lunes, 24 de septiembre de 2012

No hay dos sin tres

Buenas,

Los italianos dicen que no hay una sin dos ni dos sin tres.

Este dicho lo aprendí el sábado, después de que la segunda sucediera y me hiciera tomar precauciones durante el resto del día para romper el maleficio.

Obviamente todavía no sabes de que va la historia y, meterse en harina "así de pronto" le hace a uno dar un paso atrás y replantearse lo que va a leer a continuación.

Pero si tienes unos minutitos y un poco de paciencia, te insto a que te sientes, te relajes y te dispongas a afrontar junto a mí lo que hace un par de días pudo terminar como "Un día de furia" ("Falling Down" en inglés), una película que, si quieres reflexionar un poco sobre cómo están las cabezas, te recomiendo que veas.

¿Qué sucedió? Pues algo tan sencillo como empezar un sábado de buena mañana con tiempo suficiente para hacer todos los recados del día y despejarme la tarde, con el único y concreto objetivo de poder dedicarme a una de mis más íntimas pasiones y pasatiempo vital de los sábados post-mañaneros.

Nada.

Lo creas o no es jodido: la meditación Zen y toda esa mandanga que los modernuquis se tragan como niño obeso zampando nuggets en McDonald's son una perfecta excusa, "previo pago de su importe" para explicarle al personal que, de vez en cuando, no sólo no es correcto, sino que es saludable, el noble y milenario arte de contemplar musarañas y cazar gamusinos.

Y uno, que en el fondo no deja de ser más simple que un dado, aplica la máxima de que la mente necesita descanso y reposo, en especial en estos tiempos confusos, donde las cosas a veces van hacia delante y otras, como diría aquel, puede ser que no.

La mañana se levantaba con tenues rayos del "disco dorado en el cielo" que en otras latitudes llamamos "Sol" y que, por aquí, más que astro es una aparición mariana (conste en defensa de estas brumosas y extrañas tierras que estos últimos 12 meses han sido, de lejos, el año con mejor clima de los ya cinco que llevo morando por ellas) pero, a fin de no dañar las pálidas pieles de sus moradores nativos, la cosa se torció y tornaron los cálidos destellos en pequeñas lágrimas de un cielo al que le dio por abrir el grifo.

Así que, sin prisa ni pausa, con el convencimiento que le ofrece a uno la experiencia adquirida por los años, tomé mi paraguas para, presto, partir y comenzar el ciclo de intercambio de bienes y servicios por unidades monetarias, que dicho así suena muy allá, pero no es más que una burda excusa para contarte que me fui a comprar al súper.

El lenguaje es versátil y, debidamente retorcido, te puede llevar a conclusiones increíbles :-))

Ya en el súper, cumplo con mi habitual rutina de aprovisionamiento de bienes: ducho en el arte del merchandising y de la psique frente a los impulsos y comportamientos en áreas de consumo, me suelo marcar, más que un presupuesto de gasto (que es inútil, como ya sabrás) una marca de tiempo, puesto que la mente, que tiene mil cosas maravillosas y algunos agujeros así de gordos, fue diseñada en un principio para cazar cosas y escapar de otros depredadores, no para decidir si los fideos chinos los quieres con condimento sabor a gambas o, si eres más conservador, con sabor a sopa de pollo.
Consejo: procura pasar el mínimo de tiempo en el supermercado, idealmente menos de ocho minutos... Lo creas o no un supermercado supone para la mente un ejercicio de stress brutal, por cuanto debe procesar (y más importante, priorizar y descartar) las decenas de impulsos sensitivos (principalmente visuales, pero también olfativos) a la que los brillantes envases y atractivos olores a pan recién hecho y otras viandas se somete en el proceso.
A partir de esa cifra mágica, la mente pasa la fase de estrés y deja de procesar de forma eficiente (no es capaz de absorber todo y, como un sistema informático, se la lleva a la susceptibilidad del error o de la disfunción), comenzando así el proceso de compra irracional para el cual, a su vez, el supermercado ha sido diseñado (¿O te crees que las pilas y el chocolate que te ponen al lado de la caja están ahí por mera casualidad?).

Eres una ratita en un laberinto sometida a un dulce y delicado tormento fruto de la sociedad de consumo en la que vive: no querías elegir, pues hala, hártate :-))

Si quieres puedes discutirme (me encanta discutir :-)) pero, adelantándome a tu proclama, te recuerdo porqué en IKEA te someten primero "al paseíllo / exposición", te ponen en medio el restaurante y luego, cuando ya crees que te vas a escapar de rositas, te meten la sección de accesorios donde, una vez más, acabarás comprando la puñetera cuchara para helados o el cortador de pizzas (sin entrar en recambios para bombillas, velas con olor a vainilla, etc. etc. etc.).

Volviendo al tema que nos ocupa (es que me lleváis a donde no quiero ir y claro, al final acabamos donde no debemos :-)), me pongo en la cola a esperar pacientemente el avance hacia la amable cajera.

Cuando llega el turno de la persona de delante de mí, observo que todavía hay una señora poniendo sus cosas en las bolsas que tiene en su carrito de la compra y uno, como es paciente, piensa que no todo el mundo no es como él y que, por tanto, obviamente no ha ordenado sus productos en la cinta de la forma correcta para así empaquetar de forma eficiente y rápida (el personal se ríe con esto, pero soy bastante peculiar con el método que utilizo para ordenar los productos en la cinta de la caja: ello me permite empaquetar todo rápido y, más importante, de tal forma que al final el volumen de la compra entre de forma perfectamente organizada en mi mochila, ahorrándome bolsas adicionales que llevar, primero y, segundo, haciendo el porte de la misma algo más agradable).

Pero llega mi turno, y después del chico (como sabéis, las cajas aquí suelen tener al final una desembocadura con dos secciones, para permitir así que dos personas puedan hacer la labor de poner su compra en sus bolsas) veo que la señora sigue allí y que, la cosa ya no va de que sea lenta empaquetando, no, sino que la señora está poniendo y sacando productos de su bolsa, porque no se decide a poner las cosas de tal o cual forma o Dios sabrá qué.

Esto me fuerza a quedarme en su banda, lo cual a su vez me fuerza a apenas tener espacio para poner las cosas en mi mochila, lo cual, finalmente, me empieza a tocar las narices...
- "Señora", empiezo diciendo de forma amable: "¿No sería mejor coger todos sus productos, ponerlos en el carro y hacer eso justo ahí".
"Justo ahí" está al lado de la salida del supermercado: hay como unas mesitas para que la gente "como ella", puedan dedicar tooooooooodo el tiempo del mundo a colocar su compra en sus bolsas como le salga de las narices sin molestar a nadie...

La señora no reacciona y mientras tanto yo estoy empaquetando a toda velocidad para evitar que su compra y la mía me mezclen... Ella sigue a lo suyo....

Repito el mensaje:
- "Señora... ¿No sería más fácil para Vd. hacer esto ahí? Esa zona está hecha para eso".
La señora, ahora sí, reacciona (muy de éstos: el primer paso es ignorarte, porque muchos se quedan ahí... Pero yo no soy muchos: yo soy yo), me mira curiosa y pone cara de no entender, de ahí que le vuelva a repetir el mensaje (por cierto, todo esto en inglés).
- "Señora... ¿No sería más fácil para Vd..."
El pullazo no se hace esperar:
- "Disculpe, es que no entiendo lo que dice: ¿Podría pronunciar mejor?" me responde...
Mi acento no es precisamente de Oxford, pero le he hablado despacio, claro y con un tono "español" (es decir, no hablo susurrando)...

Pero el pullazo ha dolido y, situaciones extraordinarias requieren acciones extraordinarias...
- "Tiene razón, disculpe", empiezo diciendo: "tiendo a asumir que toda la población aquí tiene un nivel más que aceptable de inglés pero obviamente no es el caso".
A la cajera se le escapó un "Pfffjjjjj" que asfixió una más que merecida carcajada por pullazo-respuesta en franco golpe ganador como Final de Roland Garrós con chico de Manacor haciendo gimotear a suizo que le gana a cualquiera menos a él.
- "Le decía que si no es más fácil tomar todos sus productos en su carro y ordenarlos tranquilamente en esa mesita de ahí"...
- "Sí", me responde: "Pero prefiero hacerlo aquí" - termina añadiendo.
- "Ya", le respondo yo: "pero es que por eso yo estoy ahora aquí empaquetando como un loco en lugar de hacerlo tranquilamente por su elección"...
Así que, como no quiero discutir, pongo todos mis productos en mi bolsa, pago, me dirijo hacia la mesita puesta a tal efecto para ordenarlos en la misma y, eso sí, abandono la zona sin no antes decir en un mucho más que decente castellano un poco amable "deficiente mental"...

Me gusta ese epíteto: en mi opinión define la naturaleza menos amable de "aquí mis amigos", aunque mi insulto favorito es cuando alguno les llamo en español "holandés" con todo el desprecio que soy capaz de imprimir con mi voz y mi expresión corporal (y es mucho, créeme :-))...

Es mi insulto favorito: el epíteto que no pueden negar y que, sin embargo, no pueden aceptar (el lenguaje es versátil y debidamente utilizado... :-)).
For the record: lo bueno de la forma es que puedo utilizarlo con cualquier nacionalidad (incluyendo la nuestra, porque también lo nuestro es para echarnos de comer aparte).
Llego a casa, coloco la compra en el armario arcón y en el frigorífico mientras tanto, uno de mis compañeros de casa (el italiano para ser más preciso) se zampa unas galletas con un buen café con leche en la cocina.

El hombre, en su bendita inconsciencia, me pregunta que qué me pasa, que me nota acelerado y uno, que efectivamente, va ya como la olla express, decide contárselo todo (la parte del insulto la recreo en italiano, con un también sonoro "La donna è deficente" que me sabe a gloria bendita).

Cuando la perorata termina, me dispongo a ir hacia el otro supermercado donde suelo terminar el aprovisionamiento semanal (compro unas cosas en un supermercado de una marca y otras en otro de diferente cadena) y, al ir a salir, empieza a llover, indicándome que debería tomar el paraguas...

Y ahí es donde el paragüero me hace notar que he vuelto a casa sin mi preciado compañero de aventuras, así que debo volver al súper para recuperarlo...

"Bueno, pues esta semana hago toda la compra ahí y ya está" pienso, mientras deshago el camino andado y escucho a Kevin Allison en su Podcast, "Risk", que te recomiendo encarecidamente.

Al llegar, como siempre, tomo mi cestita y me pongo hacer mi compra otra vez, intentándome olvidar del incidente anterior y pensando en la universalidad de la estupidez, la cual, para ser justos, no es monopolio de los lechosos, sino que, más bien, parece ser una enfermedad inherente al homo sapiens.

Una chiquilla coloca unos paquetes de café en una estantería, así que me dirijo a ella, le cuento que esta mañana vine a hacer compra y que me he dejado el paraguas, preguntando si hay alguna zona de objetos perdidos o algo así.

Amablemente, la criatura (su bronceada piel y sus rasgos asiáticos me indica que sus orígenes son lejanos a estas brumosas tierras) me lleva hacia una zona donde, una amable dependiente me pregunta qué tipo de paraguas me dejé, mostrándome uno distinto al mío...
"No: ese no es el mío", respondo, dando ya por perdido el objeto.
Un chico, que parece un supervisor, aparece en la escena y , según termino de pronunciar las palabras que acabas de leer me da un "Lo siento: no está ahí", al que respondo con una natural sonrisa y un encogimiento de hombros (es sólo un paraguas y, en todo caso, la culpa es mía por olvidarme de él).

Pero al ponerme otra vez en otra de las colas para parar, veo la caja por donde pasé la primera vez y ahí, colgado, está mi pequeño objeto de deseo: lo olvidé cuando hablaba con nuestra amable señora con graves problemas de sentido común y limitada capacidad de entendimiento.

Así que pongo mis productos en la cinta, salgo de la cola, tomo mi paraguas y el supervisor, que me observa, ve triunfante al aquí presente el cual, en un gesto, cual encendido de antorcha olímpica, empuña el paraguas y le ofrece un eufórico "¡Lo encontré!" :-))

El día parece finalmente disipar las nubes con las que empezó gracias a una mujer asocial con inequívocos síntomas de vida sexual problemática...

Pero no... Desafortunadamente no fue así...

Porque justo al volver a la cola y justo antes de ser atendido por la amable cajera, el teléfono que tiene a su zurda (un teléfono fijo, es decir, del súper) suena y, como uno es observador, mira dos cosas:
1. La actitud física de la cajera, la cual se gira dándome un poco la espalda.
2. El supervisor, el cual curiosamente también sostiene un teléfono y, también, está de espaldas hacia nuestra zona.
Y así, cuando llega mi turno, además del buenos días, me llevo un "¿Podría enseñarme su mochila por favor?", que, por una parte, me arranca una sonrisa y, a la vez, me vuelve a calentar los cascos...

No es la primera vez que me sucede: desde hace un par de meses, he notado que en este supermercado me piden que lo haga y, hasta ese momento, no me ha molestado, sino que lo he encontrado normal (si de pronto creen que puede haber sospechas de que alguien esté robando de esa forma, no me opongo en absoluto), no siendo el único en otras ocasiones a quien le han pedido tal acto.

Pero es el hecho de que el supervisor llame a la chica que me atiende justo en el momento en el que a mí me toca, teniendo en cuenta que, las dos chiquillas de delante de mí, con brillantes ojos azules y respingonas narices neerlandesas, también portan mochilas como la mía, y sin embargo no he visto a mi amable cajera requerir que le enseñen el interior de las mismas.

Y mucho menos teniendo en cuenta que, apenas hace 40 minutos he estado en este mismo supermercado con la misma mochila y que, eso sí, la primera vez nadie me ha pedido que lo haga...

Y así, al pagar y al volver a casa escuchando cosas en el iPhone, pienso que el día se está torciendo peligrosamente y que, más me vale, mejor me quede tranquilito debajo de techo, no vaya a ser que tiente a la suerte y, esta vez siguiendo el dicho hispano, a la tercera vaya a la vencida.

Porque hay días que uno debería quedarse en la cama y esperar a que la jornada que extinga: el humor ayuda a calmar la sangre caliente de aquellos que presumimos de nuestra condición de foráneos...

Son tiempos extraños por aquí arriba: de pronto ciertas cosas me dejan de hacer gracia (como un manager holandés que sistemáticamente se dirige a mí como si fuera un botones... Entre ji-jí y ja-já al final me va a hacer saltar, pero no quiero: bastante tiene con ser un declarado votante de Geert Wilders, que, como bien sabréis, además de parecer un súper guerrero de "Bola de Dragón" es el líder de un partido pseudo-xenófobo holandés).

La lluvia ha vuelto y el disco dorado vuelve a esconderse... Hay días que dan ganas de hibernar y despertar en otro lugar en primavera...

Eso es todo: ¿Ámsterdam prevalece?


Paquito
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16 comentarios:

  1. Vaya, al final veo que no llegó la sangre al río... Yo todavía estoy peleándome con los trenes holandeses y/o alemanes por haberme bajado de un tren de alta velocidad en una estación de cercanías por el mero hecho de no llevar mi ticket impreso y sí en un Ipad...

    Lo peor es lo que comentas del manager; yo tengo un compañero de trabajo que es gilipollas absoluto y que se pasó los primeros 6 meses diciéndome cosas como que el Madrid y el Barça ganaban campeonatos con el dinero del norte de Europa o que los griegos se jubilaban a los 50 y pico y no pagaban no sé que coño impuesto de las piscinas (el ultra-naciopopulismo puede llegar a ser surrealista). Yo tras educadamente hacerle comprender que me estaba tocando la moral, empecé a pasar de él y entendí que no me lo debía tomar como algo personal ya que toda la oficina pensaba y piensa que es un imbécil total.

    Por cierto, ¿A qué supermercado vas? Yo en el mío (AH ó Plus) no tengo tanto estímulo y me has hecho recordar que hace poco estuve en un supermercado luxemburgués donde casi se me saltaron las lágrimas y empecé a llenar el carrito como loco.

    ... y es que -quien me lo iba a decir-, a veces puedo llegar a parecer Alfredo Landa. :-)

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    1. Hola Qualunque,

      Gracias por tu visita y por tu comentario: todo un placer :-))

      ¿Te bajaron por llevar un billete electrónico? Hummmmmm... Saberlo bien está (lo de los trenes en Europa es para hacérselo mirar: RENFE, cuando uno cuenta lo de ir a la taquilla a recoger el billete que has comprado por una innavegable página web es de trafca).

      Sí... Hay gente a la que habría que reeducar (lo más divertido es cuando les dices algo en alemán y les objetas "con este idioma obedecéis mejor": algo bueno tendría que tener ser español por aquí arriba, ¿No? :-))

      Lo creas o no, hasta en los "supermercaditos" de pinypon que aquí gastan saturan en impulsos al cerebro (en Alemania, cuando Walmart todavía existía, los alemanes me decían que "era demasiado, porque tenían demasiadas opciones").

      En economía está estudiado que una forma de estorpecer tu proceso racional de decisión es ofrecerte muchas opciones :-))

      Tu eres Alfrendo Landa, pero yo soy Paco Martínez Soria :-))

      Un abrazo enorme,

      Paquito.

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  2. Yo sigo sufriéndolos a distancia , desde la capital del Reino. Cada día los aguanto menos haciendo la pelota a la pérfida Albión y , lo que es más pecaminoso : no aguanto a alguna española casada con un foráneo orangista ( sorry Paquito, pero es una lástima que a casi todas les dé por lo mismo) , creyendo en su filosofía prepotente de supremacía sobre el Sur. No saben qué significa que un servicio de camión desde Amsterdam a Madrid lo llamemos aquí abajo de 48h ( ellos lo llaman Express).
    Para haberte visto en acción ... Aunque a mi me falta poco para reventar, te lo aseguro.
    Un fuerte abrazo con últimos rayitos de sol ( el Otoño ya se pasea por los Madriles con aires rebeldes)
    SALTAMONTES

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    1. Hola hola :-))

      Hombre: son interesados y esa parte es inteligente para sus intereses... Y la combinación holandés y latina funciona (ellos son muy tranquilos y vosotras sois perro ladrador: la holandesa no ladra, sólo te da ultimatums).

      No revientes, que no hace falta y mucho menos por "uno de estos".

      Un abrazote,

      Paquito.

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  3. Yo al supermercado voy con la lista en la mano y con el estómago lleno.

    Respecto al tema de que te repasen la mochila, no me ha pasado, lo que sí me ha pasado, precisamente en Amsterdam, es entrar en una tienda hablando por teléfono en spanish y que se me pegue al culo una dependienta hasta que salgo por la puerta. Me cabrea mil.

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    1. ¡Sí señora! ¡Una compradora racional! :-))

      Me alegro: debo confesar que a mí me gusta ir sin compra y suelo adquirir al final cosas que no tenía en la cabeza, pero en fin, "pecadillos de juventud" :-)))

      Lo están haciendo últimamente (no sólo a mí, ya digo: el artículo hace hincapié en la orden de repasarme a mí esa vez, pero en general lo están haciendo en el supermercado al que voy).

      Nunca me ha pasado lo que comentas, porque, también es cierto, no me fijo (voy con mi iPhone escuchando cosas y no me entero "de la misa la mitad").

      Prestaré atención la próxima vez.

      Un abrazo y gracias por pasarte por aquí :-))

      Paquito.

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  4. Para todos:

    Necesitamos una terapia despotricadora contra los tulipanes, YAAA, yo lo que noto es que últimamente a todo lo que signifique "Spanje" le ponen una cruz. Lo vivimos también en nuestro sector, el educativo, llegando a tener situaciones de "mobbing" por parte de algún colegio holandés donde damos clase.

    ¿Para cuándo ese encuentro-terapia de españolitos en Tulipandia?

    Saludos a todos

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    1. Hola Alfonso,

      Gracias por pasarte por aquí: un placer :-))

      A mí eso no me hace particularmente bien: me gusta más descansar y poner distancia entre medio (Pelocha volvió unos días a su casa y espero que le haya sentado bien).

      En mi caso, sí noto que necesito volver a "mí 221-B" particular...

      Lo del "mobbing" mejor explícalo en tu blog porque parece tener mucha miga.

      Un abrazo y gracias de nuevo por tu visita :-))

      Paquito.

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  5. Bueno chicos, haya paz, no vayamos a reabrir guerras no sea que duren otros 80 años y nos pillen en medio.

    Si, la verdad es que también me he encontrado con algún elemento como los que comentáis pero, por mucho que toque la moral,(que me la toca y muchisimo), no me parece justo generalizar a saco. Yo creo que el problema es más Norte-Sur y el populismo moralista que Merkel & co. han fomentado (y en el que seguro que por allí abajo también todos tenemos alguna ¨pecadillo¨, para que negarlo)...

    Por cierto, que ese discurso moralista también lo he vivido yo en Cataluña (por suerte en contadísimas ocasiones), y aunque no me miraran de manera sospechosa en los supermercados barceloneses, siempre habia alguien que te decía que si en Madrid la gente trabaja menos y son más charlatanes o no se qué rollos de que son menos mordernos (!), así que imaginar la de gilipollas que hay sueltos por todos lados...

    Coincido con Paquito en lo de poner distancia, eso sí, si no se puede viajar a España de vez en cuando, unas cervezas y un jamoncito lo hace todo más llevadero. Aquí en Arnhem estáis invitados.

    Saludos!

    Iván

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    1. Ahora sí :-))

      Hola Qualunque: mil gracias por tu visita y por tu comentario. Todo un placer el leerte por aquí.

      Ayer recibimos visita (una mujer holandesa) y la mujer nos hablaba de las imágenes del congreso (tuve que darle un poco de perspectiva, porque la peña aquí ve eso y creen que poco menos estamos en estado de pre-guerra civil).

      Le tuve que dar el típico ejemplo de españoles en un restaurante, donde, a ojos de cualquier nación no bendecida por el agua del Mediterráneo (lo digo y lo mantengo) parece que poco menos nos estamos matando mientras, en realidad, estamos contando algo divertido o pasándonos la sal.

      ¿Somos como somos? Sí... Pero obviamente los medios aquí están vendiendo una parte del espectro del problema (lo que dicen es cierto, pero es sólo una fracción de toda la imagen...

      No entro en problemas regionales: también estuve por allí y entendí una serie de cosas (lo mismo: cuando una parte de los medios se enfoca en un tema concreto, la aceptación de la generalidad del suceso es automática).

      Coincido contigo en que el jamón y el viajar lo curan todo :-))

      Un abrazo y, de nuevo ,mil gracias por pasarte por aquí.

      Paquito.

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  6. Odio el rollo este de poner palabras para ¨demostrar que no soy un robot¨...

    Seguro que lo inventó un holandés... grrrrr!!!

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    1. En realidad lo inventó un estadounidense de origen guatemalteco :-))

      Iba a responder mañana, pero este comentario me tocó la fibra geek :-))

      No sabía que mi blog tiene Captchas: voy a ver si consigo quitarlos.

      Un abrazo y gracias por el comentario.

      Paquito.

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  7. Guatemalteco tenía que ser.... Mucho peores que los holandeses, dónde va a parar...

    :-)

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    1. ¡Cualquiera que te oiga! ¡Por Dios! ¡Que fuera de contexto esto suena fatal! :-))

      Un abrazo,

      Paquito.

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  8. Hombre, es que lo del captcha no tiene nombre, y el hecho de que no conozca a ningún guatemalteco es un detalle sin importancia, siempre me han caído fatal. :-)

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    1. Es una solución maravillosa para solucionar problemas de reconocimiento de caracteres (ahora utilizan los números de las casas para Google Maps: es genial :-)).

      Yo tengo el placer que conocer a dos mujeres guatemaltecas, así que los hombres no lo sé, pero ellas son encantadoras :-))

      Un abrazote enorme,

      Paquito.

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