento ese frío costero que te envuelve y que, por más que escondas tus manos o te abrigues con la bufanda, sigue estando ahí...

Mis primeros 5 minutos de espera me los tomo con filosofía: me pongo mi música en el iPhone y, con paciencia, miro a la calle esperando al ansiado coche... Después pasan 10, 15, 20 minutos y, por fin, una llamada de teléfono (de la chica con la que hablaba ayer) diciéndome que mi compañero está atascado y que está llegando (a lo que respondo que "Sin problema" y me vuelvo a meter en el hotel, porque el fresquito, con la broma, va subiendo de tono)...

Finalmente mi compañero llega y enfilamos hacia la oficina, la cual está "relativamente cerca" de mi hotel (y digo "relativamente" porque tardamos unos 20 minutos en coche, y digo "relativamente" porque "cerca" en San Petersburgo, como en cualquier ciudad de un cierto tamaño, es un término francamente discutible).

"Es una oficina pequeña pero acogedora" pienso al entrar: preparada para unas 20 o 30 personas, en la última planta del edificio, moderna, con todo de cristal y un balconcito donde, hoy no, sino mañana, me pondré a hacer fotitos de lo que veo...

En la cocina, veo que tienen una máquina italiana de café (maravillosa en continente y en contenido) así que, como además traen galletitas y pastas, me pongo a darle como si no hubiera mañana mientras, en petit-comité, voy conociendo a mis compañeros...

Después de presentarme a toda la parroquia y de empezar mi lucha personal con la conexión de internet en la oficina, empiezo mis formaciones y mis historias, con mis presentaciones donde un Simpson con perilla y poco pelo sonríe y les explica quien soy, de donde vengo y a dónde voy...

Mientras que los moscovitas me dieron cañita dura, los "petersburgueses" (si dicho genticilio existe: déjame mirar la Wikipedia a ver... Sí: lo he escrito bien :-))) me tratan de una forma muy amable y, eso sí, también me hacen preguntas muy bien tiradas, muy en la línea de lo que espero de ellos (que me hagan preguntas inteligentes que buscan responder a sus inquietudes)...

Como siempre, cuando explicas algo, empiezan a hablar entre ellos en ruso y, a veces, suena como que algo no va bien o viceversa (es lo que tiene estar completamente "Lost in Translation")...

Así que, como uno es un animal de costumbres, un cachondo mental y explicar el humor del Risitas me resulta complicado, tiro por la versión del humor inteligente e internacional con uno de mis grandes éxitos:
Paquito: ¿Conocéis una película que se llama "Lost in Translation"?
Ellos: ¡Sí!
Paquito: ¿Recordáis la escena del anuncio?
Ellos: ¡Sí!
Paquito (sosteniendo una taza de café): "For relaxing times, make it SantorI Times"...
Cuando uno tiene su número bien preparado, las cosas salen como Dios manda, así que, mientras sigo explicando mis cosas, les cuento anécdotas personales, les relaciono conceptos profesionales con conceptos personales y así, en la medida en la que puedo, voy explicando mi materia (algo que les gusta mucho son las virgadas que hago con el PowerPoint: en Moscú incluso me vinieron los de Marketing para que les ayudara con unas cosillas :-)).

También me hacen bromas con la velocidad a la que tecleo cosas (y cuando me les quedo mirando y sigo tecleando, ahí se vuelven locos)... Está siendo un día fantástico y, aunque el tiempo no acompaña, en esta oficina recuerdo porque admiro a sus gentes: son listos, educados, amables (en general) y siempre tienen algo que me deja a cuadros...

Como que dos de ellos (o ellas, más bien dicho) hablen español y que, durante el tiempo que me quede, les enseñaré algunas cosillas (todo a su tiempo :-)).

Cuando termino la formación, me quedo en la oficina trabajando hasta tarde con ellos... Allí, en la confianza que le da a uno eso de quedarse trabajando hasta tarde, el personal me hará confidencias y preguntas, sobre todo muchas preguntas, acerca del mundo que me rodea y de mi vida en Holanda.

Siendo un país muy interesante, es, a día de hoy, también un lugar terrible: una enorme cantidad de población se iría del país si pudiera (y es algo que te dicen a menudo); tanto es así que, en los últimos años, Rusia está perdiendo población (ahí entran otros factores también, como el tema del frío, el alcoholismo, entre otros) pero, cuando hablas con ellos, descubres, ya digo, un país de gente amable y muy bien educada, lo cual es algo que, los que me conocen, saben que me pierde...

Quería haberme ido al hotel andando, pero llueve demasiado, en primer lugar, y mis compis temen que me pierda (ahí es donde mi anécdota con Elsa entraba en juego, cuando me decía en Moscú: "Si te pierdes, me llamas y me dices donde estás" y yo le respondía "Elsa... ¿Y cómo te digo donde estoy?" con su inocente respuesta: "En las calles hay unos paneles que indican el nombre de la misma" ante lo que, con una enorme sonrisa, yo le decía: "Ya Elsa, ¡Pero en cirílico! ¡Como no te mande una foto por el móvil lo llevamos claro!") así que me piden un taxi y así, finalmente, llego a mi destino...

Quiero salir fuera pero llueve a mares y, con el frío, tampoco resulta apetecible: decido por tanto pasearme un rato pasearme un ratito por el hotel y, finalmente me propongo a mi mismo irme a cenar a alguno de los restaurantes dentro del mismo..

Dentro de mi hotel, ya digo, hay varios restaurantes y, entre ellos, uno español que, por lo que leo en el catálogo, parece bueno...

Faltando a mi palabra (no como en restaurantes españoles fuera de España, por sentido común y del decoro) y, dado que está diluviando, no conozco la ciudad y mi comunicación con los habitantes de la misma es limitado, decido que esa noche me sentiré "lolailo" y que, todavía con la broma, me reiré al decirles lo del "Pues esta tortilla no sabe como en España"...

No tienes tu fé, Paquito... ¡No tienes tu fe!

Al intentar acceder al restaurante, me comunican que ha sido reservado esa noche... Hay una convención de algo y hay un montón de finlandeses en el hotel, así que el plan "Spanish Diner" se va al garete...

Y ahí donde observo que, en una especie de terraza inferior, se esconde un rincón tipo "Cafetería a lo Starbucks" al que, con más curiosidad que otra cosa, decido acceder...

"Hola buenas noches" me dicen esos dos ojos azules con una maravillosa sonrisa... "¿Le gustaría tomar algo?"

Soy "nuclear" como me definen algunos compañeros en el trabajo, pero en esta ocasión, un poco cansado, decido no entrar mucho al juego y sólo fluyo con la conversación:
Paquito: Pues sí... Quería haber cenado en el restaurante español, pero cuando han visto que soy español, se han asustado y no me han dejado entrar...
Ella: Es que seguro que no quieren que descubras sus recetas secretas.
Paquito: O es que no quieren que les digan "le aseguro Tovarich que esto no se come por allí" :-))
Es prudente y lista: sonríe, pero no responde...
Ella: ¿Que te gustaría tomar? Me pregunta de nuevo.
Paquito: Pues no lo sé... Tengo hambre, pero esto es una cafetería, así que tu me guías...
Ella: Tengo unos wraps de pollo y de verduras que están muy ricos.
Paquito: Dame 2.
Ella: ¿Y algo para beber?
Paquito: Dos Coca-cola Light (ahí me miró raro :-)).
Y así es como, unos minutos más tarde, me siento en una de las mesas en esta especie de terraza exterior-pero-dentro-de-un-hotel donde, de paso, veo a algunas personas teniendo ese "momentazo confidencias de cafetería" al que la assistant de mi departamento (mitad italiana, mitad holandesa) describía como "¡A ver a ver! ¡Cuenta cotis cuenta!".

Cuando mi cena llega a la mesa, le digo que, si le apetece, puede cenar conmigo, por aquello de no cenar solo (no nos hagamos ideas raras) y me responde que no puede porque está trabajando, pero que si no le habría encantado, porque, al parecer, ella no conoce a ninguna persona española y le llama la atención nuestra forma de entender la vida...

No le llegué a preguntar sobre este último punto (si no conoces a nadie de España: ¿Cómo puedes conocer nuestra forma de entender la vida?) pero después pensé que, en todos los lugares del mundo, para bien o para mal, la marca "España" tiene una serie de atributos y que yo, para bien y para mal, soy parte de esa marca y de ese producto...

"Y ahora para rematar, me vas a poner un café enorme con leche" le digo al terminar mi cena...
Ella: ¿Sabes lo que va muy bien con tu cena? Un poquito de tarta como postre...
No lo hizo como lo haría una camarera normal... Lo hizo a drede, sabiendo que la mención de la tarta haría mella... Lo vi en su mirada: esa mirada de "¡Qué rica está la tartita! ¡Debe de tener 14.000 calorías pero la tarta está cojonuda!") y ahí es donde, en otro de esos momentos de entrega, recordando las gallegas de naranja que me llevaron a conocer a A. hace ya muchos años, fue cuando grité...
Paquito: "¡No juegues conmigo mujer! ¡Vade Retroooooooo!"
Con el consecuente cachondeito del lugar disfrutando de la jugada...

Puedes hacer de cualquier situación anodina un momento bonito: me despedí de ella dándole las buenas noches por su amabilidad y dándole las gracias por su buen humor y una razonable propina...

Y así es como, después de pasar un ratito por el hotel, decido volver a mi habitación, donde, gracias al cielo, aquellos papelitos que me dieron en el primer día para conectarme a Internet me salvarán del tedio, porque, desde ese momento, me puse a trabajar un ratito y, de paso, ver al amigo Jobs contando lo de los nuevos iPods y la nueva Apple TV (el tipo, aunque ha perdido con los años, sigue siendo un orador técnicamente impecable :-)).

Así es como, por tanto, mi segundo día se desarrolla en San Petersburgo: estoy en la antigua capital del Imperio Ruso (la capitalidad fue movida a Moscú por Lenin, quien, a su muerte y en su honor, sería el protagonista del nombre de esta ciudad hasta la caída del telón de acero, cuando sus ciudadanos decidieron recuperar su nombre original, a pesar de que, durante un tiempo, por aquello de que no les gustaba eso de tener un nombre con influencia germánica, la llamaron "Petrogrado" :-)).

Me quedaré dormido delante de una entrevista en Bloomberg TV a la espera de mi último día donde, por una serie de circunstancias, aunque las cosas no salieran "particularmente bien", se produjo "el estallido del cambio"...

Hora de seguir adelante. Eso es todo: ¡San Petersburgo Prevalece! :-))

Próxima entrega: "Estallido".

Paquito.

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