lunes, 24 de octubre de 2011

El desencanto

Hola,

Desde hace casi 5 años, desde que, un día de Enero, decidí cambiar mi vida y tomar un rumbo que traería consigo alegrías, penas, sufrimiento y conocimiento, pocas cosas se nos han quedado fuera de la experiencia vital, con los famosos "días buenos, días malos y días horribles"...

Los de hoy, por primera vez en casi 5 años, no cualifican dentro de esta escala que creé en su día para definir lo que me sucedía sino que, volviendo a tiempos pasados, volveremos a usar una escala harto olvidada y que, precisamente, pretendí dejar tras de mi en aquel frío Enero...

"Días extraños": son los días donde, habiendo cosas malas, uno siente tranquilidad, como en el ojo del huracán, donde todo es plácido mientras todo lo que está alrededor gira sin control.

Mis días extraños comenzaron hace un tiempo, cosa no extraña, aunque sí sorprendente, teniendo en cuenta que, afortunadamente, la vida que dejé atrás, hace más de un lustro, se quedaba fuera de mi camino por, precisamente, motivos parecidos.

¿Qué hacer cuando tu destino cambia en una dirección no deseada?

Lo primero, en mi opinión, es tener claro dónde estás en esa historia: de igual forma que se haría en un juicio, es muy importante que le dés a tu abogado defensor todos los detalles de la historia, confesándole a él (eso es importante) sí realmente fuiste tu o no el que cometió el acto del que se te acusa, por aquello de saber a qué se atiene uno y poder usar, en cada momento, las armas, argumentos o acciones más adecuadas en pro de tu defensa.

Para mi, salvando las distancias del juicio, el proceso es parecido: examino mi posición, mi proceder, mis acciones y, por encima de todo, mi integridad, estudiando sí, en algún momento, he podido hacer algo que yo mismo me pudiera reprochar a mi mismo.

Existe una máxima que conservo conmigo: todos los días, mientras me visto en la mañana, observo al tipo que se refleja ante mi en el espejo y, mientras le observo, pienso que, al final del día, cuando me esté desvistiendo, el mismo tipo volverá a estar delante de mi, de ahí que, si quiero que el tipo de la mañana no me dé ningún motivo para sentir vergüenza del tipo de la noche, deberé hacer lo posible porque ese tipo actúe de la mejor forma que yo sea capaz.

No hay nada como enfrentarte a una situación con un cierto sentido de superioridad moral: en la vida, desafortunadamente, este tipo de valores sirven más bien poco, cosa triste, porque se supone, o así me lo enseñaron en casa, que uno debe actuar siempre desde la buena fe y la mejor de sus intenciones.

Pero, ya digo, el mundo no es así y escudarse en ese aspecto no aporta mucho valor práctico... Pero sí valor moral: cuando llegan "días extraños", tienes que estar seguro al 100% de que tus actos han sido los correctos y que nada se te podrá reprochar (y créeme, en según qué situaciones se intenta utilizar el aspecto personal en tu contra) porque, recuerda, el tipo que se reflejará ante ti en el espejo, esa noche, será el mismo al que, a su vez, tendrás que volver a ver la mañana siguiente.

Sentirte orgulloso de ti y de tus actos, desvincular los mismos de lo que terceros puedan pensar: debes actuar en plena libertad y en pro de ti mismo, de tal forma que, si algún día, tuvieras que dar explicaciones, que puedan gustar más o menos, pero que nunca puedan ser discutidas en su calidad o en su objetividad.

En mi caso, ya digo, cuando llegan estos momentos, mi estado no cambia, por cuanto estoy seguro de lo que hago o lo que dejo de hacer (el tipo del espejo sabe perfectamente lo que tiene que hacer), pero ello no quita el sentimiento de tristeza ante según qué cosas...

¿Y qué hace uno cuando se siente así? Pues tan sencillo como quedarse en silencio, escuchar a tu conciencia, a tus pensamientos, compilar todo lo que sucede para intentarle buscar los tres pies al gato (el tipo del espejo tiene que salir indemne de todo, ¿Recuerdas? :-)).

Vale: la estamos seguros de que nuestro proceder es correcto y que la naturaleza de nuestros actos no se discute: ¿Y ahora qué? Ahora llega la parte más difícil para mi: debemos entender el proceder y la naturaleza de los actos de la otra parte.

Comprendemos lo que hacemos nosotros (en general: la inconsciencia es un defecto bastante extendido) pero, muchas veces, por mucha razón o correctas que suenan nuestras acciones, existen otras motivaciones que no coinciden con nuestros intereses...

"Qui prodest?" Concepto latino que debes recordar: "¿Quien se beneficia?" Es algo que tienes que tener en cuenta en el árbol de decisión de la otra parte: a partir de ahí, el resto de preguntas fluyen y se entrelazan entre sí (en especial, importante es "¿Por qué?", siendo esta un compendio donde el qué, cómo, cúando y dónde terminan adquiriendo color y forma).

Una vez llegamos a ese punto, nos queda pensar en cual es la mejor de las opciones: sabemos lo que nosotros hacemos y porqué lo hacemos, creemos saber (con un cierto grado de seguridad) lo que la otra parte hace y porqué lo hace, así que ahora tienes que tomar una decisión...

La decisión se basa en múltiples factores: en mi forma de verlo, empiezo siempre por el "mejor escenario posible para mi", la respuesta que, casi de forma estomacal, siento que es la mejor, la que me pide el cuerpo, la que tomaría si no hubiera ningún tipo de consecuencia, más allá del "¡Toma!" a lo Nadal que me saldría según terminara de hacerla...

Las ventajas de esa decisión es que haces lo que realmente sientes y nunca podrás lamentar la decisión: los inconvenientes son que, quizás, esa decisión se pueda volver en tu contra algún día (el mundo no es justo: eso lo tendremos en cuenta en los siguientes párrafos), pero, créeme, cuando uno siente en sus entrañas que la respuesta a una pregunta es la que le pide el cuerpo, desde luego que no puedes estar equivocado...

Pero, como decía antes, las cosas, a veces, no son tan sencillas: no todo el mundo posee el dominio absoluto de su destino y, en general, tenemos decenas de dependencias que, por un lado o por el otro, nos hacen acallar las respuestas que nuestras entrañas dan a nuestros entresijos...

Estilo de vida, familia, hipotecas... Son sólo una parte de las diferentes condiciones que nos afectan en la vida: sostengo (y sostendré) que "la libertad no es gratuita" (del inglés "Freedom is not free") y que, cual esclavo en Roma, debes comprar tu libertad para, por lo menos, ser un liberto y poder así tener un poquito más de control sobre tu existencia.

Si no es así (insisto: no todos pueden elegir) entonces debes ponderar cuáles y como son las diferentes respuestas que podrías ofrecer, teniendo en cuenta, en todo momento, tu nivel de aversión al riesgo (lo cual, en última instancia, matizará tu nivel de acción y de respuesta: la cobardía ofrece supervivencia, pero también conlleva sumisión).

En mi caso, ya digo, mis respuestas se basan en mis sentimientos: a estas alturas, y después de lo vivido (los que llevan por aquí algún tiempo, conocen mis andanzas, idas y venidas, en esta extraña Quijotada contra los molinos neerlandeses) poco me importan las consecuencias (y, a veces, creo que deberían importarme más) pero, como ante todo funciono por principios, dejo que las cosas fluyan, porque ya no tengo miedo, soy libre, nada debo temer...

Ello no quiere decir que otros sentimientos pasen por mi cabeza: la decepción, el desencanto y la tristeza, son sólo algunas de las sensaciones que, de una forma demasiado recurrente, se presentan ante mi en este lugar en el que vivo donde, gracias a un pequeño, pero enérgico y resistente, grupo de "irreductibles hispanos", luchamos en pro de una vida mejor desde el silencio, sin que nadie nos vea, sin que nadie lo sepa, desde el silencio, el mejor lugar para pensar...

Se ríen aquellos que alguna vez han llegado hasta mi en busca de consejo (como de todo hay en la Viña del Señor, a mi me tocan los inconscientes que, muy desesperados se tienen que ver para, en última instancia, acabar delante de mi pidiendo mi parecer) cuando, en una mucho más que sincera confesión, les digo: "Simplemente, no seas como yo", honorando así mi promesa de honestidad hacia mi mismo y hacia los demás en lo que, pienso, es lo que debo decir...

No ser el ejemplo de nadie: quizás en sí es una buena forma de decir que, hagas lo que hagas, sigue a tu corazón y tu intuición, sin dejar que nadie comprometa tu opinión, por muy buena que sea su intención o muy sabios sus consejos.

Hace un par de años, en la empresa en la que trabajo, se empezaron a distribuir las famosas "galletas de la fortuna" que, además de estar muy bien para rematar un almuerzo, traían el famoso papelito con un deseo, una instrucción o una clave para tu vida...

"Trust your intuition" ("Confía en tu intuición") fue el papelito que salió de la mía y, como a veces, la vida tiene extraños senderos para mandarte según qué mensajes, ese, en particular, lo mantengo de forma vívida, mi pequeño homenaje a que, siempre, en cualquier lugar, incluído una pequeña galleta de la fortuna, uno puede encontrar inspiración y guía para seguir adelante.

El desencanto, en última instancia, forma parte de un mensaje que nos enseña a seguir un camino, sea el que sea y que, por más que se nos muestre caprichoso e indolente, en última instancia, nos hará sonreír más adelante.

Y si no fuere así, pues al menos habremos vivido algo interesante: quizás sea la hora de empezar a aplicar "el plan C".

Un abrazo: ¡Amsterdam Prevalece! :-))


Paquito
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3 comentarios:

  1. Animo Paquito, todos pasamos de vez en cuando por malas rachas, no?

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  2. "y, como a veces, la vida tiene extraños senderos para mandarte según qué mensajes" aunque no lo creas pensaba en esas casualidades de la vida que de alguna manera te dan un mensaje.... nose porque siempre me sucede cuando leo algo tuyo que encuentro una similitud con algunos hechos que me andan sucediendo, como el post anterior sobre la muerte si te dijera que me pasó algo muy parecido en el tiempo que lo viviste y el cuestionamiento de lo mismo pareceria solo que blufeo, pero no es asi,talvez el mensaje subliminal que me llega de ti cada vez que encuentro estas pequeñas coincidencias (o grandes) es que al final puedo hecharme a andar sorreir y seguir adelante como tantos millones que pasan por lo mismo....en fin espero realmente tengas un "buen dia mañana" un beso
    s.s
    P.D. creo que nos encontraremos algun dia en esa biblioteca holandesa ;)

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  3. Estimados Santiago y S.S.

    Gracias como siempre por vuestras visitas y comentarios: todo un placer el disfrutar de vuestra compañía por aquí :-))

    @ Santiago: lo mejor es que, como casi siempre, mi conciencia está tranquila, pero, como por travesías más complicadas hemos emprendido largos caminos, la verdad es que estoy bien, aunque un poco triste.

    @ S.S. Me alegra escuchar que compartimos circunstancias (que espero que sean más favorables que adversas).

    La Biblioteca Central de amsterdam es un lugar donde, te lo aseguro, disfrutarás como una enana :-))

    Un abrazote enorme para los dos y, de nuevo, mil gracias por vuestras visitas y comentarios.

    Paquito.

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