El día de las elecciones

Buenas:

Como habrás podido notar, en las últimas semanas he ido hablando sobre el proceso de elecciones locales que hoy, miércoles, dieciocho de Marzo de dos mil veintiséis, se ha celebrado en Holanda.

Así que, esta noche, si todo va bien, habrá resultados y veremos qué ha sucedido.
Turrón de turra: otra más

Tienes toda la razón del mundo: no me voy a poner a argumentar contigo lo que no tiene perdón o explicación, como tampoco seré capaz de encontrarle una excusa, pero tengo mil palabras que escribir y uno, con la broma, tiene que ir mirando, hasta debajo de las alfombras, asuntos interesantes sobre lo que me pueda extender y darle, sino a la blanda (la lengua), al menos a las falanges de los dedos, mientras aporreo el pobre teclado del Mac, que también tiene lo suyo...

El proceso

Como ya conté anteriormente, junto con tu tarjeta de voto (la stempas) en la carta que recibí incluyeron un listado con los diferentes colegios electorales donde podía ejercer mi voto y, como uno es práctico, la idea era ir al más próximo y hacerlo, pero el día cambió la dinámica un poco...

Uno de esos días

Ya te he contado que, en este país en el que vivo, el día en el que el tiempo acompaña, te dan ganas de escaparte del lugar en el que estés y disfrutarlo, circunstancia que, como ya te vas oliendo, se dio hoy y que me llevó a apremiar todo lo que pude mi jornada laboral y así poder disfrutar de un maravilloso cielo azul, un sol agradable, una sospechosa ausencia de viento y calles con canales y árboles por todas partes esperando ser cruzados.

Así que, después de, efectivamente, seguir los principios de mi propia moral que me obligan a disfrutar de las circunstancias climáticas, llegó el momento de ejercer el voto, así que, al llegar a casa, recogí las dos tarjetas de voto y la señora Paquito, así como el que aquí te cuenta la historia, nos fuimos al colegio electoral, dándonos un agradable paseíto.

Nota: nada como la señora Paquito preguntándome que si sabía hacia dónde íbamos y si realmente había allí un colegio electoral o no...

Glorioso... Siempre glorioso...

El momento de la verdad

La entrada triunfal se produce mientras voy cruzando zonas en el edificio con flechitas indicándome hacia donde ir cada cinco metros, cosa que, para el común de los mortales debería ser mucho más que suficiente, pero conociéndome al percal, estoy seguro de que aún así habrá habido personas que se hayan podido perder, lo cual, de por sí, debería ser, en mi opinión, una circunstancia suficiente como para retirarte el mismo derecho que se supone que ibas a ejercer.

Pero el momento llega: me acerco a la mesa de control, me piden mi tarjeta de voto y un documento de identidad, así que les doy mi DNI español que, obviamente, el curioso representante de la mesa electoral observa con mucho detenimiento, porque el tipo se pasa un buen rato echándole un vistazo, como el coleccionista de mariposas al que le envían un espécimen para enmarcar y se pregunta a qué especie puede pertenecer.

Eventualmente, aún con una cara de escepticismo que parece no irse de su rostro, me retorna mi Documento Nacional de Identidad, me da las gracias y, a continuación las otras dos personas de la mesa me ofrecen una enorme hoja con los candidatos de los partidos políticos sobre los cuales, en una caseta puesta a mi disposición con un lapicero rojo, podré hacer mi selección, doblarla y terminar con la transacción.

Las cosas de la oxidación democrática

La última vez que voté algo fue hace muchos, muchos, muchos años: en general evito participar de las elecciones porque en su día decidí que, si no podía votar a favor de algo, me negaría a votar en contra de nada.

Mi razonamiento se establece en el principio de "si las opciones no son buenas, votar por descarte no es realmente ejercer un voto libre" y lo defenderé hasta el día que me muera.

Pero este año, con eso de que me puse a investigar el panorama político neerlandés, descubrí que había opciones interesantes a las que podía echar un vistazo e incluso seleccionar para ejercer mi voto.

Ese interés me llevó a su vez a lo que creo que toda persona debería hacer en ejercicios de este tipo, esto es, buscar lo que puedas sobre las diferentes opciones, mirar su comportamiento pasado, leer su manifiesto y buscar a los candidatos, así como sus partidos.

Y eso es lo que estuve haciendo hace unos días, hasta que encontré la opción que más me interesó, porque creo que, en la administración actual, han hecho cosas muy interesantes, no se les conocen escándalos de mala gestión y, como parece que están haciendo su trabajo bien, no parecen sostener ideas extrañas o contrarias a mi pensamiento cívico, creo que se han ganado mi voto.

Porque repito: quiero votar a favor de algo, no en contra de nada o de nadie.

La anécdota

En el proceso de votar, me pasé un par de minutos observando la enorme papeleta: observé todos los nombres de las formaciones políticas, así como de sus candidatos y, cuando por fin terminé, la señora Paquito me preguntó que por qué había tardado tanto, que se suponía que tendría que hacerlo rápido y que, en cambio, como que me estaba llevando mucho tiempo.

"La falta de costumbre" le confesé: a ella no le gusta eso de no votar, pero ella supongo que siempre eligió algo o alguien en lo que creía (le intenté explicar que en España, salvo para el Senado, solemos votar listas, no personas, cosa que le llamó la atención, además de contarle mi descrédito ante el sistema de mi país, que me retrotrajo, una vez más, a explicar mi principio motor en cuestiones de votaciones para cargos del estado).

Y quizás esa es la parte más interesante de la historia: el pensar que, después de muchos años, he vuelto a ejercer mi derecho al voto, en un país que no es el mío, donde espero que sirva para algo pero, eso sí, en un lugar donde podré pedir explicaciones a mis gobernantes, porque para eso se les paga.

Y esa parte, me la quedo para mi.

Si te interesa, puedes ver los resultados de las elecciones haciendo clic aquí.

Un saludo: mil y pico palabras y una sonrisa :-))

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