No dejes que tu Sol se apague

Buenas,

Mal vamos (aviso) si de pronto me encuentro, al leer los blogs de la parroquia afincada en Holanda, que soy poco menos que lo más positivo que puedas encontrar.

Mal vamos, tate: ¡Mal vamos!

Leo con detenimiento las sensaciones que el personal va adquiriendo después de un tiempecito en estas latitudes: la cosa se empieza a torcer el segundo año, cuando, por fin estabilizados y preparados para el combate, nos encontramos bajas temperaturas, atardeceres cada vez más tempranos y la sensación de que, aunque paguemos facturas y estemos físicamente bien, “algo” nos falta...

Ante esta terrible perspectiva (ya digo: que tenga que ser yo el que venga a dar ánimos a la tropa es signo grave de preocupación) uno, que es soldado viejo y que, sin refugiarme en Volendam como hicieron los tercios que decidieron quedarse después de la Guerra de los Ochenta años, toma la pica, mira al horizonte y se dispone a arengar a lo que le pongan delante (niños, mujeres o muñecos de Bob Esponja: ¡ Aquí no somos racistas!).

Parafraseando a uno de mis asesinos favoritos (”Jack el Destripador”, que era zurdo): “Vayamos por partes”...

“Abuelo Cebolleta” Mode is SET to ON

Vivimos bien... Con todos nuestros problemas, preocupaciones y quehaceres diarios que nos confrontan a una realidad que a veces parece un episodio de Los Roper (si oyes risas enlatadas en tu día a día, háztelo mirar, que una cosa es “que parezca” un episodio de una serie cómica y otro “que lo sea”).

Tengo varios ídolos fundacionales en mi ideario: Desde Nicolás Maquiavelo a Nicola Tesla, pasando por Chiquito de la Calzada, Mariano Ozores y, ¿Cómo no? “Diego Serrano”, el entrañable padre de familia de la archiconocidísima serie donde Antonio Resines hace de sí mismo cortando jamón en una taberna...

Claro, que obviamente no es mi único referente moral en estas cosas: como mi grado de cinismo ha subido hasta extremos de tertuliano de Intereconomía TV, la cosa no mejora cuando, en un alarde de coraje e inconsciencia, me meto un chute de “La Que Se Avecina” vía Internet donde acabo berreando, cual William Wallace en Escocia:
“¡Es un mayorista! ¡No es un terrorista!”
¿A dónde quiero llegar con estas reflexiones mías? Pues no lo sé, pero el hecho de que sigas aquí  leyendo en este momento estas palabras me da que pensar que, en el fondo, lo que nos sucede, es que somos unos nostálgicos de nuestra cultura y nuestra idiosincrasia  la cual amamos en la distancia y acabamos detestando después de cuatro días por el terruño.

Decía Diego Serrano (y estoy con él) que lo que nos pasa a veces es que tenemos “la mirada sucia”... Normal: después de un tiempo en cualquier lugar, aunque sea el palacio más maravilloso jamás creado, empezamos a buscarle pegas (que si es muy grande, que si todo es demasiado perfecto, que si esa columna no pega ahí)...

Escuchamos a menudo el famoso “estos están hartos de pan”, refiriéndose al indómito aborigen local (homo-rustig-lekker-lekker-la-sangria) en lo que, nosotros, que somos la versión moderna de Pepe Gotera y Otilio, pretendemos observar desde fuera como si su grado de desarrollo les hubiera aguado la sangre...

Pero lo cierto es que, de igual forma que el frío hace su aparición y las bufandas vuelven al repertorio de vestuario del personal, Holanda va entrando en nosotros también, poco a poco, sin ruido, como si la cosa no fuera tan grave...

Y al final se acaba tomando Karnemelk y coño, “Si esto tampoco está tan mal”...

Seamos honestos: vivimos bien... Mis particulares circunstancias de vida me permiten preocuparme de temas absurdos porque problemas, lo que se dice problemas, no tengo (y los que tengo, mirados con perspectiva, tampoco me deben preocupar).

Pongamos por caso: mañana van y me echan a la calle... “Paquito: ¡A la puta calle!”...

¿Drama? ¿Fin del camino? ¿Doble episodio de Médico de Familia? ¿Otra reposición de “Verano Azul”?

Por supuesto que no: aceptar que nuestro destino es frágil y nuestro presente está sujeto a constantes tensiones de cambio son el inicio de una vida libre.

Los otoños y los inviernos son el origen del cambio y la vida en la naturaleza: dejamos atrás tiempos de calor y luz, buscando el cobijo ante el frío y la oscuridad: no puedes cambiarlo, así que sólo te queda una opción...

“La opción”.

La descubrí hace unos 10 años “en mi otra vida”: tuve un jefe del que aprendi grandes cosas (entre otras, manejar Excel hasta un grado de enfermedad mental terminal :-)) pero recuerdo una conversación parecida a ésta, en circunstancias muy peculiares, donde me habló precisamente acerca de lo que hoy escribo:
“El Sol está dentro de ti”, empezó diciéndome: “Allá donde vayas, allá donde estés, haga frío o calor, estés solo o acompañado o estés rodeado de gente más o menos agradable, el Sol va dentro de ti y tienes que hacerlo brillar”...
Unos años más tarde descubriría la verdad de esas palabras: allá donde fui y desarrollé mi camino en soledad dejé a ese Sol llenarlo todo, ofreciéndome días buenos y malos, cómo la vida se enseña en ofrecernos de forma alterna.

Ha sido cuando mi Sol (en determinados momentos de vida) se ha ido apagando cuando los días horribles han aparecido: los días donde pierdes la paciencia, la esperanza o dónde, simplemente, no te apetece sonreír...

Bucear en el silencio de tus penas, comprender lo que sientes y porqué lo sientes, recordarte porqué estás aquí y usar un poco el sentido común para no dar por supuesto las cosas tan fantásticas que vives en su vida.

Porque, todos los días, uno puede decir que:
“Estoy ahora mismo en [el lugar donde vivas]: mi destino está en mis manos, no puedo combatir el azar pero puedo modelar mi presente para que  mi futuro se parezca algo a lo que quiero de él”.
Por eso, cuando uno piensa (como es mi caso), que vivo en otro país, que soy el narrador omnisciente de mi historia, de mi entorno, que tengo el placer que contemplar un mundo utilizando varios puntos de vista que he obtenido, fruto de mis vivencias en otros lugares y de mi propia cultura, suelo recordar con una media sonrisa que, en el fondo, aunque no seamos más que gallinas altamente evolucionadas, ese Sol que llevas dentro es lo único que tendrás para conseguir que, allá donde tu estés, haya un poquito de luz.

Pero no te engañes: no hace falta vivir en otro lugar... Hay gente que tiende a dar por supuesta su fortuna, la dicha de vivir en un lugar donde muchos matarían por estar: somos los dichosos que han nacido en un momento particularmente dulce en la historia de nuestra especie, así que, con todo, no podemos quejarnos.

Y quizás ese es mi mensaje: “el Sol está dentro de ti”... Hazlo brillar: recuerda la fortuna que tienes al mirar el mundo desde un horizonte diferente al resto.

Eres tu propia historia, tu propio destino y tu propio narrador.

Ahora, encárgate de que haya un final feliz en la misma.

O mayormente, te haré comer la escobilla...

Un abrazo: ¡Ámsterdam prevalece! :-))



Paquito
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Comentarios

  1. Pues tienes mucha razón, yo porque ahora mi sol me dirige el sábado a Galicia y de vuelta a Holanda el domingo 28, entrados ya de lleno en la oscuridad tulipán (porque se cambia la hora, nada más) Y desde luego que seguiré esa luz solar interior, de hecho ya la sigo para, como tú dices, no vivir, sino sobrevivir.

    Abrazos

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    1. Así así, castigando el cuerpo con viajecitos de larga duración al terruño :-))

      Buenas,

      Gracias por tu visita y por tu comentario: todo un placer, como siempre :-))

      Básicamente uno debe seguir adelante con las cosas que le rodean: tienes la oportunidad de compartir tiempo con gente que posee dos perspectivas, incluyendo a sus hijos... Aprovéchalo: analiza el mundo a través de sus ojos, intenta comprender sus circunstancias y gana otros puntos de vista.

      No puedes vencer a la oscuridad, pero, allá donde estés, puedes conseguir que el ambiente que te rodea tenga otro color.

      Y cuando vengan momentos malos, piensa en lo que estás obteniendo: nadie te puede quitar lo que has visto y lo que has vivido.

      Nadie dijo que fuera fácil, pero siempre habrá merecido la pena :-))

      Un abrazo,

      Paquito.

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  2. Mmm.. debe de existir algún ciclo cerebral que dure exactamente dos años, igual que tus ocho minutos del supermercado. Y es que exactamente a los dos años cumplidos, yo que odio el sol y aquí he recibido siempre un trato inmejorable, empiezo a echar *algo* en falta. Y ojo, no algo de lo que adolecen nuestros amigos holandeses sino todos los buitenlanders en general. Pero aún no he podido determinar lo que es ese *algo* y de hecho dudo que siquiera exista.Tal vez dos años sea simplemente el periodo en el que dejas de recordar con claridad lo que has dejado atrás.

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    1. Hola :-))

      Gracias por tu visita y por tu comentario: los humanos seguimos ciclos y funcionamos bajo el principio de costumbre.

      Efectivamente: las experiencias son absolutamente personales e intransferibles: lo que yo pueda amar tu lo podrás detestar y viceversa.

      Nos falta lo que yo tengo con mi casera (que es española): la miro, me mira y, sin decir nada, sabe exactamente lo que pienso y viceversa.

      Nos falta el contexto, la complicidad, "entrar en sus lindas cabecitas"... Nosotros entendemos que un "Sí" puede significar "Sí", "Sí pero No" o "Puede" (entre otras acepciones).

      Ahora, vete a explicarle eso a estos y espera que sepan cuando tu "Sí" significa una de esas variantes (las podrán pillar un par de veces, pero tendrán que ser de libro).

      Según pasa el tiempo, a su vez, nos sentimos ajenos a nuestra cultura: perdemos el contexto cultural del que venimos, sus expresiones, sus modismos...

      Somos hijos del olvido: al final no sabemos si vamos o venimos, si nos quedamos o pasamos por aquí.

      Extraño mundo el de la inmigración :-))

      Un abrazo y gracias por pasarte por aquí.

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  3. Ufff, mi bache poco tiene que ver con Holanda...

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    1. Pues sea lo que sea, recuerda lo que te digo :-))

      Gracias por pasarte por aquí y un saludo,

      Paquito.

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  4. Me ha gustado mucho este post. Enhorabuena por tu blog!

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    1. Gracias: un placer el que te haya gustado :-))

      Un saludo y gracias por tu visita y tu comentario.

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