El extraño lunes que sabe a domingo

Buenas:

Una de las sensaciones más extrañas que puedes vivir en tu vida es, además de la microgravedad, la sensación de estar en un tiempo o un lugar equivocado.

Y de esto van las "mil y pico palabras" de hoy, así que vamos a ponernos, que esto no se va a escribir solo :-))

Turrón numerado

Hemos tenido un fin de semana largo como consecuencia de la Semana Santa y, entre unas cosas y otras, esta noche estoy delante del ordenador del trabajo revisando un par de cosillas para, mañana por la mañana, tener lo fundamental aplanado y listo para revista.

Es una de las costumbres que arrastro de "mi otra vida", en otro tiempo y lugar, donde las cosas fueron tan tremendas que marcarían el resto de mi carrera profesional, ecos de un pasado de un chico más inocente, mucho más joven, idealista y, sobre todo, observador de lo que acontecía, que no fue poco, todo lo contrario.

Y precisamente por eso, "de cuando en cuando" me descuelgo y, el día anterior a la vuelta del trabajo, enchufo el ordenata y hago "deberes", sobre todo para no encontrarme sorpresas al empezar otra vez a darle.

¿Por qué te cuento esto?

Te cuento esto porque, esta vez, el lunes ha sido raro de narices y, por más que he intentado utilizar el día libre para descansar todo lo que he podido, la sensación final, a las 21:09, que es la hora y minuto en el que se escriben estas palabras, es exactamente la opuesta al objetivo propuesto hoy, que era abandonarse a la holganza, arte milenario y lujo de las clases elevadas de toda sociedad de bien.

El día ha empezado con un solazo espectacular, no te voy a mentir: uno de esos días que miras a través de la ventana y ves un cielo azul, sin nubes, y un sol que te calienta la cara desde la otra parte del vidrio, sensación engañosa, dicho sea de paso, porque ese detalle es la diferencia entre el calorcito rico y el engañoso "día despejado neerlandés" que, como las sirenas a Ulises, te llama a salir de su pequeño y térmicamente bien aislado refugio para, según cierres la puerta por fuera, te dé un bofetón de fresquito con humedad, que dicen que va muy bien para la piel, pero que a mí, personalmente, no me hace ni puñetera gracia.

Sí: soy un aguafiestas, no voy a ir a estas alturas de lo que no soy :-))

Así empezó el día... ¿Qué sucedió después?

Viendo el panorama y conociéndome el canto de la sirena neerlandesa, en forma de sol y cielos despejados, resistí con ahínco la terrible provocación haciéndome fuerte en la cama.

No hubo forma de sacarme de allí: la señora Paquito insistía: "Hace un día maravilloso: sal y date una vuelta" me decía, en acto de sabotaje claramente orquestado por los poderes fácticos y las fuerzas del mal que, un día más, intentaban hacerme el lío, jugando al despiste y utilizando todos los recursos habidos y por haber para conseguir el objetivo.

- "Es una conspiración Bilardista", pensé rememorando a un personaje excepcional de la historia del balompié, mientras estiraba el edredón que, como el escudo del Capitán América, me protegía de toda intrusión en mi objetivo.

Sin embargo, eventualmente abandoné la misión y, asomando la patita por fuera de las sábanas, sobre las doce y media de la tarde, me levantaba de la cama despierto, desafiante, listo para meterme en la ducha y terminar la carga del sistema operativo para, así, dar comienzo a la jornada o, mejor dicho, lo que quedaba de la misma.

El lento camino del héroe hacia su destino

Los once pasos que distan desde mi cama hasta la entrada de la ducha se hicieron en modo cine: me faltó la cámara lenta con una música épica, rollo "Éxtasis del Oro" de Ennio Morricone en "El Bueno, el feo y el malo" o la banda sonora de Armageddon, que también es épica de narices.

Honestamente, me faltó un caballo, un sombrero de ala ancha y ya estábamos todos: no pienso discutir que lo arriba escrito fue cierto o no, pero uno quiere creer que lo cotidiano, si lo produces bien, puede darte unos resultados dignos de la mejor película de Hollywood que puedes citar.

Así que, como digo, once pasos más tarde, el proceso de desparasitación comenzaba y por fin, a las trece horas, según el horario de verano en Europa Central, bajaba a la cocina para sin prisa, sin pausa, ejecutar la buena costumbre de la priva y el yantar, que la pereza no puede ni debe ahogar el aprecio al arte más desarrollado de la cultura humana.

Y así lo haría hasta las tres, porque me tomé mi tiempo para cocinarme algo rico, momento en el que, y aquí sí entono el mea culpa, cometí el error de ponerme una serie en Netflix y, con el runrún de los actores hablando con acento del medio oeste americano, me quedé traspuesto.

¿Error el celebrar el sublime arte del yoga del Mediterráneo?

Si dices "siesta" queda mal, que son los prejuicios negativos, pero sí, me quedé dormido después de comer y eso técnicamente es una siesta, pero uno, que no está acostumbrado y que descubrió hace décadas, para su desgracia, que a él esto de la cabezadita le sienta muy, muy, muy mal, acabó conmigo reiniciando el Windows a las séis de la tarde, con la consecuente bajada de tensión, dolor de cabeza, mal sabor en la boca y todo tipo de efectos secundarios que darían para un análisis somero por cualquier especialista del sueño al que, de paso, me pongo a su entera disposición por si desea estudiar el fenómeno.

La recta final

Vale: has resistido el canto de las sirenas, te has levantado y caminado hacia la ducha como Bruce Willis yendo al transbordador espacial en Armageddon, has comido maravillosamente bien, como si fuera un episodio de algún programa de cocina de Anthony Bourdain (QEPD) y, en todo lo alto, has cometido la imprudencia de caer en la batalla del sofá, con el iPad entre tus manos, perdiendo la consciencia y, así enfrentando lo que iba quedando de día.

¿Qué quedaba? Quedaba la cena, la sensación de que estaba en un extraño domingo y que de mañana sería lunes, excepto que el lunes es hoy y, a pesar de todo mi esfuerzo por descansar, a pesar del siestazo, ni me siento reposado, ni me siento tranquilo y, como consecuencia, aquí estoy, revisando correos electrónicos, cansado, desorientado, escribiendo esto y, viendo la extensión, pensando que hoy, precisamente, temía que quedaría corto, porque el texto empezó dubitativo, pero poco a poco entramos en calor.

En calor en una noche fresca, eso sí: porque ese sol conspirador que quiso sacarme de la cama se fue por la tarde y, ahí sí, soy ahora yo el que se resiste a entrar en la fortaleza de los sueños.

"Mil y pico palabras" ese fue el trato :-))

Hablamos mañana, ¿De acuerdo?

Un saludo.


Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

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