Legacy - Vente para Alemania Pepe - Un pequeño relato de 2006


Hola,

Haciendo limpieza y re-categorización de los archivos de mi ordenador (soy un obseso compulsivo que, como Woody Allen, le saca provecho a sus neuras :-)) me he encontrado con un pequeño documento que empecé a redactar hace 4 años en Alemania, según llegué a Darmstadt.

He decidido publicarlo: pensaba en su día mantenerlo privado pero, como al releerlo han vuelto a mi cabeza tantos momentos buenos, he pensado que estaría bien compartirlo.

Lo titulé (muy original) "¡Vente para Alemania Pepe! Las aventuras y desventuras de un español en Darmstadt" y espero que os guste.

Bienvenidos al pasado :-))

¡Vente para Alemania Pepe!
Las aventuras y Desventuras de un español en Darmstadt
By Paquito.

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5 de Junio de 2006.-

Ayer llegué. ¡Ya estoy en Alemania! Aterricé en el aeropuerto de Frankfurt, encantado y, al mismo tiempo, expectante de poder llegar a mi destino, que no es otro que una pequeña ciudad a 40 kilómetros de Frankfurt que se llama Darmstadt.

Al principio pensé en coger un taxi, por aquello de la comodidad y de llegar rápido a mi hotel, pero finalmente me decidí por buscarme la vida… Soy extranjero y tengo que aprender a defenderme en este país por mi mismo.

Descubro a mi lado a un chico fumando junto a mi en la entrada del aeropuerto. Empezamos a hablar en inglés y descubro que posee un acento latino. En un momento determinado decido decirle “Gracias” y en ese momento ambos descubrimos lo que nos une, que no es otra cosa que nuestro idioma.

Es uruguayo, vive en Suiza, donde trabaja para un banco español (el BBVA) y se va de vacaciones a Hong-Kong. Su vuelo hace escala en Frankfurt y por eso me lo encuentro aquí… El mundo es tan curioso: descubres de pronto que la carambola más extraña que se te ocurra es posible… Un uruguayo viviendo en Suiza, trabajando para un banco español, en Alemania con destino a Hong-Kong. Si esto no es raro, que venga Dios y lo vea.

Una vez le abandono con los mutuos deseos de suerte y buen viaje, empiezo a buscar el modo en el que podré llegar a mi destino. Veo en el aeropuerto un autobús-shuttle que te lleva hacia el Terminal 1 (yo estoy en el 2) en el cual se encuentra la estación de tren. Al llegar, busco la zona de información donde me informan de que existe un autobús directo a Darmstadt. Me informan además de que es la mejor opción, por cuanto en tren tendría que ir primero a Frankfurt y allí tendría que coger otro tren hacia mi destino (es decir, hacer dos veces el camino).

Llevo dos maletas con unos 32 kilos de ropa y una mochila. Me decido por tanto por el autobús y me voy a la parada del mismo.

En mi espera veo a una mujer vestida con una especie de uniforme de azafata comiendo un bocadillo. Espero con paciencia que termine de comer y una vez da y deglute el último bocado le pregunto (de momento lo tengo que hacer en inglés: la lengua de Goethe por el momento es un pequeño misterio) si es en la parada en la que estoy donde para el autobús que va hacia Darmstadt.

En un principio se ve sorprendida: estaba tan tranquila, en su mundo, comiéndose su bocadillo y de pronto un extranjero le asalta para preguntarle. Sin embargo, a pesar del contratiempo, responde con amabilidad y me explica que, efectivamente, es aquí donde tengo que cogerlo, confirma la hora de llegada, me dice el precio aproximado (unos 7 Euros) y empiezo a hablar con ella.

Le explico que acabo de llegar de España y que vengo a vivir a Alemania. Le cuento un poco la historia de mi vida y le hago algún que otro chiste. La mujer se va relajando y se siente tranquila: en un momento determinado me dice “You are funny” (“Eres divertido”) y sigo ya charlando amigablemente con ella.

Me explica un poco como es Darmstadt (ella vive allí) y me da referencias de precios de vivienda (en alquiler o compra) así como explicaciones de cómo tengo que hacer para conseguir un abono de transportes o qué banco debería elegir para abrirme una cuenta bancaria. Aunque parezca algo tonto, cuando eres extranjero este tipo de información es vital.

El autobús llega, subo mis maletas, pago el ticket y mi compi de viaje me invita a sentarme con ella. En el trayecto (unos 20 minutos) seguimos hablando sobre Alemania, sobre el Mundial que está a punto de celebrarse (me entero de que en Frankfurt estará la selección de Brasil y que en el aeropuerto, donde ella trabaja, esa mañana estaba lleno de fans deseando ver a sus ídolos) y sobre alguna que otra cosilla más.

Al llegar al fin a mi destino, nos despedimos con una gran sonrisa. Creo que di las gracias unas 4 o 5 veces y es que, cuando uno es nuevo en un país, toda la información que te puedan dar será un tesoro tan valioso como el mejor de los botines de los piratas de los mares del Sur.

Desde la estación de tren y autobús de Darmstadt, cojo un tren hacia mi hotel. El taxista no habla inglés y le muestro la calle de destino escrita en mi teléfono. Después de un trayecto de unos 10 minutos llegamos al fin.

Mi hotel es en realidad un antiguo palacete (tiene unos 120 años) y los dueños, al heredarlo, decidieron convertirlo en hotel. Hasta donde yo sé, tiene al menos 25 habitaciones y el dueño, Jurgen, al abrir la puerta, ya sabe por la hora quien soy.

Es un hombre muy amable: debe tener unos 30 años y es un fan de Leo Bassi (del cual te puede contar su vida y milagros). Hablamos un poco sobre todo, efectúo el registro, me invita a un refresco que vende en la recepción llamado “BIONADE” (y que es un refresco hecho con ingredientes naturales y biológicos) y subimos a mi habitación.

No es el Hilton, no es Sheraton, pero me encanta. Mi habitación tiene una habitación principal donde tengo la cama, una televisión y una mesa camilla que es desde escribo en estos momentos. Después tiene otra parte cerrada por una puerta con vidriera que posee un lavabo y otra mesa. Dado que me quedaré más o menos unas 3 semanas aquí (hasta que encuentre una vivienda) ha tenido la gentileza de ponerme un pequeño frigorífico y un microondas (así como una bandejita con un juego completo de cubiertos y platos para mi). Desde esa zona se puede uno imaginar un desayuno con el sol saliendo por la ventana. Tiene también dos balconcitos y un armario donde guardo todas mis cosas. Por último, tiene un pequeñísimo cuarto de baño pero, entre nosotros, para mi es más que suficiente.

Decido salir del hotel-mansión y me pongo a pasear en dirección hacia la empresa en la que voy a trabajar. El hotel está situado en Darmstadt-Eberstadt, en la zona sur de la ciudad, una especie de zona residencial con casas unifamiliares. Para un no-alérgico resultaría un lugar precioso: lleno de árboles, caminos de tierra, comunicado con tranvía y lleno de gente en bicicleta. De momento no siento ningún síntoma (no como ahora, mientras escribo, dado que me he tenido que administrar un colirio para evitar el picor en los ojos) y camino hacia el sur de esta zona, donde se encuentra el motivo por el cual he abandonado Madrid a favor de esta pequeña ciudad en el corazón de Europa.

El paseo de ida y vuelta dura unos 40 minutos, tiempo en el cual también he pasado por un puesto de comida turca y donde compro un Kebab (apenas he comido en ese momento: me levanté a las 6 de la mañana para coger mi avión y sólo he tomado un café y el refresco al que me invitó Jurgen).

Llego a mi habitación y me como mi Kebab. Pongo la televisión y descubro que casi todos los canales están en Alemán (es lo que tiene vivir en Alemania) pero descubro el TV5 Monde (en francés) y la CNN (en inglés) así es que de momento no estaré tan desconectado del mundo. Soy capaz de entender al menos dos canales.

Después de comer me tumbo en la cama y me duermo profundamente. Al despertarme, descubro que son casi las 10 de la noche, así es que, sin prisa pero sin pausa, me pongo a ordenar todo lo que tengo, sigo viendo la tele un ratito y sobre las 12 me vuelvo a dormir.

Ya al día siguiente, día 5 de junio de 2006, me despierto a las 8:40 de la mañana. Me doy una ducha, me visto y me voy caminando hacia el norte de Eberstadt, donde se encuentra Darmstadt. El paseo dura unos 45 minutos y en el mismo veo un poco las cosas que hay por la zona. Veo un supermercado, un Mc Donald’s, varias gasolineras y un par de concesionarios de coches. Hoy es festivo en Alemania, así es que sólo el Mc Donald’s está abierto. Voy mirando por las calles y ya al final llego a Darmstadt.

La ciudad está casi desierta. Son las 10 de la mañana y apenas unas cuantas personas (sobre todo señores y señoras mayores) pasean junto a algún que otro ciclista. Voy dando un garbeo por las calles y descubro las zonas comerciales y una gran plaza en el Centro (pero dado que carezco de mapas o de información turística, en realidad soy incapaz de darle nombre. Sigo caminando y al final decido pararme y comer algo.

Estoy un rato en el sitio (donde al final menos mal que la persona que me atiende habla inglés) comiendo y observando lo que veo desde la ventana. La tremenda calma de un día festivo en Alemania. Escucho a un par de personas hablando en inglés y entiendo que son extranjeros como yo. Deben de estar de paso y apenas oigo lo que dicen, pero, al igual que yo, miran curiosos a través de la ventana.

Al salir del lugar, sigo dándome vueltas por la ciudad, en la búsqueda de comercios donde en breve tiempo tendré que aprovisionarme para vivir (encuentro una tienda de Deutsche Telecom donde venden teléfonos móviles, un Saturn donde venden electrodomésticos, varias sucursales bancarias, varias tiendas de ropa deportiva, una tienda de maletas y algo que no sé lo que es pero que, según soy capaz de traducir, todo lo que vende lo hace al precio fijo de 10 Euros (ya investigaremos qué demonios es).

El tiempo es fresco pero en cambio tengo calor. Hace una ligera brisa y el cielo está un poco nublado. Es la hora de volver al hotel, así es que consigo deshacer el camino de ida encontrando las calles por las que pasé y en la vuelta paro en una gasolinera donde compro un bote de yogur, unas golosinas y unos caramelos (para por lo menos aguantar hasta mañana). Llego a casa y vuelvo a poner la tele un ratito. Estoy cansado (he andado durante casi 2 horas y media) y creo que voy a descansar.

La CNN habla sobre Pakistan y su presupuesto de no sé qué. Creo que es la hora de dormir. Me duele un poco la cabeza y tengo un poco de alergia, así es que creo que me iré un ratito a dormir, que más me vale porque mañana empieza mi aventura en el mundo profesional alemán y debo estar descansado y despierto para lo que me espera.

Que Dios nos coja confesados porque, si nadie lo remedia, esto va a ser como montarse en una montaña rusa sin la certeza de que los enganches de seguridad estén bien sujetos.


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Y ahí se quedó... Así empezó mi aventura en Alemania :-))

Eso es todo: Darmstadt prevaleció...


Paquito
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