Para mí Tanya es Ucrania

Buenas:

No está siendo una buena semana en mi vida personal: hace unos días, Rusia decide invadir Ucrania, a pesar de que se veía venir y aquí, unos y otros, decían que aquello que iba a pasar o, peor, que no sólo no iba a pasar, sino que encima esto poco menos que lo ha provocado Occidente.

Aforismo: "las cosas que están lejanas son conceptos".

Cuando uno dice la palabra "Marte", se le viene a la cabeza la imagen de un planeta rojito en el sistema solar, con extraños cachivaches que el ser humano ha sido capaz de enviar para explorarlo y entenderlo, en algunos casos o, en la gente más joven, el objetivo de conquista de Elon Musk, el multimillonario americano de origen sudafricano que con su empresa, SpaceX, nos fascina tanto por sus emprendimientos o por su histriónica personalidad.

Pero, salvo que seas un marciano infiltrado entre los seres humanos preparando la conquista planetaria, en realidad es que Marte no te sugerirá nada personal: es algo que no puedes tocar, no lo puedes observar a simple vista con facilidad (tienes que saber donde está en el cielo y sin contaminación lumínica) y, repito, no deja de ser un concepto, como el que dice "este procesador tiene chips de 5 nanómetros", donde el tecnófilo podrá sentir fascinación por lo que eso supone, pero que, una vez más, no puede observar ni comprender desde el punto de vista estrictamente empírico.

Al turrón, que te lías...

Cuando la invasión empezó, automáticamente, el concepto "Ucrania" se cristalizó de forma tangible en una persona: "Tanya"...

Ucrania dejó de ser un concepto: un trozo de tierra sobre el que he leído mil veces, o he observado en un mapa, o sobre el que la palabra "Chernobyl" se posa como un lugar donde, hace 36 años, una explosión en un reactor de la famosa central nuclear nos puso a media Europa con los respetables de corbata, de pronto pasó a ser la mirada de aquella chica que, unos años antes, compartió lugar de trabajo conmigo...

Rusia...

Los que lleven por aquí unos años, recordarán mis andanzas por la tierra de los zares y los soviets: mis experiencias, completamente personales y subjetivas, me dejaron el extraño sabor de ver una generación de jóvenes rusos bien educados, cosmopolitas y curiosos, políglotas, extrañados a veces por las reacciones de lo que aquel "Ispansi" observaba en sus quehaceres diarios, su idiosincrasia o, simplemente, al caminar por la ciudad, cosa que ponía de los nervios a Elza, la amable persona que se encargaba de toda mi logística allí y que me rogaba que por favor utilizara el coche con chófer a mi disposición, incapaz de entender el por qué no sólo lo rechazaba, sino que encima pedía a mis compañeros de trabajo que me llevaban al Metro, momento en el que mis ojos tornaban en admiración y mi cámara empezaba a tirar fotos como si me fuera la vida en ello.

Ese extraño sabor se combinaba gracias a tres sabores: la gente más joven (sobre todo con ellas, que parecían más receptivas a responder a mis preguntas) que sabían de su pasado por la voz de sus padres, la gente un poco más mayor, que fueron niños o adolescentes al final del colapso de la Unión Soviética, que recordaban un poco lo que aquello fue y cómo consiguieron escapar el colapso para, unos años más tarde, ser parte de una clase media en su país, y la gente más mayor que, como en el caso de Helena, una mujer que trabajaba en la oficina que se encargaba de la limpieza y de cortar rodajitas de limón, todas las mañanas para que los compañeros de la oficina pudieran tomar su té, te hablaban de su vida antes del colapso (su trabajo en una fábrica) y después (señora de la limpieza que apenas puede llegar a final de mes y que todavía daba gracias por tener ese trabajo.)

El tercer sabor era el clima político: desde hace ya casi un par de décadas, hay un señor que ostenta el poder en ese país... Un señor con el que, ojalá, nunca me gustaría tener un problema (los que lo han tenido han acabado en la cárcel, en el mejor de los casos, o envenenados, en el peor).

Este señor es un hombre muy hábil: ex-espía del KGB, habla alemán fluido e inglés, un hombre con una habilidad política como pocos (empezó de consejero en el ayuntamiento de San Petersburgo y mira donde ha llegado), desde siempre ha tenido muy claro que el orgullo herido de un país (la URSS se supone que es una "Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas", pero allí los que mandaban y cortaban el bacalao eran los rusos) se recupera, como en el ajedrez, comiéndote piezas, una a una...

En la transición después de la URSS, las diferentes repúblicas soviéticas reclaman su independencia, pero hay un problema: en las famosas deportaciones de Stalin, donde enormes masas de población de gente se desplazaron de una punta de lo que fue aquello a la otra y viceversa, un montón de gente de etnia rusa acabó en lugares dispares y, mientras la URSS fue la URSS, aquello no importaba, al igual que, como no importaba, en su día Rusia le entregó Crimea a Ucrania como parte de su jurisdicción...

¿Cuál era la idea detrás de aquellos movimientos de población? Diluir los sentimientos de nación o identidad de aquellos pueblos "a las bravas" (Nikita Khrushchev, unos años más tarde, intentaría deshacer aquello y, aunque hubo gente que volvió a sus lugares de origen, otra mucha gente, ya establecida, decidió quedarse allá donde fueron mandados).

El regalo por tanto de territorios de tal república a tal país o viceversa, dado que todo era lo mismo (Unión Soviética) no tenía importancia alguna... "Todo, al final, acababa siendo mismo", ¿Verdad?

Pero un día, todo dejó de ser lo mismo...

Aquí es donde empieza el jolgorio de toda esta historia: un país que literalmente ordenaba y mandaba en un montón de territorios, en apenas dos años (entre 1989 y 1991) deja de hacerlo y, con ello, el colapso económico y la transición "a lo burro" de lo que era un sistema socialista a un sistema "ultra-capitalista", donde los mismos que loaban a Lenin y la Revolución de Octubre de 1917, pronto entendieron que, tal y como decía Carlos Marx, dándole la razón a Adam Smith (truco: si quieres hacer amigos en las grandes empresas que operan en España, empieza un día, durante una comida con compañeros, diciendo "Los que hayáis leído 'El capital' de Carlos Marx..." mientras haces una pausa de un par de segundos, porque verás su caras de terror, momento en el que retomarás tu discurso para decir "sabréis que lo primero que dice es que Adam Smith tiene razón, pero que Adam Smith no te cuenta el fin de la historia"... Vas a ver qué divertido es), entendieron que la propiedad de los medios de producción, en un país extremadamente rico en recursos naturales, era la forma más rápida de enriquecerse, dejando a millones de rusos en la penuria.

Y toda esa enorme población, que nunca dejó de sentirse rusa, ahora está físicamente en otros territorios, donde, de mayor o menor manera, viven integrados (en algunos países la cosa fue muy bien y esa población se diluyó con la población autóctona: en otros lugares, en cambio, los rusos siempre fueron rusos y, "los otros", simplemente fueron los otros).

Esas masas de población, es un caballo de Troya que, en el caso de Ucrania, les está viviendo de perlas, pero que no es único (hablaremos de ello un poquito más adelante).

Pero, como decía anteriormente, ese "orgullo herido", azuzado con un nacionalismo donde tanto la religión (la iglesia ortodoxa rusa), la nación ("La madre patria Rusa") y la nostalgia, hacen un potaje bien cargado para que, dentro de las penurias de un país que pierde población todos los años, se aviven según qué sentimientos sobre lo que fueron y ya no son...

El tablero de ajedrez...

Bielorrusia (otra de esas ex-repúblicas)  nunca hizo una transición a la democracia y, de hecho, si pides visado para entrar a Rusia, verás que tu visado también te cubre este país, lo cual ya te dice lo que hay.

Hace unos años, los rusos deciden, por cuestiones estratégicas, que Crimea debe volver a ser rusa para poder tener salida, a través del Mar Negro que, a su vez, les dará salida al Mediterráneo y de paso, probar las aguas de qué pasaría si, efectivamente, lo hicieran...

En una pantomima genial, el personal de allí llega, se declara independiente de Ucrania, se hacen un referéndum express y, según dicen que "para adelante", los rusos se los anexionan.

Y repito: ¿Qué paso?

Pues nada... Ni allí, ni aquí, pasó nada...

La población de Crimea, donde hay un enorme porcentaje de población étnicamente rusa, encantada de la vida (años más tarde lo han acabado lamentando, por cierto: esta es la parte de la que nadie habla... Todas aquellas promesas que les hicieron los rusos han acabado en más pobreza y dificultades, pero ya es demasiado tarde, me temo.)

Ucrania lleva años intentando entrar en la UE y en la OTAN, porque saben lo que hay (es lógico: si uno quiere huir de una influencia que lleva años haciéndole la vida imposible, es lógico que quieras salir corriendo en dirección contraria).

Ucrania, por cierto, no es precisamente un lugar modélico ni una democracia al uso: aquello es un "totum revolutum" donde toda una serie de cosas, donde se cruzan nacionalismo, plutócratas y ultra-derechismo en algunos casos, pero el caso es que esa búsqueda de protección contra Rusia, vía Unión Europea o vía OTAN, es algo que Rusia, ya vemos por qué, nunca ha querido y ha utilizado como elemento de chantaje hacia occidente, por cuanto lo consideran una afrenta o amenaza.

Detalle: ahora cuadran los famosos almacenes que tienen en Finlandia, desde hace décadas, llenos de mascarillas (mientras el mundo las rebuscaba en las fábricas de China, los finlandesas tenían almacenes llenos), máscaras anti-gas, provisiones, armamento... 

Finlandia no pertenece a la OTAN, se independizó de Rusia hace más de 100 años y siempre ha tenido muy claro a quien tenía de vecino (nunca lo han perdido de vista, porque tampoco el vecino ha dejado de recordárselo).

Si algún día te da por leer, vas a descubrir que Rusia, en un momento determinado de la historia llegaba desde Finlandia hasta la frontera con Canada (Rusia le vende Alaska a Estados Unidos: ojo cuidao ahí).

Ahora Finlandia (y Suecia, por cierto) se empiezan a preguntar que si esto de la OTAN a lo mejor no es un mal invento...

La OTAN (Organización del Tratado Atlántico-Norte), niños y niñas: una cosa que ya parecía que no tenía valor alguno y que, de la noche a la mañana, resulta que parece que sí lo va a tener, por lo menos para Europa Occidental (Rusia te acaba de enseñar los dientes, en forma de tanques, misiles y cazas de combate: lo de Ucrania, para nosotros, es como un correo electrónico que te reenvía tu compañero de trabajo con el famoso acrónimo "FYI" ("Para tu información", del inglés).

Por cierto: Rusia acusa a la OTAN de provocar todo esto, pero es curioso: es precisamente la OTAN la que habría protegido a Ucrania si hubieran podido acceder a ella.

Que te lías...

Me lío, tienes razón... El siguiente paso, una vez que has probado que las aguas no son peligrosas con la historia de Crimea, es echarte a nadar: Rusia decide invadir Ucrania unos años más tarde, aquí ni Cristo hace nada, salvo mucho hashtag en Twitter, mucha polla en vinagre, postureo todo el que quieras, pero nadie, absolutamente nadie, va a ayudar a los ucranianos...

Es en esta parte de la historia donde ese nombre, que da título a este post, se hace presente: Tanya tiene a su familia en Ucrania, ella vive fuera de su país y, dentro de lo que es mi política en estas cosas (intentar no dar mucho la matraca, pero sí contactar de vez en cuando para saber si su familia se encuentra bien y saber si hay algo que pueda necesitar de mi para hacerlo), simplemente no puedo concebir el grado de miedo y tristeza que pueda vivir ahora mismo.

Tanya habla ruso, además de ucraniano: lo ha hecho mil veces delante de mí con gente de Rusia o de otras partes del antiguo bloque soviético (el idioma que les unió a todos dentro de lo que fue aquello y donde, repito, los rusos hicieron lo posible porque, como en cualquier imperio, ciertas cosas quedaran bien claritas desde el primer día): la conexión entre personas de una enorme cantidad de tierra de este planeta me ha enseñado momentos maravillosos entre gente cuya distancia física era de varios miles de kilómetros y donde su conexión cultural es obvia (como ver la misma película rusa en Navidad, sobre un señor que llega borracho a su casa y que, como parte de la crítica de la película, es que todos los bloques de viviendas en las grandes ciudades, en un momento determinado, eran iguales, se confunde de bloque, dando pie a toda una serie de rocambolescas situaciones).

Ese idioma es la conexión entre personas de diferentes lugares que, hasta hace unos días, compartían sonrisas y confidencias y que, ahora, me temo que representa dolor y miedo.

Ese dolor, miedo y empatía que he visto en estos días, de unos y otros, refleja las realidades de los pueblos en contraste con las decisiones de sus gobernantes: mientras ella vive con terror lo que está sucediendo, gente de otros lugares empieza a rumiar con preocupación lo que esto supone...

Lo que supone...

Que esto le salga bien a Rusia supone que el siguiente objetivo, sí o sí, es Asia Central: Turkmenistán, Uzbekistán, Kazajistán... Todos estos ahora van a estar en la mirilla por un simple motivo, y es tan simple como coger un mapamundi de 1988, observar un enorme manchurrón que cubre Europa y Asia, trasponerlo sobre un mapamundi actual y pensar qué harías cuando tienes un país que es una potencia militar con pepinos nucleares, a quien no va a ver "bemoles" por parte de nadie a plantarle cara y que, con una pérdida de población constante y sin apenas industria de transformación (Rusia es riquísima en depósitos y extracción de minerales, pero es un país donde el resto de la industria es una minucia en comparación a ese primer factor), puede acceder a esos países para, una vez más, manejar sus recursos, su población y su industria...

"Pero les van a cortar el grifo sacándoles del SWIFT"...

El SWIFT es un protocolo internacional de validación automática de transacciones financieras: básicamente, en el comercio mundial actual, el SWIFT es la forma en el que esas transacciones se conectan y Europa ya ha empezado a desconectarles, aunque los alemanes (sorpresa) dicen que sólo lo quieren hacer parcialmente, porque claro: media Europa depende del gas ruso y en Invierno, por estos lares, cuando arrecia lo hace pero bien, así que bueno, no va a ser muy efectivo, por dos motivos:
  1. Porque la pasta del petróleo y del gas seguirá fluyendo (y Rusia básicamente vive de esto).
  2. Porque Rusia y China hace años que se lo vieron venir y tienen su propio sistema, así que, si el mundo no quiere comerciar con Rusia, tranquilos, que China estará encantada de comprarles todas sus materias primas y venderles productos transformados, además de que China sigue en el SWIFT, así que sólo tiene que hacer de Proxy para que las transacciones financieras con Rusia, validadas con su propio sistema, puedan ser reenviadas desde instituciones financieras chinas hacia el resto del mundo usando ese protocolo.
¿Y qué hacemos?

Me temo que no hay nada que hacer: nadie, fuera de los propios ucranianos, va a hacer nada, nadie va a mover un dedo contra un enemigo que no responde de forma democráticamente ante su pueblo, con un poder militar como pocos, con pepinos nucleares (un misil balístico intercontinental puede alcanzar cualquier lugar del planeta en menos de 40 minutos: recordemos que la carrera espacial estadounidense empieza cuando los rusos lanzan el "Sputnik" y que, aunque sólo era un satélite, lo que Rusia demostró con el experimento es que podían poner cosas en el espacio con misiles intercontinentales, cosa que puso a los yankees en alerta máxima, porque esa era la demostración de que, al igual que podían poner un pequeño satélite mandando señales de localización, también podían mandar al espacio cualquier otra cosa y que, si les daba por enviar algo con uranio, serían capaces de alcanzar y atacar a cualquier punto del planeta en minutos, liando la de San Quintín).

Por cierto: La famosa "Guerra fría" fue una pantomima de unos y de otros por la supremacía cultural y económica... Desde finales de los años 50, tanto los americanos como los rusos sabían que un ataque nuclear nunca podría suceder, por cuanto todos los escenarios posibles de ataque o defensa, en ambos casos, acababan con todos muertos (la famosa "destrucción mutua asegurada").

Que te lías...

Me lío... Me lío... Me vuelvo a meter en la historia

¿Y nosotros?

Aquí, en "Disneylandia" / Occidente, mientras discutimos si el pollo es orgánico y el correcto uso de pronombres de las personas, vivimos en babia, viéndolas venir, ensimismados en nuestras chorradas de YouTube, Facebook o TikTok.

El sentimiento democrático de las naciones occidentales se corroe poco a poco: no entendemos lo tremendamente afortunados que somos, damos por supuesto un status quo altamente inusual en la historia de, por ejemplo, el continente Europeo (Europa Occidental ha estado en guerra perpetua hasta 1945, cuando la Segunda Guerra Mundial acabó) y el hecho de que esto suceda en las fronteras de la Unión Europea, mientras la población observa con consternación física, pero indiferencia práctica (repito: mucho hashtag en Twitter, mucha pollez en Facebook, pero aquí ni Cristo vamos a hacer nada), dice mucho de lo que somos como sociedad.

Tanya está bien y, de momento, su familia también: no puedo imaginar el terror y el miedo que puede sentir, como tampoco me puedo imaginar el miedo que, esos compañeros y ex-compañeros de otros países que empiezan a poner sus barbas a remojar, pensando en que, tarde o temprano, ellos serán los siguientes.

Y los siguientes y aquí acabo, no serán esas repúblicas de Asia Central (yo creo que eso tardará unos años): me huele que Taiwán tiene los días contados (los chinos no han dicho ni mú en esta historia: si Europa no quiere las materias primas y el dinero ruso, ellos sí y, si se deciden a dar el paso, los rusos no van a chistar con lo que China haga con la isla, momento en el que, definitivamente, China será la nueva superpotencia de facto y los americanos, que han sido unos cabritos durante los últimos 100 años, nos van a parecer la Grecia Clásica en comparación con lo que los chinos tienen preparado).

Venga: ahora a poner frasecitas cuquis en Twitter, caritas tristes en Instagram y a firmar cartas en Internet en contra de la invasión, que eso sí que va a acojonar a los rusos (los vais a cancelar, fijo: acojonaditos los vais a tener cuando os retuitee la Kardashian: ya estoy viendo a los tanques dando la media vuelta, porque en Twitter los estáis poniendo a parir).

Odio ser tan jodidamente cínico, pero esta historia, como ves, no da para mucho optimismo...

Un abrazo


Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

Twitter: @paquito4ever

Comentarios

  1. Paquito, tu has visto a España ofrecer 4.000 camas de hospital y UCI a Ucranianos en diferentes partes de España? Así al español medio igual le hace ilusión. A mí así de primeras me parece un insulto. Decir que ayudas, quedar bien con tu país, y hacer N-O-T-H-I-N-G . A ver como va a acabar una victima de la guerra ucraniana en un hospital de Córdoba. Se teletransporta o qué? No sería más eficiente el mandar hospitales de campaña, UCIs móviles a los países fronterizos?

    Que igual es que las cosas son más fáciles o más complicadas de lo que yo las veo....pero esto me parece una tomadura de pelo.

    Meanwhile en Holanda estoy viendo grupos de gente organizandose para comprar todo tipo de material médico, y lo que pueden de material de defensa (chalecos, cascos, etc) y organizando furgonetas alquiladas y transportistas para hacer llegar a Ucrania ayuda REAL. Gente intentando organizar alojamiento de emergencia en familias...

    A veces a la gente ayuda más que los países

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    Respuestas
    1. Hola Pelocha:

      Gracias como siempre por la visita y el comentario: todo un placer :-))

      Lo curioso de la historia es lo que ha ido sucediendo estos días: las sanciones económicas y el "apoyo" de las diferentes naciones, siempre de forma indirecta, donde la posición es "Yo te mando cosas, pero el problema sigue siendo tuyo" y con una crisis de refugiados sin precedentes.

      Curioso también cómo esos refugiados importan más que otros: la hipocresía de la historia con respecto a conflictos recientes en lugares próximos (estoy mirando a Siria) también nos muestra las miserias de un mundo donde, efectivamente, hay personas de primera y segunda categoría.

      La solidaridad de las diferentes personas a nivel particular muestra buena fe, pero siempre y cuando se limite a, exactamente, dar algo sin tener que involucrarse demasiado (repito: la posición es "te apoyamos, pero el problema es tuyo").

      Los cuatro locos que de pronto quieren alistarse en la "legión extranjera ucraniana" agrupa desde gente idealista hasta gente que se cree que la guerra es como el videojuego al que juegan en su consola favorita y, como algunos sabemos, la guerra es algo terrible tanto para quienes las sufren (los civiles) como para quienes las batallan (los soldados).

      No sabemos como va a acabar la cosa (pinta mal) pero me parece que a más de uno se le acaba de cortar la meada sobre lo que, durante décadas, hemos dado por supuesto: la paz y la democracia.

      Es la hora de reevaluar y valorar lo que tenemos: tomar por supuestas según qué nociones se acaba de probar un error de dimensiones épicas.

      Un abrazo enorme y, de nuevo: mil gracias por pasarte por aquí y por tu comentario.

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  2. Hola Paquito:
    Para tí Ucrania es Tanya para mí es Myroslava. Ella está aquí pero excepto su marido y su hijo casi toda su familia está allí. La pobre mujer no hace más que llorar y eso que por el momento no hay ningún familiar ni siquiera herido.
    Me acordaba de "Territorio Comanche" de Pérez-Reverte, allí, al comienzo, para los políticos europeos los serbios eran los buenos y los periodistas que estaban en la guerra se desesperaban intentando explicar que no era así. Con el tiempo se dieron cuenta pero siguieron sin hacer prácticamente nada, casi igual que ahora.
    Hablando de hasta dónde llegaba Rusia, el año pasado en febrero se cumplieron 200 años de la ratificación del tratado Adams-Onís por el que, entre otras cosas España renunciaba al Territorio de Oregón, una zona en disputa que llegaba desde el actual estado de Oregón hasta el límite sur de la actual Alaska. En aquel momento los españoles habían ido por la costa del pacífico hacia el norte fundado una serie de ciudades que se intercalaban con las que los rusos descendiendo desde Alaska en dirección sur habían fundado, a su vez. Así que podemos decir que con el tratado Adams-Onís, España renuncia a su posible frontera con Rusia.

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