El 221-B de Baker Street


Hola,

Cuando el avión toca tierra y, en español, la azafata de turno nos dice aquello de "Bienvenidos a Madrid", siempre pienso que, quizás, algún día, escucharé por el micrófono las palabras mágicas:
- "Bienvenido a casa".
Así es como lo siento siempre: cuando el avión desciende, empiezo con mis extraños rituales donde, como siempre, hay todo un proceso, casi enfermizo, que se repite desde hace unos años.

Lo primero de todo es revisar que todo lo que llevo en el avión está inventariado en mi cabeza y está localizado para así no dejármelo en el avión: como casi todo lo que aprendo en esta vida, esto viene de la experiencia en un vuelo desde París donde, al aterrizar, me dejé una bolsa con regalos en cabina (una bolsa que, de eso se encargaría quien fuere, no apareció por ningún sitio, apenas minutos después de haber salido del avión).

Echaré de menos, toda mi vida, la preciosa boina parisina, de color rojo, que elegí y compré, en una preciosa boutique, para alguien que ya no está aquí :-((

Lo segundo es buscar el móvil español: dentro de él, llevo la SIM que, en una vez introducida en mi iPhone, se activará cuando el avión termine el taxi en la terminal. A partir de ahí, el teléfono se desbloquea del modo "avión" (en ese modo, toda conectividad inalámbrica se apaga sin, a su vez, apagar el teléfono) y empiezo a caminar por el aeropuerto.

Normalmente, dos días antes, habré empezado a hacer la maleta... Suelo llevarme cosas que me regalan y que, por mi filosofía de vida, no puedo acumular (esencialmente libros y objetos que, simplemente, a pesar del cariño que les tengo y que su presencia me profesan, debo aceptar como prescindibles): debido a los últimos viajes, además, ya no compro regalos (la última vez traje casi 11 kilos de cosas: lo siento, pero no puedo hacerlo más :-)) y, los que hago, eso sí, van planificados para, ya en el terruño, ser adquiridos con celeridad.

A su vez, cuando salga del avión, pasarán aproximadamente unos ochenta minutos hasta que llegue al "221-B de Baker  Street", mi refugio en Madrid: en esos ochenta minutos, dependiendo de lo que el viaje suponga para mi, estaré escuchando una lista de canciones que habré diseñado también unos días antes y que, debido al momento, empieza a sonar en mis auriculares justo en el momento en el que salgo del "finger" (la pasarela que conecta la terminal al avión)...

La Terminal 4 del Aeropuerto de Madrid-Barajas es amplia y luminosa: transitar por ella es como estar en el escenario de una película, con miles de personas a tu alrededor que, distraídas algunas, concentradas y ensimismadas otras, caminan a través de sus largos pasillos. Pasaré las puertas que separan la zona de tránsito de la zona de recogida de maletas: esperaré unos 25 minutos a que salga la mía, mandaré un SMS a Saltamontes para decirle que todo ha salido bien, saldré de la zona de embarque e iré hacia la parada de Metro dentro del aeropuerto...

Como soy un neuras, tengo mi Bonometro preparado en mi cartera: pagaré el suplemento con mi tarjeta española y empezará mi viaje por la red de uno de los suburbanos más modernos y mejor cuidados del mundo (alguien tiene que decirlo, porque es verdad :-)).

Cuando por fin llego a casa, lo primero que hago es mirar a través de los ventanales que dan a una de las glorietas más bonitas de Madrid: cuando llegas de noche, la visión del salón, iluminado por la luz de la calle, es simplemente impagable.

Una vez verificado todo, tengo una pequeña tradición: "el otro lado del muro"... Llamaré a la puerta de mis vecinos y, con una cajita de los mejores bombones que conozco (Godiva: maravillosos bombones belgas que espero que hayas probado), obtendré un té (English Breakfast) con leche, acompañado de un poquito de azúcar y un gran abrazo.

Lo primero que suelo hacer es ponerme al día con respecto al 221 de Baker Street: después, recibo una rápida visión de cómo está mi barrio, mi ciudad, mi país y, por último, mientras mis vecinos preparan la comida (y son tan amables que siempre me invitan a que coma con ellos), miro un poco la tele para ver cómo está el resto del mundo.

Por la tarde, si he llegado pronto, haré la compra: calcularé el número de días que estaré en casa, el número de días que no comeré en ella y, de esa forma, puedo estimar mis necesidades de aprovisionamiento y, como soy como soy, haré mis ejercicios de cálculo de coste de vida, tipo "Indice Big Mac", para ver si, como me temo, Madrid sigue siendo más caro que Alemania y Holanda (aunque menos que Francia: ¡No hay comparación! :-)).

Todo será dejado exactamente igual a como lo haya encontrado cuando llegué: "la vida en una maleta" es extensible a todo lo que puedas imaginar :-))

¿Cuántas veces desayunaré/comeré/merendaré/cenaré fuera? Tantas como sean necesarias aunque, siendo como soy, seré selectivo: un grupo muy pequeño de gente, algunos con prioridad absoluta, otros con prioridad dos y otros que, dependiendo de mi tiempo disponible, podré ver y disfrutar de su compañía.

Puede sonar elitista, estirado o lo que quieras, pero mi tiempo es limitado y, en primer lugar, lo que deseo es descansar, después ver a la gente a la que quiero y, en último lugar, "hacer otras cosas" (donde entra todo y todos lo demás).

El primero al que suelo ver es a Jrinsflins: la última suele ser Saltamontes (esta vez, sin embargo, no será así). Jrinsflins siempre elige primero, Saltamontes va después: con el primero comeré y, con la segunda, cenaré y me veré una peli (si hay tiempo y pilla cerca, a lo mejor recibe una demo de cacharritos de aluminio con logotipo brillante en la parte trasera :-)).

Visitaré museos, exposiciones, dormiré poco y, para más INRI, lo haré en mi "sofa narcoléptico" porque, a pesar de tener una cama fantástica a mi disposición, el sofá narcoléptico me permite dormir tres horas y levantarme como si hubiera dormido 14 (ese sofá es mágico, de verdad :-))

Caminaré por la ciudad, porque apenas uso el transporte público (sólo cuando voy con prisa): iré a todos lados andando, cruzaré todo el centro de Madrid a una velocidad endiablada y, en la esquina de Fuencarral con Gran Vía, disfrutaré de la perspectiva de una de las avenidas que, junto con el Boulevard Saint Germain de París, más me gustan en el mundo.

Visitaré también a mi familia, por supuesto, pero mi viaje, sobre todo, buscar el tener unos cuantos ratitos de tranquilidad y soledad, mi eterna compañera de viaje, la que, en todos los lugares del mundo, siempre está a mi lado, esperando su turno para acaparar mi tiempo.

Mi último día suele ser triste y silencioso: suelo pensar en las personas que dejo detrás de mi, el sentido del humor y la forma en la que, con una sola mirada, somos capaces de decirnos mil palabras...

Empezará mi neura de limpieza, revisión de objetos, cerrado de maletas, habitaciones, armarios y/o todo aquello que, durante mis días de estancia, habré utilizado para algo.

Me tomaré un último té inglés y, por fin, saldré de mi casa para, una vez más, escuchando un poco de música, alcanzar el aeropuerto y volver a la Europa que nos prometieron en el Tratado de Maastricht.

Sentado en el avión, y "de acuerdo con las normativas de seguridad de aviación civil", desconectaré el teléfono: en la terminal habré mandado un último SMS a todas las personas que he visitado, dándole las gracias por tu tiempo y su amabilidad para conmigo.

Y por fin, cuando la fuerza de los motores del avión me empujen levemente contra mi asiento, sentiré la pena de partir y dejar mi ciudad atrás...

Una vez lloré en la partida: fue en Octubre de 2001, en el aeropuerto Charles de Gaulle de París... Después de 13 meses batallando contra los irreductibles galos, abandoné su tierra con pena, justo en el momento en el que, apenas 3 meses antes, por fin, conseguí comprender su mundo y, más importante, conseguí vencerlo.

Hace poco, hablando precisamente sobre esto, alguien me dijo: "Pero... Este es tu hogar ahora, ¿No?" y, con una sonrisa, con la misma con la terminará este post, levanté mis ojos de la pantalla de mi ordenador, recordé todas las veces en mi vida que me he girado hacia el sur, buscando el faro que dirige mi vida, desde Amsterdam, París, Moscú, Darmstadt o desde dónde fue menester, para así, desde el orgullo que te da el saber que no hay nada en este mundo que se le pueda igualar, poder simplemente responder:
- Este es el lugar donde vivo: mi hogar está en Madrid, en el 221-B de Baker Street.
Eso es todo: ¡ Ámsterdam Prevalece! :-))



Paquito
sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

Comentarios

  1. El faro que me guía a mi es Patrimonio de la Humanidad desde 2009, mi Torre de Hécules, que me da la bienvenida con su luz cuando el avión se aproxima al aeropuerto de Alvedro. En ese momento mi cara se alegra sola; cuando parto, la expresión de mi boca cambia y las lágrimas afloran a mis ojos muchas veces. Mi mujer y mis hijos están en A Coruña, me quedan 7 días para verlos y tengo otro semblante estos días en la cara a pesar del frío (no demasiado intenso aún) de estos días en Holanda.

    Tu post lo podría haber escrito yo porque pedir un café en la Terminal 4 de Barajas después de 2 meses en Amsterdam es uno de los mayores placeres que he vivido en los últimos 15 meses; la terminal es espectacular y también el metro, de los mejores del mundo como dices tú. Súmale a todo eso llegar a una ciudad en el Finisterre de Europa como es A Coruña, si nunca has aterrizado en ella te lo recomiendo, es realmente espectacular y si aún encima sabes que llegas a tu tierra y que verá a tu familia... ¡¡¡ufffff!!!

    Por si no pones más entradas... BÓ NADAL y que en 2012 podamos tomarnos una cerveza (vivo al lado de la Brouwerij 'T IJ)

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  2. Señores emigrados que retornan al hogar como el turrón "El Almendro", queremos , lo primero de todo darles la bienvenida al hogar un año más por estas fechas :)). Y en segundo , aunque para nosotros aún es temprano : ¡¡¡ FELIZ NAVIDAD!!!
    Tercero: a pesar de la crisis, aquí también avanzamos en tecnología. Asi que les invitamos a una nueva experiencia en su traslado de la T4 a la capital. Pillen el maravilloso tren RENFE y gocen del placer de viajar cómodos, en un nuevo itinerario y rápido ( es posible sentarse desde los comienzos). El acceso lo tienen un poco más a la derecha de la entrada de metro, bajando unas escaleras , sin pagar el extra del metro. Espero que les guste y buen viaje a su casa :)) .
    SALTAMONTES

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  3. Buenas :-))

    Hace un día maravilloso por estos lares: da gusto responder a cosas cuando el buen tiempo te acompaña :-))

    Gracias en primer lugar por las visitas y comentarios: Alfonso se unirá a las tropas leales al Rey en unos días y los cortesanos (Ana, en este caso) nos recibirán con los brazos abiertos :-))

    Le debo una visita a tu tierra, Alfonso: es algo que sé que haré, pero necesito las condiciones perfectas para que así sea (y lo haré a pie, de eso estoy seguro :-))

    En cuanto a la defensora de "Los Almendros", ella sabe lo que hay, así que poco tengo que decirle :-))

    Es maravilloso estar en casa :-))

    Un abrazo y, de nuevo, mil gracias por vuestras visitas y comentarios :-))

    Paquito.

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  4. Feliz 2012!! Y que el apocalipsis te coja confesao! ;)
    Beso
    S.S

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  5. Gracias S.S. :-))

    Feliz año para ti también :-))

    Un saludo enorme,

    Paquito.

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