Blim.py v1.1.0
Buenas:
Como ya sabrás, desde hace un par de semanas, mi obsesión personal ha sido crear "blim.py", mi editor para el blog, que es en cierto sentido un pequeño sueño personal, después de años y años pensando en esa eterna idea.
El caso es que, un buen día, gracias al señor Google y los grandes modelos de lenguaje que conforman lo que hoy en día llamamos Inteligencia Artificial, en apenas dos semanas no sólo no he creado mi pequeño juguete, sino que, además, me he permitido trastear en todo lo que está alrededor del mismo, desde la publicación del código fuente, la automatización de testeo para verificar funcionalidad, así como crear pequeñas páginas que anuncian el cacharrito dichoso, así como otras que, con los años, fui creando se quedaron en Github cubiertas de polvo.
La aventura de aprenderAlgo maravilloso de esto es que, de pronto, la creatividad se ha desatado: he dejado de ser un consumidor pasivo y masivo de información para, por una vez, revertir el flujo, siendo una parte activa del mismo.
En este caso, además de volver a escribir, que es algo que me ha estado atormentando durante un tiempo y que he conseguido recuperar, no sin falta de esuferzo (creo qeu la mejor decisión que he tomado en ese aspecto es poner un claro objetivo, que a su vez blim.py me recuerda constantemente, contando ccada una de las palabras que utilizo, lo cual también es un elemento de pequeña presión para ir viendo como progresa el contador y, de paso, utilizar quizás más palabras de las que debiera para decir lo mismo).
Todos hacemos trampaEsta noche, después de varias horas trasteando, he tenido que hacer un "roll back", que viene a decir que, los diferentes cambios en los que he estado trabajando, se han quedado atrás, en gran parte por un aspecto de la tecnología que, los físicos, siempre los físicos, dieron en llamar "entropía" y que, en términos técnicos, quiere decir que la cosa, a base de menearla una y otra vez, al final produce más problemas de los que soluciona.
Así que estoy ahora en una versión que me quema las corneas y a la que mañana volveré a meterle el diente, quizás más tranquilo, intentando corregir las aristas del bicho y aprendiendo más y mejores métodos para desarrollar con más seguridad y menos miedos para cometer errores y recuperar el estadio anterior "como un pro", que de eso va esto: de entender el proceso y de paso estudiar las diferentes formas en las que un problema técnico se resuelve.
La historia de siempreDesde que tengo uso de razón, la curiosidad siempre me ha llevado a preguntarme, a veces de forma obsesiva, el por qué de las cosas.
Hasta tal punto llegó la cosa que, en su día, ironías del destino, mi padre precisamente me compró un libro llamado así: "El por qué de las cosas", que te explicaba curiosidades que quizás alguna vez te habías preguntado y sobre las que, bajo pago de su precio, el ejemplar se encarga de darte respuestas.
El gran cambio en nuestras vidas es sin duda Internet: literalmente tener acceso a todo el conocimiento de la humanidad en nuestros bolsillos o en la mesa es una de esas cosas que, apenas hace 40 años, para el común de los mortales, habría sido considerado brujería o el argumento futurista de alguna película.
Precisamente por eso, porque es algo que sólo algunos llegaron a soñar (el escritor argentino Jorge Luis Borges así lo hizo en 1941 con su relato "La biblioteca de Babel"), es de obligado cumplimiento el pasarse de cuando en cuando y darse cuenta de que "esto no es normal", por más normalizado que tengamos su uso.
Este fenómeno, netamente extraordinario, nos ha permitido odiseas personales que apenas hace unas décadas eran el argumento de series o de películas de ciencia ficción, donde se soñaba con tener un comunicador casi omnisciente en el bolsillo, o se podían hacer videollamadas, que es, para las personas que deciden un día alejarse de su lugar de nacimiento, el pan nuestro de la comunicación familiar, pudiendo estar lejos y cerca a la vez.
Y no sólo esoNuestras relaciones personales han cambiado: ponemos hacer amigos o incluso llegar a querer, en un platonismo de una intensidad de escala galáctica, a personas que pueden estar, literalmente, en cualquier punto del planeta.
Podemos conocer a gente que comparte nuestras aficiones y también tenemos oportunidades singulares como crear bitácoras digitales públicas, como esta, sin contar los modelos de autoedición que te permitirían, a día de hoy, escribir y publicar tu propio libro, en un acto que habría hecho llorar de envidia al pobre Guttenberg, el "Original Gangster" de todo esto y al que le deberíamos poner un pedazo de monumento que le diera sombra a la mitad de su Alemania natal.
Porque esa es otra: "esto" que permite cosas como un blog, es una machada que tendría que asegurarse de que todas las personas realmente fundacionales fueran enumeradas y puestas en un altar por su contribución a la herramienta del conocimiento más potente que el ser humano ha sido capaz de crear.
Y sí: sé que conocemos algunos de los nombres, pero no todos: "esto", es un esfuerzo de un montón de personas con sus hitos fundacionales, lo sé, pero son realmente la punta de un enorme iceberg donde muchos ya no están y otros no estarán pronto, donde su contribución se perderá como lágrimas en la lluvia.
Y desde hace un tiempo, por el motivo que sea, pienso que deberíamos ser un poquito más generosos con nuestro sentido del respeto y empezar a concedérselo a todas las personas que, de una forma o de otra, contribuyen a que todos nosotros disfrutemos de un mundo mejor.
Pienso que no costaría nada y que, a su vez, aprendiendo a apreciar a las personas que han hecho lo correcto, podemos cambiar lo que creo que, actualmente, es una tendencia que va en la dirección contraria.
Y sí, creo que en ese sentido no estamos bien y que deberíamos cambiarlo.
Pero, eso quedará quizás para otro día: mis mil palabras están escritas y es la hora de publicar este texto.
Otra sesión de refinamiento de funcionalidad mañana: espero que vaya mejor que la de hoy...
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