Resabios

- Buenos días - me dijo educadamente.
- Buenos días - respondí - Hoy es el gran día - continué.

La conversación se desarrolla en un bonito y soleado día de sábado. Estoy a punto de hacer algo que va en contra de varios de mis principios, pero ya no hay vuelta atrás.

- Acompáñame a mi mesa - me dijo - Te gustaría tomar un café?
- Sí por favor - respondí - Me apetece un cafecito.

Todo comenzó dos semanas antes: en el día de mi cumpleaños, con varios días libres, decidí por fin algo que, unos meses antes, se anunció como una temible profecía.

- El siguiente problema que tengas - empezó diciendo - te costará mucho dinero. Te recomiendo que lo cambies.

Y allí estaba yo, unos meses más tarde, en un bonito concesionario, con cara de Rompetechos, buscando a alguien que me atendiera.

- Me gustaría comprar un coche - empecé.
- Muy bien - me dijo - Alguna idea o modelo específico? - Me preguntó.
Ni flauers.
- Ni flauers: por eso vengo aquí.

La mañana pasó rápido: encontró algo bastante chulo, por encima de lo que en realidad necesito, pero, quizás, esos son los resabios que aún me quedan de otra vida, aquella que un día dejé atrás, prometiéndome a mí mismo que jamás vendería mi alma, por mucho (y lo sería) que aquello pudiera significar en términos de carrera profesional, así como todo lo relacionado con lo que ello conllevaba.

La mañana termina con una buena oferta: en ningún momento he hecho preguntas típicas que el personal hace sobre el cacharro, básicamente porque no me interesan mucho...

PERO...

- Mi coche ideal - empiezo diciendo - es un Tesla 3 pero, para que sea accesible, faltan al menos dos años, teniendo en cuenta capacidad de producción y lista de espera. Si quisiera un coche altamente fiable, elegiría un Toyota, pero son feos con avaricia y, si me voy a comprar un cacharro de estos, al menos quiero sea de mi agrado... No necesito nada muy especial, sólo algo que cumpla su función y que, sobre todo, sea cómodo...
- Ya veo - me respondió...
- Así que, hablemos de la parte que sí entiendo - continué - Hablemos de software.

Ahí es donde la cosa tomó derroteros interesantes: todas mis preguntas van en ese camino y el tipo, entre que todos los catálogos están en holandés y que, por lo que parece, yo estoy más familiarizado con ordenadores de a bordo de los coches que vende, más o menos me doy por satisfecho.

- Y... Ahora qué hacemos? - Le pregunté cuando más o menos estaba todo claro...
- Si quieres - me respondió - Te puedo conseguir un coche para que lo pruebes...
- Vale. - respondí - Eso puede ser interesante.

Ahí noté que dudaba... Todo era demasiado raro: guiri con pintas de friki, que no tiene ni idea de coches, hablando en inglés, pidiendo disculpas por su ignorancia y por todas las preguntas estúpidas que ha hecho, hace o hará, sobre todo porque el 90% de las mismas nada tenían que ver con lo que cualquier persona medio normal hace en este tipo de situaciones y al que, al parecer, probar el automóvil le importa medio pimiento.

Lo noté en su mirada: este tipo de sectores contrata a empresas de "Mistery Shopping", que básicamente mandan a personas que se hacen pasar por clientes y que verifican que la calidad de sus vendedores es la adecuada.

Y creo que el piensa que yo soy uno de ellos: eso me beneficiará en el precio que me ofrece, donde sólo pongo como condición que me gustaría intercambiar la tartaja que tengo y que me dé "la voluntad" como aquel que dice.

Al día siguiente, en el mismo lugar, a la misma hora, aparezco dispuesto a darme un garbeo con el coche de prueba: me doy varias vueltas por la zona, lo llevo por la autopista un ratito y me vuelvo.

- No está mal. - concluyo -  Es exactamente lo que quiero: no soy un conductor agresivo, así que el motor tiene la suficiente potencia para llevarme hasta donde quiero, con un gasto de gasolina bajo y, sobre todo, es cómodo y se lleva bien con mi teléfono...
- Me alegro. - me dice.
- Y ahora qué? - Le pregunto.
- No sé - me responde sinceramente - Lo quieres?
- Sí, claro.

Estrechamos nuestras manos, me da un papelito con una factura y me dice que lo puedo pagar con el PIN (como el que paga la compra) o una transferencia bancaria (más adecuado para según qué cantidades).

La transferencia se produce al día siguiente: la tartaja sería también intercambiada en la transacción.

Y así hasta el sábado pasado, cuando, finalmente, el coche estaba preparado para mí.

El protocolo de estas cosas es muy interesante (le comenté el protocolo del coche de alta gama que tuve en mi anterior vida y tomó nota: lo hizo exactamente igual): una lona negra cubría todo el coche, en una zona específica del concesionario, preparado para sacarlo a la calle y empezar a conducir.

Intercambio de papeles, firmita, explicación del asunto, remover la lona, estudiar el coche por dentro y, de regalo, una cajita con una pequeña historia del concesionario (uno de los más antiguos de Holanda), junto con una botellita de champán y una de las dos copias de las llaves.

Los que me conocen saben que no soy un conductor agresivo: al contrario, me gusta ir suave y despacio, así que eso es lo que hago: un paseo tranquilo y lento hacia casa, mientras no dejo de pensar en lo que haré según llegue a casa.

Empezar a trastear.

Según llego al hogar, dulce hogar, me dedico a juguetear con todos los botoncitos del cacharro, esencialmente para entender bien qué puedo hacer y cómo.

Cuando conecté el coche a la Red Wi-Fi de la casa, fue el momento en el que uno se da cuenta de cómo ha cambiado el mundo.

Los resabios, que durante años me hicieron conducir un coche que, ya en los últimos tiempos, daba hasta miedo conducirlo (no por inseguro, sino porque, ya en los últimos meses, los ruidos del motor y de la caja de cambios anunciaba que estaba a punto de cascar), se resquebrajaban ahí: no me gustan los gastos superfluos y absurdos, cosa que, en el caso de un coche, toman su máxima expresión.

Flashback
"Tener un coche te cuesta más que tener un hijo tonto" (Padre de Paquito: pensador a tiempo parcial).
"Hombre papá: tanto no te habré costado" (Paquito: el festival del humor de la familia).
Fin del Flashback

Y ahí estaba yo, sincronizando el teléfono con el Bluetooth del coche, intentando usar el CarPlay, conectando un coche a Internet e intentando bajar actualizaciones de cosas: ver es creer, supongo.

Esta mañana, por primera vez en mucho tiempo, he conducido al trabajo con una sensación de paz casi absoluta: un coche silencioso, que no es rápido, pero que es cómodo del copón y que, sobre todo, no hace ruidos raros...

Supongo que son esos resabios que una vez tuve, pero sé que, gracias al cielo, son sólo ecos de una vida pasada que dejé atrás.

Esto lo sé por un síntoma: al confirmar la compra, a diferencia de muchas personas, no sentí ningún tipo de sentimiento positivo, sino todo lo contrario.

Y, eso, en el fondo, es lo que más me gustó: el sentir que he hecho algo en contra de mis creencias, entendiendo a su vez que, efectivamente, era algo que debía hacer, por mucho que me molestara...

Alguien me preguntó en la oficina que, sabiendo como soy, por qué no compré un coche de segunda mano o algo así y, mi respuesta, es la que resume varias de mis experiencias en estas tierras:
"Porque el mecánico en el que he confiado, estos años, cuando le pedí que me buscara un coche que el considerara interesante, me intentó engañar, diciendo que el coche costaba varios miles de Euros más del precio real".
Éste fue el error que pagó al enviarme las fotos con la matrícula: mis compañeros hicieron toda la búsqueda y ahí se descubrió el pastel.

Como ya he dicho muchas veces, no sé nada de coches, ni quiero (sólo hay un tipo de coche que me interesa y, ese, de momento, está a unos años de poder ser adquirido): sí sé que, en cambio, soy un cliente casi perfecto, que confía en la labor de las personas que contrata o paga para que hagan su labor... Cuando alguien rompe mi confianza, no sólo pierde mi aprecio, sino que pierde al cliente perfecto, que no discute de aquello que no sabe, que escucha y pregunta con gentileza, sin interrogar o cuestionar el criterio profesional de esas personas.

Si aquel mecánico me hubiera dicho: "Mira: te busco el coche, lo reviso y lo compras, te cobro un 10 o 15% de comisión, que de algo tengo que vivir" se lo habría pagado encantado (honestidad por delante y el pago de la labor profesional de una persona siempre por delante)...

Pero decidió pasarse de frenada: eso duele, sobre todo cuando, durante años, has confiado en esa persona, tanto en su labor como en su criterio profesional (si el decía que algo debía ser cambiado, se cambiaba y punto), mucho más cuando son circunstancias familiares las que me llevaron hasta el.

Sólo te daré un consejo, que lo puedes tomar, dejar o cuestionar: este es un país de gente buena y honesta, pero que se transforma en cuanto hay pasta de por medio.

Ahí es donde uno se da cuenta de que, entonces, al parecer mentir y engañar está permitido, con un encogimiento de hombros como respuesta cuando uno lo expone a esos mismos laboriosos y honestos ciudadanos de este país, como si fuera lo más normal del mundo, dejándote caer que, en realidad, esto se espera y que, a su vez, tu debes evitar que esto pase, porque sucederá, sí o sí...

Y puedes pensar que mi experiencia en el concesionario es una demostración de que, quizás, no todo es así, si no fuera por un detalle:

- Los retrovisores no se retraen.
- Sí: lo puedes hacer manualmente.
- En el coche de prueba se retraían automáticamente al apagar el coche... Me dijiste que, salvo las cámaras para aparcar, el resto del coche era una réplica de mi automóvil.

Tardó poco en rectificar, señal de que ha hecho muy buen negocio conmigo: le he pedido que, en lugar de eso, me dé el paquete extra de software que puede llevar el coche, lo cual me reducirá el coste del seguro (entre otras cosas, permite la localización exacta del vehículo en caso de robo o de que le lo lleve la grúa).

Eso que me llevo y que la churri me haya tenido que dar la razón ("Tranquila: algo faltará... Te lo aseguro").

Por eso, quizás, hace mucho tiempo que he abandonado toda esperanza: no es mi medio normal estar en un país donde la sensación constante es "vas a ser engañado"... No es normal que los holandeses te digan que, como no eres holandés, te la van a hacer: no es mi medio normal que una sociedad que se apropia según qué virtudes, se comporte exactamente al contrario de aquello que dichas cualidades proclaman.

Una sociedad de comerciantes, como siempre decimos, que por dinero es capaz de vender a su madre en trozos, capaz de dejar los carísimos juguetes de los niños en los jardines de sus calles, sin miedo a ser robados, mientras esos mismos niños roban bicicletas de jardines cuando crecen.

Una sociedad donde los padres de esos niños defienden una cultura donde la mentira es el pecado supremo, pero donde la estafa y el dolo (la mala fe en una transacción comercial) se aceptan como prácticas perfectamente aceptables entre personas (dato: en España, un contrato doloso puede ser legalmente anulado: en Holanda, este concepto no existe).

Y sí: esto sucede por allí abajo... Cierto: para nuestra vergüenza... Pero nosotros no reclamamos según qué valores (al contrario: nos atribuimos todo tipo de defectos, sin darnos cuenta de que, muchas veces, muchos de nosotros estamos fuera por, precisamente, detestar y renegar de los mismos).

Así que eso que nos llevamos en el coleto: de momento, tengo un coche seguro y cómodo: todas las mañanas y tardes disfruto de una conducción tranquila, escuchando mi interminable listas de Podcasts...

Parece mentira, pero algo tan estúpido y banal es motivo para tener un poco de paz mental.

Saludos,


Paquito
Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es
Twitter: @paquito4ever

Comentarios

  1. Para comprar un coche es muy recomendable (En mi opinión, of course)…

    Que lleve ya bastantes años en el mercado, así sabes de que pie cojea, si ha salido bueno o una puta mierda.

    Además, luego eso hará que haya muchas piezas de segunda mano disponibles en desguaces, y para cosas como espejos retrovisores, faros, pilotos… la diferencia de precio es la hostia.

    Mira su valor de segunda mano, los buenos coches se deprecian muy poco, los malos, se deprecian muchísimo para una misma antigüedad.

    Si la marca tiene muy poca difusión, a los pocos talleres a los que puedas ir y que te lo puedan reparar… prepara la cartera.

    Y recuerda: Cuantas menos pijotadas lleve, de menos cosas se te estropeará. Por eso los “Coches 2.0” me dan tanta grima.

    Por lo demás, bonita entrada ;)

    Antxon.

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    1. Buenas:

      Mil gracias por la visita y el comentario: un placer.

      La verdad es que he comprado un coche de lo más común: la realidad es que no entiendo de coches, así que sólo busqué lo que explicaba.

      Como no soy un conductor agresivo, con tan sólo seguir las instrucciones no debería darme ningún problema.

      Las pijotadas son hoy en día parte del paquete: si no haces barbaridades y tratas las cosas con mimo, salvo defecto de fábrica o cosas así, todo acaba funcionando bien en tiempo y forma.

      Mil gracias por los consejos: los tendré en cuenta para la próxima vez.

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  2. La ventaja de tener hermano mecánico es que el día que vaya a comprar coche (de segunda mano) con decirle marca y modelo él en 5 minutos me dice si es bueno o no, si se estropea mucho o no, como de caras son las reparaciones, etc. Y si me llevo el carrito a espain, revisión en taller de confianza :)

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    Respuestas
    1. Mujer: así cualquiera... En mi caso, no entiendo casi nada de coches normales (de los eléctricos, en cambio, es otra historia :-)).

      En cualquier caso, una gran ventaja para ti: de momento el cacharro se comporta, teniendo en cuenta que conduzco despacito (paso de ir deprisa: ahora puedo disfrutar de la conducción :-)).

      A mí es que lo de pegarme el palizón hasta España, como que no (estoy muy mayor), pero vamos, que todo es ponerse y que alguien diga "No hay huevos" (código universal masculino para acabar haciendo cualquier estupidez).

      Esto da para Premio Darwin (asunto que, si no lo conoces, deberías guglear de que ya :-)).

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  3. Gracias por el aviso, servidor quiere también un model 3 cuando sea posible, pero mi señora insiste en ganar algo de movilidad ahora.

    Estaré alerta.

    De todos modos este tipo de clavadas también me suenan en mi tierra, ojo. A mí se me ofreció a tres mil pavos un coche de segunda mano que necesitaba un cambio de amortiguación inminente. Sé de forma certera que el dueño sabía esto (conocido de conocido) y el tío no hacía más que repetirme que el coche estaba perfecto, que no hacía falta hacerle nada. Llevé a un colega mecánico y lo primero que dijo fue: "Le hace falta un jueguito nuevo de amortiguadores".

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Buenas:

      Efectivamente: el futuro parece regido por la compañía de Elon Musk.

      El problema de los coches es que, si te gustan y tienes ciertos conocimientos, te puedes enfrascar en x cosas.

      Es como si tu y yo vamos a comprar un ordenador: sabemos lo que hay dentro y sabemos lo que vale.

      El mundo de los coches es algo que no me interesa (salvo los Teslas: son ordenadores portátiles con ruedas y sensores), así que, simplemente, lo acepto y tiro para adelante.

      De momento, una gozada el conducir algo que no es una tartaja: el nivel de relajación por las mañanas me empieza a preocupar (simplemente desconecto cuando conduzco: con el cruise control y demás, empieza a ser como un videojuego, cosa que me preocupa, no por jugar a las carreras, sino porque simplemente voy despacito y, ya digo, voy como si no estuviera conduciendo).

      Me tendré que acostumbrar, supongo :-))

      Un abrazo y mil gracias por pasarte por aquí.

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