Tribulaciones de Viernes

Buenas:

Los puristas amantes del asueto sabatino y dominguero gritan sin piedad "¡Por fin es viernes!", lo cual es una declaración de intenciones en toda regla a la que, de cuando en cuando, me adhiero, aunque más por una cuestión de inevitabilidad que de fanatismo.

El turrón va a ser otra vez raruno

Los viernes son el principio de lo que yo llamo "el otro trabajo" y que consiste básicamente en hacer todo aquello que tu vida profesional no te permite, que aunque uno quiere creer que es agarrar el jet privado e irse al casoplón en alguna cala solitaria de Mallorca, lo cierto es que la realidad es muchísimo más cruel por lo mundano.

Los quehaceres del fin de semana

El viernes por la tarde ya empieza la programación del fin de semana: la señora Paquito te empieza a avisar de si hay alguna historia familiar por la que ella tenga que desplazarse y a las que yo, a veces, me uno.

Eso por una parte: el viernes además me permite, al volver de la oficina, visitar un par de sitios donde compramos comida o ingredientes "inusuales", así que la lllamada de rigor se hace desde el coche preguntando si necesitamos algo de ese lugar y, si es así, pues eso que ya nos vamos quitando de en medio.

Ya en casa, además de escribir estas palabras, cenamos y nos ponemos a mirar algo en Netflix o Youtube: las cosas que le pueden gustar a ella son muy diferentes a las que me pueden gustar a mí, así que, si hay algún documental o una serie de hechos reales (a las mujeres, lo de las series de asesinos o crímenes chungos es algo que no consigo entender, pero en fin: tampoco vamos a discutir por eso).

El punto es que intentamos ver algo, lo que sea, y lo comentamos: creo que lo más divertido es cuando ella elige lo que de verdad le gusta, como canales de Youtube de gente que prueba cosas, momento en el que habla, que ante todo es un tocapelotas de calibre treinta y dos, porque ya que me voy a tener que ver algo que no es precisamente de mi preferencia, pues al menos voy a sacar a la periodista del corazón que llevo dentro y darlo todo :-))

Sábado sabadete

El sábado es el día: a diferencia de la tradición hebrea, donde el descanso va más allá de una recomendación y se convierte en una obligación de caracter, en este caso literal, religioso, mis sábados son el día donde de verdad todo lo que se pueda hacer se tiene que hacer.

¿Quieres redecorar tu vida con IKEA? Sábado sabadete.

¿Quieres mirar modelos de puertas nuevas? Sábado sabadete.

¿Te gustaría cambiar de baño y tienes que visitar lugares con exposición de modelos con opciones? No se diga más: ¡Sábado sabadete!

Una de las condenas de la vida moderna, sobre todo trabajando con cacharritos y pantallas todo el santo día, es que cuando llega el momento de desconectar la fatiga mental te anula.

Cierto es también que ya no somos niños y que la energía es limitada: lo que uno valora, por encima de todo lo demás, y un signo de que ya estamos para que nos recojan con espátula, es la cantidad y calidad del sueño que podemos alcanzar.

Eso, además es una obsesión personal que me persigue desde que me fui de mi país, al descubrir que, como duermo en Madrid, no soy capaz de hacerlo en ningún otro lugar del planeta, cosa que además ningún dispositivo es capaz de confirmar, porque las métricas que obtengo no parecen obedecer realmente a cómo me levanto por las mañanas.

Porque, si hay un día en los Países Bajos que se dedica a la sociabilización, ese es el sábado (no intentes discutirlo: no se gana nada, pierdes tiempo y al final va a suceder, contigo o sin ti).

Así que viernes y sábado son los días donde el sueño reparador se debe poner en "overdrive", además de ser el día en el que, como uno ya es más viejo que el tebeo, engancho el teléfono y me pongo a hacer llamadas de teléfono o de Facetime con l os amigos y la familia, que quieras que no, también se tiene que hacer y forma parte de las obligaciones a las que uno tiene que atender.

Es lo normal: no tiene más misterio.

El día del señor

Pasado el sábado, llega "el día de la colada" que, como su nombre indica, empieza temprano poniendo lavadoras y secadoras.

Mientras lo hago, me pondré de fondo algún Podcast o algo de Netflix o de Youtube (una cosa que Netflix ha destruido y creado a la vez es la capacidad para desarrollar una historia de forma visual, por cuanto asumen que el personal no está prestando atención, así que crean un contenido muy verbal y muy explícito, donde se te repiten la cosas y donde se te explica todo, así que no tienes ni que mirar a la pantalla para seguir sin problema la trama de una película, por poner un ejemplo.

El domingo además es también el día en el que la Dyson, la mopa y una solución de agua destilada con perfume me ayuda a limpiar los ˜puñeteros~ sueldos del material raro al que no puedes simplemente aplicar el tratamiento de la fregona, invención española por excelencia y que permitió que, mientras el resto de Europa se dejaba los riñones limpiando, los españoles lo hacíamos diez veces más rápido y cincuenta veces más cómodos.

En el día del señor, también, a veces toca limpiar un poco el coche, darse un garbeo, comprar algo que no se haya podido comprar el viernes o el sábado y, porque ese es un pequeño placer personal, ponerme delante del ordenador un ratito y trastear, aunque esto ya no es para el trabajo, sino que es para mí.

Nada fuera de lo usual, como puedes ver

No hay misterio, no hay doble vida, no hay nada que no hagamos cientos de millones de personas en el planeta, semana tras semana: cuando nos hacemos mayores, la aventura se convierte en asegurarte de que tengas ropa limpia el lunes o que no se te haya olvidado comprar el detergente para blancos, color y negros, además del debido suavizante.

Y como es Países Bajos, la secadora hará el resto, comiéndose "un calcetín" de ropa en cada secado, lo cual es también algo que, poco a poco, se encargará de hacer que renueves tu vestuario, teoría de la conspiración por la cual yo creo que las compañías fabricantes de secadoras de ropa son secretamente financiadas por las empresas de moda para aumentar la rotación y la venta de sus productos.

Pero eso ya es un melón que no abriremos hoy: las mil "y pico" palabras han sido escritas.

Mañana más y mejor, después de todo lo que haya que hacer.

Un saludo.

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