El tiempo de las mentiras
Buenas:
No sé cómo empezar, continuar o terminar este post que empiezo esta noche, así que te voy a pedir un poquito de paciencia, que nunca viene mal, por cuanto es algo que se me ha venido la cabeza al leer algo en la prensa neerlandesa y que, quizás, me puede ayudar a poner, una detrás de otra, las famosas "mil y pico palabras" que, todas las noches, intento juntar a la desesperada.
Te pido un poquito de comprensión: vamos a intentar organizar mis pensamientos y, como las cosas cuando uno improvisa no son lineales, veremos a ver por dónde me llevan.
Turrón desorganizado
Esta tarde leía la terrible historia de una niña que, en dos mil veinte, fue arrollada por un coche en la isla neerlandesa de Marken donde, además el conductor se dio a la fuga y, donde luego se supo, el cuerpo de la niña fue movido, lo cual indicaba que alguien la arrolló, paró, intentó ver qué pasaba con ella, la movió de sitio y se fue.
Eventualmente la historia se resuelve cuando encuentran al conductor, un iraquí con residencia en Alemania, al que sólo le meten una multa de mil quinientos Euros por conducción imprudente y porque, según él, no se dio cuenta de que había atropellado a alguien.
Desde entonces, la familia busca justicia, una vez que los forenses determinan que el cuerpo fue movido y que eso de que alguien iba conduciendo, golpeó algo que no sabía lo que es y se dio a la fuga, como que no cuela.
¿Por qué te cuento esto?
En los últimos años, Internet se ha convertido en un lugar donde una serie de intereses parecen muy interesados en amplificar según qué contenido, en particular a todo aquello donde se sospecha (con o sin razón) que según qué postulados (muchísima xenofobia, en particular) son aquellos que explican la complejidad de las cosas que nos rodean.
El caso que te acabo de poner, por ejemplo, toma una dimensión diferente una vez que los investigadores, que buscaban un coche con matrícula alemana, se encuentran con que el conductor no es alemán.
Todos los días, constantemente, batallamos contra cientos de noticias donde, por lo que sea, alguien trabaja de forma incesante para descontextualizar lo que sea que te explique aquello que, se supone, ha pasado.
Es un ejercicio que, aunque no tiene una única visión del mundo, viene mayoritariamente de una parte muy concreta del espectro: lo bueno y lo malo es que "la churrera" produce en serie, así que, eventualmente, entiendes un poco la mecánica y, cada vez más, van habiendo más personas a las que, cuando se les agitan equis noticias ante los morros, aprenden a pedir contexto o, directamente, cuestionar la fuente.
La vida se abre camino
En el tiempo de las mentiras, poco a poco, aprendemos a no entrar al trapo tan rápido como lo hacíamos antes... Desafortunadamente, eso también es cierto, no todo el mundo es así: una enorme cantidad de personas se quedan en el titular o, mejor, en la descripción de un vídeo que NO se van a ver y a partir de ahí se hacen una composición de lugar que, por supuesto, será errónea, porque el objetivo es precisamente ese.
Un ejemplo es cuando ves en algún lugar de la red cómo una noticia se comparte y se comenta: es interesante ver, como me ha sucedido alguna vez, que alguien ponga un título anunciando una noticia que, una vez que haces clic en el link, te abre algo completamente diferente y que, mientras tanto, en ese lugar donde la noticia se compartió, la inmensa mayoría de las personas se pongan a comentar lo que sea sin, obviamente, haber abierto el enlace, lo que es óbice para el choteo de los lectores y los comentaristas más avezados e ingeniosos, dispuestos a hacer escarnio del incauto que ha entrado con todo en algo que, obviamente, demuestra su propia ignorancia.
Pero digo "la vida se abre camino" y, poco a poco, va quedando gente que aprende su lección y corrige su comportamiento para el futuro, aunque es muy difícil romper tus prejuicios cuando yo te digo algo que los valida.
El ejemplo es muy claro: imagínate que a ti te gustan mucho los helados de vainilla y yo voy y te digo "He leído en algún sitio que las personas que comen helados de vainilla son más inteligentes que la media".
Lo quieras o no, tu prejuicio positivo hacia ti mismo te llevará probablemente a aceptarlo sin cuestionar su autenticidad: si eres alguien medianamente curioso, quizás quieras saber más detalles, o incluso preguntarás a ver si te acuerdas de la fuente de dónde lo leíste, que a tu pareja también le gustan los helados de vainilla y que siempre habéis tenido gustos e intereses similares.
Y todo esto, ojito, con una banalidad.
Ahora imagínate que te digo, en lugar de lo primero, que "he leído en algún sitio que las personas que comen helados de vainilla son menos inteligentes que la media".
De la misma forma que con la primera frase estabas encantado, con la segunda te me vas a poner de morros (y no como Mick Jagger, precisamente) y me vas a pedir todo tipo de explicaciones, además de negarme la mayor...
"Pues que sepas que Albert Einstein se hinchaba a helados de vainilla", me llegarás a decir: "Además, eso suena a boutade de Internet para hacer clickbait... ¿Desde cuando el sabor de un helado determina si alguien es inteligente o no?"
Siempre ha sido así: queremos creernos aquello que valida lo que ya pensamos y negamos con furor aquello que nos contradice.
Es más: no hay nada peor que demostrarle a una persona que está equivocada para que, precisamente, la persona reincida, mucho más, en su error.
Eso, por cierto, se llama "disonancia cognitiva": enfrentarnos a aquello que contradice lo que creemos y que, a pesar de su validez, o su razón, o incluso sus pruebas, nos agrega, por cuanto va en dirección contraria a nuestras ideas.
Todo es así, todo es un partido de fútbol...
La razón se aparca en los seguidores del deporte: cuando uno es fanático de un equipo de fútbol, o de baloncesto, petanca o ajedrez (yo soy de Kasparov, por cierto: THE GOAT en su momento :-)) cuando llega el momento de apoyar a aquel o a aquellos con los que, por el motivo que sea, tenemos algún tipo de conexión emocional, olvidamos la razón y la lógica para apoyar.
Y vivimos en tiempos donde un montón de gente quiere decirte que las personas que aman el helado de vainilla son los más guapos e inteligentes del barrio, además de, "ya que estamos", meterte de rondón según qué postulados e ideas que deberías tener muy, muy, muy a ralla.
Recuerda: te la quieren meter doblada, así de claro.
Quien no te la va a meter doblada soy yo...
Y no lo voy a hacer por un simple motivo: nuestro acuerdo, ya lo sabes, fueron "Mil y pico palabras" y hoy ya hemos cumplido.
Ten cuidado ahí fuera: quieren enfadarte, quieren que odies, quieren tu miedo.
Gracias por tu tiempo y un saludo.
Paquito
Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es
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