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Mostrando entradas de enero, 2012

La noticia

- Será mejor que te sientes - me dijo con voz seria. Se venía venir: las señales eran inequívocas y, en última instancia, supongo que hay un momento en la vida de toda persona en el que, estas palabras, caen con aplomo sobre uno. - Estoy embarazada. Vale: no reaccioné como un hombre, manteniendo la compostura, aceptando la noticia como a uno le dicen que debe aceptarla: con alegría y todas esas cosas que uno ve en las películas ochenteras de John Hughes... - ¿Estás ahí? Catatónico... Estar, lo que se dice estar, técnicamente estaba, aunque mi cerebro dejó de funcionar y, por poco, también dejo de respirar.
Dicen que este tipo de noticias tienen su belleza y su encanto: "el milagro de la vida", "la perpetuación de la especie", "una rama más en la dinastía familiar"...
No seré yo quien diga lo contrario: respeto los instintos con los que todo mamífero nace aunque, en mi caso, creo que me faltan.
Eso o, como mi padre suele resumir en lo que, personalmente, …

El descenso de los héroes

- Un día dejaremos de correr a por todas las bolas, recuerda eso.
Se lo dije mirándole a los ojos, a esos ojos que, años antes, se cruzaron en una oficina, de una empresa, de cuyo nombre no quiero acordarme.
- ¿Por qué? - me preguntó. - Porque no siempre seremos Nadal... Un día, tendremos que aprender a ser Pete Sampras y, simplemente, empezar a dejar pasar pelotas que, aunque las devolvamos, no nos harán ganar el punto. Recordé esas palabras al empezar esa reunión: iba a perder, así que, simplemente, decidí concentrarme en mis sentimientos, en mi voz y en mis gestos.
Disfruté el típico "small talk" que se produce antes de estas cosas: que si todo bien, que si el tiempo es un desastre, que si tal, que si Pascual...
Es curioso: siempre pensé que nada me daría igual en esta vida...
Me equivoqué.
Todo empieza hace unos meses y, como todas las cosas buenas de esta vida, empieza con un "No" que, orgulloso, pronuncié por escrito, en uno de esos e-mails que, sin importar…

2012

Hola,

Decía, en la entrada anterior, que no hay nada como aterrizar en el pedazo de tierra que uno considera su hogar.
Contaba, sin tapujos, como es la rutina, como sucede algo tan cotidiano como aterrizar en un sitio, dirigirte desde ahí hacia otro y como, con un poquito de imaginación, con mimo y un cierto sentido de ritualidad, lo puedes hacer una experiencia maravillosa.
Te reto a que hagas el mismo ejercicio: piensa en el momento en el que vas a hacer algo que te gusta (ir al cine, salir a correr, ir a comprar libros… ) y prueba a describirlo con todo lujo de detalles, haciendo énfasis en las partes o momentos que más te gustan.
¿Lo ves? Hay una historia maravillosa detrás que momentos que, si no les prestaras un poquito de atención, pasarían desapercibidos.
El aterrizaje en casa fue perfecto: Madrid me brindó unos días de tiempo maravilloso y, aunque al final no pude ver ni todo ni a todos los que quería ver (a veces las agendas bailan y, con eso de que estuve menos tiempo que de co…