"No hay huevos" - La compra de Twitter por Elon Musk

Buenas:

Hacía un montón que no me sentaba a escribir... Lo sé: en realidad, el propósito del blog fue siempre utilizarlo como una válvula de escape para hablar de cosas que me interesaban o que me sucedían, pero este año ha sido "peculiar" por muchos motivos (no sé si quiero escribir al respecto: uno nunca sabe quién lo lee y quién puede atar cabos).

Dicho lo cual: vamos al turrón, que la cosa empieza fuerte...

Hace unos meses, el multimillonario Elon Musk empieza a comprar acciones de Twitter: lo hace en grandes cantidades y, eventualmente, traspasa el límite por el cual debe informar a la comisión de valores bursátiles estadounidense (la "Stock Exchange Commission", conocida por sus siglas SEC).

La cosa empieza mal...

De momento, la cosa empieza mal porque, cuando se producen compras a grandes escala, se debe declarar a dicha comisión, por cuanto eso puede afectar al precio de las acciones y la dinámica de compra y venta de las mismas...

Para los que no sepan el por qué: es una forma de transparencia en el mercado que permite saber que alguien, una entidad o un particular, tiene un interés en la misma y que su volumen de compras puede indicar, efectivamente, que el valor de las acciones puede empezar a subir como consecuencia de dicha actividad.

El amigo Musk no lo hace (con lo cual, durante días, las acciones no suben al precio que dicha declaración hubiera generado) pero, eventualmente lo hace, cuando ya está hecho...

Cruzado cierto umbral de posesión de acciones, Musk puede optar a un puesto en la mesa ejecutiva de Twitter, que es un organismo, dentro de una organización que cotiza en bolsa, cuyo objetivo es velar por la buena gobernanza y la preservación de los intereses de los accionistas.

En ese movimiento, el Director General de la empresa (el CEO) discute con el su rol en dicha mesa, pero también le advierte de que, al formar parte de la misma, como tiene la responsabilidad de preservar el interés de los accionistas, no podrá hacer según qué cosas, como poner tuits cuestionando la dirección de la misma...

Finalmente, Elon Musk rechaza formar parte de la mesa ejecutiva y anuncia la compra total de Twitter, pagando 54,20 dólares por acción, lo que valora a la compañía en cerca de 44.000 millones dólares...

Hasta ahí, la cosa parece la típica historia de un grupo de chavales donde uno de ellos de pronto sugiere alguna brabuconada a la que otro suele responder el famoso "No hay huevos", momento en el cual, así lo indica la tradición, sólo queda hacerlo, con independencia de las consecuencias...

Pero esto sucedió hace meses...

Exacto: esto sucedió hace meses... El siguiente paso en esa declaración es empezar a proclamar cómo el será capaz de "liberar" todo el potencial económico y de negocio de tiene Twitter, siempre a través de su cuenta de Twitter, donde más de 110 millones de seguidores jalean al ídolo de masas que parece reemplazar a la figura de Steve Jobs en este mundo donde ya no tenemos dioses, sino oligarcas multimillonarios que se comportan como si estuvieran por encima del bien y del mal.

En la negociación final, siguiendo la lógica del "no hay huevos", hace la oferta con el precio indicado, remarca que no es negociable y tira para adelante...

El primer error...

"No hay huevos" es la típica cosa que uno hace de joven y que, salvo que sea un delito, no suele tener consecuencias serias...

Mi último "no hay huevos" fue hace casi 20 años, un sábado por la noche donde, un amigo y yo, hablando de otro amigo que pasaba el fin de semana en su pueblo, salió a colación...

- ¿Sabes lo que sería gracioso? - Me dijo.
- No - respondí.
- Irnos ahora al pueblo de xxx, presentarnos, darle las buenas noches y largarnos otra vez...
- No hay huevos - Aquí asumo toda la responsibilidad de mis actos.
- No lo digas otra vez o tendremos que hacerlo - Dijo mi amigo.
- No hay huevos - Repetí...

Y efectivamente, condujimos unos 200 kilómetros hasta su pueblo, le buscamos, le dimos las buenas noches, le dimos el susto de su vida, nos echamos unas risas y, un par de horas más tarde, volvimos a Madrid, con la sensación de que, efectivamente, este tipo de historias las recordaremos toda nuestra vida.

El problema del "no hay huevos" es cuando son temas de negocio a una escala que escapa la comprensión del ser humano medio: decir que vas a comprar una empresa por 44.000 millones de dólares es algo que, probablemente, ni tu ni yo haremos en la vida, por una cuestión evidente, pero cuando uno tiene los recursos y toda una banda de palmeros (de esto hablamos más tarde) detrás riéndote las gracias, la cosa puede acabar mal...

Y acaba como acaba: efectivamente, la mesa ejecutiva acepta la oferta de Elon Musk (después de intentar rechazarla en primer lugar) y aquí se comete el primer error de bulto: el amigo Musk declina el derecho de "diligencia debida", es decir: antes de comprar algo, asegúrate bien de entender muy bien qué compras, con todos los detalles posibles que te ayuden a, finalmente, decir que sí, que no, o que sí, pero no al precio que pensabas que debía costar, por cuanto tu investigación te ha ofrecido datos relevantes que no eran evidentes.

Es como comprar un coche de segunda mano: probablemente querrás revisar bien el coche, o quizás tendrás un amigo que sepa del asunto y que vaya contigo para ayudarte a revisarlo, o incluso pagarás a un mecánico para que le eche un vistazo y te diga si es una buena compra, si no deberías hacerlo o que, aunque el coche está más o menos bien, desde luego que no deberías pagar el dinero que te piden, porque hay toda una serie de reparaciones que tendrás que hacer después de la compra.

Éste, es el error principal en lo que se sustenta toda la historia que ha sucedido en estos últimos meses...

Los siguientes meses...

En los siguientes meses, después del calentón de boca y el "no hay huevos", empieza el Kung-fu: el amigo intenta cancelar la compra, alegando que la información que cree haber encontrado, demuestra que la empresa no vale lo que el pensaba que debería valer.

Una de las partes más graciosas es que alega que "hay muchos bots" (cuentas automatizadas que no son de seres humanos y que amplifican mensajes de todo tipo), lo cual es divertido, porque uno de sus primeros argumentos para comprarla fue para, precisamente, eliminar esos bots de los que se quejaba.

Pero esa es sólo una más de las incoherencias de esta historia: "No hay huevos"...

Mientras sus palmeros alientan las idas y venidas del personaje, recuerda lo que te dije antes: declinó el derecho de "diligencia debida" y eso, cuando se pone por escrito, en Estados Unidos, las cosas se cumplen (es muy difícil escapar de ciertas cosas cuando los abogados se encargan de que todo quede muy clarito).

Y todo esto, por cierto, mientras el valor de la acción cae en picado (lo cual hace la cosa todavía más divertida: te has comprometido a pagar algo que, finalmente, ha llegado a valer un cuarto de tu oferta).

Siempre nos quedará Delaware...

El estado de Delaware es una especie de paraíso fiscal dentro de Estados Unidos: la mayoría de las empresas de productos que usas o conoces (Facebook, la propia Twitter, Google...) están establecidas en ese estado, a través de una fórmula por la cual, en una serie de triquiñuelas legales, se les permite no pagar una serie de impuestos...

Lo más curioso es que esas mismas empresas están radicadas en otros estados, pero es un legalismo curioso al que países como Irlanda u Holanda están muy acostumbrados para hacer chanchullos del estilo.

Es el gran negocio de ese estado, donde la población es cerca de un millón de personas y el número de empresas así radicadas es de cerca de 1,3 millones (sí, lo has leído bien: hay más empresas que personas).

El organismo regulatorio que el estado utiliza para solventar disputas empresariales es una especie de tribunal, formado por jueces especializados en derecho empresarial, que forma parte de la cámara de comercio del estado de la costa este americana.

Este tribunal tiene una serie de peculiaridades: no funciona con jurado, como el resto de juicios en América (las resoluciones de los juicios las toman jueces especializados en la materia empresarial) y, sobre todo, es altamente diligente, es decir, que un juicio empieza un lunes y, en un par de semanas, está despachado.

Cuando Elon Musk intenta romper el acuerdo de compra, la mesa ejecutiva de Twitter (empresa legalmente radicada en Delaware por los motivos que te dije antes) le demanda en dicha corte y, como parte de ese juicio, empiezan a pedir información para cotejar exactamente las decisiones y qué estaba pasando en el mundo de Elon Musk para comprar, y después intentar quitarse de en medio, la empresa del pájaro azul...

En el lenguaje legal es lo que se llama "Subpoena": es una reclamación legal que te obliga a entregar documentación, de cualquier tipo, que sea relevante para el juicio.

Y ahí es donde empieza el problema: como parte del paquete de investigación, Twitter le pide a Elon Musk que entregue todos los mensajes de texto que haya cruzado en los últimos meses que sean relevantes o referidos a la compra de Twitter.

Y cuando esa documentación se entrega, como parte de un proceso judicial que es público, el mundo puede leer esos mensajes, descubriendo lo que parece una confabulación de chiquillos riéndole las gracias al alfa de la manada (algunos de los mensajes son de un lameculismo tal que hasta el Elon Musk pide a la personas que se calmen un poco: hasta ahí llega la cosa).

La fecha del juicio se acerca

Según se va acercando la fecha del juicio, el comportamiento de nuestro protagonista se convierte cada vez en algo más inestable y, a su vez, mete de por medio cosas como argumentarios defendiendo posiciones rusas (se rumorea que la cosa va de que en una de las regiones ucranianas ocupadas por Rusia pueden haber yacimientos de litio, fundamentales para la creación de las baterías de los electrodomésticos que usamos a diario, incluyendo las de los coches eléctricos), todo tipo de acusaciones de cosas que van y vienen (todo el mundo es ahora su enemigo) pero, más allá de todo eso, hay un problema que la gente de Twitter, sabedora de que tienen todas las de ganar y que, o Elon Musk paga mil millones de dólares para salirse del acuerdo, o le pueden multar y que pague incluso más por bocazas por romper el acuerdo o, peor, hacerle comprar la empresa por el precio al que se comprometió, el tipo muestra un nerviosismo inusitado para no tener que declarar en el juicio bajo juramento...

Ahora sí que estamos donde queremos estar

El amigo que le negaba a los empleados el trabajar desde casa durante la pandemia, o que incluso se opuso a las restricciones legales que, durante la pandemia, pidieron a las empresas a cerrar, de pronto empieza a alegar que tiene miedo del covid si se meten en una sala para celebrar el juicio, consiguiendo postponer el juicio por un par de semanas.

"Ver es creer"... Es como observar a un gato huir del agua...

Eventualmente, hace unos días, finalmente hace efectivamente la compra de Twitter y empieza lo que ya hemos visto: despedir a toda la cúpula ejecutiva y, una semana más tarde, al 50% de los empleados (básicamente, todo aquel que no haga código de forma directa en la plataforma ha sido despedido sin parsimonia alguna).

¿Qué podemos aprender de todo esto?

En primer lugar: acabas de ser testigo del mayor "no hay huevos" de la historia: la bromita le va a costar a el y a otros que han puesto dinero en el asunto, 44.000 millones dólares.

Entre los que ponen pasta, por cierto, "adalides" de la libertad de expresión como un fondo soberano de uno de los países del Golfo Pérsico (ya se sabe: por allí son conocidos porque el personal se puede expresar sin miedos ni represalias).

En segundo lugar: alguien que ha conseguido hacer una empresa de coches eléctricos y una empresa de transporte espacial que consigue reusar la primera fase de sus cohetes, más allá de sus éxitos, también tiene claroscuros...

Dicho claramente: "unas cosas no niegan otras"... Uno puede conseguir cosas alucinantes y ser un vendeburras, o un loco, mala persona, encantador o lo que quieras: una parte de ti que pueda ser maravillosa no niega que puedas tener cosas que no sean tan fantásticas.

Pero la parte que más me intriga de esta historia, es que el tipo ha hecho lo imposible por no afrontar ese juicio que, más allá de que lo iba a perder sin paliativos (repito: el "no hay huevos" más grande de la historia) es que, dos días antes de que empezara, finalmente ejecutara la compra, lo que me dice algo que, a muchos, se les escapa...

Y esa es la pregunta que hoy cierra este post: ¿Qué tiene una persona que callar que le obligue a pagar 44.000 millones de dólares por algo que no quiere y que no lo vale, para no tener que responder a preguntas, bajo juramento y riesgo de cometer perjurio si miente, ante un tribunal?

Yo no sé la respuesta, pero si yo fuera alguien que tuviera problemas con el y los recursos suficientes, me daría por investigar qué hay ahí...

Repito, que alguien pague esa salvajada de dinero por algo que no quiere y que no lo vale para tener que escapar a algo tan sencillo como declarar ante un juez sin poder mentir te está diciendo exactamente en qué cajón hay que buscar la ropa interior sucia.

Al final ha quedado largo esto: me enrollo como las persianas.

Un placer el saber de ti: un abrazo enorme y espero que estés bien.


Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

Twitter: @paquito4ever

Comentarios

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. muy interesante el post Paquito. Sigue paseando por aquí y escribiendo cositas. A mí lo que me interesa es eso de que se ha cargado a media plantilla. Fijo que a la de españa la tendrá que indemnizar o readmitir xq no puedes cargarte a tanta gente así de golpe. Hasta ahora, creo que mucha gente estaba deseando trabajar para twitter por todos los extras, el ambiente de trabajo etc. A partir de ahora, encontrarán gente? Veremos a ver

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  3. Hola Paquito. Como he comentado alguna vez ya no visito el ciberespacio con la frecuencia de antaño. Me cuesta semanas, incluso meses, encender el portátil. A lo justo uso el móvil para lo más mundano y punto. Dicho esto, siempre que enciendo el laptop intento visitar tu blog, el de Pelocha y alguno más. Pura nostalgia y el querer saber de vuestras vidas de emigrantes exitosos, o al menos no retornados.

    Cierto es eso que dices, que nunca sabes qué contar y hasta dónde. Nunca conoces al que está al otro lado de la pantalla ni sus intenciones tras leer tus historias. Así que cuéntanos lo que gustes o creas oportuno.

    A mí lo del tipo este me da incluso grima. Lo veo repelente, por muy genio que sea. Lo veo como al personaje de esa película del meteorito (ignoro si se basaron en él para crearlo pero le va al pelo). Don´t look up! creo que se titula. Muy recomendable por la crítica feroz y realista hacia la sociedad que estamos creando. Nos vamos a extinguir por gilipollas, es la moraleja que yo saco.
    Por otro lado, muchas gracias por el post, es una gran explicación para la gente, como yo, que ignoramos todas estas cosas. Tan sólo pensé que era un caprichito más del Tesla boy. Por cierto, acabo de leer que un Tesla desbocado acaba de matar a dos personas en China...

    Me he reído con lo de "¿a que no hay huevos?". Quién no lo ha vivido. Sobre todo entre "colegas" como decíamos antes. Ahora los chavalitos creo que se llaman bro, hermano, primo y demás. Se conoce que añoran a la familia más que nosotros. Nunca fui demasiado bravo ni bravucón, pero conservo en la memoria quizás la más notoria de mi repertorio vital. Agosto. En los 90. Sábado noche, en realidad de madrugada, casi de día pero oscuro todavía. Tres "colegas", alcohol, juventud, ganas de marcha y estupidez. Un cóctel molotov. Hora de ir cada uno a casa a dormirla o a intentarlo, a agarrarse a la mesita de noche si la cama te parecía un barco en zozobra. Casualmente Fiestas Patronales de un pueblo a unos 30 kms (pocos, los suficientes para matarte). El listo de turno: "no hay güevos de ir a desayunar chocolate con churros a xxx", así, a lo bruto, con "g", "u" y diéresis. Y los otros dos asnos bípedos: "¡a que sí!" al unísono. Faltaba más, los machitos ibéricos retados. Y yo el peor, "¡con mi coche!". Más cojones que el caballo del Espartero, ahí en nuestro querido Paseo del Espolón. Bueno, la historia nada original terminó como era una de las probabilidades. Música a tope, excitación alcohólica, curva cerrada, cuentakilómetros que muestra la aguja indicando un número que triplica la cifra que muestra el triángulo rodo de la señal que aparece de la nada, reducción de marchas frenético en décimas de segundo, "no toques el freno, Jorge, no lo toques que nos vamos a tomar por culo" me dice esa vocecilla interior, coche cruzado por todo el arcén, miedo atroz a invadir el carril contrario, sacudida enorme... oscuridad, coche parado, motor calado, al frente... la nada. Negrura absoluta que reflejan los faros inútiles.
    Nos quedamos con una de las ruedas totalmente colgando de un precipicio ( no muy profundo, pero lo suficiente).
    Logramos sacar el coche. Sin un rasguño.
    xxx, pueblo en fiestas, amaneciendo, la gente se recoge. Bar de viejos. "Señora, tres tilas, por favor". Mirada más comprensiva que reprobatoria: "¡anda, que menuda correa traéis!",

    Un abrazo de este riojano, desde Vitoria-Gasteiz, donde se hace la ley.
    Cuídate.

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  4. ¡Qué gusto da volverte a leer! Aunque sea de vez en cuando. Yo os sigo a Pelocha y a ti desde la app Feedly para móviles.
    Muy bueno y explicativo el post sobre Musk. ¿Será el principio del fin de tuiter y de Mask?

    Saludos y larga vida a los blogs

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