Continuar la aventura corporativa
Buenas: Ayer hablábamos de las cosas que tiene que hacer uno hasta bien entrada la noche cuando algo se rompe, o deja de funcionar correctamente, con gente distribuida por el mundo, como claro ejemplo del día a día de un oficinista que trabaja con cacharros muy complejos que requieren gente mucho más inteligente que uno para que funcionen bien. Así que, como ayer la cosa se dejó en un extraño Cliffhanger, hoy toca desvelar si la cosa salió bien o no... ¿Y bien? Pues tengo buenas noticias: la cosa salió muy bien y esta mañana estábamos todos muy felices, aunque anoche mandé a más de uno a la cama por la diferencia horaria. Porque, si hay algo que me encanta, de verdad, es dar crédito y agradecer públicamente a las personas que hacen ese esfuerzo extra para conseguir que las cosas funcionen lo antes posible. Una de las primeras cosas que noté cuando me vine a esta parte del mundo, por tierras germanas en aquel caluroso verano de 2006, es que cierto grado de intensidad brillaba por su aus...