El kit de emergencia
Buenas:
En mi firme propósito de escribir algo todos los días, hoy me toca cambiar un poquito de tercio y proponer algo que, más allá de lo anecdótico, te muestra una serie de cosas sobre la mentalidad centroeuropea en los últimos tiempos.
En Navidades, mientras estaba en España, el señor cartero decidió dejarnos en casa una gentil carta del gobierno holandés donde se nos proponía un ejercicio un tanto peculiar.
La idea empezaba de la forma más sencilla: "Escribe los nombres de las personas que viven en la casa".
No te pedían que mandaras nada a ningún sitio (que yo sepa): lo que el inicio del ejercicio pretendía era saber el número de personas en el hogar para, a continuación, empezar a dimensionar un kit de emergencia en caso de apagón (que, por lo que sea, el año pasado fue tema del que quizás los españoles podemos hablar algo), o en el caso de una catástrofe, o cualquier restricción de cualquier tipo que te requiriera tener provisiones, linternas, dinero en efectivo o los papeles identificatorios de las personas por si había que salir zumbando.
El gobierno holandés además puso una página güerl donde uno puede encontrar toda la información necesaria, incluyendo el panfleto, donde se te dan todas las instrucciones que necesites para crear tu kit y/o entender cuáles deberían ser tus movimientos en el caso de que fuera necesario actuar ante una emergencia.
¿Qué es lo que tiene que tener un buen kit de emergencia?
Según el panfleto de la propia página, lo primero de todo es entender que un buen kit de emergencia deber recoger necesidades básicas para los tres días siguientes a un desastre o una emergencia.
A partir de ahí (toma nota, que uno nunca sabe), esto es lo que deberías acumular y revisar cada seis meses (porque las cosas se caducan y tal):
1. Agua embotellada: tres litros por persona y por día.
2. Comida enlatada o no perecedera como frutos secos, verduras enlatadas o frutas desecadas.
3. Mantenerse informado con una radio alimentada con baterías y un teléfono móvil con una batería accesoria para no se que apague.
4. Linterna con stock de pilas, velas y cerillas.
5. Kit de primeros auxilios con instrucciones de uso.
6. Mantas para poder abrigarse.
7. Silbato para que los servicios de emergencia te puedan oír y saber donde estás.
8. Dinero en efectivo. 70 Euros por adulto y 30 Euros por niño.
9. Herramientas, como martillo, sierra y tenaza.
10. Gel desinfectante, papel higiénico, toatillas húmedas, compresas, pasta y cepillo de dientes.
11. Copias de documentos de identidad y listas de teléfonos.
12. Copia de llaves de la casa y del coche.
¿Quién nos hubiera dicho a nosotros que estaríamos aquí?
Hace unos tres años o así, el gobierno alemán y después el austriaco (malo cuando estos dos países empiezan a barruntar algo) empezaron a hablar a sus ciudadanos para posibles ataques cibernéticos o quizás para posibles catástrofes.
La guerra de Ucrania estaba empezando y, en un principio, se consideró una exageración, en países un poquito más alejados del Este de Europa, pensar en términos de kits de emergencia y cosas del estilo.
Para muchos de nosotros, crecidos en los años ochenta, este tipo de cosas era más de los conocidos como "preppers" o gente obsesionada con cosas como el colapso de las sociedades, la guerra nuclear o el saber abrir en canal y hacer filetes a un ciervo porque "uno nunca sabe".
En las noticias, durante la guerra del Golfo en 1991, recuerdo ver imágenes de américanos arramblando supermercados, comprando agua embotellada y cosas así.
Los programas de noticias sacaban así los "refugios" de algunas de esas personas, en los sótanos de sus casas, donde acumulaban comida como para alimentar a todo el vecindario, con gigantescas garrafas de agua que podrían llegar una piscina olímpica y yo entonces, inocente españolito, me preguntaba qué diablos hacían aquellos americanos, a miles de kilómetros del Golfo Pérsico, acumulando comida como si lo fueran a prohibir...
Y un día llegó la pandemia...
El día que se decreta el confinamiento en Países Bajos, a mediados de Marzo de 2020, recuerdo llegar a la oficina y no ver a nadie...
Recuerdo llevar a un compañero al aeropuerto: recuerdo leer el email donde se nos anunciaba lo que el gobierno holandés pedía y recuerdo ir al supermercado y ver todas las baldas vacías, como si lo hubieran saqueado, con un grupo de holandesitos que, ante la falta de provisiones, se resignaban a comprar bolsas de Doritos y patatas LAY'S, que fue lo único que sobrevivió, curiosamente, al asalto de los consumidores voraces, aterrorizados por la pandemia, acumulando papel higiénico (misterio que todavía está por resolver) como para empapelar el Palacio Real de Madrid.
En los últimos años podemos coincidir en que las cosas han sido "peculiares", por no decir "raras de cojones" y cuya trayectoria podría ser calificada como "de mal en peor": que en estos momentos estemos hablando de un "kit de emergencia" y hablemos de tener una radio, provisiones y demás, mientras no nos da un ataque risa, te dice que algo no va bien.
Y quizás es la parte más histrónica de todo este lío: estamos en un momento donde, a las puertas de Europa Occidental, existe un conflicto armado, mientras en el otro lado del charco tenemos a un aliado que, de pronto, parece dudar sobre si quiere seguir siéndolo o no.
No entraré en temas políticos porque creo que todos tenemos derecho a respirar: quizás otro día hablaré precisamente de eso, el hecho de que se hayan empeñado en meter la política en todos y cada uno de los aspectos de nuestra vida, polarizándonos y haciendo que, más allá de nuestras diferencias ideológicas, el acercamiento entre personas sea cada vez un poquito más difícil.
Y eso me da mucha rabia: un periodista argentino, llamado Jorge Lanata (QDEP) lo llamó "la brecha", y era la forma de expresar como una sociedad se abría en dos, mientras cada mitad se polarizaba y consideraba a la otra irreconciliable por el simple hecho de pensar distinto.
Otro día hablaremos de eso: he cumplido mis mil palabras, así que objetivo cumplido.
Me encanta blim.py: soy muy feliz de haberlo creado :-))
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