La muerte nos sigue rondando

Buenas,


Desafortunadamente, en esa misma semana, alguien conocido por mi también decidió partir sin previo aviso y, justo antes de Navidades, otra persona cercana también partió sin previo aviso...

Quizás, este post, está dedicado a ellos, así como a aquellos que nos quedamos por este lado del río.

En primer lugar, "vayamos por partes": los que me conocen saben de mi particular aproximación a los temas relativos al dios griego Tanathos, que suele ser motivo de discordia en algunas personas, o de, los más cautos, silencio y reflexión en otras.

Todos moriremos: no hay forma de evitarlo y la lucha por la supervivencia, aún estando escrita a nivel genético en nuestro ser, no es capaz de superar la terrible realidad del destino.

Respirar y comer nos mata, literalmente: la ineficiente gestión del oxígeno de nuestro cuerpo al respirar, así como el terrible desgaste químico de los procesos digestivos, nos hacen particularmente vulnerables hacia la longevidad (idealmente no deberíamos respirar y no digerir nada, pero aunque lo segundo es "más o menos" posible, lo de dejar de respirar es todavía algo que no sabemos hacer sin perecer)...

De igual forma que tu un día dejarás de existir, lo harán todas las formas de vida que te rodean (incluso los tardígrados, las formas de vida más jodidamente resistentes del planeta, capaces de vivir durante años expuestos al vacío del espacio, que parece que no, pero tiene una historia detrás de dejarnos con el culo torcido).

Existen varios atetuantes en los que suelo ser más paciente con respecto a estos asuntos (las plañideras se pagaban en el Egipto de los faraones para montar el número sobre el impacto del muerto sobre la vida de los vivos), cosas donde uno observa la realidad con un punto un poco más humano, más expuesto a emociones que, con los años, poco a poco, se apagan y dan paso "a la Excel", como bien tuvo a gala describirlo alguien que pasó por mi vida hace ya muchos años...

"La Excel" (pensamiento cuadriculado altamente cuantificable, donde la disrupción de la razón no tiene cabida), como digo, deja margen para los atenuantes del suceso, ocasiones donde uno le permite al personal ser humano y divino, más allá de una fría, calculada e inamovible verdad...

El primer supuesto habla de personas mayores: la norma determina que, por encima de los ochenta años, uno debe aceptar que la muerte es lo que hay y que, ante todo, puede darse por feliz hacia la persona que ha vivido ocho décadas vistiendo un cuerpo que, en teoría, funciona a pleno rendimiento hasta los cuarenta...

Está muy bien sentir pena y la pérdida, pero cuando se ha vivido un cierto tiempo, se debe aceptar que el fin está cerca y, con el, la indiscutible realidad del "polvo al polvo"...

El segundo supuesto habla de la salud: la norma determina que, la muerte por enfermedad incurable, más allá del azar por el afectado que la contrae, es algo que uno debe aprender a aceptar en el momento que se contrae... Es duro y, en el caso de algunas enfermedades, un proceso lento y doloroso, donde la persona que la contraiga irá desapareciendo ante ti sin que puedas hacer nada...

Será duro, será triste, te comerá por dentro y, aún después de la partida, seguirás sintiendo el candor de la batalla: al igual que cuidar a ancianos o enfermos, es una experiencia que, o te hace un santo, en el mejor de los casos, o te destruye por dentro, en el peor de los mismos.

El tercer supuesto habla de los accidentes: la norma determina que, dada su naturaleza, lo que uno debe de hacer es en enfocarse en la fragilidad de la vida y como el azar puede torcer nuestro camino... No hay forma de preverlos: en cierto modo, uno es responsable de estar en el lugar inadecuado en el momento inoportuno y, a la vez, uno no es responsable de que alguien pueda crear el accidente (en el caso de que el asunto involucre a terceros).

En estos días, un cierto aire de extrañeza, por la persona que ya no está, ha estado rondándome la cabeza: hay cosas que uno puede esperar y hay circunstancias donde uno incluso se puede esperar una fatal consecuencia...

Quizás, el perfil de la persona ha sido el que me ha roto todos los esquemas: sin entrar en muchos detalles, a pesar de algunos atenuantes, habría tranquilamente apostado a que, en mi entorno, sería de las últimas personas que nos abandonaría de forma tan trágica.

La naturaleza humana se basa en la la falta de predictabilidad de nuestras acciones, al fin y al cabo: precisamente esa cualidad es la que nos hace buscar fórmulas, en forma de sistemas y procesos, donde esperamos que una acción se pueda hacer mil millones de veces de la misma forma, sin que haya ni la más mínima variación entre ellas.

En última instancia, desapareceremos y sólo la memoria creada por nuestras acciones sobrevivirán: más te vale que lo aceptes, porque esto no tiene vuelta de hoja (te puede gustar más o menos, eso lo entiendo, pero hay cosas que no son discutibles, entre ellas las relativas a los menesteres relacionadas con el dios griego del que hablaba al principio).

Sonríe, siente y vive: rebélate ante aquello que no consideres que está bien o es adecuado... "Reclama tu humanidad", aceptando lo inevitable de tu naturaleza imperfecta: sufre, si así lo deseas, o no, si a lo mejor eso te ayuda a seguir adelante, busca la fórmula que funcione para ti y, más importante, procura desafiar toda aquella idea que no provenga directamente de tu razón (para eso tenemos un cerebro: para evitar dogmas).

Está siendo un principio de año bastante raro, aunque, afortunadamente, hay cosas que nos siguen haciendo sonreír.

Esa, quizás, es la parte de la que hable en otra ocasión :-))

Eso es todo: ¡Ámsterdam prevalece!


Paquito
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Comentarios

  1. Y luego yo creo que soy racional...vaya post te has marcado Paquito...

    Ya lo siento por esa persona de tu entorno.

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    1. Hola Pelocha,

      Gracias por pasarte por aquí. Un suicidio, una verdadera lástima: una persona excepcional...

      Hay cosas que uno puede entender, pero sus circunstancias son diferentes... Quizás es lo que me ha dejado descolocado.

      Un abrazote,

      Paquito.

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  2. Cada cultura vive la muerte de una forma especial. Pero si hay una cultura que os sorprendería esa es, sin duda, la gallega, ya que la muerte está siempre presente en todos los acontecimientos de la vida.

    Hasta hace bien poco en el rural se conservaban costumbres muy ancestrales, como lo de las plañideras que citas, incluso está documentado que en algunos velatorios se bailaba alrededor de la caja del muerto. Hay publicados estudios antropológicos que sorprenderían a más de uno y yo mismo he vivido escenas de verdadera película de Buñuel o Berlanga. Hoy, en las ciudades gallegas y villas medianas, está más que estandarizado todo el proceso de defunción y sepultura, siendo Galicia una de las regiones donde más ha aumentado el número de incineraciones en los últimos años. Además, tenemos pequeños municipios rurales, sobre todo en Ourense, que su base económica son las industrias de ataúdes.

    El hecho también de ser una comunidad marinera hace que todo lo relacionado con la muerte y el mar se viva de otra forma, hay como una especie de resignación ante la desgracia. Y os hablo como una persona que, por suerte, no ha tenido grandes desgracias en su familia, pero sí en el entorno de conocidos y/o amigos en los cuales observas comportamientos, actitudes y consecuencias difíciles de analizar racionalmente.

    Todo esto en el marco de una cultura que vive y convive con la muerte desde que eres niño y que intentamos anular o "suavizar", cuando yo creo que es un error. Hay gente que con 40 años no es capaz de ver a una persona muerta. Yo vi por primera vez muerta a una persona con 11 y recuerdo que fue mi madre quién me ofreció verle, y no me arrepiento ni me traumatizó.

    No sé cómo reaccionaré cuando le toque a mis padres, y digo esto sin escupir para arriba porque como bien dices, la muerte no distingue de edades ni géneros ni profesiones, por lo que yo mismo podría morir antes. A día de hoy es algo que asumo que ocurrirá para todos, pero también noto que en los últimos años me intranquiliza hablar de este tema con cierta frecuencia, supongo que será por el hecho de ser padre y temer que pase algo con mis descendientes o conmigo mismo. Cuando alguien joven muere trágicamente aquí en Galicia se vive de una forma muy deprimente y triste porque no se asume, aunque esto imagino que será igual en todos los sitios.

    Así que después de todo este informe, propongo que la próxima sea de una FIESTA, con mayúsculas, porque "la vida son dos días y hay que vivirla".

    Un abrazo

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    1. Hola,

      Ya iba siendo hora: perdón por el retraso en la respuesta. Tienes razón: cada pueblo tiene una relación particular con la vida y la muerte.

      Con el tiempo, esas relaciones se convierten en referentes culturales, donde el personal hace algo sin entender muy bien porqué, pero que se atiene a unas normas definidas en algún momento, en algún lugar, por algún motivo que debe responder a algo.

      Sólo hay una vida, cierto, pero depende de cada cual el ritmo, la forma o los objetivos que la llenen :-))

      Un abrazo y mil gracias como siempre por pasarte por aquí :-))

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  3. De que este asunto en Galicia es diferente puedo dar fe. Yo pensaba que la Santa Compaña era una estrofa de la canción de Golpes Bajos pero hace 10 años descubrí que no.
    Coincido con Alfonso en que "la vida son dos días y hay que vivirla".
    Y a ti Paquito, gracias una vez más por tus reflexiones.

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    1. Galicia es "otro mundo": es un lugar muy interesante, sin duda (nunca he estado, pero he conocido a decenas de gallegos que me han enseñado lo de que, efectivamente, "Meigas haberlas hailas" :-)).

      Alfonso es un grande: otro blog altamente recomendable para leer :-))

      Un abrazo y mil gracias por pasarte por aquí a ti también :-))

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