Aventuras dentales

Buenas:

Estoy con una cerveza de trigo encima y acabo de empapuzarme una serie de posts del amigo Jorge, que hoy actúa como musa del blog, así que vamos a darle, que si no se me pasa el momento y tampoco es plan.

Imagínate la escena: es domingo en Holanda, es soleado, la tele vomita la serie de Netflix "Baby Reindeer" mientras la señora Paquito me mira desconsolada aporreando al Mac, escribiendo como un puñetero poseso y hago la multitarea de ver la serie, escribir estas palabras, escribir comentarios, mensajes, correos electrónicos y felicitar a Mamá Paquito por el día de la madre, porque soy un desastre, siempre llego a tiempo, pero tampoco mucho y ha sido un día de dimes y diretes, haciendo coladas, limpiando cosas, frega-platos y la sensación urgente de escribir lo que sea, por aquello de no dejar que el blog languidezca.

Al turrón...

Al turrón, cierto: según te escribo, mi boca está lleno de costuras dentales provocadas por mi precaución durante los tiempos del COVID, por aquello de que, con eso de que no podíamos salir de casa (en Holanda podíamos, pero yo, viendo lo que sucedía en España, aquí monté una cuarentena propia de los últimos de Filipinas en la famosa iglesia), conseguí hacerla "nivel antológico", porque uno ante todo sabe que, si hay que cagarla, se caga bien, nada de tonterías ni zarandajas.

El caso es que durante la cuarentena, uno de mis dientes frontales empezó a darme problemas (sí: el diente que 10 años antes se rompe cuando acabo desmayado en un baño en una nochebuena gloriosa, con un hospital con unos excelentes profesionales si yo "era así de blanco o había perdido mucha sangre")...

Resulta que ese diente estaba desarrollando una infección de caballo y que acaba desvelándose cuando el COVID acaba, la normalidad vuelve y mi dentista en España me dice que, o esto me lo sacan pronto, o va a acabar mal...

Y esto tardaría meses más porque mis dentistas holandeses, cagada tras cagada, lo van dejando ahí, hasta el punto del episodio famoso donde acabo con un cirujano griego y una directora de clínica encantadora escuchando los cantos de sirena de un español exaltado preguntándose cómo era posible tener un sistema médico más propio de Ruanda que de un país europeo...

Esto me lleva a mi dentista actual: un hombre genial, peculiar, israelí, excelente en su trabajo y, sobre todo, con una visión del mundo que identifico con el Mediterráneo..

De eso ya hace un año: una extracción del diente, carcomido por la infección, como el hueso de la mandíbula, donde dejó un agujero curioso y pérdida de densidad ósea (sí, amigos: cuando la cago, la cago bien, sin tonterías)...

Un año de recuperación, de un diente postizo pegado a otros dientes, porque no me podían poner algo con un gancho, aguantando como buenamente pude hasta hace unos días donde, finalmente, la operación del implanta acaba conmigo temblando después del procedimiento por la tensión, pero sin dolor, cosa extrañísima...

En el camino, otro molar, al que le hicieron 3 endodoncias, se rompe unos días antes, así que otro diente que extraer y vuelva a empezar.... Y todo ello, mientras perdía peso y me ponía bien de salud, cosa que se va al carajo cuando, al tener que tomar antibióticos después del procedimiento del implante, gano 3 kilos en 3 días, a una velocidad anormal, sin poder disfrutar ni un momento de lo que parecía ir poco a poco volviendo a la normalidad bucal.

"Cuida de tus dientes" le suelo decir a cualquier incauto hoy en día: lo de mi boca está siendo documentado, porque lo mío, como mi propio dentista lo dice, "merece ser presentado en un congreso"... 

En el último año, me han ido corrigiendo cosas, moviendo dientes, haciendo cosas...

Afirmo y repito que "el COVID fue algo más que un virus gripal"... Mucha gente, durante el confinamiento, fuimos negligentes con nuestra salud porque "no era el momento" o, simplemente "no tocaba", porque el riesgo de contagiarnos tanto nosotros como aquellos que nos rodeaban nos aterró a algunos (mi principal miedo, lo confieso, fue que le pasara algo a la señora Paquito, por encima de mi propia salud).

Ahora, al menos, las cosas van adelante, poco a poco: no es la mejor experiencia del mundo, te lo aseguro, y también te aseguro que no es la más barata (un implante dental en Holanda no es barato, te lo puedo asegurar), pero poco a poco voy saliendo del agujero, aunque ahora toque algo que no estaba en el plan (una muela con una triple endodoncia se parte unos días antes de empezar un implante bucal).

Y todo ello, por supuesto, con el estrés habitual y las obligaciones laborales que uno tiene: a veces me dan ganas de pedir unos meses parón no retribuido y simplemente encargarme de todo para así ya terminar con todo esto, pero si algo hemos aprendido en estos años es que las cosas de la salud se planifican poco y que, cuando más quieres que las cosas sean lineales, más difícil será que lo sean.

Aún así, cualquier excusa es buena para escribir unas palabras en el blog: ahora estoy trabajando en su infraestructura tecnológica, ya te lo conté en una entrada anterior, intentando reparar problemas y hacer que esto vuelva a un cierto grado de normalidad.

Escribamos, leamos, disfrutemos de aquellos que intentan mantener la blogosfera viva gracias a su esfuerzo, su creatividad y su generosidad creativa (lo creas o no, hubo un tiempo en el que la gente cobraba por estas cosas: a la red le debemos la democratización de la publicación de la palabra, tanto para bien, como obviamente para mal).

Terminamos hoy con el agradecimiento que le prometí al "muso": don Jorge, gracias por escribir y por inspirarme a escribir algo :-))

Y para ti, si no eres el, gracias por leerme y por acompañarme en esta preciosa tarde de domingo, mientras Netflix suena de fondo, el sol va acostándose hacia el horizonte y la vida navega despacio en el silencio de los Países Bajos.

Un abrazo y seguiremos informando.



Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

Twitter: @paquito4ever

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