Viena


Buenas,

He tardado unos días, pero finalmente he podido sentarme y, ahora sí, escribir sobre mi viaje a Viena (o "Wein" como lo llaman ellos), la capital de Austria.

Desafortunadamente, debido a circunstancias que no vienen al caso, no ha podido ser una de esas estancias donde, macuto a la espalda y cámara al ristre, me dedico a hacer preguntas a diestro y siniestro para comprender porqué las cosas aparecen delante de mi de una forma y no de otra.

La cosa empezó "regular", con uno de esos madrugones míticos que te ponen en guardia a las 4 de la mañana, corriendo de la ducha a la habitación y con el traje, camisa, corbata y zapatos preparados, eso sí, unas horas antes para no perder ni un solo segundo.

Hasta tal punto llevo la paranoia que, para ahorrar tiempo, desayuno un par de plátanos, por aquello de la velocidad para pelarlos y comerlos (la cosa llega a veces a absurdos, lo sé, pero es cómo soy y cambiarlo me pilla un poquito mayor :-)).

4:23 AM y ya estoy casi casi preparado... El teléfono suena y una muy peculiar voz me dice que ya me está esperando en la puerta...

Es curioso, porque al salir a la calle, el taxi no está ahí :-))

PROCEDURE
Paquito: Oiga... ¿Exactamente dónde está Vd.?
Taxista: Estoy enfrente de la casa... XXXXXXX, Amsterdam.
Paquito: Ahhhh... Bien bien: sólo una cosita, muy tonta en realidad... Yo no vivo en Amsterdam.
Taxista: ¿Cómor?
Paquito: Sí... Que la dirección está bien, pero que la ciudad no: yo vivo en Janderklander.
Taxista: ¡Ah perdón! ¡Voy para allá! ¡Le veo en un ratito!
Afortunadamente, a la hora prevista (4:45) el señor taxista aparece delante de mi casa y, con un "Goedemorgen!" enfilamos hacia Shiphol, el aeropuerto de Amsterdam (de éste, afortunadamente, no hay dos, así que no hay posibilidad de equívoco :-)).

Lo maravilloso de tomar un taxi a estas "indecentes horas de la madrugada", como decía un profesor mío cuando nos tocaba clase con él a las 9, es que no hay nadie en las calles ni en las carreteras, así que puedes disfrutar del viaje y tener palique con el Sr. Taxista, el cual agradece que ya te conoce (te ha llevado varias veces antes) y, además, la grata compañía (porque, todo hay que decirlo, doy mucho juego :-)).

Ya en el aeropuerto, un montón de gente joven me demuestra que las compañías de bajo coste tienen una capacidad de convicción superior a la de nuestros padres cuando nos decían que "al que madruga, Dios le ayuda"... Ahí los tienes: son las 5 y ya están preparados para tomar un avión. Si los pidieras ahora ir mañana a una clase de trigonometría a las 9:30 se pondrían a gruñir, pero Eguandemair Airlines los enjaula en una letrina con alas por 50 Euros el billete y se ponen la mar de contentos.

"¿Y tú?" podría objetar alguien... "A fin de cuentas, tu también estás ahí a esas horas" se podría apostillar, haciendo herida y leña del árbol caído.

"Tiés razón" que dijo la señá Paca: la cuestión es que yo no me quejo cuando tengo que dar una formación a las 7 de la mañana, al contrario (me va la marcha: es triste pero cierto).

En la zona de seguridad, descubro para mi sorpresa que, ni en Amsterdam ni en Viena, en ningún momento, nadie me va a pedir el DNI o el pasaporte, ni en las zonas de seguridad, ni en la zona de embarque, ni en ningún sitio (flipante).

Y ya por fin, pasado el chequeo de seguridad (con puntazo añadido, por aquello de que, como he perdido un montón de peso, los pantalones se me caen) accedo a la zona donde está el Starbucks para, con ojitos de cordero degollado, pedirle a la amable dependienta que me dé un café Latte del tamaño de Australia.

Como llevo además una pequeña cámara conmigo, hago fotitos (esta vez el iPhone me dio problemas, con las fotos geolocalizadas apareciendo en no sé dónde cuando yo estaba en sitios completamente diferentes).

Soy un neuras y mi vuelo sale a las 7:00 AM. Tengo unos 75 minutos para tomarme mi café, disfrutar de la terminal, caminar, mirar las tiendas.

Mirar las tiendas... Tiendas de tecnología... ¿Tecnología? Correcto (ya veo que sabemos proyectar en la dirección adecuada :-)).
Paquito: "Goedemorgen: Ik heb een vraag. Heb je de iPad 2?"
Señor Dependiente: Pues no lo sé. Déjeme hacer una llamada.
No ha dicho que no de inmediato: ¡Hay esperanza!

La siguiente imagen que pasa por mi cabeza, es el Chiflins llamándome "gafapasta" y "adorador de Punset", con Steve Jobs diciéndome de fondo que el iPad 2 es "beauuuuuuuuuutiful", pero, mi gozo en un pozo, almacén confirma que no quedan unidades...
Señor dependiente: Tremendo. Cuando nos llegan algunas unidades, vuelan en 5 minutos.
Paquito: ¿Qué me vas a contar? Allá donde voy están completamente agotados.
Preguntaré en un par de tiendas más pero obtendré la misma respuesta: el cacharro está agotado y, de acuerdo con la tienda on-line de los amigos de Cupertino, si quieres uno tienes que esperar, de media, unas 3 semanas.

Así que, con el iPhone en modo "aleatorio", voy escuchando canciones de todo tipo que me mantienen activo y, a las 7:00 AM, un pequeño avión (un Fokker 70) enfila su rumbo hacia Viena.

Un muffin de chocolate, un café y un zumo de naranja es el desayuno que me ofrecen en el avión mientras me leo un periódico austriaco con la actualidad del país (la prensa demuestra mis más enérgicas sospechas sobre lo densos que pueden llegar los amables habitantes de esas tierras).

Detalle: no sé cómo lo hago, pero soy capaz de pedir y hablar al pasaje del avión en alemán (con palabras en holandés que, aunque todavía no lo hablo, ya empiezo a chapurrear algunas palabras y frases).

"Todo vuelve" pienso en silencio mientras el periódico se empieza a descifrar ante mis ojos: no sé exactamente cómo, pero soy capaz de entenderlo, lo cual me hace sonreír y, de paso, empezar a preocupar al pasajero de mi izquierda, que me ve alegre y excitado, muffin en la diestra, cafetito en la izquierda, periódico en la mesita plegable, dándolo todo.

Y por fin, después de 2 horitas de vuelo, aterrizamos y, raudos y veloces, salimos hacia la terminal...

Mi pequeña impresión del aeropuerto es que es muy parecido a la Terminal 2 del Aeropuerto de Barajas, pero, eso sí, mucho mejor organizado, de ahí que, según salgo, me encuentro 7 mostradores con 7 compañías de taxis distintas...

El sistema es sencillo: pides un taxi, dices a donde vas, te dan un precio, pagas y te dan el recibido, enviándote directamente a la salida donde, a su vez, revisan tu recibo y te embarcan en el correspondiente vehículo...

Si tenemos 7 compañías distintas: ¿Cuál es el criterio a seguir? ¿Precio? ¿Calidad? ¿Rapidez?

No: el de la jamonaca de la izquierda que está para mojar pan (que nadie se haga mala sangre y se ponga de morros: para algo la han puesto ahí :-)).

Lo que podría parecer a priori una decisión completamente irracional y de consecuencias imprevisibles, terminará siendo la mejor opción porque, al pagar, recibir mi ticket y ser asignado mi taxi, un amable señor me abre la puerta del vehículo y me conduce hacia mi destino.

Y como soy como soy, pues me pongo a hablar con el señor, el cual, de momento, me recuerda que puede que en su día hablara alemán, pero que mi acento le suena, cuanto menos, "raro".
Paquito (en alemán): ¿Cómo andamos?
Taxista: ¿Cómor?
Paquito (en alemán): Que como estamos...
Taxista: ¡Ahhhh! ¡Bien bien! ¿De dónde es Vd.?
Paquito (en alemán): Vengo de Holanda, pero soy de España
Taxista: ¿De Holanda?
Paquito (entren-estrujen-bajen): Nooo... Vengo de Holanda, pero soy de España...
Al final hago switch al inglés y el señor me entiende un poquito mejor. Cuando le digo que soy de España me dice un par de palabras en nuestro idioma, se le ilumina la sonrisa y me cuenta la historia de su vida.

El señor originalmente es de Polonia: lleva 38 viviendo en Austria y la vída le trata "así así", pero con España tiene pasión.
Taxista: he visitado tu país 8 veces (empieza)... Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, Málaga (me dice)... Precioso: la gente es muy buena... Salamanca, Valladolid, León, Santiago, Vigo, Valladolid, Santander, San Sebastian, Pamplona (continúa)...
Después de una curiosa lección de geografía española a cargo del taxista polaco en Austria (la globalización es lo que tiene), llego por fin a mi destino y, con las precisas instrucciones en el iPhone sobre cómo tengo que presentarme en la oficina, una las personas que vengo a ver aparece por fin y me lleva a la sala donde, durante las próximas 7 horas, voy a darlo todo.

Eso sí: la amabilidad del señor ha sido tal que se ha ganado una buena propina (da gusto cuando a uno le tratan tan bien :-)).

La jornada se dividirá en dos sesiones: en la primera, con 3 personas, voy a explicar una serie de cosas sobre mi área y, en la audiencia, tengo a una chica de Ucrania, un chico de Eslovenia y un chico austriaco...

La chica de Ucrania es un encanto pero, como buena ex-agente del KGB (daría para el papel fijo) prefiere observar a decir algo.

El chico austriaco es una copia de Tin Tín y es un chico encantador también, pero el de Eslovenia...

El de Eslovenia es mi ídolo personal desde hace 2 semanas.

Todo comienza cuando, en un malentendido, el tipo, hace un mes, me pone un mail flamígero donde me viene a decir que no se le está informando de nada de lo que estoy haciendo. Consigo re-enrutarlo y, después de un par de sesiones de formación conmigo vía internet, todo vuelve a los cauces de la normalidad (se me da bien: ¿Qué le voy a hacer? :-)).

Cuando mi viaje a Viena por fin se confirma, le hago una serie de preguntas logísticas ("Oye Manolo: ¿Dónde está la oficina allí?") y ahí el tipo se viene arriba, porque, mientras que los primeros e-mails son informativos y con un tono moderado, la cosa acaba con comentarios que, para desgracia y mi regocijo, no puedo reproducir aquí (no por su lenguaje, sino por su contenido).

"Hahahahahahahahahahaha!!!! Tío... Te acabas de convertir en mi héroe personal: de mayor quiero ser como tu." le suelto en mi último correo, 4 días antes del momento en el que, ahora sí que sí, podemos hablar cara a cara y transmitirnos mil cosas a través de nuestros gestos y no sólo a través de las inflexiones de nuestra voz...

Todo va bien y sobre las 12, el "invitado importante" aparece (su vuelo salía más tarde desde Londres)... Un fuera de serie: el tío presenta como un campeón, sus "slides" poseen transiciones sencillas pero, sobre todo, modula fantásticamente la voz, cosa de la que tomo nota, porque el amigo controla el ambiente de la sala y transmite una tranquila confianza alucinante.

"Pero el invitado de hoy es Paquito" acaba diciendo, justo antes de irnos a comer en una sala reservada a tal efecto donde, con puntualidad austriaca (lo de la puntualidad ese día fue fantástico: todo en tiempo hasta un extremo casi enfermizo... ¡Me encantó! :-)).

"¿Qué podríamos comer?" pienso para mis adentros recordando que, en Austria, uno de sus platos tradicionales es el famoso schnitzel o, en la lengua de Chiquito de la Calzada "Ese pedazo filete empanzo que quitarsentío" pero, para mi muy agradable sorpresa, recibimos unas bandejitas de delicatessen vienesas, con, entre otras cosas, desde los famosos cruasáns, que también fueron horneados por primera vez en Austria, hasta toda una serie de panecillos en maravillosas formas con diversos ingredientes acompañándolos en formato de bocadillos/pulgas y tapas (lo de pulga es bocadillo pequeño, que es como se dice en Madrid: N.d.T :-)).

Presumimos mucho por el sur de que comemos fantásticamente bien y que los lechosos no tienen ni idea de lo que son las tapas y demás...

Bueno, pues después de lo que me zampé, me temo que, por nuestro bien y por cordura, al menos con los austriacos, deberíamos mantener un cierto sentido de la prudencia, no vaya a ser que saquen a pasear algo parecido a lo que me pusieron a mi y nos dé por llorar.

Total: que después de comer y de 3 Nespressos Ristrettos que me puse en una taza (me quería haber hecho un "mega-ristretto" con 10 capsulitas, pero no me daba tiempo) me llegó la hora de la verdad y, aclarando mi voz al darle al F5 para que el PowerPoint se ponga en modo de pantalla completa, comenzó mi intervención.

Lo hice bien, me jode decirlo: como soy un neuras, me pasé toda una semana preparando la presentación (no era para menos, teniendo en cuenta la audiencia que me escuchó por la tarde), quedándome por las noches en la oficina, puliendo cada icono, cada slide, cada efecto, cada transición, cada nota...

Soy un neuras y me gusta ensayar las cosas, de ahí que no sea extraño que, de pronto, me veas a las 10 de la noche, completamente solo en la oficina, en una sala practicando los movimientos de mis manos, las palabras que voy a utilizar, dónde voy a hacer una inflexión en la voz, etc.

Y lo que no es negociable: yo no expongo sentado (exponer sentado es una pérdida de tiempo para el orador y para su audiencia).

Y ahí es, cuando llega la hora de la verdad, se va todo directamente a hacer puñetas y, aunque apenas recuerdo un 30% de todo lo que practico, ya es un 30% más de lo que, de no ser así, no pondría adicionalmente al contenido formal de la presentación.

Todo termina bien, con un montón de preguntas y un montón de respuestas a las mismas, con un ofrecimiento adicional por mi nuevo ídolo (mi colega de Eslovenia) para llevarnos a mi compi de Kiev y a mi al aeropuerto.

Y todo va bien hasta que observo que el taxi que lleva a la otra persona va hacia la derecha y que nuestro coche va hacia la izquierda:
Paquito: Oye... ¡Qué el taxi de XXX va hacia la derecha!
Él: Ya ya...
Paquito: ¿Conoces algún atajo o algo así?
Él: "Algo así".
"Algo así" era que el señor nos llevó a una cervecería súper curiosa cerca de la oficina (hay fotos, tranquilidad :-)) y ahí, tomándonos unas deliciosas y enormes cervezas (para que a mi me guste la cerveza, creedme, tendrían que estar muy buenas), terminando en el aeropuerto cantando "Los pajaritos" de María Jesús con su acordeón y, de nuevo, pasando por todos los controles de seguridad sin que nadie me pida ni la más mínima identificación, más allá del billete de avión.

En la terminal me tomo una última cerveza mientras monto un show legendario en el bar que termina con mi compañera de Ucrania preguntándome si todos los españoles son como yo (por aquello de que, si algún día va de vacaciones, saber a qué se va a enfrentar :-)).

Total, que se nos hizo tarde y, con un "nos veremos pronto" y 3 besazos que le planté, salí disparado hacia la puerta de embarque de mi avión, en el cual, lo único que recuerdo, es precisamente llegar, sentarme, cerrar los ojos y, al abrirlos, estar aterrizando en Amsterdam a las 22:00...

Una vez más, visto lo visto y, más importante, sentido lo sentido, sigo diciendo que el futuro está por aquellos páramos, cosa que procuro tener en cuenta para mis futuras incursiones en tierras de infieles...

Porque es el humor el que nos muestra cómo son las sociedades, independientemente de sus idiomas o de sus problemas: la forma en la que tres personas, un chico de Eslovenia, una chica de Ucrania y un español se comunican y logran explicar sus problemas y sus soluciones me demuestran que, definitivamente, hay algo en aquella región del mundo que, al menos conmigo, conecta...

La misma región del mundo que, el viernes, al enseñarse a la chica de Turquía unas cuantas palabras en español, me enseñó que "mal" también se utiliza en su idioma para decir que la cosa no va precisamente de color de rosas, lo cual fue una excusa maravillosa para decirle, en un holandés casi infantil:

"Je op een dag niet lachen het is een verloren dag".

Porque nosotros, como le decía el Risitas a Jesús Quintero, "no somos de aquí".

Las fotos puedes verlas aquí:



El Álbum (si utilizas iPad) es accesible en https://picasaweb.google.com/Paquito4everPictures/HitAndRunInVienna 

Eso es todo: ¡Viena prevaleció! :-))


Paquito
sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

Comentarios

  1. Hola Santiago :-))

    ¡Mil gracias por tu visita y por tu comentario! ¡Todo un placer el leerte por aquí! :-))

    ¿Qué te voy a contar? Tu haces ésto todas las semanas un par de veces, lo cual sí que es remarcable :-))

    Yo soy un aficionado aunque, eso sí, como soy un neuras, lo llevo a extremos absurdos (el aeropuerto vacío y yo cantando por la terminal "Soy una rumberaaaaaa" :-)).

    Una vez más, mil gracias por tu visita y por tu comentario y un saludazo enorme desde un muy soleado Amsterdam (hay un círculo dorado en el cielo: ¡Uhhhh! ¡Los aliens! :-)))).

    Paquito.

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