Problemas

Buenas,

"¿Y quién no los tiene?" pensé al escuchar a aquella persona cuando, una vez más, pronunció esa frase.

"Todos tenemos problemas" respondí, en este perpetuo "va y viene" de lugares comunes en los que, a veces, se convierte nuestra vida.

"Hay días que parecen la copia de una copia de otro día": seguro que también has escuchado eso alguna vez, por aquello de que, en un momento determinado, nuestra vida se hace rutinaria y predecible, casi que, como dice aquel, somos puntuales y repetitivos hasta en los usos del lavatorio y demás parafernalia relacionada con Kiwis y cereales enriquecidos con fibra.

"No hay nada más predecible que la búsqueda de una excusa", me repito a menudo, en todo triste y desesperado: no hay cosa que más le pueda doler a uno que el enfrentamiento constante contra mentalidades que, en última instancia, no sólo no aportan, sino que restan.

Dato: cuando le preguntas a alguien algo, teniendo en cuenta que las dos únicas respuestas que esperas son "Sí" o "No", desconfía de alguien que te responda, en su lugar, "¿Por qué?".

Malo, Fiti... Muy malo.

Trabajar con otras personas es complicado: hay profesiones donde uno puede elegir, precisamente, si desea hacerlo solo o, en su defecto, cooperar con más personas (generalmente la gente que hace freelance o trabaja como autónomo funciona en modo, como dicen en inglés, "A one-man show", esto es, una profesión o trabajo donde uno puede trabajar completamente solo y de forma autónoma hacia otros).

Estaba escribiendo ésto hace unos días hasta que, el viernes, tuve una de estas situaciones...

Un año más tarde, justo un año, mismo contexto, misma persona, mismo resultado: ya digo que trabajar con personas es complejo, en especial cuando se poseen caracteres personales distintos a los nuestros, cuando nuestros fines y medios difieren y, sobre todo, cuando nuestra aproximación al trabajo es diametralmente opuesta.

En estas, ya digo, me encontré con un "déjà vu" que, un año antes, acabó conmigo y con la misma persona en una sala de reuniones, junto con un director, intentando comprender lo que estaba pasando...

Y lo que estaba pasando era muy claro: estallé...

Tengo muy claras en mi vida según qué cosas: en el trabajo, en la medida en la que puedo y soy capaz, hago lo mejor posible en cada cosa que ejecuto...

"Mi trabajo consiste en trabajar mucho para, después, trabajar lo menos posible", les suelo decir cuando, una imagen muy habitual, me ven pensando, pasillo arriba, pasillo abajo, en la oficina...

Es como ver a Garry Kasparov en acción para hacerle la púa a algún Gran Maestro del Ajedrez: mi trabajo consiste en pensar y lo llevo hasta las últimas consecuencias.

En aquel día, justo ahora hace un año, alguien me la quiso jugar y, ya digo, fue cuando estallé y le leí la cartilla, en vivo y en directo, a esa persona, por aquello de dejar claro que, en un punto determinado, "haré lo que tenga que hacer" para que una situación se pueda arreglar...

Pero claro: estoy "aquí", no "allí", y por aquí esto es "rara-avis," sino "avis-prohibitum", cultismo refinado para decir "¡No jodas Paco! ¡Esto por aquí no!"...

Y "ésto" acabó, ya digo, en un despacho, con una muy interesante discusión y reprimenda...

No sólo no me importó, sino que me disculpé (porque tenían razón y, cuando alguien tiene razón, poco me cuesta el dársela) y me fueron otorgadas, a cambio, una serie de herramientas para, en futuras ocasiones, saber exactamente qué hacer...

Un año más tarde, la misma situación, la misma persona, el mismo contexto.

"¿Podemos hablar un momentito por favor?" Le dije 3 minutos antes de acabar dentro de una sala donde, esta vez sí, manejé la situación como pocas veces las he manejado en mi vida.

"Mea culpa": no soy tan listo ni tengo tanta experiencia como otras personas... Desafortunadamente, aprendo a base de coscorrones y cabezazos contra la pared, lo cual no hace sino reforzar mi absoluta creencia en el hecho de aprender de los errores de los demás ("pensar, pensar, pensar y pensar": he aquí la clave en esta vida para llegar a ser aquello de desees): cuando hago algo mal, le digo al personal que me lo diga, porque, de otra forma, asumiré que está bien y, como alguno ya sabe, cuando enfilo ya no hay cambio de dirección...

Mi virtud es mi debilidad: "cabezota irredento e impenitente"...

De ahí que, cuando aquella vez fui llamado a filas, comprendí mi error y decidí "compilar" todos los escenarios donde, en otros contextos con la misma estructura, esta lección podría ser aplicable.

Y así, poco a poco, en silencio, con horas y horas de compilación en mis largos paseos, es donde aprendí a dirigir este tipo de cosas, haciendo especial hincapié, sobre todo, en la aproximación a la persona, el cómo hacer que la otra parte comprenda tus movimientos y así, desde esa perspectiva, poder progresar.

Temblaron los muros: algo que he aprendido por estos lares (y en otros también, aunque con diferente impacto) es que, llegado el punto, muchas de las decisiones o actitudes profesionales de una persona, vienen determinadas en realidad con contextos o situaciones completamente personales.

Esto es especialmente cierto cuando las circunstancias o situaciones personales restringen o afectan de forma sensible al significado de tu trabajo, lo cual, a través del siguiente ejemplo, se te revelará evidente:

Ejemplo ejemplar: Dos personas tienen que tomar una decisión con respecto a la implementación de una tecnología, la cual ofrece, entre otras cosas, la automatización de gran parte de las tareas que estas personas efectúan actualmente.

Dos formas de pensar en ello por parte de los sujetos:
1. ¡Genial! Automatizar tareas supone deshacerme de procesos que no me aportan nada profesionalmente, dándome la oportunidad de enfocar mi trabajo en las partes creativas del mismo, es decir, aquellas que requieren pensar y que no pueden ser automatizadas.
2. ¡Huy! Automatizar tareas supone deshacerme de procesos de los que actualmente yo soy el responsable, eliminándose por tanto de carga de trabajo y de, por lo tanto, mi responsabilidad o peso en los mismos. Eso me pone en situación difícil, por cuanto supone que van a eliminar mi trabajo.
Por dos gallifantes: ¿Quién de estas dos personas, estadísticamente, suele ser más mayor en edad y tener hipoteca e hijos a su cargo?

Correcto (es estadístico: seguro que tú que estás a punto de ponerme un comentario del tipo "No es así" no entras en ese porcentaje... Pero créeme: es así :-)).

Las circunstancias personales, ya digo, a veces desencadenan procesos de decisión profesionales que nada tienen que ver con este segundo aspecto...

Ahí es donde entro yo y mi "plan genial": no tengo familia, no tengo hijos, no tengo hipoteca y mi vida cabe en una maleta. Éste es el cuarto país en el que trabajo, he puesto mi dimisión sobre la mesa tres veces en tres años cuando, llegado el caso, he defendido mi posición con respecto a según qué cosas hasta la última de sus consecuencias...

No hay nada mejor en esta vida que jugar bajo tus propias reglas, que tus estándares sean siempre los más altos, que, en la medida en la que puedas, cuando alguien venga a preguntar por algo, nunca pueda decir "No me ayudó" o "No lo supo"...

Tu trabajo, como el mío, se basa en manejar información y hacerla accesible para las personas con las que o para las que trabajamos: nada más, nada menos... Tan sencillo como eso (desconfía de alguien que no sea capaz de explicar su trabajo de forma sencilla).

A pesar de ser un cabezota irredento, soy buena gente... Soy comprensivo y amable, hasta tal punto que, para mi desgracia, dedico gran parte de mi tiempo a desafiar lo que mis vísceras, que en un 80% de las veces lo clavan, sienten cuando ven algo que creo que es erróneo...

El ejercicio se ha refinado con los años: después del inicial cabreo y cabezazo contra el muro (¿Para qué abrir la puerta cuando podemos derribar el muro a cabezazos? :-)), paso al otro extremo de la historia: asumo que, en primer lugar, yo estoy equivocado, empezando por estudiar "mi juego", mis acciones, con tal sentido de la auto-crítica que, ya digo, asumo que estoy equivocado, buscando en mi lógica el error que, "obviamente me ha llevado a tomar una posición errónea"...

Cuando al final la cosa resulta que es blanca, viene en botella y lo da la vaca, entonces es cuando, por fin, "aquí la lumbrera", le dice al mundo que cree que es leche (¡Ahí ahí!: "Creo que es leche", denotando convicción :-)) y, si confirmamos, lo siguiente a hacer es establecer un método para llegar a esa conclusión de una manera más rápida la siguiente vez.

"La primera vez que uno hace algo, es ciencia: una vez descubierto ese algo, lo siguiente es hacerlo mejor, y para eso está la ingeniería... Una vez que sabemos lo que es y cómo hacerlo mejor, sólo queda mantenerlo, y de eso se encarga la mecánica"...

Es una frase adaptada de un astrónomo genial llamado Clifford Stoll: mi trabajo consiste en pensar, en descubrir ese "algo" que todavía no está ahí y, como soy como soy (un obseso compulsivo en el detalle de tamaño colosal) la parte de la ingeniería me lleva, a veces, a sentarme, precisamente, con un ingeniero de software para comprender los mapeos de una base de datos e intentar "simplificarlos de una forma elegante" (proceso en el cual se puede ver al ingeniero de turno intentando comprender como una persona, que no es parte de su gremio, quiere llegar a ese punto :-)).

Una vez que, ya digo, comprendo un proceso, intento llevarlo al extremo óptimo de su implementación: intentar que no haya fallos, que toda excepción sea contemplada, definida y comprendida, de tal forma que, efectivamente, el esfuerzo para seguir el algoritmo que define su lógica, sea de lo más sencillo posible.

Y hay momentos donde uno, ya digo, después de "horas y horas compilando", es capaz de ver según qué cosas en según qué contextos, con una claridad meridiana...

Frase de Eric Schmidt (ahora Presidente de Google, anterior Director Ejecutivo) sobre la compañía para la que trabaja y sus famosos algoritmos: "El futuro es que Google sea capaz de saber cosas que tu mismo ni siquiera sabes de ti mismo" (Por cierto: ¿A qué acojona? :-))

La ciencia del comportamiento (y lo que de verdad me interesa) se basa en, precisamente eso, esto es, ser capaces de tomar o predecir futuras acciones de la forma más precisa posible basándote en tus propias acciones o palabras.

En esto es lo que, en mi escaso tiempo libre, me dedico a pensar: "¿Cómo puedo automatizar procesos de decisión ajenos que me afectan?" "¿Cómo puedo saber, con más antelación que la otra persona, lo que en última instancia tal o cual decisión va a conllevar?"

Se trata, en última instancia, en aplicar los principios de anticipación de jugadas del Ajedrez al propio comportamiento humano, lo cual es un bello ejercicio.

Por tanto: al entrar en esa habitación, la cosa se convirtió en lo que, de momento, considero uno de mis trabajos personales de mayor envergadura, por cuanto fui capaz de:
1. Manejar la situación.
2. Disipar cualquier duda.
3. Mantener en todo momento el liderazgo en la conversación.
4. Responder a toda pregunta de forma profesional.
5. No permitir que cosas "no estrictamente profesionales" pudieran entrar en la conversación.
Una vez conseguido eso, si efectivamente te has dirigido por el camino adecuado de la forma correcta, el resto es un paseo militar, cosa que, como ya digo, así fue, por cuanto uno no sólo no tiene nada que perder, sino que encima es coherente consigo mismo y con la situación.

Nota: "ser coherente con uno mismo" a veces supone ser incoherente con el resto del mundo... Esto debe ser observado con cautela, por cuanto tu te debes a un objetivo y te debes a ti mismo, a nadie más, salvo que seas Teresa de Calcuta o te vaya el rollo mártir (que de todo hay en "La viña del Señor" :-)).

Así que, después de "tratar el asunto" y abandonar aquella sala, una pequeña satisfacción personal me invadió, pensando en que, un año más tarde, a pesar de que el cuerpo me pedía, precisamente, una vez más, haber sacado lo que llevo dentro (lo cual, con los años, se va apaciguando y, de forma más inteligente, se canaliza de otras formas, por aquello de sacarle rendimiento), supe actuar de la mejor forma, haciendo lo que, efectivamente, he aprendido en esos 365 días que distaron entre la primera vez y ésta que te estoy contando ahora.

Toda debilidad es una fortaleza, toda amenaza una oportunidad y viceversa: depende de ti el disponer de las herramientas necesarias para que todo lo bueno que tienes sea mejor y que, todo lo que "no es tan bueno", por lo menos, sirva para algo

Que no te importe equivocarte: es bueno, porque así aprendes... Desconfía cuando lleves mucho tiempo sin cometer ningún error, pues ello supone que no estás aprendiendo nada, que te estás convirtiendo en un mero mecánico de tu vida, manteniendo sin más una existencia que, por diferentes motivos, no tiene intención de cambiar.

La vida es maravillosa cuando (también en un cierto límite) el futuro es incierto :-))

¿No crees? :-))

Eso es todo: ¡Ámsterdam Prevalece! :-))


Paquito
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Comentarios

  1. Buenoooo, como está el patio!
    jajajajaja, mi Paquito pensador.
    Solo el que te conoce entendera perfectamente lo que nos acabas de narrar. No solamente te entiendo, es que te comparto desde el inicio hasta el "prevalece" Este es mi muchachito, un especimen rarito, poco frecuente de encontrar pero que cuando te topas con el...ya irremediablemente caes rendido a sus pies...ay ninet, nitet...

    Nota: me imagino al otro...jajajajajajajaja, si me toca a mi me...cago! jajajajaja

    ResponderEliminar
  2. Hola Sara :-))

    Como siempre: mil gracias por pasarte por aquí (sé todo el lío que tienes, de ahí que lo valore especialmente :-)).

    Sé que lo entiendes (has estado ahí, ¿Verdad?): lo bueno es ir aprendiendo poco a poco, cometiendo errores (no queda otra: hay que caerse de la bici para no volver a caer otra vez :-)).

    Curioso: cuando has puesto "Ninet" ("Niño" en mallorquín) he leído "Niet" ("No" en ruso)...

    ¡Qué cosas niña! ¡Qué cosas! :-))

    En el fondo soy un blando, pero cuando hay que sacar lo que hay que sacar, entonces no queda otra :-)).

    Un beso y, de nuevo, mil gracias por tu visita y por tu comentario :-))

    Paquito.

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