El descenso de los héroes

- Un día dejaremos de correr a por todas las bolas, recuerda eso.

Se lo dije mirándole a los ojos, a esos ojos que, años antes, se cruzaron en una oficina, de una empresa, de cuyo nombre no quiero acordarme.

- ¿Por qué? - me preguntó.
- Porque no siempre seremos Nadal... Un día, tendremos que aprender a ser Pete Sampras y, simplemente, empezar a dejar pasar pelotas que, aunque las devolvamos, no nos harán ganar el punto.
Recordé esas palabras al empezar esa reunión: iba a perder, así que, simplemente, decidí concentrarme en mis sentimientos, en mi voz y en mis gestos.

Disfruté el típico "small talk" que se produce antes de estas cosas: que si todo bien, que si el tiempo es un desastre, que si tal, que si Pascual...

Es curioso: siempre pensé que nada me daría igual en esta vida...

Me equivoqué.

Todo empieza hace unos meses y, como todas las cosas buenas de esta vida, empieza con un "No" que, orgulloso, pronuncié por escrito, en uno de esos e-mails que, sin importar el contenido, saboreas con gusto.

Existen muchas formas de definir la libertad: la que mejor se ajusta a mis propósitos es aquella que reza "la capacidad de poder elegir cualquier camino donde todos ellos tienen las mismas probabilidades de ser tomados".

Mi camino, en un momento determinado, se bifurcó en varias opciones y, cuando se me ofreció elegir, hice exactamente lo que mi corazón y mi mente me dictan:
"No hagas nada que sientas que no está siendo enteramente elegido por ti".
Y así lo hice, llevándonos hasta este exacto momento, en el cual, escribo mis pensamientos y elijo cuidadosamente lo que escribo, en un acto de contrición hacia mi mismo.

Hay gente que escribe un blog sólo por placer de escribir: si no lo entiendes, entonces déjalo estar :-))

La reunión terminó y, básicamente, me dio todo igual, o eso creí durante los siguientes 40 minutos: me puse mi abrigo, mi bufanda, metí el iPad en la mochila y salí a la calle para, como cada tarde, caminar un ratito en compañía de mis pensamientos.

En ese ratito es donde esas dos lágrimas rodaron por mis mejillas... Hace tiempo que no siento tristeza, pero lloro: no sé explicar por qué.

O quizás sí.

Esas dos lágrimas brotaron justo cuando esta preciosa canción empezó a sonar en el iPhone:


La imagen de Daniel Brühl recorriendo Berlín en una vieja moto vino a mi cabeza y así, una vez más, sentí que mi faro sigue marcando el mismo punto en el mapa.

Debo salir de aquí... No puedo más.

Dado que el hecho de desear un lugar notablemente mejor que "esto" es motivo de confrontación para algunos, no entraré en los detalles del porqué esa extraña obsesión mía que, todos los días de mi vida, me acompaña, como una sombra de la que no me puedo escapar.

Un amigo mío, que es un chico muy sabio, dice que en su tierra hay un dicho que reza lo siguiente:
"O te aclimatas o te aclichingas".
Este dicho, que sé que no es desconocido para varios lectores, simboliza que mi estado es el segundo: ante mi incapacidad manifiesta de adaptación a "esto", me queda entender mi frustración y utilizarla en mi beneficio.

El dolor te mantiene concentrado en lo que tienes que hacer: no deseo acabar como tantos otros que, en mi camino, he visto caer aceptando "lo que hay" sino que, antes que eso, prefiero sufrir para no olvidar, cada día de mi vida que pase en situaciones como estas, recordando que no estoy haciendo lo correcto.

Se llama "integridad", esa pequeña parte de ti que no das a nadie y que no deseas que muera, pase lo que pase.

De igual forma que resistimos para vivir, hacemos lo que tenemos que hacer para seguir adelante: obtendrás aquello que abarquen tus metas y esta pequeña reflexión es, junto con la muerte, de las poquitas cosas sobre las que no discuto.

El rollito New Age habla de las energías positivas y toda esa mandanga... Que si los chakras, que si el rollito Zen, que si la puta de oros vestida de lagarterana bailando muñeiras al ritmo de los Hare Krishna.

A mi me parece todo muy bien: cada cual encuentra su equilibrio como desea y, obviamente, yo no soy nadie para juzgar cómo cada cual malgasta pobremente su intelecto buscando respuestas que explican el funcionamiento del mundo más propias de personajes de Barrio Sésamo que de un ser humano con mínimo de educación y cultura.

Sólo faltaba: ¿De verdad creerías que yo soy capaz de ser alguien así? :-))

Yo creo que uno es el resultado de su entorno y sus acciones: he llegado hasta el lugar en el que estoy gracias a unas condiciones dadas, por una parte, y gracias a una serie de decisiones que, en mi vida, han resultado en aciertos, equívocos, pasos hacia adelante y hacia atrás (¡María! :-)).

Desde hace un tiempo, por razones obvias, no siento que pueda dar un paso hacia otro lugar o en otra dirección: digo "siento" porque, por poder hacerlo, créeme, puedo, pero la cosa no va sólo de poder sino de, en este caso, hacerlo de la mejor forma posible.

Mis "No", como mis "Sí", suelen estar condicionados por un largo y tedioso proceso de decisión donde, dados unos parámetros conocidos (constantes) y otros de rango desconocido (variables), intento comprender cual es la ecuación que mejor los combina para maximizar el resultado (la respuesta más apropiada).

Por eso, aunque mi tiempo se acorta, el faro, más que nunca, apunta hacia otro lugar, al igual que, en su día, huyendo de muchas cosas, busqué refugio aquí.

Las respuestas del ayer no tienen porqué ser válidas hoy o mañana.

En este bucle reflexivo estaba inmerso cuando, recordando la recomendación de un buen amigo mío, me decidí, no sin miedo, a ver la última adaptación de la BBC del famoso personaje de Conan Doyle...

Dije "miedo" porque, con eso de que ahora somos "modelnos", la industria del entretenimiento siente la poderosa necesidad de destrozar los mitos y héroes de la literatura universal...

Y a mi, que destrocen a Leonidas y a sus 300, pues hombre, me importa más bien poco...

Que me toquen a Holmes es como si me tocaras las entrañas.

La veda se abrió hace un par de años en el cine, con una adaptación donde, según parece, resultó necesario "reajustar" el carácter de nuestro investigador británico favorito, haciendo de él un pánfilo, mujeriego, soez y violento ("dinámico", vinieron a decir).

Si no fuera porque Conan Doyle también era muy dado a lo de las energías positivas y demás (en un par de ocasiones, incluso, le tendieron trampas para demostrarle que todo era un engaño para idiotas y, aún así, británico como pocos, siguió creyendo en inexplicables insensateces), estoy seguro de que estaría revolviéndose en la tumba.

O quizás no: Conan Doyle acabó aborreciendo al personaje, el cual superó al propio creador y éste, ultrajado (SPOILER ALERT), decidió cargárselo.

Claro, que cuando al día siguiente, cientos de personas en Londres se pasearon con la ciudad con crespones negros, el tipo comprendió que se había pasado tres Utrechts y, por eso, escribió otros libros sobre "antiguos casos" en los que trabajó el consultor de detectives más famoso del mundo.

En un extraño giro del destino, las feministas todavía no han chistado por el destrozo sobre el último personaje al que Holmes alguna vez consideró como "digno"... "La mujer", Irene Adler: aquella que consiguió engañar al casi infalible talento del famoso habitante de Baker Street y que, en su versión cinematográfica, roza el ridículo (claro, que para poder chistar hay que leer primero y, mientras que abrir la boca es fácil, procesar información requiere algo más).

Por eso, cuando esta mañana el Torrent me avisó con un toque de campanilla (los productos de Apple son "cucos" hasta para eso :-)) de que la primera temporada estaba disponible para mi visionado, un cierto sentido de la congoja me abrazó durante unos minutos...

La cosa empezó mal: de momento, Holmes es demasiado joven y, para más INRI, todo se celebra en tiempo presente (malo Fiti... Malo).

El episodio piloto se resuelve bien (cómo se conocen Holmes y Watson) pero no consigue engancharme: una vez más se confunde "inteligencia" o "brillantez" con "arrogancia", haciendo del personaje alguien casi detestable (y Holmes no era arrogante: al contrario, cuando explicaba el porqué de sus deducciones, a menudo era ridiculizado con un "por supuesto", dada la sencillez de su exquisita descripción de los pasos que le llevaban a afirmar lo que decía)...

Físicamente está bien elegido (Holmes era espigado), no como en el cine (Jude Law debería ser Holmes y Downey Junior debería ser Watson) y Watson es un actor inglés fantástico llamado Martin Freeman.

En su favor, diré que han conseguido crear una trama creíble y un entorno creado alrededor de la serie que es encomiable (como la página web del personaje y el blog de Watson que, en el mundo real, como ves, existen y reflejan lo que se supone que hacen en la serie).

Y un detalle que no me gusta: Holmes no fuma (bienvenidos a la famosa "corrección política"), pero resuelven muy bien ese detalle con un precioso guiño (que tendrás que ver para comprenderlo :-)).

Sobre la parte de las inyecciones con cocaína (a finales del siglo XIX era perfectamente legal comprar esa sustancia en las farmacias) y como Holmes la consumía para matar el tedio (y, de hecho, Watson le reducía las dosis, porque tenía miedo de que se hiciera daño) no hablo, porque entiendo que, mientras fumar es un mal hábito, la coca es otro cantar completamente diferente (ni lo mencionan, cosa que puedo entender).

Te hablo de este personaje con la pasión que lo hago porque, para mí, reúne todas las cualidades que, desde niño, pensé que alguien inteligente debería tener: dedicación a un trabajo que te obliga a pensar, analizar y observar, utilizando como herramienta tu intelecto.

Por eso, cuando lo destrozan en el cine o no consiguen exponer su esencia en la tele, siento unas ganas irrefrenables de mandarlo todo a hacer puñetas...

No digo que no se puedan tomar licencias creativas para añadir matices a los personajes (incluso el cambio de época, como en la serie de la BBC, está más o menos bien logrado), pero me resulta curioso que, en las versiones más modernas, parece que no se llegue a entender enteramente quién o cómo es Sherlock Holmes (House, cuyo personaje está casi enteramente basado en él, salvando el carácter, lo clava, incluyendo la Vicodina como forma de escape ante el tedio).

Precisamente por todo esto, en aquella reunión, cuando terminó de hablar, decidí no decir nada: simplemente observé las reacciones y me concentré en todo lo que estaba pasando.

Obtuve respuestas de los silencios que presencié y, cuando mi silencio sorprendió a quien tenía al otro lado de la mesa, obtuve como conclusión un gesto de extrañeza del tipo "esto se supone que no tendría que estar pasando" que me hizo sonreír.

Y ahí, cuando haces que el enigma se vuelva en contra de aquello que tienes enfrente, es donde te hacen la pregunta, porque algo no ha ido como debería, porque algo se ha salido del plan, porque estás ante lo que se supone que es una aberración sistémica cuya única respuesta, y créeme, que la saboreé, resumió todo lo que te acabo de contar:
- Lo creas o no, es elemental, querido X.
Hay cosas que no me van a quitar jamás, y es mi voluntad de ser fiel a mí mismo, por más dolor que me produzca.

"Esto no es lo que hay, esto no tiene porqué ser así y no, no tengo por qué aceptarlo."

Eso es todo: ¡Amsterdam prevalece!


Paquito
sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

Comentarios

  1. Ojalá hubiese más mentes pensantes como tú, me dejas a la altura del betún con tus reflexiones. Eres sencillamente magistral. ¿Hay Premio Nobel de los blogs?

    Un abrazo y no te deprimas, enero es lo que tiene y Amsterdam también

    ResponderEliminar
  2. Hola Alfonso,

    Gracias como siempre por pasarte por aquí: todo un placer :-))

    Eres muy amable: no es para tanto (te recomiendo que leas a una amiga mía, que escribe un blog que se llama "Los cuentos de Kutz" y que lo hace deliciosamente bien).

    Seguir hacia delante como buenamente podamos: ¡No nos queda otra! :-))

    Un abrazo y, de nuevo, mil gracias por tu visita y por tu comentario :-))

    ResponderEliminar

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