No... Pero

Buenas,

Son cosas que suceden y que, en cierta medida, uno debe aceptar como posible resultado...

Lo supe cuando me reconfirmaron lo que, en un principio, se había cancelado: querían quitárselo de en medio, así que mejor adelantarlo, terminar con la historia lo antes posible y la vida sigue...

Lo peor es cuando ves que todas las piezas del puzzle cuadran unos 35 minutos antes de que "la cosa" comience: como eres un neurótico sin remedio, te has ido con tiempo suficiente por si el tren falla (porque, lo creamos o no, los trenes fallan, y si no que se lo digan a Alfonso o a Pelocha, entre muchos otros :-)).

Te das cuenta en el tren, mientras revisas tus notas... Es un destello de razón y sentido de común: no lo has sabido ver justo hasta ese momento...

Las dos chicas que tienes enfrente ríen despreocupadas mientras un grupo de señores mayores les indican que, a nuestra derecha, pueden ver el Ámsterdam Arena... Como hablan el idioma de Rembrandt, explican que vienen de una zona cercana al lugar donde yo voy: mi rápido análisis en sus posesiones indica un día de compras en la capital

Mientras te paseas por los edificios aledaños, proyectas una imagen futura: buscas lugares donde, alguna vez, te podrías escapar a comer, o a tomar un café o cualquier otra cosa que te ayude a humanizar los entornos que, por donde caminas en ese instante, parecen ser bastante asépticos.

Proyección: lo hacen los atletas de élite antes de empezar la carrera (ahora con los juegos olímpicos lo verás, justo antes de ponerse en los tacos): algunos bailan, otros miran al infinito y otros parecen entrar en un diálogo interno para auto-motivarse.

Mi proyección es: "¿Qué haría yo si estuviera aquí dentro de unos meses?"

Y justo, en ese momento, las piezas se combinan y ves el terrible puzzle: te van a escuchar por hacer el proceso formal, pero esta batalla está perdida.

Sigues caminando con tu Coca-cola en la mano: hace un día maravilloso, memorable, de verano madrileño en Colón (te lo prometo :-)) y, mientras el Sol brilla, piensas que, por primera vez en mucho tiempo, poco importa...

Y sonríes...

Sonríes: paras de caminar y observas los edificios de la calle en donde estás, prestando especial atención a como utilizan el ladrillo negro  en las construcciones, los ángulos de 80 grados que tanto les gusta para rematar fachadas de corte contemporáneo y los enormes ventanales del hotel que está justo enfrente de ti.

"Te estás haciendo mayor, Paquito", piensas mientras reanudas el paso: te fijas en los carritos de bebés que el personal usa actualmente y te fijas en la moda del calzado de estos días (los famosos flip-flops y el ruido de claqueteo que producen al andar).

La terraza de la cafetería está medio llena: son las 16:50 de la tarde y me faltan unos minutos para entrar, así que sigo caminando por el lugar y observo la alegría de la vida cuando al "círculo dorado en el cielo" le da por iluminar nuestra pobre existencia.

"Gallinas altamente evolucionadas"... "Calculadoras solares de carne".

Entro justo a las 16:56 y me anuncio en la recepción... Hablo en holandés y la señora no me entiende... Cambio al inglés y me pongo a hablar con ella.

Serán los 10 minutos más agradables que tenga en el día.

Serán los 10 minutos menos convencionales de su vida.

Nadie habla con las recepcionistas de los lugares: se dan por supuestas, son como los sillones de la entrada que, conveniente organizados alrededor de una mesa, te invitan a sentarte y a leerte alguna publicación corporativa del lugar en el que estás.

Por eso no los uso: me gusta hablar con las recepcionistas.

También hablo con las personas de la limpieza y con cualquiera que pasa por allí: las personas que se dan "por supuestas" o que son "invisibles" lo conocen todo.

Mi trabajo consiste en ver lo que no puedo ver.

Mi trabajo, es saber dónde mirar.

Así que, después de unos minutos, una agradable sonrisa con unas gafas de pasta me reciben con un suave apretón de manos... Y esta vez me llevan a la otra parte del edificio donde, se supone, suceden cosas menos mundanas que en el lugar donde estuve por primera vez.

En una sala de grandes ventanales, colores predominantemente grises y un par de muebles metidos "a calzador" (deben de estar remozando otra sala) me recibe un señor de unos cuarenta y pocos años...

Le llama la atención el nombre de la calle en la que vivo y me explica la historia del nombre... Le escucho con atención y me acaba de dar la primera pista.

Le gusta la historia y le gusta presumir de ello.

Nuestra conversación empieza como empiezan estas cosas: ellos te cuentan quienes son y, después, ellos esperan que les cuentes quién eres tú.

La ante-penúltima vez no fue bien: creí que sí pero luego, analizándolo fríamente, me di cuenta de que, quizás eso había sido precisamente el problema: el truco es brillar lo justo, sin destellos ni claroscuros, sólo lo suficiente que requiere el contexto.

Así que, como ya he aceptado la derrota, les cuento quién soy y qué he hecho en mi vida...

Se me da bien hablar y mi inglés, con mi orgulloso acento, es mejor que el de mis interlocutores, así que me permito filigranas: al entrar en tecnicismos, saco toda la batería, incluyendo los famosos acrónimos absurdos que el personal utiliza para sentirse más importante.

En mi caso, como hay una persona que no entiende estas cosas en la sala, cuando utilizo términos complejos o extraños, los explico despacio y en inglés convencional...

Van y vienen preguntas: ellos quieren saber de mí y yo de ellos pero, mucho más importante, mi trabajo ya se ha hecho, hace unas semanas, cuando identifiqué lo que buscaban.

Mi trabajo es poner eso en la mesa: "sé lo que quieres y sé cómo lo quieres solucionar... Y sé cómo puedo ayudarte a conseguirlo".

Las cosas terminan cuando, en medio de mi conversación, las gafas de pasta dicen que se ha hecho tarde...
- Una pena, digo yo.
- Sí - dice él... Me estaba gustando esta conversación.
Vuelves a casa pensando en tus cosas: estaba perdido y, aún así, has seguido adelante con tranquilidad, aceptando el papel de aquel que no tiene nada que perder...

Y, durante un ratito, esa decisión que él ha tomado se ha tornado un poquito gris... No cambiará, pero al menos has creado una duda razonable.
- Tengo buenas y malas noticias para ti - te comenta al teléfono unos días más tarde la voz que, en las últimas semanas, ha conversado conmigo a propósito de esto que te cuento.
- La mala es que tú no eres el elegido: finalmente han elegido a una persona con más experiencia que tú. 
- Pero...
Y ahí, es donde la voz me cuenta algo...

Y te das cuenta de que, tu trabajo, se basa en hacer el gris: allá donde se haya decidido que el muro será blanco o negro, tu trabajo consiste en crear esa duda...

Y por eso, sólo tienes ahora que esperar con paciencia.

La próxima vez le contaré algo sobre el nombre de mi calle.

La conversación le volverá a gustar, o eso espero: mi trabajo es que así sea.

Eso es todo: ¡Ámsterdam Prevalece!


Paquito
sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

Comentarios

  1. Yo trabajo en Recursos Humanos pero no haciendo entrevistas. Por un lado puede ser entretenido pero por otro no me gustaría estar ¨juzgando¨ al personal todo el día.

    A mí me gusta el gris o mejor dicho los matices, las ¨no certezas¨, sin embargo todo se mueve cada día más entre el blanco y negro, sin espacio para la duda...

    Este video me encanta:
    http://www.youtube.com/watch?v=uYoFONUbvGg

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    Respuestas
    1. Te debía una respuesta :-))

      Hola Qualunque,

      Mil gracias por tu visita y por tu comentario: todo un placer :-))

      ¡Eres uno de ellos! ¡Vade Retro! :-))

      Es un trabajo más, como ser comercial o trabajar en una funeraria: todos los trabajos, en última instancia, lidian de mayor o menor manera con otra gente.

      El gris te hace dudar y te hace pensar: no hay nada más intenso que la incertidumbre, pues el hombre cauto lo utilizará para seguir aprendiendo (el imbécil se asustará y se irá a la cueva a buscar blancos y negros que su frágil mente pueda procesar... Platón tenía razón :-)).

      Me ha encantado el video: me lo apunto :-))

      Gracias por tu visita de nuevo,

      Un saludo cordial.

      Paquito.

      Eliminar
  2. Bueno, yo en realidad -simplificándolo mucho- soy el que recomienda la pasta que hay que pagar al personal asi que puedo ser aún más impopular, jajaja.

    En serio, me porto muy bien (creo que demasiado), en mi curro no pueden tener queja, estoy cargándome por momentos la típica austeridad calvinista... :) Aún así son unos chungos, todo el día quejándose, por no hablar de la mentalidad igualitaria llevada al extremo... pa´ escribir un libro...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola,

      Gracias por tu visita y por tu comentario de nuevo: un verdadero placer :-))

      ¿No jodas que tu eres el que recomienda los rangos salariales? Súbitamente creo que te vas a hacer (al estilo Camps con el Bigotes) mi "amiguito del alma" :-))))

      Ten cuidado con luchar contra su cultura (te lo digo por experiencia)... Y sí: como te conté hace un par de posts, lo de "toda la hierba debe ser cortada al mismo nivel" no es ninguna broma...

      Para bien o para mal funciona (con sus correspondientes daños colaterales: una sociedad mediocre que ha conseguido unos altos estándares de vida a cambio de ciudadanos ignorantes cuyo encefalograma de actividad cerebral es tan plana como su país).

      Todos nos quejamos (en Alemania igual, en Francia ni te cuento, y en España nos pasamos la vida gruñendo y haciendo chanza de todo): la diferencia es que, viniendo de lugares con diferentes problemas (estos no conocen la extrema pobreza: para ellos, "crisis" es una tasa de paro del 5%), nos sorprende que se quejen por lo que nosotros consideramos "tonterías".

      "Perspectiva": la clave para entender el por qué de las cosas :-))

      Un abrazo y, de nuevo, mil gracias por tu visita y por tu comentario.

      Paquito.

      Eliminar

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