Leer

Buenas,

En este extraño estado en el que últimamente me encuentro, una voraz pasión por la lectura y el estudio ha tomado todo atisbo de tiempo libre que, hasta ahora, entre jornada de trabajo y jornada de trabajo, campaba con desparpajo por mi vida...

Cuando termina el día, desde hace un par de meses, abro mi armario en la empresa y, entre la caja con la Nintendo Wii (sí: tengo una Nintendo Wii en el curro, por si algún día, en caso de holocausto nuclear, nos empezamos a aburrir como ostras... Todo previsto :-)) y la colección de teclados y cargadores de móviles de distintas marcas (antes también tenía chocolates y todo tipo de cosas de comer :-)), tomo mis libros y me pongo a estudiar y leer...

Problema: que mi brutal apetito por el conocimiento empieza a parecerse peligrosamente a los viajes que me pego en Wikipedia, donde, empezando por cualquier cosa que estuviera buscando (por ejemplo, "La singularidad Tecnológica"), termino leyendo sobre cualquier otra que nada tiene que ver (por ejemplo "El cosmódromo de Baikonur"), con la consecuente "pila" de escritos, manuales, libros y lo que se tercie que, en ese momento, me esté apeteciendo pasar por los ojos.


Como consecuencia, ya digo, un pequeño caos organizativo que, dentro de mi muy ordenada existencia (el vacío y el silencio ayudan a ver todo aquello que no es necesario), ocupa el poco espacio que represento por el mundo (un cuerpo, una maleta, una mochila y mi peluche de Doraemon, fiel compañero de aventuras y regalo de una encantadora compañera de trabajo :-)) a la espera de "el codiciado", aquel que centralizará todos mis esfuerzos de lectura, eliminando así toda necesidad de papeles o soportes físicos para asimilar conceptos...

¿En qué estoy por tanto? Pues "el incendio" tiene varios frentes: por una parte, estoy con lenguajes de programación (Java y Python), por otra sigo con teoría económica y filosofía (estoy leyendo a Marx y, cuando termine, empezaré con Locke y Hume), a su vez estoy con libros relacionados con mi área de negocio y, finalmente, en la sección de idiomas, he sacado de una de mis cajitas (donde guardo las poquísimas pertenencias que poseo) un libro para aprender alemán en 30 días que, tan previsor como soy, compré hace unos años, unos meses antes de que el destino me llevara a tierras teutonas y que, junto a un pequeño manual de holandés, reposan en mi mesa esperando una oportunidad...

Siempre me ha gustado leer: me decía mi madre que, de pequeño, con dos años, a veces me veían sentado en un sillón con un libro de cuentos o con un cómic y que, siendo materialmente imposible que supiera leer, al parecer me lo pasaba de maravilla, porque me empezaba a reír yo solo en lo que, supongo me llamaba la atención de las ilustraciones que veía.

Años más tarde, ya más mayor, me sigue pasando lo mismo, aunque esta vez "crea" que sí que entiendo lo que mis ojos observan y, más que dibujos y viñetas, sean e-mails, bien personales, bien profesionales, los que me arrancan alguna que otra carcajada.

El otro día estuve haciendo un par de entrevistas de trabajo: nada fuera de la habitual si no fuera por un pequeño detalle, y es que, esta vez, era yo el que hacía las preguntas y donde, por desgracia, no pudo haber ningún medio presencial (la vídeo-conferencia no pudo ser posible y lo tuve que hacer por teléfono).

Así que, pensando en todas las cosas que he vivido, mientras leía los currículos de los candidatos, decidí ante todo escucharles, observar cómo manejaban la situación, donde uno ve de verdad como es una persona, cuando el silencio es tu único compañero y sólo tu y tu intelecto podéis solucionar el entuerto.

Entendiendo además las dificultades de hacer una entrevista en un idioma que, habitualmente, no utilizas, fui paciente y comprensivo y, siendo comprensivo, cuando notaba que me empezaban a cansar, les hacía una pregunta sencilla del tipo "Cuéntame cual ha sido, bien personal o profesional, el logro más grande que nunca hayas alcanzado", para que así se relajaran y me contaran lo buenísimos que son...

Una pena que no pudiera observar su lenguaje corporal: me concentré en sus voces, en su entonación y, sobre todo, en su velocidad de respuesta, su capacidad para tomar iniciativa en la conversación, su empatía o, simplemente, su capacidad para explicarme cómo sus habilidades podían encuadrarse en el puesto al que estaban aplicando.

Una muy curiosa experiencia que, habiendo pasado lo pasado, te hace actuar de según que formas, pues decía Ortega y Gasset que, lo que eres, es el resultado de la suma de tu persona con tus circunstancias, siendo éstas, quizás, más decisivas en tu vida que tu mismo...

Así por tanto, ya digo, les escuché atentamente y transmití más tarde mi opinión: veremos a ver qué sucede finalmente :-))

Se avecinan tiempos de cambio y, con ello, nuevas cosas que vivir y nuevas circunstancias que, seguro, afectarán una vez más a lo que soy y a lo que vivo. A pesar de aferrarme a ciertas ideas y principios (que, esos sí, procuro no ponerlos en la línea de fuego), el hecho de vivir en un sistema de volátil estructura te permiten afrontar los cambios sin miedo, cosa no trivial, teniendo en cuenta que, los humanos, por nuestro propio sentido de la supervivencia, ante todo, amamos la predictabilidad y la estabilidad.

Recuerda: aceptar y adaptarse a los cambios es desafiar a tus instintos más primarios, de ahí que sea tan difícil y, siguiendo la máxima de que un pesimista es un optimista bien informado, es importante que busques y comprendas el origen de las causas y la naturaleza de los hechos que te afecten, pudiendo así anticipar lo que, de cualquier forma, llegará tarde o temprano.

Para terminar, un sencillo proverbio indio que, si lo deseas, puedes tener en cuenta para tu vida:

“El aprendizaje te da creatividad,
la creatividad te permite pensar,
pensar te ofrece conocimiento,
y el conocimiento te engrandece.

Seguiremos informando. Eso es todo: ¡Ámsterdam prevalece! :-))


Paquito
sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

Comentarios

  1. Después de mencionar que quieres eliminar la necesidad de soportes físicos, hablas de "el incendio". No he podido evitar recordar a un funcionario que cuando pasabas a su despacho y preguntabas por un expediente pedía que llegase el incendio para organizar aquello. No ha tenido incendio pero si dos traslados, que dicen que equivalen a un incendio.

    Un saludo.

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  2. Hola Julian,

    Mil gracias por tu visita y por tu comentario: todo un placer el volver a saber de ti y, ante todo, mil disculpas por la tardanza en mi respuesta :-))

    "El incendio" se me ocurrió mientras pensaba en Moscú, pero lo del funcionario con el montón de papeles esperando la destrucción final...

    Recuerdo que, en una empresa en la que trabajé, cuando a alguien se le reventaba el disco duro, todos le felicitábamos y lo tratábamos como si fuera una persona que acabara de entrar en la empresa...

    A veces, las desgracias, los cambios y el mero hecho de la destrucción (como un incendio) nos liberan de nuestras ataduras y nos permiten emprender nuevos caminos :-))

    Un abrazo enorme y, de nuevo, mil gracias por tu visita y por tu comentario :-))

    Paquito.

    ResponderEliminar

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