Aquellos ojos azules

Buenas,

Siendo una cansina rata de ambientes urbanos nacida en una pequeña ciudad “en un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no puedo acordarme”, uno sostiene que, acostumbrado a mi eterno Madrid o mis amadas París o Berlín, Ámsterdam es una pequeña villa con pretensiones de gran ciudad que quiere, pero no puede.

Precisamente por estos motivos, uno de mis principales objetivos reside en el más absoluto de los anonimatos y control sobre los aspectos públicos de mi vida: vivir en una gran ciudad te permite eso, además de, conociendo los modos y formas, ser capaz de perderte entre la multitud en cualquier momento.

Me encantan los lugares de amplias aceras llenos de gente. No hay nada más bonito y más refrescante para mí que caminar por la Gran Vía en Madrid, bajar hacia la Plaza de Callao y, desde ahí, dirigirme hacia Sol a través de la Calle del Carmen o Preciados...

Existe un lugar en el mundo que, algún día, conseguiré visitar “en mis condiciones”: es el cruce de Shibuya (Shibuya Cross) en el centro de Tokyo: un lugar mágico con 5 pasos de cebra que, cuando se para el tráfico, produce un momento tan alucinante como el siguiente:



No me digáis que no es flipante :-))

Soy un impenitente peatón que diariamente se cruza a un montón de gente en sus coches: después de que robaran mi bici del jardín  decidí renunciar a dicho medio de transporte y volver a las raíces de lo que soy: alguien que ama caminar en la soledad de sus pensamientos a un ritmo endiabladamente rápido.

Por eso, ese domingo, cuando me hice unos cuantos kilómetros andando hacia esa conocida estación de Metro y ver a aquel montón de personas en los andenes, algunos de ellos con llamativos dorsales con números, recordé que se celebraba la Maratón de Ámsterdam y, entretenido, empecé a observar al personal, muchos de ellos sin duda de fuera de la ciudad, a juzgar por los mapitas, las mochilas y la actitud de, metro mediante, seguir a algún digno padre, marido o novio o novia en digno papel de corredor de fondo.

Fue entonces cuando sucedió: justo enfrente de mí, en la otra plataforma, el rostro de una persona me hizo parar el escáner del lugar y focalizarme completamente en sus rasgos...

A lo largo de los años, viajando por el mundo, a veces crees encontrar en alguna persona un cierto parecido con otra que tú conozcas en otro lugar: es normal, teniendo en cuenta que, al final, no somos ese único copo de nieve que creemos ser sino que, más mundanos, todos, en mayor o menor forma, nos parecemos a alguien...

Pero ahí es donde los años, mis dotes de observación y mi maltrecha memoria juegan un papel primordial en mi cometido, porque a pesar de no recordar los nombres de la gente, a pesar de tener a veces las dotes de observación de Rompetechos y el hecho existencial de que, cuando camino con el iPhone contándome algo, bien en forma de canción o bien en forma de Podcast de Dios sabrá dónde, a fin de ser efectivo con los pocos recursos que todavía conservo intactos, pongo la (ya digo) maltrecha atención en un único atributo de tu fisonomía...

Tus ojos...

Puedes cambiar físicamente todo lo que quieras, pero hay algo que no cambia, y es la expresión ocular... No por nada se nos dice que los ojos son la puerta del alma, así que, como uno no tiene tiempo para zarandajas, tira por la vía rápida y busca la cualidad física que más información pueda darme con el más mínimo esfuerzo.

Delante de mí, a unos 15 o 20 metros, dos afilados ojos azules se cruzaron con los míos: la distancia me obligó a prestar atención, por cuanto, ya digo, en el mundo al final, con un poco de distancia y cansancio, todo nos podemos parecer a casi cualquier cosa...

Pero esos ojos no me eran desconocidos y, poco a poco, analizando a la propietaria de los mismos, pude desentramar o, en su defecto, establecer un patrón que me llevara a una conclusión racionalmente sostenible.

Soy metódico... Mis análisis pueden ser errados, pero la lógica detrás de mi proceso suele ser bastante potente (a veces me monto unas películas que ni “Inception”, pero suelo ser bueno)...

En este caso, lo primero que hice fue comprobar tres factores importantes:
- Fisonomía.
- Atuendo (incluyendo calzado).
- Contexto.
Su fisonomía había cambiado: la altura correspondía con mi recuerdo y su pelo estaba recogido en un moño (una prueba definitiva habría sido si lo hubiera llevado suelto, pero las cosas nunca suelen ser exactamente como las necesitamos).

Estaba más delgada, es verdad, de ahí que sus rasgos estuvieran un poco más espigados desde que los vi por última vez, en un soleado Junio de 2001...

Sí, pero sus ojos seguían siendo los mismos...

Lo segundo, por lo tanto, fue seguir buscando más pistas para la conclusión de mi pequeño ejercicio de observación. Obviamente hacía 11 años desde la última vez que vi a esa persona, pero hay ciertas cosas que no cambian, como puede ser una cierta línea en tu vestimenta o ciertas formas de portar un objeto o fumar un cigarrillo...

En este caso, siendo muy genérico, encontré que seguía su línea (colores negros) y, eso sí, me descuadró el calzado aunque, siendo realistas, en once años las cosas cambian mucho y en temas de calzado, sin caer en generalizaciones, sé que entre mujeres y hombres existen abismos (observen simplemente el número de pares de zapatos que su pareja posea y compárelos con el suyo para denotar la interesante diferencia).

El bolso, en cambio, me recordó a uno que ella tenía precisamente en el año 2001... Eso me hizo sonreír: sea quien fuere, desde luego que podría bien esa persona, aunque, como cualquier mujer podrá atestiguar, a unos 20 metros de distancia, para un hombre, "todos los bolsos son pardos" :-))

Por último, mi ejercicio debía dilucidar el contexto de la aparición... ¿Por qué aquí y ahora?

Pensé en la Maratón y en la posibilidad de que estuviera acompañando a alguien... Sin embargo, la actitud no verbal y la falta de cualquier complemento que no fuera un sencillo bolso indicaba que no llevaba nada, tal y como los demás ocupantes del andén sí hacían (bolsas con botellas, comida, mapas, etc.).

Pero entonces recordé que uno sigue manteniendo intacta su pequeña red de contactos por el mundo y que, puntualmente, se me reporta el progreso de distintas personas en cada uno de esos distantes lugares.

Un rápido análisis de situación y, después de barajar mi conocimiento de sus circunstancias, recordé que, muy cerquita, estaba la sede holandesa de la organización para la que trabajaba en su país de origen, lo cual, entonces podría explicar el qué hacía precisamente ahí (las empresas le suelen poner a uno hoteles cerquita de la oficina, ¿Verdad?).

Y si uno viene a hacer algo en Ámsterdam .. ¿No se cogería quizás un día antes para aprovechar el viaje y así visitar la ciudad?

Exacto.

Y si llegas un fin de semana y tienes al lado una estación de Metro que te lleva directamente al corazón de la ciudad: ¿No te dirigirías a ella? Los tranvías y autobuses son complicados para cualquier persona que no vive en el lugar, pero el Metro es completamente diferente (no hay posibilidad de perderse, el número de paradas es muchísimo más limitado así como los trayectos, convirtiendo a dicho medio de transporte en la elección para cualquier persona que no esté familiarizada con las opciones de desplazamiento que la ciudad te ofrezca).

Pero todo es demasiado circunstancial... Siempre existen coincidencias, como la vez que, en un parque de Ámsterdam  alguien encontró a mi doble y le hizo fotos junto a una chiquilla que, a su vez, le hacía carantoñas...

En aquella ocasión (no hablé nunca de eso aquí), recibí un montón de comentarios de personas que vieron esas fotos pero lo sorprendente, ya digo, fue la tremenda similitud conmigo de aquel chico que, tumbado en un verde césped, disfrutaba de una tranquila tarde de verano en algún parque.

Podría ser por lo tanto una coincidencia, porque este tipo de cosas, como acabo de explicar, son perfectamente factibles, pero sé que me vio, como la vi yo a ella: me miraba de reojo aunque, esta vez, mis ojos permanecieron en la misma dirección durante esos 5 interesantes minutos donde, esta vez mis ojos, ayudados por mis débiles recuerdos, estudiaron sus rasgos y su comportamiento, intentando buscar algún detalle, algún gesto que, definitivamente, me eliminara cualquier posibilidad de error.

No fue así y, desafortunadamente, al interponerse alguien delante de ella y el andén, no pude apenas observar sus movimientos, los cuales me habrían confirmado la información que buscaba...

Pero aquellos ojos se cruzaron conmigo unas cuantas veces: tal vez por su cabeza pasaron las mismas ideas y preguntas que pasaron por las mías... ¿Quién sabe?

No soy tan bueno como para leer el pensamiento de la gente :-))

Hubo un último detalle que fue el que, definitivamente, inclinó la balanza hacia mi extraña teoría: al llegar el tren a mi andén, varias personas que se encontraban en la otra plataforma se dieron cuenta de que la dirección del mismo indicaba "Amsterdam Centraal", momento en el cual empezaron a moverse al darse cuenta de que, quizás, mi andén era el correcto para ir en esa dirección.

Ahí es donde encontré otro detalle clave: alguien de la ciudad sabe el truco de esta estación y sabe que el andén en el que estaban esperando al tren no replica una ida/vuelta de una línea (el comportamiento normal en cualquier linea de Metro en Europa Continental), sino que, en este estación, una plataforma con dos andenes lleva los trenes en una dirección y otra plataforma, físicamente separada (¿Adivinas los metros de distancia?) canaliza los trenes en la otra.

De ahí que, al mirar a mi tren, al ver cómo, junto con los demás pasajeros de aquel andén, empezó a caminar hacia la salida buscando la escalera para alcanzar mi plataforma, fue cuando por última vez sonreí para mí mismo, aceptando que pueden pasar muchos años, que tus circunstancias y tu aspecto podrá haber cambiado, que podrás estar en el lugar más extraño del mundo en el más raro de los contextos pero tus ojos serán siempre para mí la forma de no olvidar quien eres, por más que mi memoria borre tu nombre y poco a poco diluya los muchos o pocos recuerdos que tenga o pude tener de ti...

Como aquellos ojos azules que, 11 años más tarde, aparecieron ante mí, en una pequeña plataforma en una estación de Metro, en una pequeña ciudad de un pequeño país y que,durante cinco minutos, me transportaron a una de las primaveras más interesantes de mi vida, refrescando los recuerdos del año en el que probé por primera vez el embriagador veneno de la vida en el extranjero, con sus días buenos, malos y horribles.

Quizás deba volver a París: he caminado por sus calles durante horas y transitado sus bulevares: hace 7 años desde la última vez que me senté en las sillitas de la fuente/estanque del Jardín de las Tullerías y es la ciudad donde, si algún día me pierdo, quizás me puedas encontrar (porque para encontrarme, siempre estará Madrid :-)).

Y todos estos detalles quizás no te sepan dar una visión concreta de lo que te escribo, pero bastará este último párrafo para que todo lo anterior cobre color porque, en una de esas lindas sillitas, en la que sin duda es una de las ciudades más bellas del mundo, en un precioso y soleado día de San Valentín, hace ya 11 años, aquellos ojos azules me regalaron una sonrisa que jamás podré olvidar.

Eso es todo: ¡Ámsterdam prevalece!


Paquito
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Comentarios

  1. El video asusta un poco, pero yo también echo en falta más ¨movimiento¨ de vez en cuando.

    En Arnhem estoy contento, pero comienzo a hartarme... demasiado pequeño.... en breve me parece que empezaré a poner la cuenta atrás para volver a casa o seguir dando vueltas.

    ¿Madrid? Me encantaría, aunque sólo pensar en los atascos de la M30/40/50 y trabajar en Alcobendas o Tres Cantos... uf, qué pereza...

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    1. Hola Qualunque,

      Gracias por pasarte por aquí: todo un placer :-))

      ¡Es que esto es muy tranquilo! ¡Y al holandés de provincia Amsterdam le parece estresante! ¡Y a mí me parece un remanso de paz! :-))

      Recuerda: hasta el mejor helado del mundo, comiéndolo todos los días, acaba hartando.

      París bien merece una misa y Madrid bien merece un atasco :-))

      Un abrazote enorme y, de nuevo, mil gracias por pasarte por aquí.

      Paquito.

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  2. Que interesante entrada, recién descubrí tu blog. Supongo que todos tenemos alguna historia/recuerdo que es gatillada por un evento casi producto del azar.

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    1. Hola :-))

      Gracias por tu visita y por tu comentario: efectivamente, todos tenemos cosas en nuestro pasado que nos acompañan en nuestra vida :-))

      Lo divertido es cuando el pasado se hace presente delante de nosotros: ahí es cuando uno recuerda todo como si fuera ayer, por más años que hayan pasado :-))

      Gracias de nuevo por tu visita (voy a echar un vistazo a tu site también :-))

      Paquito.

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