Reuniones peculiares
Buenas:
Ayer no fue un buen día (el estómago decidió darme la traca final, en algo parecido a unas fallas estomacales) y hoy la cosa parece que ya se va calmando un poco, vamos a intentar volver a una normalidad dentro de la cautela gástrica que, de cuando en cuando, me recuerda que algo todavía no está bien y que no me confíe...
Turrón sospechoso y alerta
Las cosas a las que uno se encuentra cuando la salud o el estado del cuerpo no es óptimo son curiosas: lo más triste del asunto es verlo actuar y observarlo, con esa enfermedad mental que gasto de jugar a los detectives con todo lo que me cruzo, lo cual me llevará algún día, de forma indefectible, a algún susto, porque dicen que la curiosidad mató al gato y, de eso, quizás, todos podemos hablar...
La curiosidad no lo sé, pero las balizas casi casi
¿Por qué te cuento esto? Porque el otro día, hablando de si la curiosidad podía matar a algún felino, resultó que casi casi se nos queda uno telele en el jardín, cuando el buen señor, que pertenece a los vecinos y ha decidido que toda la manzana que ocupan las diferentes viviendas de la calle donde vivo sea su territorio comanche, en un momento de, quizás, intentar rememorar buenos tiempos (el gatito ya tiene una edad) intentó hacer parcour en una de las balizas que separan los jardines con mis vecinos, con tan mala suerte que le falló el segundo bote (el primer bote la puso a la mitad y de ahí, cuando tenía que haber cogido impulso para el segundo, no tuvo agarre) y se pegó un castañazo curioso.
Como los gatos tienen además un sentido del ridículo peculiar, después del castañazo, el bicho se puso en medio del jardín, miró en la dirección de la casa y se quedó ahí, supongo que evaluando si alguien lo había visto, porque los gatos con el tema de las caídas son peculiares.
Eventualmente analizó una escapatoria más clásica: ahora que habíamos limpiado y podado las enormes ramas de los rosales, ya podía subirle al tronco de uno de ellos y desde ahí empezar la maniobra de salida del lugar.
Una verdadera pena que la señora Paquito no lo hubiera registrado en ese momento, al igual que la cámara de seguridad, a la que tenemos dirigida para que no registre movimientos en algunas zonas, por una cuestión de privacidad y de practicidad también.
Pensando en ese momento, recordé por un instante la vez que la gatita de mis vecinos en Madrid, intentando colarse en mi casa, se pegó un castañazo de tres pares, porque la caída fueron varias plantas...
Para mi asombro, el bicho sobrevivió: ya sé que dicen que tienen siete vidas y no seré yo quién lo contradiga, pero el castañazo fue tremendo (tuvimos que encontrarla en un tejadillo cercano, con el hocico con sangre, pero estaba bien... Muy quieta, la pobre, pero viva y coleando).
Pero... ¿Esto no iba a ir de reuniones?
Cierto: ya sabes que esto de intentar escribir las famosas "mil y pico" palabras tiene su aquel y en cuanto uno agarra la tangente, como el dicho, la tangente se acaba y uno sigue la dirección, porque total, con la capacidad de concentración de una ardilla coreana, tampoco nos vamos a poner exquisitos, ni pedir coherencia o profesionalidad en algo que es altamente personal, amateur y, sobre todo, escrito al final de un largo día.
No seamos más papistas que el Papa: no nos lleva a ningún sitio.
Pero sí: hoy ha sido día de reuniones y algo que hago últimamente en las mismas es, si no tengo nada que decir, escucho atentamente y veo como cada una de las diferentes agendas que compiten por atención o relevancia.
Eso es peculiar cuanto menos: hay gente que es más o menos cooperativa, hay caracteres de todo tipo y uno, que es un personaje más en el cuento, cuando no tiene mucho que decir, intenta pasar desapercibido.
Pero últimamente hay una cosa que me llama más la atención: es la gente que necesita caer bien y que no sabe tener el todo adecuado...
Me fascina la infantilización de la sociedad: eso de que básicamente volvemos todos a tener doce años en algunas cosas... Los "jijís", los "jajás", la falsedad social en entornos laborales que te puede costar un disgusto.
Por eso, cuando se produce "el hecho", intento que la cámara esté apagada y, así, sonreír...
"El hecho" es cuando alguien intenta ser demasiado gracioso y la cosa no funciona: bien es sabido que una fórmula de intentar rebajar el tono es una cierta cordialidad pero, cuando todo es en un tono muy determinado, eventualmente acaba mal y, cuando eso sucede, tengo que reconocerlo, es algo que me hace sonreír, porque uno, que puede ser tan gracioso y divertido como el que más, pero supongo que sé creer las hojas del té y sé cuando hacer lo que tengo que hacer y cuando no, cualidad de supervivencia corporativa fundamental para la vejez y la plenitud laboral.
Pero eso, no ha sido lo más grande: hoy he tenido la oportunidad de disfrutar de algo que, durante años, hemos estado pidiendo y que, básicamente se reduce a "ver lo que otros lugares del mundo están haciendo" y tengo que reconocer que ha sido, en cierto sentido, una especie de deseo cumplido, porque al fin pude responder a toda una serie de preguntas que, a lo largo de los años, nunca pudieron ser respondidas...
Y me lo he pasado teta: hay un momento en el cual mis compañeros me entraban por chat y me preguntaban por qué estaba sonriendo tanto, que era raro...
Lo único que supe decir es que estaba disfrutando el momento como un niño el día de Navidad, abriendo los regalos: echaba de menos según qué cosas, sobre todo entender muy bien la famosa premisa de que, en el trabajo, con independencia de lo que hagas, "siempre estás vendiendo" y, cuando hablas con según qué lugares del mundo, te aseguro que este paradigma lo tienen clarito como el agua del manantial más puro que conozcas.
Desafortunadamente, no te puedo contar nada de lo que vi, pero es lo que tienen los acuerdos de confidencialidad: sólo te diré que fue muy interesante, muy constructivo y que, en diferentes lugares del mundo, al saludarnos, nos dimos los buenos días, las buenas tardes y las buenas noches.
Eso quizás es algo de que me fascina de mi trabajo: literalmente trabajo con gente de todo el mundo y es un absoluto privilegio.
Todos los días de mi vida hablo diferentes idiomas y, sobre todo, cada día aprendo a no saltar a conclusiones de forma muy rápida: los blancos y los negros los dejo para las ocasiones especiales, la vida va de diferentes colores y tonos de gris.
Ya sé que te puedo dejar ahí medio tirado esperando más, pero recuerda que nuestro acuerdo fue "mil y pico" palabras.
Ha sido un día fantástico: he sonreído mucho, he aprendido más, estoy fascinado e inspirado.
Mañana más e incluso mejor :-))
Un saludo.
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