Pensando, deprisa y despacio

Buenas:

El título de hoy le puede sonar a alguno que me esté leyendo: responde efectivamente al título a su vez de un famoso libro escrito por el premio Nobel de economía Daniel Kahneman y, como me quiero forzar a escribir, me temo que te vas a comer esta chapa (o no: mi recomendación en este punto es que te vayas a Forocoches o a la Wikipedia, fuentes de conocimiento mucho más fiables que yo :-)).




¿De qué va el libro?

El libro es una excelente exposición de lo que quizás has sospechado toda tu vida, pero que nunca ha sido realmente evaluada con algún tipo de método científico, que es la diferencia entre intuición y deducción, así como la interacción entre ambos sistemas de pensamiento.

Te acabo de ahorrar casi 400 páginas de libro que, en cambio, si te apetece aprender, te recomendaré que leas, por aquello de entender claramente como ambas formas de pensamiento interactúan y conformar lo que somos, como especie, y lo que te conforman, como individuo con una serie de fórmulas para procesar la realidad que te rodea.

Dos formas de pensar…

El amigo Kahneman lo expone de la siguiente forma: existen dos formas de procesar la realidad, una que es “gutural”, “intuitiva”, que se forja a través de la experiencia y la repetición de eventos.

Este es el que nos hace actuar de forma rápida: es aquello que como especie nos ha hecho sobrevivir, la reacción rápida, el “piloto automático” que conforma tu capacidad para, con simplemente mirar, escuchar u oler algo, saber si estás en peligro o no.

La segunda forma de procesar la realidad es la deductiva: esta funciona un poquito más despacio y es el resultado de cuestionar la primera capa de nuestro pensamiento (la parte intuitiva) o el resultado de afrontar eventos o situaciones que nunca hemos vivido antes, donde tu propia cabeza decide que, “a lo mejor”, por el motivo que sea, lo que crees que tu reacción instintiva haría, puede que no sea la mejor opción.

La interacción entre ambos sistemas es la clave del libro: es imperfecta y complementaria, de ahí que algunas de las cosas que hacemos en nuestra vida, donde creemos que estamos actuando de forma racional o de forma impulsiva, en realidad no es tanto así, como el cúmulo de experiencias y nuestra naturaleza forjan la forma en la que un mismo evento será percibido de forma diferente por dos personas.

¿400 páginas para esto?

A ver: te hecho un resumen de un tema híper-complejo en cuatro párrafos, así que me tengo que saltar un montón de cosas: la realidad es que el señor ofrece mil y un ejemplos de como todo esto se pone en marcha y se articula, explicándote además como, en nuestro día a día, en mil situaciones, la interacción entre ambas formas de pensar nos llevan a según qué conclusiones y, lo que es más interesante, como precisamente nuestra esencia, como ser vivo que busca la seguridad y la supervivencia, hace que esa interacción esté “viciada” o condicionada hacia según qué conclusiones que, en según qué temas, puede que sean erróneas.

¿Por qué te da ahora por leer esto cuando podrías estar leyéndote un tebeo?

Hace unos meses, en pleno fragor de la batalla entre sistemas, el que aquí escribe tuvo uno de esos momentos memorables donde, en una formación, cuando el formador le preguntó cómo íbamos, en lugar de simplemente responder “Estoy a mil por hora ahora mismo”, el abajo firmante decidió exponerle todo su estrés en su más gloriosa expresión (nada grave ni violento, ojo: simplemente iba a mil por hora y el tipo vio que no estaba en condiciones para ponerme a aprender cosas).

Después de eso, me prescribieron unas sesiones de coaching, que es como la psicología, pero sin estudiar una carrera (no voy a entrar en esto porque si me muerdo la lengua me enveneno, pero lo que digo tiene pocas aristas que pulir) y curiosamente, en una de esas sesiones, hablando sobre cómo computo la realidad, el tipo se da cuenta de que, en la medida de lo posible, aunque creo que soy muy cartesiano, la realidad es que mi sistema intuitivo está híper-atrofiado por experiencias negativas, lo cual hace que sea el cabrón perfecto para arreglar problemas complejos, pero eso también hace que en mi realidad no vea a veces la belleza del cuadro, sino las imperfecciones en las pinceladas.

Esto, en mayor o menor medida, también te pasa a ti: la cuestión es hasta qué punto eso condiciona tu existencia o tu mirada a la vida.

Yo soy el cabrón perfecto para cuando las cosas se ponen muy mal: si tu vida dependiera de una decisión para hacer algo, entre dos personas, deberías elegirme a mí.

En cambio, quizás, para otras cosas, yo sería el peor candidato posible: esta parte la reconozco y la racionalizo (porque uno es puñetero y juego cada punto, aunque vaya a perder el partido) porque al final el cuadro está compuesto de pinceladas de color (la ejecución) pero para llegar a ese punto, uno antes debe desarrollar la visión (qué se quiere pintar) y cómo (el tipo de pincelada, el material del lienzo y de la pintura, etcétera etcétera).

Hay gente que construye desde arriba hacia abajo (empiezan con la visión y después la ejecución): esto es perfecto para cuando uno empieza a construir algo desde cero.

Afortunada o desafortunadamente, como en los sueños, el 99% de nosotros en la vida aparecemos en medio de los problemas, de un día para otro.

Eres niño y te meten en un colegio donde un sistema educativo, diseñado por otros, lleva años en marcha… Llegarás a la universidad y, una vez más, a pesar de ser los años formativos más interesantes (eres un adulto y ya empiezas a cuestionarte según qué cosas), una vez más, te encuentras en medio de algo que fue creado por otras personas e incluso movimientos de protesta con o contra hacia ese sistema, a su vez, llevarán media vida instituidos, funcionando igual antes, durante y después de que tu pulules por ellos.

Un día empezarás tu carrera profesional y, ¿Cómo no?, llegarás a lugares donde los problemas ya estarán establecidos: el 90% de las ocasiones llegarás reemplazando a alguien para continuar su labor, así que te dirán más o menos lo que hacía esa persona, te explicarán los métodos y las herramientas de trabajo para, a continuación, esperar que remotes esa labor con el mínimo tiempo de disrupción posible.

En contadas ocasiones tendrás la oportunidad de crear algo desde cero: cuando eso sucede, créeme, la sensación será excitante, pero a su vez notarás que consumes mucha más energía de lo normal, porque precisamente tu capacidad intuitiva y deductiva trabajarán más de lo normal.

Por último, una fracción de nosotros se decidirá a emprender un negocio, o quizás cambiar de vida, irse a vivir a otro lugar, bajo otra cultura, otra lengua, otros códigos: las disrupciones vitales de hondo calado provocan precisamente ese agotamiento y esa excitación.

Si quieres vivir una experiencia cuasi-religiosa, móntate una empresa y prepárate para poner tu cabeza en overdrive durante unos años, por eso sólo una fracción de personas lo hace y, por cierto, dato curioso: suele ser gente que desde luego no esperaba ni sabía lo que se le venía encima, porque la gente que lo sabe, en general, precisamente, evita la presión y el estrés, en la medida de lo posible :-)).

Llámame loco, pero en general, a los seres humanos, nos gusta la predictabilidad: las aventuras y los riesgos nos gustan en los videojuegos y las películas, donde no hay consecuencias de los eventos (las explosiones y las muertes son falsas: si el muñequito no salta lo suficiente y se cae, vuelves al principio de la pantalla y lo intentas una vez más, hasta que lo salte).

Entonces… ¿Nos lo leemos o no?

Si te interesan los temas relacionados con la economía del comportamiento (“Behavioral Economics” en inglés), el libro está altamente recomendado porque este señor, el autor, se ha ganado un premio Nobel con ello y esa materia es una de las más interesantes en el panorama económico actual, donde se estudian la irracionalidad de nuestro comportamiento en aquello que creemos que somos perfectamente racionales (la disonancia cognitiva en los procesos económicos, así como en la racionalización de eventos improbables como probables y cosas del estilo me fascinan, pero yo soy “muy peculiar”, así que quizás mi recomendación esté viciada :-)).

También te digo: no esperes fórmulas mágicas para resolver problemas psicológicos, porque el libro no va de eso, sino de explicarte cómo conformamos los diferentes procesos de decisión y la forma en la que computamos la realidad, lo cual en sí es muy interesante.

Hay gente que busca en este tipo de publicaciones una guía pseudo-espiritual que les convenza de aquello que creen y quieren validar en las palabras de tercero: este libro no es “¿Quién se ha llevado mi queso?” ni milongas del estilo.

Aforismo: si alguien te dice que “¿Quién se ha llevado mi queso?” Le cambió la vida, si bien no te voy a decir que huyas, por más que todas las células de mi cuerpo lo están gritando mientras escribo estas palabras, si te diré que pongas a esa persona en un cierto paréntesis vital.

La anécdota del libro

La parte del libro que me hizo reír a carcajadas (el tipo escribe bien, hay que dárselo) es el siguiente párrafo (hablando sobre la intuición de un experto y si es confiable o no):

Si le oyes decir al anestesiólogo “Tengo la sensación de que algo está mal”, todo el mundo en el quirófano debería prepararse para una emergencia.

Venga: ahora te toca recomendarme algún libro a mí, que seguro que tienes mejor criterio que yo :-))

Un abrazo y nos seguimos leyendo.



Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

Twitter: @paquito4ever

Comentarios

  1. Yo si que pongo pies en polvorosa respecto de los que me dicen que "El Secreto" les cambió la vida

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    Respuestas
    1. Buenas :-))

      Gracias por la visita y el comentario: todo un placer.

      Efectivamente: hay lecturas que, cuando las ves citadas en lugares como LinkedIn, sabes que tienes que salir corriendo o, por lo menos, cuestionar el juicio de la persona.

      Siempre nos quedará Mortadelo y Filemón: creo que me dice mucho más y mejor eso que los pseudo-libros de autoayuda prometiendo contarte a ti (y a millones como tu) lo que sólo unos pocos, previo pago de su importe, saben sobre "la realidad real" :-)).

      Un abrazo y, de nuevo, mil gracias por la visita y el comentario.

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