De lo que no quieren que hablemos
Buenas: Esta mañana, mientras leía las noticias que me interesan (que suelen estar fuera de las tradicionales: suelo mirar cosas más relacionadas a tecnología) tuve un momento que no sé si es lucidez, estupidez o ambas cosas a la vez. Turrón de confesiones a media noche Mientras aprendía cosas sobre por qué la terminal que utilizo para escribir estas cosas suele tener ochenta caracteres de largo y que, si te interesa, puedes leer haciendo clic aquí empecé a pensar en el hecho de que, desde hace ya unos años, una forma de higiene mental y de evitar cierto tipo de problemas es ignorar la actualidad y la realidad de la vida que nos rodea, en particular eventos lejanos a nosotros mismos donde tenemos poca o ninguna capacidad para influenciar el más mínimo cambio de los mismos. Esa terrible conclusión que, como ya digo, se fraguó hace años, es un recordatorio periódico del fracaso que, como individuos que formamos parte de algo más grande que nosotros mismos, no somos capaces de solucionar...