Las penurias del teletrabajo
Buenas:
Creo que no hay un asunto que grite más "Definitivamente estamos en el primer mundo" cuando el objeto de un post en una bitácora en Internet versa sobre las vicisitudes derivadas de tener que trabajar desde casa.
Pero, ya lo sabes, hay "mil y pico palabras" que escribir y como vivo en un país aburrido como pocos, tengo que tirar de lo que tengo a mano, así que no te pongas picajoso, que si de un pan mohoso sacaron la penicilina, algo de provecho sacaremos de esto :-))
Turrón fino, fino, fino...Trabajar desde casa tiene una serie de condicionantes que indican muchas cosas: de momento, quiere decir que trabajas con tu cabeza, porque lo que sea que haces no requiere que estés físicamente en un lugar concreto.
Esto, que es relativamente nuevo para muchos, ha sido casi una constante para mí desde 2003, más o menos: ya por aquel entonces, con conexiones de Internet que nos harían llorar a día de hoy (56 Kbps, ojito: hoy un día, una conexión de internet medio decente es de mínimo unos 50 Mbps y la que tengo en casa, para que te hagas una idea, es veinte veces mayor a ese número) empecé a trabajar en cosas donde lo que se me pedía era cumplir mis objetivos, de la forma que fuera, con el tiempo que hiciera falta, desde el lugar que quisiera.
Eso fue una lección en lo que era un mundo donde, al contar esto, o no te creían o, si lo hacían, se hacía precedido con la sistemática pregunta:
- Pero... ¿Y entonces cómo te controlan?
Eso... ¿Cómo te controlan?Te podría dar mil formas, pero la realidad es que en Europa, gracias al cielo, son probablemente ilegales (en otros países no, pero ese es su problema).
Cuando trabajas desde casa, existen tres condicionantes de tu trabajo, que son:
1. El objeto de tu trabajo y, por ende, tus objetivos.
2. Tu agenda y la interminable sucesión de reuniones.
3. El correo electrónico, los mensajes instantáneos y las (vídeo)llamadas.
Esto es la vida de un oficinista moderno: tienes tu trabajo, las herramientas que utilizas para poder desarrollar tus tareas y luego tienes la parte que es realmente para lo que todo lo que haces sirve, que es la colaboración con otros, bien para pedirles cosas que luego servirán para quienes te piden otras cosas a ti, como el caso contrario (es un constante "toma y daca", esto no te lo quita nadie).
Otra cosa es la percepción de las personas que trabajan contigo: algo que sucede en organizaciones distribuidas por medio mundo es que, si una de las partes se desengancha un poco, se nota rápido, y ahí empiezan los rumores.
Por tanto, eso del "no te controlan" es relativo: si tu trabajo tiene un impacto medio en una organización y tú no estás haciéndolo, sino viendo el último episodio de tu serie favorita en Netflix, alguien se acabará dando cuenta.
Es más: conozco casos donde eso sucedió y, efectivamente: el "privilegio" de trabajar en remoto fue denegado para esas personas y, eventualmente, la cosa acabó mal porque, cuando llegas a ese punto, es demasiado tarde.
¿Cómo gestionar el trabajo en remoto?Cada persona es un mundo: la señora Paquito, por ejemplo, es una ninja del teletrabajo y es capaz de hacerlo desde casi cualquier lugar, en casi cualquier postura, a casi cualquier hora.
Ella es súper pro (el señor Paquito pegó un braguetazo con ella, pero no se lo dice muy a menudo para que no se venga arriba :-)) y yo, desafortunadamente, no lo soy tanto.
Yo soy exactamente al revés, esto es:
- Necesito una oficina aislada del resto del mundo.
- Necesito una buena mesa (la actual es elevable, para poder trabajar de pie).
- Necesito una buena silla (tengo una silla gamer, cosa que a la señora Paquito le hace mucha gracia por mi evidente nivel de infantilismo).
- Necesito al menos dos pantallas (en el trabajo tengo tres de 27 pulgadas y ya se me empiezan a hacer pequeñas).
- Trabajo con auriculares con cancelación de sonido (los BOSE son la vida).
- Tengo una cámara 4K externa con focos para iluminar mi cara al hablar en videoconferencias.
- Tengo un micrófono externo de mesa, rollo Podcaster.
- Tengo todo conectado con una Dock-in que, a cambio, con un sólo cable USB-C que se conecta a mi portátil, hace que todo el mecanismo funcione.
- La señora Paquito es una máquina que sólo necesita un portátil con conexión a Internet.
- Yo tengo que montar la de Cristo para hacer mis cosas.
Yo soy un pijotero y, créeme: no soy de lo peor que hay por ahí (hay gente que lleva el nivel de enfermedad al siguiente nivel: he visto micrófonos Shure, ordenadores de varios miles de Euros, pantallas gigantescas 8K y un set de iluminación que dejaría al YouTuber con mejor producción al nivel del barro, todo ello salpicado con no sé cuantos cachibaches para conseguir que hasta el más mínimo detalle técnico estuviera cubierto con lo mejor que el dinero puede pagar.
Porque, una vez más, quieres montarte tu entorno de trabajo a tu gusto: hay empresas que te subsidian todo o parte del asunto y hay empresas que te dicen que, el simple hecho de trabajar desde casa es un beneficio suficiente como para que tú te sufragues la infraestructura, que ellos tienen una oficina magnífica donde puedes trabajar con todas las comodidades y la ergonomía del mundo.
Y con todo eso...Con todo eso, al final, resulta que, al menos las personas que nos tomamos nuestro trabajo en serio, todo el tiempo que nos ahorramos al no viajar a la oficina, con todo el confort que nos intentamos procurar, al final echamos más horas, nuestra productividad se vuelve en nuestra contra porque el simple hecho de dejar "el cacharro" encendido cuando te vas a comer o a cenar, junto con el resto de "cacharritos", hace que eventualmente, cuando vuelves, no dejas de mirar cómo van las cosas y si hay algo que te puedes despachar "en un par de minutitos" que nunca son tales.
Y quizás esa es la queja dentro del privilegio: tengo la suerte de tener un buen trabajo, puedo trabajar desde casa, tengo todos los medios y el confort para hacerlo y, con todo eso, siempre te falta algo, porque somos inconformistas y, como dice mi padre, "medio tontos", que esto, como en otras muchas cosas, el señor Paquito Senior tiene toda la razón del mundo.
Tienes todo y siempre te falta algo: la ironía del privilegio.
Lo que no me faltan son palabras: "mil y pico" para no ser exactos.
Mañana más, quizás mejor, ¿Quién sabe?
Espero verte por aquí: un saludo.
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