Contornos de tardes de verano
Muy buenas:
Siguiendo la singular tendencia que resulta de la desembocadura de la mente en lo que parece ser un océano infinito de insatisfacción y falta de ganas, nada como mirar a través de la ventana y ver la maravillosa puesta de Sol, al ritmo de una leve transpiración que te recuerda que poco a poco, así como el que no quiere la cosa, nos vamos acercando al verano neerlandés que, esto hay que reconocerlo, aunque históricamente ha sido breve, poco a poco va aprendiendo lo que en otras latitudes descubrimos hace mucho tiempo, que es que un buen verano, como dios manda, se sufre, con una sonrisa, porque es vitamina D a cascoporro, con su moreno parcial, en cara y brazos, mientras el resto de tu cuerpo, gracias a la ropa, es del color del Cristo yacente de tu pueblo, de esos que, cuando acabas en un hospital, te acaban preguntando si eres así de blanco o, por el contrario, estás así por haber perdido mucha sangre.
Turrón líbido
Te cuento esto porque, ya va llegando, los días en el mundo exterior, fuera de los dominios del aire acondicionado de la empresa o de la sombra estratégicamente creada en casa para intentar mitigar el "efecto horno" provocado por viviendas preparadas para soportar largos y fríos inviernos, pero que llevan mal el periodo estival, se empiezan a hacer cuesta arriba.
Porque uno, siendo español, ha salido rana y, para romper "el tópico típico" donde todo europeo cree que un habitante de cualquier lugar del Sur de Europa, por debajo de los veinte grados centígrados, moriría de congelación, resulta que, al revés, en el frío me vengo muy arriba y en el calor me deshago como un Calippo fuera de la nevera más de 15 minutos.
Yo, que he aguantado los dieciocho bajo cero en invierno, en Moscú: "Usted no sabe con quién está hablando: he sido mucho" :-))
En estos días, lo que llevo mal es el calor: me derrite, me quita energía, me aplatana... A mí, que me gusta mucho la luz natural, por una parte tengo días más largos (son casi las diez y está empezando a anochecer ahora) pero el calor me resta y me cambia los biorritmos.
Y uno, que ya va teniendo una edad, eso de que se le cambien los biorritmos tontamente, como que no, que se empieza así y se acaba, como el actor o la actriz española de turno, tomando Bifidus, que el tracto intestinal necesita, sobre todo, cariño y regularidad.
La discusión nocturna
Esta noche, para que te hagas una idea, mientras escribo estas palabras, sostengo una discusión muy interesante con una persona de mi entorno sobre, entre todas las cosas que podríamos hablar, el "agentic commerce" que es una aplicación práctica de los actuales modelos de inteligencia artificial.
Nuestra discusión versa sobre si su utilidad corresponde a su coste de cómputo o no: el ejemplo que se me pone es que el cacharro será capaz de hacerte la compra y yo respondo que para hacerte la compra necesitará, en primer lugar, aprender de tus usos y, en segundo lugar, siempre debería consultar contigo si debe proceder o no a enviar la lista de compra al supermercado de turno, momento en el que, sí o sí, probablemente revisarás lo que sea que te sugiera, lo cual, por defecto, rompe cualquier ventaja.
Como ves, la tecnología no es capaz de darme un descanso y la discusión se extiende con ejemplos prácticos: mi planteamiento es que la utilidad se puede ver sobrepasada por una función de coste de cómputo, esto es: para la cantidad de usuarios que puedan hacer un uso efectivo (y por tanto, rentable) de aplicaciones de ese estilo, la cantidad de cómputo que se tendría que desplegar a escala es demasiado grande y, por tanto, no merezca mucho la pena.
El punto de discordia versa sobre si lo que nosotros vemos es la perspectiva de personas de una cierta edad o no: a partir de un cierto punto en tu vida, el escepticismo te ciega y no te hace ver o comprender que lo que quizás tú ves como poco probable, al final lo es y viceversa.
Todo esto además cuando la noche ya se nos ha echado encima: ya apenas va quedando luz de día en la calle, las farolas llevan un ratito encendidas y, el silencio, el sacrosanto silencio que es paradigma en las zonas residenciales neerlandesas, anuncia la que, con seguridad, será otra noche de paz y tranquilidad.
Las inesperadas discusiones nocturnas que te cambian todo
Pensaba que iba a terminar la cosa de forma tranquila pero, como ves, justo en el último minuto, la cosa se ha animado: es una pena que no puedo (ni debo) publicar nada de la conversación, porque estoy hablando con alguien cuya exposición al sector financiero moderno es notable y ahí uno aprende un montón de conceptos sobre los que no tiene mucha idea o, si la tienes, te falta contexto o acceso directo a la realidad del día a día de las empresas que trabajan en lo que conformará la economía y el comercio de la próxima década.
¿Cómo se conecta esto con el verano?
Este será, en mi opinión, el verano de la IA: las grandes tecnológicas están escalando sus modelos de lenguaje hasta niveles donde la cosa, que ya de por sí, en estos momentos, es impresionante, llegará hasta puntos de ciencia ficción.
El cuello de botella, en cambio, sigue siendo la cuestión física: el software está ahí, pero es la capacidad de cómputo donde se encuentra el verdadero problema, por cuanto las cifras para hacer que todo lo que se quiere hacer (y sobre todo, todo sobre lo que se quiere ganar dinero) requiere unas inversiones de capital gigantescas.
Y mientras eso no llegue, quedará el aspecto teórico: prepárate para, no ya las grandes empresas tecnológicas, donde te van a contar todo tipo de cuentos, sino de los vendeburras con PowerPoint, que son realmente los peligrosos y que se van a poner a proponer negocios fantásticos, todos ellos basados en IA.
Eso es quizás lo que, todos los años, cuando llega esta época, observo con detenimiento: en el verano, con el rollo de que el personal está medio de vacaciones y la economía cambia de ciclo, aparece siempre, como la pegadiza canción de turno, algo que llama la atención del imaginario colectivo que, como no suele obtener su dosis de noticias habitual, busca con insistencia algo que le saque del asueto y la rutina del calor.
Prepárate, porque está a punto de llegar (Google ya ha hecho su presentación de productos en su conferencia para desarrolladores y, fieles a sí mismos, se han calzado el término "IA" hasta debajo de la lengua.
Pero...
¿Ves? Cuando ya estaba entrando en calor, veo que nuestro trato ya ha sido satisfecho y, como a uno tampoco le gusta dar demasiado la tabarra, prefiero parar aquí.
"Mil y pico palabras": ese fue nuestro acuerdo.
Gracias por haber llegado hasta aquí.
Paquito
Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es
Comentarios
Publicar un comentario
Todo comentario, siempre y cuando sea educado, es bienvenido.