Una muerte dulce

Buenas,

El título de este post refleja mi situación en los últimos meses: debido a mi trabajo, estoy últimamente dando tumbos aquí y allá, disfrutando y descubriendo lugares dónde, en el caso de según qué ciudades, he estado o vivido con anterioridad y, en el mejor de los casos, en lugares a los que, por tal o cual razón, siempre quise pero nunca pude ir.

Una de las cosas en las que me fijo al viajar es en el perfil de los viajeros: en los vuelos mañaneros del lunes, uno ve según qué cosas curiosas (ejemplo: los lunes por la mañana, un montón de pasajeros chinos viajan a Madrid y, a su vez, un montón de japoneses y americanos lo hacen para París).

Ahora que el motivo de mis viajes es trabajo, una de las cosas que más envidio es ver al pasajero turista: despreocupado, vistiendo ropa cómoda y expectante por el destino hacia el que va: en mi caso, traje, corbata y una súbita obsesión por llevar el mínimo número de objetos posible conmigo para, así tener acceso a las puertas de embarque rápidos y olvidarme del mundo a través de los Podcasts del iPhone.

No imprimo tarjetas de embarque: todas van en mi teléfono así que, cuando llego al aeropuerto, enseño el codiguito y paso rápido hacia los escáneres dónde, como ya lo tengo todo estudiado, llego ya sin cinturón y mi portátil con mi correspondiente bolsita de plástico con mi desodorante, mi cepillo de dientes y un pequeño cargador de perfume para tres días (el invento del siglo: es del tamaño de un pintalabios y se carga casi por arte de magia :-)).

Soy capaz de meter todo en una pequeña maleta: doblo mi ropa de tal forma que, en un par de ocasiones, he sido capaz incluso de llevarlo todo en mi mochila, imitando así a cualquiera de esos viajeros que, despreocupados y felices, caminan abstraídos por los largos pasillos de cualquier aeropuerto que puedas recordar.

No me gusta llevar traje: desde muy joven, en todos los trabajos que he tenido, he procurado mantener ese tipo de vestimenta al fondo del armario, siendo alguien que, con unos sencillos vaqueros y una raída camiseta, cree que no necesita más para hacer aquello por lo que pagan, que no es sino el manejar información a través de un ordenador...

Desafortunadamente el mundo no piensa como yo y, ahora sí, me veo obligado a, desde muy temprano, tener que enfundarme la vestimenta oficial del pringado oficista para, de forma mágica, ser tratado de forma diferente en todo lugar que se precie.

Basta que lleves traje para que según qué cosas se hagan de forma diferente: la experiencia, además, es un grado, de ahí que hagas las cosas casi de forma mecánica, como es el llevar todo preparado al presentarte en un hotel, al tomar un taxi o, simplemente, moverte por cualquier ciudad del mundo en transporte público para perder el mínimo de tiempo posible.

Tu aerolínea favorita te da un sandwich y un café con zumo por la mañana: el lugar al que vayas habrá preparado algo de comida para ti y, por las noches, alguien te llevará a algún restaurante que hará las delicias de tu ávido apetito, el cual, con eso de los idiomas, se rebela contra el perímetro de su estómago, el cual parece últimamente estar expandiéndose.

De pronto, echas de menos estar en casa y tener una rutina: cuando los fines de semana llegan, no quieres ir a ninguna parte, sólo quieres descansar y sumergir tu fatigada cabeza en tu iPad para leer todos los blogs a los que estás suscrito...

Es una muerte dulce: estás cansado, pero disfrutas una parte de ese cansancio, fruto del constante movimiento en el que estás inmerso: hoy aquí, mañana allá, de vuelta acá y vuelta allí, en un cambio que parece no acabar.

Dicen, que uno debe disfrutar del presente en la medida en que, el futuro, no es sino una consecuencia del mismo: hay un punto en el que uno deja de pensar, se abstrae y sólo piensa en el corto y medio plazo, intentando así evadirse de todo aquello que, todo hombre o mujer de provecho, nos dicen de pequeños, deberíamos tener presente.

Pero entonces lees a alguien que te cuenta su amor a primera vista en Helsinki, la historia de una chiquilla valiente que te ofrece su visión como extranjera por el mundo, las reflexiones de un buen amigo con respecto a  la situación del país al que ha vuelto hace unos meses o los destellos de una mente inquieta buscando armonía en cualquier arte plástica o visual y, durante esos minutos, sabes que todo vale la pena, que todo aquello que vives no es sino el fruto de todas esas decisiones que has ido tomando y que, en ese avión, cuando aquella ejecutiva me habló de los extraños negocios de su empresa, o aquella niña japonesa jugó al Flappy Bird conmigo en mi iPhone, cuando ayudé a esa señora mayor a encontrar el metro que debe tomar o ese taxista que me mantuvo puntualmente informado de cómo estaban las cosas en el país de turno, saboreas esa dulce muerte de una vida ajetreada y cansina que te roba el sueño en mis últimas noches...

Amo todo lo vivido, por bueno o malo que haya sido: hoy estoy aquí y tú me estás leyendo por todas esas cosas, así que, en el fondo, todo ha salido bien :-))

Recuerda eso: "hasta este instante, si tu estás aquí y ahora, es que mi plan se está cumpliendo".

Algún día te contaré cual es ese plan... Nos reíremos juntos.

Un abrazo: ¡Ámsterdam prevalece! 


Paquito
sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

Comentarios

  1. Paquito, me ha encantado esta entrada tuya. Yo creo que es mi favorita (ahora supérala :p )

    Yo creo que tengo el mismo feeling que tú, más que en lugar de dar tumbos por el mundo siento que estoy dando tumbos por la vida, que hay algo que me arrastra hacia delante. Por lado me ´parece bien´ (no estaría en mi nueva casa ni en mi nuevo trabajo si la vida no me hubiese arrastrado) pero por otro lado siento que no tengo control sobre mi propia vida...

    Un placer leerte, como siempre

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola :-))

      Gracias por tu visita: todo un placer y un honor (una reputada bloguera por estos parajes: ¡Y yo sin un mísero café qué ofrecer! :-)).

      Siempre digo que todo lo que vivimos es, en última instancia, algo que debía pasar porque así lo decidimos (si te caes de tu bici en Utrecht, es porqué decidiste irte a vivir a Utrecht y montar en bici :-)).

      Hay cosas que dependen de nosotros y otras que no (el azar forma parte de la ecuación): si no fuera así, las vidas serían parametrizables y eso nos haría aburridos.

      Eso es lo que quieren por aquí arriba: "predictabilidad"... Y por eso nosotros somos tan extraños: porque asumimos un mundo donde el caos no se puede gobernar (el azar es mesurable hasta cierto punto, pero no controlable).

      Un abrazo y no te olvides de seguir escribiendo ("Soy un lector exigente"... ¿Recuerdas? :-)).

      Paquito.

      Eliminar
  2. Muy buena entrada e inmerecida referencia ;-)
    Pues si, se trata de eso, de dar unos cuantos tumbos e intentar pasarlo bien.
    He vuelto a poner la plantilla que tanto te gusta ;-) pero es que no encuentro otras en las que las fotos no queden desencajadas (antes reducía el tamaño de las mismas pero ya no tengo tiempo y bloggear desde el ipad tiene sus limitaciones) alguna sugerencia ?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenas,

      Lo de inmerecida referencia me lo tomo casi como afrenta personal: si te leo es porque creo que tu contenido es interesante y porque me ofrece una perspectiva del mundo que me enriquece ("Soy un lector exigente y egoísta").

      Lo de la plantilla creo que lo haces para provocar :-))

      Por eso me gusta tu blog: porque me haces pensar.

      Un abrazo y no dejes de actualizarlo.

      Paquito.

      Eliminar
  3. Sí, estoy aquí, estoy vivo y me encantará conocer ese plan. El mío es muy rutinario, pero tengo sueños, no sé si alcanzables o no, pero desde luego son inalcanzables si no hay dinero!!! Mientras, como tú, leo, mucho, y reflexiono por todo: por mi vida, de la que no me arrepiento DE NADA,; por la de mis hijos, que se presenta más dura que la nuestra; por la de mi ex, a la que no veo feliz a pesar de la ruptura; por la de mis seres queridos, para que busquen su felicidad; por la de mis amigos, cercanos o no, que leen mi blog o lo evitan porque no se quieren enfrentar a descubrir verdades (es duro darse cuenta de que la realidad de cada uno puede ser distinta si la analizamos). Estoy VIVO, con todo lo que eso implica, y me siento querido por gente que está muy lejos y que quieren que siga escribiendo y contando. Te voy a ser sincero: me acuerdo mucho de tus charlas y de tu vida "tulipana", y de Pelocha, y de Gloria con su accidente de bici en Amsterdam... Habéis entrado en mi vida y me enriquecéis y eso es lo que riega mi rutina vital, entre otras cosas. Te sigo, compañero, y espero que tu blog siga despertándonos un poco más las neuronas para continuar VIVIENDO.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenas,

      Gracias por pasarte por aquí: todo un placer.

      Ayer escribí un par de comentarios pero, como estaba trasteando con el navegador, me los cargué en las dos ocasiones.

      Estoy de acuerdo contigo: sigues viviendo y eso es lo más importante :-))

      Sigue adelante, sigue disfrutando de tus hijos, sigue disfrutando del lugar en el que vives y no dejes de escribir: no por nada me gusta leerte y seguirte :-))

      Un abrazo enorme,

      Paquito.

      Eliminar

Publicar un comentario

Todo comentario, siempre y cuando sea educado, es bienvenido.

Quizás te pueda interesar...

Riphagen: el cazador de judíos

El cultivo de marihuana en Holanda

La Petición de Jan Terlouw y el Hilillo en el buzón

El Soporte Oficial de la Familia

Catástrofe Ultravioleta - Segunda Temporada