Honestidad y Honradez
- ¡Wow! ¡La verdad es que es muy barato!
La velada terminaba con una sonrisa: nos habíamos puesto como "el tenazas", que es una expresión española para describir el estado de nuestros estómagos después de una merienda-cena digna de titanes.
- ¡No puede ser! ¿Has mirado la cuenta?
La señora Paquito es siempre el elemento de cordura del grupo: el lugar no es precisamente conocido por ser una ganga, así que mejor revisar si a lo mejor no nos habían cobrado algo.
- Espera un momento...
Cuando vi el primer item de la factura, me doy cuenta del error: nosotros no pedimos agua, sólo pedimos zumos y Coca-Colas, así que, efectivamente, la factura no es la nuestra.
El dilema que no tuvimos
La primera y la única opción que barajamos fue volver al lugar donde había pagado e informarles de que me habían hecho pagar la cuenta de alguien más.
- Es que es demasiado barato - No dejaba de repetir.
- Déjeme mirar - inquirió la persona encargada.
Eventualmente, dos empleados más se unen a la fiesta y finalmente encuentran la factura de mi mesa, que era sustancialmente mucho más alta y que pago con gusto, mientras me retornan el dinero de la primera factura de quien sea que tuviera que pagarla.
Caminando hacia el coche, la señora Paquito me pregunta si me dieron las gracias: caigo en la cuenta (sin retintín) de que no ha sido así y que, más que nada, la actitud de los empleados era más bien molesta por haberse equivocado (una equivocación de doscientos Euros de diferencia) y que, quizás les podría haber costado un disgusto con sus superiores.
Pensábamos en la honestidad y honradez que tuvimos: ni dudamos de que no podía quedar así y que, obviamente, yo tenía que pagar lo mío, que largarse habiendo pagado algo que no nos correspondía y que era mucho más bajo no estaba bien, aunque también es cierto que los empleados, sobre todo uno de ellos, más de estar molestos por su propio error, deberían haber dado las gracias, que era lo mínimo y no les cuesta nada.
El melón aquí se abrió entre los comensales: yo decía que un simple gracias habría bastado y otros decían que, quizás, deberían habernos ofrecido algo (un café o algo) por haber sido honrados y honestos volviendo a la caja para informarles del error.
A veces peco de ingenuo
Hace uno o dos años, al salir del supermercado, me di cuenta de que no había escaneado un producto en la zona de autoservicio...
Sin dudarlo, volví a entrar, fui hacia la zona y el encargado, que estaba por allí, cuando le expliqué que no había pagado por un producto que tenía en la mano, tanto el como uno de los chiquillos que pululaban por allí, me miraron como un bicho verde.
Mi planteamiento era y es "Esto no es mío: no lo he pagado" y además, considero que en una sociedad, en la medida en la que uno contribuye a la paz social, las cosas mejoran para todos.
Pero no siempre es así
Algo que detesto en mi vecindario es que, con los años, los niños que crecieron a mi alrededor están cumpliendo ahora los 18 años y, con ello, se empiezan a sacar el carnet de conducir, que es lo suyo.
Eventualmente, al tener el carnet, algunos de ellos se compran un coche (ellos o sus padres: por aquí se estila mucho lo del "Si lo quieres, te lo ahorras, y quizás te ayude un poco, pero el coche es tu responsabilidad") y los problemas de aparcamiento se empiezan a agravar (dato: en Holanda, las plazas de aparcamiento se calculan bajo un ratio de 1,4 coches por vivienda, ojito) así que el personal empieza a aparcar donde le da la real gana, en particular, subiéndose a los bordillos de los jardines e incluso metiéndose un poquito en ellos, cosa que me repatea como pocas cosas, por cuanto son zonas verdes que ayudan a adecentar y hacer las zonas más bonitas.
La honestidad y la honradez ayudan a la convivencia entre personas: el ser capaces de decirnos o de hacer lo correcto ayuda a evitar malentendidos, así que, en ese aspecto, creo contribuir, como cada uno de nosotros, a un lugar un poquito mejor cuando te dan el cambio mal en una tienda y vuelves para devolverlo (cosa que, lo voy a confesar, a veces me hace gracia, porque pienso que, "en otros lugares", quizás, te llamarían loco o tonto, según te pille el día), o cuando uno no ha escaneado algo o, como en el caso de hoy, hay una factura demasiado barata como para irse saludando al respetable prometiendo volver (porque si no hubiera prestado atención, desde luego que habríamos vuelto :-)).
¿Cual es la moraleja de la historia?
No sé si hay una moraleja: está en cada persona decidir que hacer en situaciones de estas, además de que, como San Ignacio de Loyola no enseñó con la casuística, dos acciones no son iguales entendiendo el contexto.
En los casos donde las sociedades tienen problemas, fundamentalmente económicos, el fenómeno de esa picaresca que los españoles creemos haber inventado se dan con mayor frecuencia, sobre todo cuando dichos problemas son de índole económico.
Algo que pienso a menudo es que la mejor forma de eliminar cierto tipo de crímenes (no todos) y problemas (tampoco todos, desafortunadamente) es creando las condiciones para que se produzca riqueza y empleo.
En países con bajas tasas de empleo y pobreza, \"por lo que sea\", las tasas de crímenes disminuyen y por eso, en esta vieja Europa nuestra, cuando observamos a veces según qué fenómenos, nos preguntamos como puede ser, por cuanto creemos que ciertas cosas se consiguieron encauzar o que, en esa opinión burguesa que nos ponemos permitir, no deberían existir por equis o i griega motivo.
Y recuerda que no todo es lo que parece
Hace unos años, en mi tournée europea, acabé en un precioso pueblecito suizo (¿Y cuál no lo es?) cerquita de Zurich, en un hotel que acababa de abrir una extensión cerquita y que comprendía de un modernísimo edificio de 3 o 4 plantas, en cuya entrada, a la que accedías con una tarjeta, había una especie de enorme cocina-living-foyer diáfano donde los huéspedes podían hacer vida social antes o después de irse a dormir.
En esa planta baja, en la cocina, había aparadores y frigoríficos llenos de chocolates, bebidas, comida, vinos y cervezas: el sueño de todo trasnochado que llega a su casa después de un día de trabajo y le apetece empapuzarse de todo aquello que de joven habría pensado que es el Valhalla.
La persona responsable del hotel nos dijo que estaba a nuestra disposición y que podíamos tomar lo que quisiéramos, sin problema.
Al preguntarle a un compañero suizo que por qué no tenían a alguien allí cuidándolo, nos explicó que el coste de tener a una persona era tan alto que aunque le vaciaran la cocina de comida, todavía le saldría a cuenta.
Y como último detalle, y aquí acabo, efectivamente, aquella noche hubo un asalto a aquella cocina, donde se arrambló con todos los chocolates y golosinas que hubo pudiera imaginar...
No: no fui yo, fueron dos holandeses (para que veas).
Un abrazote, mil y más palabras por día, vamos poco a poco :-))
Paquito
Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es
Twitter: @paquito4ever
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