Un buen ataque de risa

Buenas:

Creo que no hay cosa mejor en la vida que hacer reír a los demás: sé que a priori, entre un buen ataque de risa y una bonoloto de trescientos millones de Euros tengo las de perder, pero uno nunca sabe, sobre todo en según qué momentos de tu vida.

Ya te estás yendo por las ramas

La situación es la siguiente: desde hace un tiempo, un buen amigo y yo, todos los días, nos enviamos audios por WhatsApp mientras conducimos: últimamente es el primero en abrir la salva, porque llega antes a la oficina, así que puedo escuchar su reflexión de mis audios anteriores, donde intercambiamos opiniones de todo tipo.

Esta circunstancia me da una ventaja argumental: la otra persona me está dando la agenda de mi respuesta, así que el material que puedo crear es más fácil y mucho más adaptable (es más difícil empezar el día hablando de algo que no viene al caso o que te preocupa: yo, soy más de resolver sobre lo que se me da, y ahora entenderás por qué).

El caso es que, últimamente, por motivos que no puedo desvelar, nuestras conversaciones versan sobre un lugar muy específico del mundo, con una cultura muy peculiar y una idiosincrasia a la que, una vez aprendes a entenderla, el árbol de decisión se amplía de forma considerable.

Y el caso es que, esta mañana, hablando del asunto, de pronto, en mi legendario histrionismo, he empezado a dar un espectáculo tan absurdo que, un tiempecito más tarde, recibo un audio donde el amiguete se está muriendo de la risa y no puede parar, con más delito en este caso, porque al parecer, el muy incauto, pensando que era un audio normal, decidió escucharlo en la oficina,lugar donde uno sabe que este tipo de momentos crean leyenda entre tus compañeros, que recordarán con súbito jolgorio la vez que el amigo no pudo reprirmir las carcajadas mientras examinaba con detalle una Excel con Dios sabrá qué contenido.

Situaciones incómodas en lugares insospechados

Hay una parte maravillosa de las situaciones incontrolables y es, por una parte, la sorpresa de que algo te cause una sensación que no te esperas y que desencadena la culpa de que, quizás, no quieras que eso suceda en ese momento, pero sobre todo, sobre todo, es la incomodidad de que tu humanidad se vea expuesta en algún momento en el que no toca, por los motivos que quieras, que tampoco te voy a juzgar, tranquilo.

Por eso, cuando consigo crear este tipo de momentos, hay una parte de mí que es muy feliz, por cuanto he perforado un poquito la pared de la Matrix, donde lo que se supone que no debe suceder acaba pasando, y con ello, la complicidad de la otra persona, que me acaba de confirmar que el material era bueno y que, con todo, con la edad y demás, sigo conservando un cierto grado de velocidad mental para hacer anormalidades y que sean motivo de chanza y cachondeo entre el respetable.

¿Y por qué nos tenemos que tomar todo tan en serio?

Mira que para algunas cosas yo puedo llegar a ser muy seriote y formal, aunque hago lo imposible porque así no sea: soy de los que cree que aquellos que se toman demasiado en serio sus cosas suelen ser una banda gilipollas, pero ojo, que soy capaz de razonarlo, que eso de insultar gratuitamente tampoco es algo que me llame.

Tomarse demasiado en serio a uno mismo es síntoma de que te falta sal en la vida: no es necesariamente malo, salvo el aspecto en el que se empieza así y se acaba pidiendo al personal cualquier imbecilidad que no lleva a nada.

Soy de los que cree que la vida es algo más fácil: creo que nuestro objetivo es intentar ser felices con las cosas cotidianas... Desconfía de aquellos que necesitan grandes gestos para demostrar o sentir afecto: admira a aquellos que encuentran felicidad en algo como cocinar algo para otra persona, o a aquellos que intentan que otros sonrían, a pesar de que, y esto es una terrible verdad, todos los cómicos que conoces tienen vidas muy apesadumbradas, donde el humor juega a hacer de coraza mental ante existencias con sus problemas.

A veces pienso que, precisamente por esa filosofía, un día decidí dejar de ir a reuniones a pretender ser más listo que los otros: decidí tomármelas con sentido del humor, porque no se gana nada y porque mi ego está de sobra satisfecho (cosa que uno, con la edad, aprende a detectar a kilómetros).

De eso quizás podríamos hablar otro día: las personas inseguras que proyectan sus cosas sobre los demás y hacen infelices a su entorno y a sí mismos, en un claro ejemplo de profecía auto-cumplida, donde da igual lo que hagas o dejes de hacer, porque al final serás acusado de algo sobre lo que, probablemente, ni te va, ni te viene.

Pero, repito: hoy he causado un ataque de risa a alguien a quien aprecio, y eso no me lo pueden quitar. Soy feliz pensando que alguien hoy, durante unos minutos, se olvidó de su realidad, de sus quehaceres, de sus problemas, de sus deadlines y de la madre que lo parió, porque durante un ratito, lo único que pudo hacer es reír hasta llorar por las gansadas que uno es capaz de perpetrar mientras conduce y se graba un audio (siempre mirando a la carretera, ojito, y todo por Bluetooth, como personas de bien).

Mi consejo, y quizás mi petición hacia ti es que intentes conseguir lo mismo con aquellos que hacen tu vida un poquito mejor: nadie se acordará del formulario equis uno dos tres, ni de la presentación sobre aquella mierda que preparaste, ni del correo electrónico donde clarificabas una serie de cosas que alguien había mandado anteriormente.

Nadie se acordará de eso, incluyéndote a ti, pero sí que acordarás de la vez que alguien te hizo reír a carcajadas y de forma incontrolada, y recordarás que no podías parar.

Recordarás quién te lo provocó y esa persona tendrá la mejor de tus sonrisas cuando vuelvas a verla.

Tenemos que reír más: es imperativo, más que nunca.

Mil y pico palabras y objetivo conseguido.

Este fin de semana probaré blim.py en Windows.

Abrazos,

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