Lo que no te cuentan de por aquí
Buenas:
Según terminé de escribir el título del post, lo primero que pensé, ahora que no nos oye nadie, fue:
¨Bueno... En realidad sí te lo han contado: mil veces, además".
Pero tengo mil palabras por delante, así que intentaré convencerte de lo contrario, yéndome hacia los márgenes de lo más conocido y quizás, a través de la anécdota, describirte aspectos de mi realidad, que es personal, intransferible y, a veces, hasta cierta o veraz.
Al turrónLo primero que te llama la atención de un lugar es su climatología: en los últimos años, los Países Bajos tienen épocas donde los días se asemejan a aquellos de mi querida Madrid, donde en los últimos tiempos las lluvias explican a sus ciudadanos lo que es vivir por Centroeuropa durante una temporadita.
Nota al margen: es remarcable escuchar a la gente de por allí quejarse de la lluvia... ¡Si ellos supieran! :-))
Lo segundo que te llama la atención es la estructura de la vida: cada lugar tiene una idiosincrasia, tiene un aspecto, un olor, un color...
En este lugar del mundo, las casitas, los edificios de una altura razonable, el verde o la sensación de frescura en el aire son de las primeras cosas que uno empieza a prestar atención una vez que se superan las barreras climáticas y logísticas de empezar una vida fuera de lo que uno considera "el Hogar" con mayúsculas.
Poco a poco, el tamaño de las aceras, la estructura de los barrios, la composición del lugar (el carril bici, el canal, los depósitos de basura, papel y vidrio, los aparcamientos, las paradas de transporte público) se toman por supuestos en un lugar donde el diseño tienen parámetros humanísticos tales como la dimensión necesaria para una persona para poder hacer una vida con lo esencial a una distancia prudencial.
Siempre hay un mini-centro comercial cerca: así como un centro de salud, o instalaciones deportivas.
En el centro de las ciudades, el diseño de los barrios fue consensuado en su día con la población: en un país donde el suelo es una reclamación a la naturaleza y una lucha constante contra el mar, la creación de nuevas ciudades tiene en cuenta ese tipo de aspectos, además de, también es cierto, errores catastróficos de comprensión del espacio urbano como "De Bijlmer", que daría para otro artículo.
El punto, es que la configuración del espacio que te rodea es la indicación de un aspecto de la cultura del lugar: hasta las zonas más densamente pobladas tienen un ratio paladeable para el habitante medio.
¿Qué másQuizás lo más divertido para mí es saludar a desconocidos por mi zona: hay un cierto grado de civismo en cruzarse con gente por las zonas verdes, con sus perros, o sus hijos, o solos, dándose un paseo, y saludarles con una sonrisa.
Recuerdo siempre volver a España y sentirme extraño cuando daba las buenas tardes al entrar en un lugar (buenas costumbres de los educados galos, que podrían joderte de mil y una formas, pero todo con un "por favor", un "gracias" y el ustedío por delante, que, como ellos decíam: "No hemos acostado a los cerdos juntos" como para permitirse el tuteo tontamente): más allá de que las sociedades sean más o menos frías, es algo que siento cuando vuelvo a mí país.
Cada vez que voy a un supermercado en Madrid y hablo con la cajera del lugar, me doy cuenta de que nadie lo hace: sé que las grandes ciudades son lo que son y que lugares más pequeños conservan las buenas costumbres, pero cuando uno también ha estado por París, o Berlín, o Ámsterdam, y se da cuenta de que hay un cierto grado de cosas que no hacemos, por más amables y calurosos que seamos (que lo somos), a veces también me pregunto por qué se pierden según qué cosas, a la vez que, según escribo esto, también me pregunto si son necesarias.
Y esto lo digo porque ayer la IA me llamó señor mayor porque hago la diferencia entre "solo" de soledad, y "sólo" de solamente (no negocio la tilde: soy el último soldado del imperio japonés en una isla del Pacífico y mi misión, hasta que se me notifique lo contrario, es mantener la posición y la marca).
¡Banzai!Más en serio, quizás, es "el volumen de ruidos" o el volumen de nuestra voz.
El otro día entré una tienda y entraron dos tortolitos: la pinta era claramente del sur de Europa, notaba el Mediterráneo en ellos, pero lo más divertido, que es cuando saqué el origen, fue en el momento en el que ella, le dijo algo a el, algo completamente inaudible, y creo que tengo buen oído, clave que fue fundamental para, entre todos los lugares bañados por el Mare Nostrum de los romanos, fuera mi querida Galia el lugar nominado para tal honor.
Eran franceses: los conozco por el volumen, o la falta de.
Cuando uno llega de según qué latitudes, se da cuenta de que el volumen de la vida baja: con los años, curiosamente, acabas siendo tu el que le dices a los demás que bajen la voz.
No echo de menos el ruido: creo que en eso voy bien :-))
Lo siguiente que notarás es lo más próximo a la cultura: el sentido del humor es más directo, hay menos capas.
Uno, que es como es, echa de menos el uso y la velocidad de vocablos y expresiones hechas: el humor que se basa en idiomas construidos sobre el mal uso del latín tiene algo especial, quizás que las posibilidades de juego con la propia gramática es francamente superior a la de otros idiomas, más obsesionados con el orden y la estructura gramatical de los diferentes complementos y objetos de una oración (en este punto, no seré yo, que no soy ese tipo de persona, quien mirará sospechosamente a la parla tedesca y derivados de la misma: "hay un nivel", ojo).
Quizás para terminar, como vamos llegando a las mil palabras, conviene recordar que lo que no te cuentan es que, con el tiempo, aquello que uno pensaba de su cultura cambia radicalmente y que, con suerte o con falta de ella, se puede uno encontrar un día renegando de aquello que defendía con furor religioso y viceversa, donde aquello que uno podía rechazar por el motivo que fuera, de pronto se convierte en un signo vital de cordura en un mundo diferente.
Por eso, porque cambiamos y porque lo hacemos lejos de lo que una vez fue normal, quizás hoy saludo con una sonrisa a lo que me rodea, mientras un soleado día con un azul que recuerda a la entradilla de "Los Simpsons" te engaña al salir a la calle, porque hay cero graditos, con humedad, que te vuelven a traer a la realidad de las pastillas de vitamina D para que no acabes con raquitismo.
El sol: ese enemigo en ciertos lugares del mundo que, en otros, en cambio, se espera como en otros lugares se hace con el agua en el mes de Mayo.
Mil y pico palabras, otro día más :-))
Seguiremos en contacto.
Comentarios
Publicar un comentario
Todo comentario, siempre y cuando sea educado, es bienvenido.