Los (2)6 grados de Kevin Bacon
Buenas:
Si tienes un poco de cultura popular, llevas en Internet más años de los que deberías reconocer y, sobre todo, posees un sentido del humor digno de alguien que conoció las guías telefónicas de papel, habrás entendido la referencia y, si no es así, tranquilidad y buenos alimentos, que ahora te lo cuento todo, con más pelos y detalles de los que debería, que las famosas "mil y pico palabras" no se van a escribir solas y uno, para estos menesteres, quiere creer que posee algo de habilidad y verborrea.
Siéntate y disfruta, que empezamos.
Turrón verborreico
El jueves por la tarde, leyendo las noticias de Países Bajos, descubro que vamos a tener un fin de semana espectacular.
La noticia, teniendo en cuenta que toda la semana se pasó con lluvias intermitentes, es un golazo de esos que me recuerdan al gol, porque sólo hay uno, que es lo más grande que ha parido madre y que fue narrado magistralmente por el periodista argentino Víctor Hugo Morales, en 1986, en México, por un jugador que, en ese partido, además de hacer que dios le diera un gol, de paso él correspondió el gesto jugando a serlo.
Así que esta mañana, cuando me levanté y miré al reloj, el número "22" apareció en la aplicación del tiempo lo cual, además de la alegría por la condición climatológica, me recordó también a un dúo cómico español de mi niñez que, en uno de sus gags más famosos y repetitivos, cantaban y aplaudían con un ritmo sin igual el número de marras.
Un ratito más tarde, ya purgado, desayunado y vestido para patrullar la jungla del asfalto neerlandés, mi llamada sabatina me esperaba para, otra semana más, arreglar el mundo caminando casi 17 kilómetros en tres horas y cuarto mientras el calorcito hacía de las suyas y yo, sin darme cuenta, empezaba a parecerme a uno de esos habitantes de estas latitudes cuando descubren el concepto "Benidorm" sin pensar muy bien en el cáncer de piel si no tienes cuidado.
A llegar a casa, la señora Paquito me recibía, con la incisiva mirada de alguien que ha lidiado con el abajo firmante durante algún tiempo...
- Parece que te ha dado el sol un ratito.
- ¿Ah sí?
- Sí... Estás un poquito rojo.
- ¿Modo langosta?
- No hombre, tampoco es eso, pero sí: te ha dado el sol.
La verificación ante el espejo confirma la afilada observación de la dama: efectivamente, he tenido tardes peores, pero que hoy me ha dado el sol está claro, así que, sin prisa y sin pausa, me dispongo a hidratarme y ponerme con la tarea del sábado, que es desempolvar una vez más la Kärcher y, con alta habilidad, explicar a la señora Paquito los misterios y leyendas detrás del aparato, en este caso para limpiar las baldosas de la entrada, que han visto años mejores y necesitan, efectivamente, un poco de agua a presión para recuperar su mejor aspecto.
Un ratito más tarde...
Digamos que, después de unos interesantes y casi cómicos minutos de diversión, decido tomar el control y terminar la tarea: la primera vez que uno utiliza el cacharro se emociona con lo del agua a presión pero, si no entiendes muy bien cómo hacerlo correctamente, te puedes encontrar montando un pitote de barro negro que cubrirá toda tu ropa de partículas de tierra sucia, sobre todo si te niegas a escuchar cuando alguien te dice que, quizás, sólo quizás, sería más conveniente que llevaras pantalones cortos o lo que puedas que no se manche mucho...
El caso es que, después de un ratito, efectivamente, el resultado es óptimo y, finalmente, la entrada parece limpia, con las baldonas casi perfectas, porque tampoco puedes conseguir la perfección cuando el tiempo y la contaminación hace de las suyas.
Algo en cambio habremos hecho bien porque nuestro eterno visitante, el gato de los vecinos, decide inaugurar las baldosas cuya adherencia es ahora casi perfecta (después de una limpieza con agua a presión, este tipo de baldosas, gracias a su porosidad, casi te masajean los pies al caminar sobre ellas descalzo) así que consideramos que la actuación ha sido exitosa y nos retiramos para, ahora sí, descansar, que el día ha sido largo.
La sorpresa
Mientras recojo los utensilios, recibimos una llamada en la puerta: es nuestro amable vecino, que viene a preguntarnos si mañana podría acceder a nuestro jardín para podar el árbol de su propiedad que, con los años, ha ido creciendo y ha desarrollado algunas ramas dentro de nuestro área...
La amabilidad con la que lo hace nos sorprende: le decimos que sin problema, que encantados, que sólo faltaba y que, adelante, que mañana pode lo que tenga que podar, justo a tiempo, además, porque queríamos hablar al respecto, porque hemos puesto recientemente dos pequeños arbolitos, un manzano y un peral, que si todo va bien, en unos años darán frutos y, precisamente, el tema a tratar era si le molestaría podar un poco su árbol, que parece ser un castaño, acorde a lo que nos cae en el jardín :-))
26 grados...
Es el primer día del año en el que llegamos a una temperatura de ese nivel y, como puedes ver, es lo suficientemente relevante para que alguien como yo le dedique un post al evento: en un país donde las temperaturas suelen estar entre los cinco y los quince grados, cualquier cosa que sobrepasa los veinte es motivo para que un mar de personas salgan de sus casas y observen con terror al disco dorado que preside sus cielos, preguntándose si deben sacrificar a alguien para ver si se va, porque no entienden muy bien la cosa, aunque saben que, en otros lugares, más al sur, ese disco que observan ahora bajo sus cielos parece tener sus beneficios, motivo por el cual, a la mínima que pueden, escapan hacia dichas latitudes para observarlo y sentir su calor con vitamina D gratis.
Por eso hoy, mientras admiraba el tiempo y vi que la temperatura máxima llegaría a los veintiséis grados, pensé ese extraño juego que alguien inventó en su día y que demostraba, no sin falta de razón, que todos los seres humanos estamos conectados con un margen de seis personas de diferencia, utilizando la figura del actor americano Kevin Bacon para demostrar que, toda persona que haya trabajado en la industria del cine, está como mucho a séis relaciones personales del mismo, creando así los "Seis grados de Kevin Bacon".
Porque gracias al calor, hoy salimos todos a la calle, hoy te cruzas con un montón de personas a los que saludas con cordialidad, los conozcas o no, cosa que aprecio un montón (el saludar a extraños con una sonrisa y que te contesten: reclamar nuestra humanidad a través de la cordialidad y la buena educación, cosa que en otros lugares se pierde, por desgracia).
Dicho lo cual, como en varias ocasiones, justo cuando la cosa se empieza a poner interesante, llegamos al final del episodio.
"Mil y pico palabras", ese fue nuestro acuerdo.
Gracias una vez más por pasarte por aquí: un saludo.
Paquito
Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es
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