El día de la Marmota

Buenas,

Lo bueno de compartir casa con gente que, de forma regular, va y viene, es que uno tiene la oportunidad de vivir, una y otra vez, los mismos momentos con diferentes personas de diferentes entornos y circunstancias.

Me explico: desde hace un par de semanas convivo con un chaval de Cerdeña, que es una pequeña isla paradisiaca en el centro del Mediterráneo...

Cerdeña, como bien sabes, pertenece a Italia, así que, queridos amigos y amigas, después de unos años de calma, volvemos a lidiar con las mentes de mayor grado de lateralidad que conozco.

“Los catenaccios” (todos atrás y uno en la media, para despistar).

Alguna vez he hablado de las cosas que uno siente cuando llega a un lugar: las fases de descubrimiento, la fase de vaivenes y, por último, la fase en la que, un día, uno se despierta y se da cuenta de que forma parte del paisanaje y es, de facto, “un falso extranjero” (que es un precioso concepto que he aprendido recientemente :-)).

Mi compi de casa es científico (llevo una racha fantástica: mola vivir con gente inteligente que, además, en los dominios de la razón, son capaces de enseñarme y sostener una conversación de nivel), así que, en su día a día, está descubriendo las pequeñas diferencias culturales que, en su día, mitad en coña, mitad en serio, Quentin Tarantino supo describir con sutileza en “Pulp Fiction”...

Bienvenidos a la “Royale Cheese” holandesa... 

Déjate que te cuente un pequeño detalle: en mi camino al trabajo, todas las mañanas, varios compañeros suelen parar sus coches y recogerme para llevarme a la oficina... El 95% de ellos son extranjeros pero, lo más divertido, es que hay muchos más compañeros holandeses que me ven exactamente en los mismos lugares y que nunca te dicen nada (o te dicen que te ven pero que no saben si parar o no :-)).

Este detalle te indica la diferencia cultural y el contexto de las cosas: en otras culturas ves a un compañero caminando y te paras con el coche para, por lo menos, preguntarle si quiere que le recojas... En otras, o te ignoran o, a menos que seas explícito en la petición, se asumirá que no quieres saber nada de nadie...

¿Y por qué te cuento esto? Porque nuestro protagonista de la isla del Mediterráneo ya ha tenido un par de situaciones donde, en sus palabras “se ha tenido que morder la lengua para no estallar a carcajadas”...

La primera que la criatura se llevó en la frente fue paradójica... En su laboratorio, además del extraño silencio que gobierna su vetusto departamento (dato: me cuenta que hay otra división donde la gente "siempre esta sonriendo, todo es súper nuevo y Fashion y todos usan MacBooks") resulta que tiene una compañera que, como él, se dedica a investigar los misterios de los sistemas informáticos aplicados a la neurociencia (Punset aquí sufriría un orgasmo y al Frinsflins el hecho de mencionar los MacBooks y al Punset ya le ha provocado el primer ataque de urticaria)...

Así que, durante el día, como todos sabemos, se producen momentos donde uno quiere hacer una pequeña pausa y tomarse un café o dar una vuelta, lo que sea, una excusa perfecta para, de paso, quizás hablar con otra gente y socializar, que nunca viene mal para la mente y el espíritu...

Nuestro amiguito italiano, listo y muy observador, en particular con las féminas (ya se sabe: "Catenaccios" :-)), decidió hacer un movimiento de calidad al ir a hacer una pausa y ofrecerle al mundo la siguiente escena de película de Disney:
Catenaccio: Hey... ¿Te gustaría tomar un té?
Lechosa: ¡Oh! ¡Sí! ¡Gracias!
Lo malo de contar las cosas así es que no tienen gracia, por eso, quizás, voy a ponerte la versión original con subtítulos para que disfrutes del “subtexto”.
Catenaccio (acercándose a la mesa de la lechosa y ofreciendo la mejor de sus sonrisas): Hey... ¿Te gustaría tomar un té?
Lechosa (tomando su taza de té y ofreciéndosela al catenaccio sin hacer ni el más mínimo ademán de ir a ninguna parte): ¡Oh! ¡Sí! ¡Gracias!
Cambia la película... ¿Verdad? :-))

Según me lo contó me provocó la primera carcajada de la tarde pero, como uno es perro viejo, me anticipé a la que, sin duda, seguro que también habría vivido...
Paquito: ¡Espera espera!
Catenaccio: ¡Sí!
Paquito: Es que te estoy viendo en la siguiente...
Catenaccio: ¿Cuál?
Paquito: Les dices “Me voy a comer” y te responden: “¡Pues muy bien! ¡Buen provecho!”
Catenaccio: ¡Sí!
Lo que yo te diga...

Ahí es donde uno vuelve al día de la marmota y le explica “a uno de los nuestros” (todo aquello por debajo de la latitud de los Pirineos y/o que es bañado por el Mediterráneo) el funcionamiento y proceso mental del aborigen norteño (”homo-empanado” o “Lekker Lekker tu puta madre”, según el nivel de cabreo que tengas).

Paquito: Claro... Es que no puedes asumir nada... No hay convenciones sociales como las nuestras.
Catenaccio: ¿Y cómo hago?
Paquito: Sencillo... ¿Has jugado alguna vez al Robot?
Catenaccio: No... ¿Qué es eso?
Paquito: Es un juego de niños donde uno hace de robot y los demás tienen que hacerle ejecutar acciones... Tienes que ser súper preciso... Por ejemplo: para mover una pierna, no puedes decir “mueve la pierna izquierda”, sino que tienes que decir “flexiona la rodilla izquierda y crea un ángulo de x grados”.
Catenaccio: ¿Entonces?
Paquito: Entonces es fácil... Sé absolutamente explícito en lo que quieres... Presume que le hablas a una persona con síndrome de Aspergen... “Voy a ir a tomar un café a la máquina y me gustaría que me acompañaras a la misma para así hacer una pausa de unos 5 minutos y poder hablar de algo que no sea puramente trabajo”.
Catenaccio: Ajá...
Paquito: Cómo puedes ver, siendo científico, he cubierto los “qué-quién-cómo-cuándo-dónde-y-por-qué”..
Catenaccio: ¡Hahaha!
Paquito: No puedes asumir nada... Sé absolutamente explícito: cualquier cosa que no sea dicha será ignorada u obviada.
Por eso, quizás, en los últimos tiempos me he dado cuenta de que he perdido el corazón para según qué cosas (¿Lo ves Pelocha? ¡No estás sola! :-)) y, por eso, hace una semana, decidí tomar una decisión.

Si algún día me vas a enseñar algo, más te vales que seas buenísimo porque, si no es así, te haré sufrir... Te cuento esto para, por una parte, avisarte en el caso de que tal eventualidad algún día suceda y, de paso, explicarte que, cuando sucede lo segundo, es cuando el que te habla entra en modo Hardcore...

Por eso, hace unos días, en una formación que recibí, una compañera me hizo ver de que algo no iba bien en mi forma de afrontarlo, de tal forma que, justo después de disculparme (cosa que aquí no obtienes, por más que la burra los baje a coces, ya te lo voy diciendo), decidí pensar sobre eso y, al lunes siguiente, ofrecerle a esa compañera la oportunidad de ser mi mentora...
Paquito: me he dado cuenta de que eres buena en eso y yo no... Quiero aprender eso: ¿Te gustaría ser mi mentora?
Ella: ¡Me encantaría!
Vale... Otro problema menos: ahora a ver cómo lo organizo...

En el trabajo, además, han habido cambios y, este que te habla, desde hace un par de semanas, ha cambiado de quehaceres, después de cuatro extraños años llenos de momentos buenos pero, sobre todo, de momentos muy amargos...

Llevo tres semanas trabajando un montón, pero soy feliz... Incluso, en el colmo de mi felicidad, estoy chutando e-mails que jamás creería que escribiría (soy libre, así que ejerzo mi libertad utilizando la presión bajo la cual los demás viven: ahí es donde uno se da cuenta de lo que los demás tienen que perder y de todo el poder que posees :-)).

Dato curioso: recientemente hice un test para una serie de cosas que no vienen al caso y, el otro día recibí los resultados... En general la cosa no tiene mayor transcendencia si no fuera porque en dos conceptos en particular, la puntuación se fue a los extremos de la escala (1 sobre 9 y 9 sobre 9 respectivamente)...

En el primero se hablaba sobre el apego a la seguridad... Salió 1 sobre 9 (el mínimo posible: quiere decir que no es un valor para mi)...

En el segundo se hablaba sobre la aceptación al cambio.... Salió 9 sobre 9 (el máximo posible: quiere decir que no tengo resistencia al mismo)...

Hay un punto donde la amargura te recuerda que acaba recordando que eres libre (una lección que olvido con frecuencia y que mi asistente, que es un cielo en la Tierra, suele repetirme en el idioma de Dante)...

Recuerda: hay un punto en el que todo aquello que has padecido te enseña que ya no puede ser peor y, de igual forma que con una enfermedad terminal, llegas al momento final de la aceptación, fase en la cual ya no lloras ni sufres, porque has sabido comprender el por qué en su destino...

Por eso, quizás, hay muchas cosas que me encantaría contarte y que, como siempre, debo reservar para mí hasta que sucedan: muchas preguntas se responden escuchando con atención a aquello que nos cuenta.

Todo está ahí: sólo debes prestar atención :-))

Llevaba con este texto un tiempo en la carpeta de borradores: creo que voy a intentar escribir más a menudo un poquito (más corto pero más frecuente).

Es la hora de seguir haciendo cosas :-))

Un abrazo: ¡Amsterdam Prevalece! :-))



Paquito
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Comentarios

  1. Me ha encantado la forma precisa de pedir a un holandés tomar café en el descanso...me parto de risa. Gracias a dios yo no me he topado con especímenes de esos...o por lo menos no tan radicalmente cortos

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  2. Hola Pelocha,

    Gracias por tu visita y por tu comentario: yo he visto de todo... Algún día publicaré "Paquito m.d": el relato de mi segunda visita a un hospital y como acabé haciendo mi propia pro gnosis...

    De todo hay, créeme: mentes sencillas y simples: hay que hablarles despacio, porque si. O se les satura el buffer...

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  3. Pues yo me he vuelto muy holandesa porque si me dices que te vas a tomar un cafe, yo te diria tambien: OK! y pensaria: y a mi que me importa?????
    Es mas, desde ahce poco tengo dos compañeras nuevas, que van a coger te juntas y yo me alegro no ser una de ellas: que agobio!!!!

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    Respuestas
    1. Hola Anónimo,

      Gracias por tu visita y por tu comentario: todo un placer :-))

      Todo es cuestión de gustos: ni es mejor ni es peor, sólo es diferente :-))

      Para aquellos que venimos de culturas distintas, hay cosas que, al principio, nos dejan un poco perplejos (con el tiempo uno se acostumbra y, como buen "falso extranjero", acaba siendo parte del lugar en el que vive, comportándose en cierta forma como aquello que, aunque lo critique, entra ya en su rutina de vida :-)).

      En fin: de todo hay en la viña del Señor :-))

      Gracias por tu visita y por tu comentario :-))

      Paquito.

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