Hablemos de otras cosas

Buenas:

Esta noche volvemos a Blim.py, que ya echaba de menos escribir en mi pantalla negra con caracteres verdes.

Como casi todos los días, no sé muy bien por dónde voy a empezar, por dónde voy a seguir y cómo acabará, pero en fin, tengamos paciencia, que todo sucede, la improvisación creativa a veces acaba bien.

O no.

Turrón inquietante

Alguna vez he habré contado que vivo en un país muy tranquilo y, cuando digo "muy tranquilo", créeme que me estoy quedando corto.

Por eso, cuando el otro día abrí la prensa holandesa y vi las noticias sobre que había habido un atraco a un pequeño casino en una pequeña ciudad holandesa, la banda sonora de "Ocean's Eleven" vino a mi cabeza, salvo que, en un lugar de un gigantesco casino americano, esto es más bien una sala de juego de barrio, lo cual también te dice el nivel de los atracadores.

Pero eso, que no deja de ser una anécdota, no te demuestra quizás el carácter del lugar donde vivo, así que te contaré otra historia, un poquito menos violenta, pero más en la línea de lo que "aquí mis amigos" son.

Miles de millones para la factoría de acero que emite mierda cancerígena a cascoporro

Lo que acabas de leer es el motivo por el cual, probablemente, nunca habría podido ser un buen redactor de un periódico: no sabría poner titulares a las noticias, como acabas de ver.

Pero el titular es veraz, eso sí: en Holanda, existe una gigantesca factoría de acero del fabricante indio Tata, que es uno de los dos fabricantes de acero más grandes del mundo (la otra, también india, es Mittal Arcelor) en la localidad de Ijmuiden, en la costa, en la boca del canal que los gigantescos barcos de los cruceros utilizan para llegar a Ámsterdam.

El caso es que, desde hace décadas, esa factoría, debido a su actividad, lleva décadas emitiendo mierda cancerígena a cascoporro, habiendo incluso investigaciones del ministerio de sanidad holandés por la zona, buscando el impacto de dichas emisiones sobre la población colindante.

Por supuesto, como dan miles de puestos de trabajo, tienen muy clarita la historia: "Dejar de emitir esto costaría mucho, ¡Dame dinerito público bueno!" y aquí es donde uno se da cuenta de que, en este país, la vida, a pesar de la segúridad física, en otras cosas es bastante precaria.

Porque estos señores están haciendo de su capa un sayo, pidieron en su día cuatro mil millones de Euros de ayudas para dejar de usar según qué cosas para producir energía o calor, y al final han conseguido dos mil millones de Euros.

Esta empresa es responsable del 10% de las emisiones de CO2 del país, ojito: han sido multados multiples veces porque han cometido ilegalidades con dichas emisiones y, como ya digo, las autoridades sanitarias llevan años investigando el impacto de dichas emisiones sobre las poblaciones alrededor de la gigantesca factoría.

Con todo, a pesar además de multiples estudios de varios economistas que dicen que darles dinero público sería un error (cosa en la que pienso a menudo cuando veo como similares iniciativas en otros países acaban sistemáticamente mal) al final la lógica del "es que dan mucho empleo" se impone y dos mil millones de Euritos que se me van a llevar las criaturas para pagarles la transición o que dejen de producir cosas cuyo coste medioambiental y cuyo impacto en los cientos de miles de seres humanos que viven por aquella zona está siendo evaluado desde hace décadas (los ratios de cáncer, al parecer, son anormalmente altos en la región, "por lo que sea").

Las típicas cosas que me molestan Las típicas cosas que me molestan es cuando uno ve que según qué vicios o comportamientos se dan en todas las latitudes del mundo. Lo primero que aprende uno cuando empieza a vivir fuera de su país es que, precisamente, las cosas que uno cree dejar atrás aparecen en el camino tarde o temprano, por cuanto la naturaleza humana, dadas las mismas condiciones, resulta ser idéntica.

Y por estos lares, el famoso "pragmatismo holandés" del que se presume tanto, se puede reducir a "todo se compra y se vende, ¿No? Entonces ¿Cuánto cuesta?" Cosa que, para alguien como yo, pues me resulta molesto.

Porque, aunque a uno le gusta el pragmatismo como el que más, eso de que "todo se compra, todo se vende", me resulta una interpretación muy vulgar del concepto.

Pragmático se supone que es entender las cosas por lo que son: reducir todo a una transacción comercial es fácil y poco discutible, sobre todo cuando el paradigma cultural es vanagloriarse de dicha materia (la comercial, quiero decir).

Quizás por eso, aunque haya veces donde me vea de pronto, y para mi sorpresa, en medio de una discusión, dándole el punto a los neerlandeses, la realidad es que para otros aspectos, "aquí el que escribe" tiene problemas con ello.

Y en la historia de la factoría de acero, "siendo pragmático", lo que veo es una empresa muy grande que pide paguita y te hace vagas promesas, con la amenaza de que, si quieres que cumpla las leyes medioambientales, pues o le das perras o se te pone de morros, con lo que eso supone en la lengua de las empresas multinacionales.

Este episodio me recordó al escándalo de las emisiones de Volkswagen en su día y de cómo los países con plantas de dicho fabricante fueron convenientemente informados de lo que supondría crujirlas por el gigantesco fraude que montaron con la historia (de la que hablamos en este blog, curiosamente).

Malo es cuando alguien como yo puede hacer memoria y encontrar equivalencias en cosas terribles de este estilo.

Quizás podríamos hablar de eso otro día: de mi extraña sensación, en este país, de que no nos cuentan todo, sobre todo en temas locales.

Es algo que llevo barruntando años, desde un episodio personal donde, por comparación, sé que algo se habría dicho en algún medio de comunicación, pero por aquí pasó completamente desapercibido.

Ya se va a haciendo tarde y el famoso objetivo diario ha sido conseguido: "mil y pico palabras", que se dice mal y pronto.

Tendría que empezar a leer más prensa neerlandesa: no pasa nada por aquí...

O casi :-)

Un saludo.

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