En el día del rey, los despistes se pagan
Buenas:
Justo ahora, tumbado en la cama, con los dientes lavados meticulosamente (que es lo que tienen las vicisitudes dentales que pasé en su día) de pronto, cuando estaba a punto de convocar a los dioses del sueño, un pensamiento intrusivo ha roto mi paz mental y, después de unos segundos de duda existencial, he agarrado el iPad y me he puesto a darle…
Turrón de remordimiento
Pues sí, no hay otra forma de describir la sensación porque, por una parte, se me había pasado completamente que tenía que escribir las ya legendarias “mil y pico palabras” y, por otras, una vez que me di cuenta del entuerto, el conflicto interno se desató, en un monólogo mental que hubiese dado envidia a los guionistas de “El Club de la Comedia” que, una vez más, demuestra que tengo una edad y que, si no sabes de lo que hablo, no sé si sentir pena, alegría o alivio de que así sea.
Otro día raro al coleto
El día ha empezado raro, levantándome tarde y mal descansado. Después de las debidas abluciones mañaneras, lo primero que tocaba era observar el clima del día porque, siendo “El día del Rey” en Países Bajos, tocaba salir un ratito, aunque sólo fuera para ver el percal.
Y siendo los Países Bajos como son, nos encontramos con un día de claros y de nubes, con una temperatura donde, si las nubes se abrían, hacía calor y, cuando el cielo se encapotaba, sentías un cierto fresco (que es lo que pasa por aquí cuando apenas hay viento).
Después de un ratito de quehaceres en casa, tocaba salir a la calle y, raudos y prestos, nos fuimos para el centro de la ciudad, donde la gente hacía lo que la tradición y el pasatiempo de esta pobre gente te dice cosas: en el día que celebran el nacimiento de su rey, se les permite vender en la calle sin pagar impuestos, cosa que les vuelve locos a las criaturas.
Observar una realidad ajena
Vivir en una zona residencial tranquila te da silencio y calma: a la señora Paquito esto no le gusta (a ella le va un poco de jaleo) pero a mí me encanta el vivir en un lugar donde ves patos, gansos, cisnes, gatos y todo tipo de fauna cruzar calles y vivir con un cierto grado de armonía.
Por eso, al acercarnos al centro, vemos un poco de vida y eso ella lo agradece: a mí no me llama tanto la atención, pero tampoco estamos para ponernos finos.
También es cierto que estamos en “el horario infantil”: eventualmente las cosas se recogerán y la cerveza empezará a correr, lo cual ya sabemos lo que es.
En Amsterdam, por supuesto, las cosas son diferentes: al parecer la cosa ya ha tomado una dimensión que este año, por primera vez, se ha intentado poner mecanismos de control de masas, por cuanto los peligros de que la cosa se vaya de madre, en un lugar de calles pequeñitas, con millones de personas transitándolas, con alcohol y demás, puede acabar mal.
En ese aspecto, a mí el rollo no me va: lo hice en su día, me pareció pintoresco y lo que quieras, pero poco más, mucho menos cuando no bebes alcohol.
Y, en mi opinión, esta es una fiesta para cocerse: no lo juzgo, sólo lo observo, ojo.
Más tarde, al llegar a casa, ponemos YouTube en la tele y buscamos vídeos de las celebraciones: gente feliz bebiendo y gente buscando la forma de ganarse unos euritos.
Notable mención de las imágenes donde la venta callejera de unos vecinos en una zona adinerada nos dejó impresionados de la cantidad y calidad de cosas que pusieron en la calle para malvenderlo (en general, este día es el día de la quincalla, pero queda claro que la definición de “quincalla” cambia, en función de Los Barrios donde estés.
Este año no ha habido barbacoas en las casas de los vecinos: ha sido peculiar observar también el cambio del vecindario en sus hábitos durante todos estos años.
Una vez que los hijos crecen y se emancipan, los matrimonios siguen dos tendencias bastante marcadas: la primera es mandarse a hacer puñetas, cosa muy sana, y la segunda es hacer “downsizing”, esto es, vender la casa y mudarse a un lugar más pequeño, una vez que los hijos ya no están.
Eso es lo que ahora observo en lugar en el que vivo: nuevas familias llegan, nueva sabia, gente diferente (antes, los “raros” éramos nosotros: ya no).
La vida cambia, la vida gira, las tradiciones se mantienen y hoy ha sido un día festivo.
Te dije en su día que nuestro trato era escribir mil y pico palabras cada día: hoy casi se me pasa y el remordimiento de no hacerlo me pudo.
A veces eso es bueno: a veces no, pero esto último lo dejamos para otra vez.
Le he pagado el óbolo al Caronte de la escritura: ahora sí, puedo cruzar el umbral de los sueños :)
Un saludo.
Paquito
Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es
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