Encuentros semi-nocturnos

Buenas:

La lógica de los títulos de los posts ya es oficialmente inexistente y, en este estilo absurdo y compulsivo que estoy utilizando para, todos los días, llegar como buenamente pueda a las famosas "mil y pico" palabras ya roza el nivel de esquema de estafa piramidal o Ponzi, con todos los subterfugios que seas capaz de verbalizar, cosa que, de paso, si quieres hacer, soy todo oídos porque no voy a empezar a ponerme exquisito a estas alturas de mi vida.

Turrón Trucho esta noche, niños y niñas

Curiosamente, según estaba escribiendo lo de "turrón trucho" vino a mi mente la imagen de uno de los mejores prestidigitadores que he visto en mi vida: un hombre que, más allá del arte del engaño, te fascinaba con su forma de contarte cosas y que, en mi niñez, me fascinó por su destreza (hacía sus ilusiones de cartas con una sola mano) como por su verbo (era argentino y los argentinos tienen, junto a los italianos, en mi opinión, uno de los acentos más bonitos del mundo).

Si tienes una edad, sabes perfectamente de quién estoy hablando y, si no es así, estás tardando en irte a Youtube y buscar "René Lavand" (espero que vuelvas para agradecérmelo, porque es una de esas joyas del arte que uno tiene que disfrutar).

Y si no, tranquilo, que ya te lo pongo yo aquí:



Pensando en René Lavand, pienso también en Juan Tamariz, tocando un violín imaginario cuando terminaba un truco de magia: ahí, donde lo teníamos los españolitos, resulta que es considerado el mejor mago de cartas del mundo y al que uno, si no lo conoce, también debería descubrir.

Ya te lo pongo yo aquí, tranquilo:



cosa que descubriría con los años gracias a Penn & Teller, que son un duo cómico-mágico inigualable y que entraron en mi vida a través de la serie "El ala oeste de la Casa Blanca", en un episodio donde hacen desaparecer una bandera americana "quemándola" en una ilusión dentro de la ilustre morada estadounidense.


La cosa va de magia esta noche, por lo que parece...

En absoluto: recuerda que la premisa de este ejercicio de escritura es crear algo coherente, divertido, entretenido o que, al menos a mí, me llame la atención y me deje satisfecho.

Para mí escribir es una forma de catarsis y una forma de organizar mis pensamientos y sentimientos: a veces, me temo, no me apetecerá pensar en la realidad que me rodea, porque a veces las cosas del día a día son para olvidar (no sé si te habrás dado cuenta, pero llevamos una temporadita donde, cada semana, tenemos una peor que la anterior).

De cuando en cuando apetece descolgarse y pensar en otras cosas: esta noche el cuerpo me pide irme por las ramas un poco más de lo normal, que es lo que toca cuando abres la prensa, o el RSS y te dan ganas de cerrar sesión y mandar todo a freír espárragos, deseo maldito maravilloso que, cuando lo traduces, genera mucha satisfacción entre las huestes herejes que pululan por este lado del río Amstel.

Ahora se va a poner con los refranes y dichos populares: ¡Cuerpo a tierra!

Pues tampoco, pero no sería una mala idea: escribir es un proceso creativo que a veces te lleva a lugares que no esperabas, teniendo en cuenta que tienes una voluntad, que es poner algo blanco sobre negro y, dependiendo de la acotación del campo, en mayor o menor medida, dentro de unos parámetros concretos.

Pero yo no me aferro ni reconozco ninguna acotación: "Ni Dieu, ni Maitre" que decían los anarquistas, a pesar de que, cuando la parca empezaba a rondarles, a más de uno resulta que la mitad de la ecuación le tembló.

A la otra mitad fue la buena vida la que se encargó del otro cincuenta por cierto: "dales mala salud, iPhones nuevos todos los años y tendrás a un pueblo temeroso y dócil".

Los hippies acabaron siendo yuppies: he conocido a gente que estuvo en París durante las revueltas de Mayo del 68, donde gritaban "¡Debajo de los adoquines, la playa!" y donde los estudiantes, como en el 15-M, soñaron con un mundo mejor.

Acabó como el 15-M: unos listos hicieron carrera, los demás encontraron trabajos, tuvieron hijos, coches e hipotecas y la revolución se fue a hacer puñetas.

El mundo que quisieron cambiar fue el mismo mundo que le negarían años más tarde a sus hijos.

Hacerte mayor es hacerte cínico: es pensar que, el día que la revolución llegue, el personal mirará a la ventana rogando que no le jodan SU coche y esto, que es muy duro, es el signo de que una sociedad está bien, por cuanto tenemos cosas que perder.

Por definición, queremos eso, por triste que pueda sonar: deseas que todos tengamos algo que perder, por cuanto eso nos hace un poquito más tranquilos y, sobre todo, a través de la creación de clases medias, es donde el verdadero concepto de la civitas, de la civilización, toma su verdadero labor.

Los detalles que me fascinan

Vivo en un lugar del mundo que, en los últimos días, cuando el atardecer empieza a tomar la última curva, te recuerda que estás en una especie de Disneylandia que no soy capaz muy bien de describir.

Pero que yo viva en Disneylandia no quita que en otros lugares, por comparación a otras latitudes, no estén también en su propio vergel.

Algo que me sigue llamando la atención es cuando el señor YouTube me enseña vídeos de personas que visitan España, provenientes de Latinoamérica, donde les llama poderosamente la atención eso de ver que los automóviles se paren en los pasos de cebra.

ESO, que quizás para ti y para mí es no ya "normal", sino directamente "incuestionable", sigue siendo ciencia-ficción para algunas personas, en lugares donde parar un automóvil puede ser un riesgo de seguridad para el conductor o los ocupantes del mismo.

Precisamente por eso, mis "encuentros semi-nocturnos" son las personas que me encuentro por la calle cuando me doy algún paseo por mi zona, con los canales, los puentes y el salpicado de las esclusas que ves "por allí y por allá" si sabes donde mirar y donde nadie se cuestiona que nada malo puede suceder, porque vivimos con, afortunadamente, un grado de seguridad remarcable.

Y entre esos encuentros, uno muy peculiar: uno de los gatos de mis vecinos, que por las tardes se recuesta en la entrada de mi casa y que, poco a poco, se ha ido ganando aparecer en mi radar, haciéndose a veces el remolón para que juegue con el, igual que, a veces, se pone a caminar conmigo un poquito (interesante las dinámicas de los animales domésticos en los vecindarios: la territorialidad de los felinos y cómo definen o miden sus cosas es para tomar nota).

La fauna nocturna del vecindario es, repito, para echarnos de comer aparte: niñas saliendo a hablar con su noviete, hombres y mujeres saliendo a pasear el perro, los gatos defendiendo su cuadra de territorio (por cierto: tenemos desde hace unas semanas uno nuevo y el muy cachondo se pasa, literalmente, por la puerta de los otros, para que les quede claro que hay un nuevo sheriff en la ciudad :-)) y un español, que observa todo esto mientras se siente una persona afortunada.

"Mil y pico palabras", ese fue el compromiso que tomé al volver a hacer esto: hay días mejores, días peores, historias más o menos interesantes, pero intento ser regular, que es lo que quería lograr en primer lugar.

Mañana más, y quizás incluso mejor (suena a amenaza, ojo ahí :-)).

Un abrazo.


Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

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