El camino de la tarde
Buenas:
Esta tarde, mientras celebraba con un buen paseo la maravillosa temperatura y tiempo que estamos disfrutando por estas latitudes estos días, tuve uno de esos momentos de "darse cuenta" y, por un instante, parar, reflexionar, mirar a mi alrededor y recordar que estoy en un lugar bastante "especial", y no precisamente por los motivos "tópicos y típicos" sino por algo mucho, mucho más mundano y, literalmente terrenal.
Turrón de andar por casa
Hace dos mil años, los habitantes de esa zona del mundo tuvieron una extraña idea: echarle un pulso a la naturaleza y, puestos a hacerlo, decidieron hacerlo contra uno de sus elementos más feroces y constantes que existen en el planeta.
Decidieron echarle un par de cojones e irse a por el mar a reclamarle tierra.
Así, en quinta...
Sabemos que, ya en la época de los romanos, existían pero realmente, cuando la cosa se empieza a poner seria es más o menos en el siglo XI, con los famosos "polders", que son extensiones de tierra desecadas que, efectivamente, se ganan al mar a través de la creación de diques y que después se drenan (ahí aparecen los famosos molinos holandeses, cuya función principal fue precisamente esa).
Sobre la mitad del territorio neerlandés se consiguió allí y uno de los dichos que mejor definen a este país es "dios creó al mundo, pero los holandeses crearon a los Países Bajos".
Precisamente por eso...
Esta tarde, mientras caminaba por una zona de tierra, me puse de pronto a mirar a la ladera que tenía a mi derecha, con ovejas comiéndose la hierba (método de segado natural maravilloso que es un puntazo), con escalinatas para subir a la cima y, por supuesto, diferentes árboles, creciendo majestuosos, en un entorno verde, con el canal a mi izquierda, con los puentes que lo cruzan, con todo lo que, en cualquier lugar del mundo, sería sin duda una majestuosa fotografía y que, aquí, normalizas a veces a una velocidad irresponsable.
Porque este país, cuando el tiempo es bueno, rivaliza en belleza con cualquier lugar de La Tierra que seas capaz de nombrarme.
Pero, volviendo al tema que me inspira hoy, al mirar a esa ladera, recordé por un instante que ese es un lugar absolutamente plano: tan plano que, cuando voy a España, donde tenemos una orografía diferente, mis piernas empiezan a doler porque, literalmente, al caminar por las desniveladas calles de Madrid, utilizo parte de mis piernas que, aquí, por más que soy capaz de andar, debe de ser que no se activan (y no es una broma: la última vez que fui acabé tres días en la cama, con un dolor infinito en la parte trasera de las mismas, que dolía tanto que, simplemente apoyarlas en la cama causaba dolor).
Y como el lugar es plano, mirando a esa latera, que debería tener como treinta metros, de pronto caí en la cuenta: efectivamente, lo que estaba contemplando era un dique como el cerrojo de un penal: hasta ahí, supongo estuvo una de las ampliaciones de tierra que, años más tarde, continuó por detrás, por cuanto en la otra zona hay una depresión que da paso a una autopista y a campos donde, actualmente, hay granjas, empresas y lo que te rondaré morena.
Un regalito para que te lo pases bien
Los Países Bajos han sido "el país editor" por excelencia: una cultura de transparencia y tolerancia consiguió hace siglos ser un referente para la publicación de libros de todo tipo, convirtiéndoles en una potencial mundial como resultado.
Entre las cosas que publicaron fueron mapas y, como otra no, pero espabilados son un rato, alguien construyó una página web con todos los mapas de Holanda desde 1815 hasta nuestros días, donde uno puede ver la evolución física del país o, mismamente de la zona en la que vive, descubriendo así, en algunos casos, que su casa en algún momento fue un lago creado con un polder o, tiempo antes, simplemente fue mar.
Puedes acceder (y trastear) con la página haciendo clic aquí, cosa que espero que hagas, porque cuando yo la descubrí, en su día, lo primero que hice fue buscar los diferentes lugares donde he vivido para, de inmediato, retroceder en el tiempo y ver el cambio físico de la zona (la "desedificación" cuando uno va marcha atrás en el tiempo es fascinante, sobre todo cuando la cosa ya pierde el aspecto contemporáneo de los mapas y lo que empiezas a encontrar son demarcaciones hechas a mano con tinta escrita probablemente con plumillas, en el mejor de los casos, o directamente bajo una pluma de algún animal, bajo la luz de alguna vela).
Todo esto te puede pasar cuando te despistas y, repito, pierdes consciencia por un instante de dónde estás: es tan fácil olvidar que, esa enorme ladera fue la forma de expulsar al mar alguna vez y de cómo, cuando lo piensa, acepta que el nivel del mar, realmente, está allí arriba, lo cual es una enorme masa de agua, esperando su oportunidad para darnos un zarpazo, como lo ha hecho en otras ocasiones, recordándole al país que su lucha contra los elementos no es sólo perpetua, sino imperativa, por cuanto nuestra supervivencia depende de la buena gestión y mantenimiento de las infraestructuras que nos permiten estar aquí.
Porque la belleza, la tranquilidad, el verde, el sol y los preciosos canales son, en cierto sentido, un peligroso Narciso que desea con persistente insistencia mirarse al espejo y decirse lo maravilloso que es, perdiendo por completo el sentido de la realidad cotidiana de nuestras vidas.
Dos horas antes de ese paseo, a unos cuantos kilómetros, uno lo que quiere es poder aparcar y comprar comida en el supermercado: todo el glamour que uno es capaz de describir se va por el sumidero cuando descubre que su producto favorito ha subido de precio (la conspiración del chocolate con avellanas continúa: el precio ahora es sesenta y nueve céntimos, cuando hace un mes llegó a los veintinueve, pasando por treinta y nueva y cuarenta y nueve).
Dicho lo cual...
Justo cuando uno ya empieza a encontrarle el ritmo llega el final del cuento: no es justo, ni para ti, ni para mí, pero el punto de esta historia, en estos momentos, es "cantidad sobre calidad", sobre todo cuando uno tiene que tirar muchísimo de experiencias vitales diarias (vivo en un país aburrido y no quiero hablar de cosas de otras latitudes donde, te lo aseguro, tendría muchísimas cosas que decir, pero quizás eso me lo reservo: uno tiene que saber dónde no ir y no contaminar cosas como estas).
"Mil y pico palabras", ese fue nuestro acuerdo.
Gracias por haber llegado hasta aquí.
Saludos.
Paquito
Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es
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