Cuando sí puedes soportar la verdad

Buenas:

En la línea por esforzarme a escribir un poquito más de lo que lo he estado haciendo en los últimos tiempos (aunque, la verdad, eso se resuelve con un esfuerzo mío, porque la sequía creativa ha sido severa), hoy traigo a colación una pequeña reflexión sobre lo que, la propia dinámica de la vida, nos ofrece al cumplir años.

Uno de los aspectos donde me doy cuenta de que me estoy haciendo "menos joven",  son las cosas que leí, escuché o contemplé en el pasado y que, al volver a contemplarlas, me hacen sentir que he cambiado.

En el caso que nos trae hoy hasta aquí es el contemplar una película de cine que, de niño, me impactó y que, unas décadas más tarde, me hace preguntarme por el propósito original de según qué escenas o contenido, preguntándome si, mañana, alguien me ofreciera volver a ver la misma película, como si no la hubiera visto antes, que es lo que debería sentir o pensar al respecto.

Spoilers (que luego el personal se enfada, aunque es una película que fue estrenada hace 28 años)

El ejemplo de hoy es uno que utilicé recientemente en una conversación con mis compañeros (incluyendo a mi jefe: me gusta ir fuerte).

Es la escena final, la más famosa, de la película "A few good men" (titulo traducido en España como "Algunos hombres buenos") donde un proverbial Jack Nicholson le lee la cartilla a Tom Cruise, que interpreta a un abogado militar investigando la muerte de un soldado en la base de Guantánamo, donde el personaje de Nicholson es el coronel de la misma.

Te dejo aquí la escena en versión original con subtítulos en castellano: te la pongo en inglés porque el diálogo doblado pierde fuelle y porque cuando Jack Nicholson entra en modo "te voy a arrancar la cabeza a mordiscos" debes escuchar su voz.


Mi primera vez

Yo debía de tener 12 o 13 años cuando vi esta película (originalmente, la película fue estrenada en 1992, pero entonces, niños y niñas, las películas tardaban entre meses o hasta un año hasta que alcanzaban las salas de cine europeas).

Al contemplar la escena final, obviamente, después de una hora y cuarto de aventuras de los protagonistas, intentando saber qué le sucedió a un soldado, que muere en circunstancias extrañas, y donde hay dos soldados rasos acusados de asesinarle, empatizas inmediatamente con el protagonista, el teniente y abogado de la marina Daniel Alastair Kaffee (interpretado por Tom Cruise), el cual, junto a la teniente comandante JoAnne Galloway (interpretada por Demi Moore) y el lugarteniente Sam Weinberg (interpretado por Kevin Pollak) luchan por una causa noble y donde, como vemos al final, el malo malísimo es el coronel Nathan R. Jessup (el amigo Nicholson en una escena que, después de 28 años, sigue siendo considerada como historia del cine).

Así que, como ya digo, después de todo esto, sales del cine pensando lo hijísimo de su madre que es el coronel e, indignado, piensas cómo puede haber gente así en el mundo, porque la verdad siempre nos hace libres y bla bla bla.

La anécdota

Durante años, el diálogo de esta escena ha sido la antesala de conversaciones legendarias entre un buen amigo mío y el que aquí escribe, debido a una anécdota que vivió en un contexto que, muy pocas personas, han podido vivir.

Porque, este (hoy en día amiguete, conste) entonces compañero mío resulta que había participado en un concurso de televisión de preguntas y respuestas y donde la cosa se le dio bastante bien.

De esto me enteré cuando otro compi de aquí me lo contó, momento en el que fui a YouTube y, efectivamente, pude encontrar fragmentos de algunos de esos programas.

Recuerdo que, en uno de esos fragmentos, los comentarios del personal eran brutales: mi amiguete había desatado algún tipo de teoría conspirativa.

Según puede entender, entre los tres concursantes que participaron ese día, había uno que fue de los que más tiempo había durado en ese concurso y que, por su personalidad o, por lo que fuere, le había caído muy bien al público.

Pero ese día, por lo que parece, la otra concursante y mi amigo, da la impresión de que jugaron en su contra, haciendo que al final el favorito del público perdiera y fuera eliminado.

Esa teoría conspirativa se convirtió en una maravillosa circunstancia que me daría la oportunidad para, durante años, cuando quería chincharle o algo así (y a uno no le gusta chinchar a la gente... ¡EN ABSOLUTO! Jijiji...) empezar el archiconocido diálogo de la película:

- ¡Confiesa! ¿Le hicisteis un código rojo al otro concursante?
- ¿Quieres respuestas?
- ¡Merezco respuestas!
- ¿Quieres respuestas?
- ¡Quiero la verdad!
- ¡No puedes soportar la verdad!

Ahora imagínate la imagen en un restaurante en Holanda (donde lo hicimos por primera vez), en el mismo tono de la película, en castellano, donde nadie te entiende y donde dos perturbados mentales parecen estar a punto de llegar a las manos (mi amigo, además, se me metió en el papel y, te lo puedo decir, sin contexto alguno, alguno habría pensado que me iba a arrancar la nuez).

Sí: hacer el imbécil en sitios públicos es una especialidad de la casa.

Lo que el malo dice...

Recordemos el intercambio de palabras, en la escena final, entre el coronel Jessup cuando por fin el personaje de Tom Cruise le saca de sus casillas:

Teniente Kaffee: Coronel Jessup, ¿Órdenó el “Código Rojo”?

Juez: No tiene que responder esa pregunta.

Coronel Jessup: Responderé a esa pregunta.

Coronel Jessup: ¿Quiere respuestas?

Teniente Kaffee: Creo que tengo derecho a ...

Coronel Jessup: ¿QUIERE RESPUESTAS?

Teniente Kaffee: ¡QUIERO LA VERDAD!

Coronel Jessup: ¡USTED NO PUEDE SOPORTAR LA VERDAD!

Hijo: vivimos en un mundo que tiene muros y esos muros tienen que ser custodiados por hombres armados. ¿Quién lo va a hacer? ¿Usted? ¿Usted, lugarteniente Weinberg?

Tengo una responsabilidad mayor de la que posiblemente usted pueda imaginar. Usted lloriquea por la muerte de Santiago y maldice a los marines. Usted tiene ese lujo, el lujo de no saber lo que yo sé: que la trágica muerte de Santiago, aunque trágica, probablemente salvó vidas y que mi existencia, aunque grotesca e incomprensible para usted, salva vidas...

No quiere la verdad porque en el fondo, como cuando está en esas fiestas, donde no se habla de esos asuntos, me quiere en ese muro, me necesita en ese muro.

Nosotros usamos palabras como "honor", "código", "lealtad"... Usamos estas palabras como la columna vertebral de una vida defendiendo algo: ¡Usted las usa como el remate en una broma!

No tengo ni el tiempo ni las ganas de dar explicaciones a un hombre que se levanta y se acuesta bajo el manto de la misma libertad que yo le brindo y luego cuestiona la manera en que se la brindo.

Preferiría que simplemente me dijera "gracias" y siguiera su camino. De lo contrario, le sugiero que coja un arma y se ponga a defender un puesto.

En cualquier caso, me importa un bledo lo que crea a lo que tiene derecho.

Teniente Kaffee: ¿Ordenó el “Código Rojo”?

Coronel Jessup: Hice el trabajo ...

Teniente Kaffee: ¿Ordenó el “Código Rojo”?

Coronel Jessup: ¡Por supuesto que lo hice!

A lo que vamos (y lo que da título al post)

Entre que estamos en medio de una pandemia y la economía está como está, sabemos qué pasa como resultado: ciertas actitudes aparecen en el horizonte, azotadas por el miedo al futuro y la inestabilidad del presente.

Por eso, al rememorar el diálogo que acabas de leer, algo extraño sucedió hace un tiempo: de pronto, dejé de estar del lado del protagonista y entendí perfectamente al (literal) malo de la película.

Lo que debería ser, lo que parece ser y lo que es

La realidad que rodea nuestras vidas se compone de tres aspectos: una parte aspiracional, una parte perceptiva y una parte real.

Hasta este año, la escena del post me confrontaba con lo que yo creía que era lo correcto y lo que no: el coronel es un bastardo porque, al final, ordena la muerte de un soldado, y aquí paz y después gloria.

Pero, desde hace un tiempo, la cosa ha cambiado: en el contexto de la película, el coronel entiende que, efectivamente, a veces uno tendrá que hacer cosas terribles, considerando que el coste de esa acción sea sobrepasado por los beneficios que dicha acción pueda ofrecer a cambio.

Es un caso extremo, claro está (la película te confronta con un hecho terrible), pero la realidad de la vida, y esto lo hemos hablado muchísimas veces, es que no quieres saber cómo se hacen las cosas que, en tu día a día, sin darle una vuelta o una pensada.

Los ejemplos que mejor conozco son los tecnológicos: no quieres saber la cantidad de sangre, sudor y lágrimas que hay detrás de este magnífico teléfono, tablet u ordenador que, en estos momentos, utilizas para leer estas palabras.

No quieres saber los enormes quebraderos de cabeza, las noches sin sueño, la terrible presión que las personas que han creado o diseñado lo que te rodea, han sufrido para hacer que ciertas cosas funcionen.

Porque, no lo dudes, el precio de la excelencia en la realidad que te rodea se paga en sufrimiento humano (si quieres hablamos del contenido de las baterías de los productos electrónicos que usas y los conflictos, regímenes dictatoriales y vidas que cuesta extraer algunos de sus minerales: vas a ver lo divertido que es... Guglea "Coltán" y ya verás que fiesta).

Por eso, porque cuando uno lo piensa (o se le advierte de ello), se da cuenta de esa realidad: en la vida, lo correcto no es siempre lo mejor y lo mejor, obviamente, dista mucho de ser lo correcto.

Y, cuando uno ya llega a un cierto grado de experiencia, o a una cierta edad, se da cuenta de que, finalmente, sí puede soportar la verdad, por dura y terrible que sea, con o sin cinismo, que eso poco importa: lo que sí que importa es que ahora eres consciente de la realidad que te rodea y que eres capaz de contextualizarla, de juzgarla y entender que, a pesar de los terribles episodios que vemos, probablemente, son el resultado más positivo de los posibles.

Este último pensamiento te transporta hacia todas las cosas terribles que hayas leído y te harán preguntarte qué habría pasado si tal persona nunca hubiera nacido o tal episodio histórico no hubiera sucedido, momento en el que, quizás, salvo desastres naturales, te llevan a pensar que, si no inevitables, quizás otros hubieran tomado el lugar de los responsables de la acción, momento en el que nos daríamos cuenta de que, efectivamente, las cosas habrían podido ser muchísimo peor.

Así que, antes de terminar, me gustaría preguntarte precisamente por eso. 

Mi pregunta para ti es la siguiente: ¿Cuántas cosas han cambiado de perspectiva para ti en estos años?

Seguiremos hablando...


Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

Twitter: @paquito4ever

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