La hora de las excusas
Buenas:
Esta noche escribimos en el blog usando una aplicación que emula a un viejo terminal con pantalla de tubo, con su aliasing al moverse el cursor y con una emulación de cómo se vería un viejo televisor cuando los rayos catódicos hacen el barrido de la misma.
Mientras esto sucede, pienso en lo sucedido en el día de hoy, cosa que me ha hecho reflexionar sobre lo que es a veces la vida, con su lógica y con su falta de ella, según le dé al destino esa mañana.
Al turrón que te líasMe lío, efectivamente. Todo empieza como empiezan las cosas en los entornos empresariales hoy en día: estás haciendo algo y ves que el iconito de la aplicación de comunicación interna tiene el botoncito rojo que viene a indicar que hay algo sin leer y que, quizás te interese.
En este caso, el mensaje viene de alguien a quien, por un sentido poético de la justicia y de la razón, se ha cruzado en mi radar y, como uno ante todo tiene un extraño complejo de mano invisible, quiero que le vaya bien, decisión que tomé hace mucho tiempo cuando fui testigo de cosas injustas hacia su persona.
Y uno, ante todo, cree en ciertas cosas, sobre todo que lo que no está bien no debe ser permitido y que, si uno puede hacer algo para ayudar, pues bienvenido sea, que no nos vamos a poner exquisitos.
En mi caso, además, soy de los que les gusta actuar sin testigos: las cosas suceden mágicamente y, si lo hago muy, muy bien, jamás se sabrá que yo pude estar involucrado en tal o cual cosa (me hace muy feliz que nadie sepa que su fortuna pudo estar influenciada por mí: es mi pequeño secreto, al fin y al cabo).
Total, que cuando leo el mensajito, una sonrisa se esboza en mi cara:
- Paquito... Para el proyecto XYZ: ¿Nos podrías ayudar?
La persona sabe perfectamente que sí: me encantaría, ¡Sólo faltaba! Trabajar con juguetitos tecnológicos de una equis complejidad y ser puesto a la cabeza para, en modo descerebrado, durante una temporadita, poner todos los cilindros a trabajar es algo a lo que no voy a renunciar, salvo por un pequeño problema...
El pequeño problemaLa menudencia es un detalle sin importancia: la típica cosa que, en otra época, no habría tenido ni discusión, honestamente, pero que hoy en día es algo a lo que, me temo, debemos someternos por nuestro bien.
- Yo encantado - respondo - pero ya sabes que la decisión final no es mía... Las mentes pensantes que ahora gobiernan mi destino deben autorizarlo.
Esto, me temo que es lo que, como decía aquel, es el dramático giro de los acontecimientos en según qué contextos profesionales: nada fuera de lo ordinario, estoy seguro, pero que, para mí, en cierto sentido, dista bastante de lo que fue o llegó a ser, según lo quieras ver.
Batallita del abuelo PaquitoHubo un tiempo, no hace tanto, pero sí lo suficiente como para que se celebren 2 olimpiadas entre medias, en las que, a pesar de mis obligaciones profesionales, el grado de libertad que tenía era tal que, dentro de mi terreno, yo era dueño y señor del asunto, hasta el punto en el que, una vez, mitad en serio, mitad en broma, amenacé con aparecer algún día con un sombrero de vaquero, por aquello de tener las cosas bajo tal control y tal reconocimiento del asunto que, el sólo hecho de meter mi nombre en la ecuación, era sin duda motivo para pensar que las cosas saldrían bien.
Cierto es, y aquí es donde la arrogancia tiene que tomarse un poquito de pastel de humedad, que estaba rodeado de, en general, gente buena y que, por eliminación y por intensidad de trabajo, conseguí que la vida hiciera lo que fuera necesario para quitarme a los "turistas" y demás ralea empresarial que huele éxito y quiere aparecer en la foto sin trabajar lo que los demás poníamos.
Esto último, entre esas dos olimpiadas, me acabaría costando más de un disgusto (al personal no le gusta sentir que sabemos algo que no quieren que sepamos), pero en aquel entonces, como Ícaro, uno pensaba en volar más y más alto, sin tener en cuenta las consecuencias sobre la cera que unía a las plumas de las alas.
Y un día, la fortuna cambióTarde o temprano estas cosas pasan factura y, efectivamente, un día la cera se calentó y aquello acabó como acaban los aterrizajes forzosos sin alas, pero esto siempre fue parte del plan.
La parte del plan que no contemplé fue la dureza del golpe.
Y el golpe fue duro.
Muy, muy duro...
Un día, un tiempo más tarde, te recuperas y sigues tu vida: observas la realidad de forma diferente y, esta vez, decides morderte un poco la lengua...
Por primera vez en tu vida vas a jugar defensivo, no ofensivo: es una situación divertida y peculiar, sobre todo porque lo que tengo delante tiene parámetros de comportamiento muy definido.
Y ahí, es donde empieza la diversión.
La diversiónTus compañeros se sienten muy inseguros¨ me dice mi fuente: desde hace un tiempo se siente como alguna vez me sentí yo y quiere confiar en mí.
Yo decido confiar en él porque no se puede vivir sin confiar en nadie: he tenido una olimpiada entera observando a alguien así y, además de no acabar bien, no lleva a ningún sitio, salvo a crear asco y resentimiento a tu alrededor.
En esa confianza me cuentan cosas, entre ellas que hay personas que se sienten muy inseguras.
El movimiento que te he contado está a punto de empezar a crear inseguridades, por eso espero con deleite las excusas que alguien de mi cadena jerárquica no quiera que ayude a esa gente que me pide si por favor puedo salir un ratito y jugar con ellos.
Sería demasiado lógico, demasiado inteligente: no se puede permitir.
Y precisamente, porque no se puede permitir, desde hace unos días observo quién reserva salas de reuniones y, un tiempo antes, en las pizarras de las mismas, estoy diseñando esquemas de los sistemas donde trabajo, introduciendo acrónimos que directamente apuntan a quien los ha hecho soy yo y que, sobre todo, tienen fechas a lugares que no existen, con nombres de cosas con smileys con caritas que guiñan un ojo o construcciones de cosas con interrogaciones y demás.
- Por eso se sienten inseguros - se sorprende mi fuente cuando se lo cuento - Estás haciéndoles ver cosas.
Y yo sonrío, mientras le guiño un ojo...
- ¿Yo? Yo nunca hago nada: pobre de mí ;-))
Seguiremos informando: mil y pico palabras, otro día con el objetivo cumplido.
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