Turno de noche
Buenas:
Hoy nos toca, otra vez, turno de noche, aunque el turno de noche de hoy es un poco peculiar, porque es el tipo de cosa que uno no elige, sino que le viene impuesto por las circunstancias.
Turrón del duro, por favorAl asunto: nada como empezar la jornada con uno de tus compañeros preguntándote si sabes de algo que, al parecer, ha dejado de funcionar...
Te estás tomando un café largo y has pasado la mañana en un par de reuniones anodinas donde el personal se obsesiona por parecer más listos que los otros (vicio en el que, lo confieso, alguna vez caí, aunque aprendí la lección y, desde entonces, ante todo, soy más sarcástico) así que la noticia te pone en modo escéptico y te pones a investigar a ver si lo que te dicen tiene sentido o no.
Las malas noticias suelen ser muy rápidasDespués de un par de verificaciones, confirmo que, efectivamente, algo no va bien y empieza la carrera para arreglarlo.
En otro tiempo, lo recuerdo con una sonrisa, no era nada raro verme correr por los pasillos de la empresa, como alma que lleva el diablo, yendo de un lado para el otro, con un portátil que, en aquel entonces, era enorme y pesado, buscando a alguna víctima, generalmente un desarrollador, que no sabía lo que se le venía encima (aunque, por aquel entonces, llevaba barritas de chocolate para endulzar el trámite).
Hoy en día, como estamos casi todo el tiempo trabajando en remoto, las cosas son mucho más anticlimáticas: la cosa se reduce a intercambian mensajes a través de la aplicación de comunicación instantánea de turno, con alguna que otra videollamada, entradas en la aplicación de registro de problemas y, sobre todo, escalaciones...
EscalacionesNo me gusta escalar cosas, conste: durante años he tenido la desgracia de trabajar para alguien que utilizaba este tipo de cosas como un arma arrojadiza contra otras áreas de la empresa.
Yo detesto eso: no aporta nada, sólo genera problemas y resentimiento, es como escapar de un lugar dejando cadáveres detrás de ti.
Tarde o temprano, alguien preguntará por esos cadáveres.
Yo, en cambio, soy más de hablar, de informar a la gente: "Oye... Tenemos este problema: ¿Qué podemos hacer para solucionarlo?"
Nótese el uso de la primera persona del plural: me encanta estar metido en el ajo, ver trabajar a gente muchísimo más inteligente y ducha en cosas que mi pobre mente tardaría décadas en comprender.
En cierto sentido, soy la excusa por la cual tienen que pensar en voz alta: tienen que verbalizar en un lenguaje sencillo que es lo que saben y cuales pueden ser las causas de los problemas.
A partir de ahí, lo siguiente es buscar cómo demostrar que las hipótesis son ciertas o no: eso conlleva buscar información sobre el problema, si ha sucedido alguna vez algo parecido y, sobre todo, cómo lo mitigamos la última vez.
Y lo que estamos mirando hoy es bastante peculiar: es nuevo, no lo hemos visto antes, aunque parte del problema sí que es conocido, lo cual es inquietante.
Sabemos como empieza y sabemos como solucionar la parte del inicio, pero lo siguiente es nuevo.
En apenas unas horas, los equipos de desarrollo encuentran el problema: es una de esas cosas que si de la explicación dependiera mi vida, probablemente acabaría teniendo un problema muy serio.
Lo más divertido es cómo llego al asunto: casi al final del día, alguien me mete en una reunión con otras ocho personas donde están hablando del tema y me piden que me ponga a hacer mis verificaciones y les cuente un poco lo que sé para confirmar lo que creen que sucederá esta noche.
¿Qué sucede esta noche?Lo que sucede esta noche es que me toca mirar si lo que estamos buscando ha vuelto a funcionar como debe o no.
Una de las cosas más interesantes de sistemas complejos es como todo al final se puede, casi casi, parametrizar en las veinticuatro horas del día: la tecnología moderna que trabaja a escala es un proceso 24x7 donde, cada minuto, de cada hora, tiene algo esperando a que lo anterior suceda o termine para continuar con su misión.
Y lo que estamos mirando esta noche sucederá sobre las 21:30, que es el momento en el que una serie de procesos comienzan su andadura y que nos llevarán a entender si lo que hemos teorizado como posible solución es cierta o no.
Esa es, de lejos, la parte más interesante de mi trabajo: resolver puzzles sin tener realmente el cien por cien del conocimiento de las cosas.
La intuición y la experiencia son cosas que con los años son un activo intangibleal que está muy bien recurrir: tarde o temprano aprendes que, por encima de la raíz de las cosas, existen otros indicadores, más próximos a la realidad, que te llevan incluso a predecir cosas (esto último, por cierto, en una movida que tuvimos hace unos años, se cumplió a rajatabla: me jugué cincuenta Euros a que algo pasaría un jueves entre las 09:30 y las 10:30 de la mañana, unos días antes y, efectivamente ese día la cosa apareció, dándome material de chascarrillo para no olvidar).
Pero eso forma parte del pasado: esta noche nos ceñimos al presente y el presente nos dice que, en unos minutos, empezaré a mirar por los rincones de un pequeño universo digital en busca de unas migas que, como Hansel y Gretel, se supone que me van a indicar cómo volver a la normalidad tecnológica que, esta mañana, mientras me tomaba un lánguido café, entre reuniones, decidió romper el resto de la jornada y llevarnos, como el conejo de Alicia en el País de las Maravillas, corriendo a través del agujero de una madriguera hecha de ceros y unos.
Hora de empezar: justo a tiempo para conseguir mi objetivo diario, que son las famosas mil palabras que, desde hace 25 días, escribo todos los días sin falta, para mi propia sorpresa, porque créeme si te digo que, cada dos o tres días, coqueteo con tomármelo libre.
Precisamente por eso, tengo que escribir: ahora que hemos empezado bien, no vamos a dejar que se rompa el hábito.
Deséame suerte: esta noche la vamos a necesitar :-))
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