Cuando las cosas salen mal

Buenas:

Ha sido un día largo y complicado, lo cual avecina historia con detalles irrelevantes para ti sobre aspectos laborales que no deberían importarte ni lo más mínimo, porque no son tuyos y mejor que sea así.

PERO, como este es mi blog, pues chico, me toca hacer catarsis, organizar mis ideas, poner los patitos en fila y, por imposible que te pueda parecer, hacer de esto algo que me ayudará esta noche y mañana, cuando vaya a por el segundo asalto, que la cosa está a medio impase y todavía quedan cosas por palear :-))

Turrón catártico

Nada como empezar a las siete con el iPad pitando con el peculiar sonidito del Microsoft Teams, anunciando mensajitos de forma persistente y constante.

No sé tú, que oye, a lo mejor para ti es diferente, pero a mí cuando un lunes empieza así, me huelo a que se avecinan problemas, así que, oliéndome la tostada, decido abrir el Teams y me pongo a leer los dichosos mensajitos, a ver qué han hecho ahora.

Oups

Lo primero que busco, antes de empezar a leer nada, son los nombres de los remitentes: ese pequeño detalle me va a dar claves sobre si lo que estoy a punto de leer debería preocuparme, o no...

Y al revisarlos, mentalmente empiezo a persignarme, porque sé que estos tipos conocen su negocio, no son nuevos, han verificado lo que sea que está dando problemas y eso, de por sí, ya debería ponerte alerta.

Así que, alerta como estoy, acepto lo que hay y empiezo a leer sus mensajes, momento en el que todos coinciden, una y otra vez, en la misma circunstancia.

Y es una de esas cosas complicadas, no es fácil de solucionar, no tengo una respuesta rápida e ingeniosa, uno de esos zurdazos que suelta Nadal, donde la raqueta pasa por encima de su cabeza, lo cual es la señal para empezar a llamar a arrebato y convocar a las huestes, a la grana y oro, los pata negra, los que hay, porque tampoco estoy para ponerme exquisito, vamos a ser honestos.

A las siete y media y de la mañana, ya estamos todos aporreando teclados, así que es el momento de hacer una pausa, darme un duchazo, vestirme, tomarme un café y enfilar hacia la oficina, con un día maravilloso que, en unas horas, se convertirá en algo completamente gris y una lluvia que parece que quiere caer más fuerte de lo que debería, justo veinticuatro horas después de haber limpiado el jardín a conciencia (ley de Murphy, niños y niñas).

La llegada triunfal a la oficina se produce entrando, como si fuera el personaje de un videojuego, como si estuvieran a punto de aparecerte NPCs a los que tienes que esquivar para pasar de pantalla.

Afortunadamente, las gafas de sol y los auriculares, así como la velocidad de mis pasos, indican que hoy no me paro a charlar con la parroquia: soy un hombre con una misión, nada me va a parar.

Salvo ella...

Uno ante todo es un caballero, una persona de bien, alguien con formas y maneras, de ahí que cuando ella me saluda con una sonrisa, pues no queda más remedio que pararme, darle los buenos días y preguntarle por qué está tan feliz, mientras preparo la carga de profundidad:

- ¿Cómo sonríes tanto? ¿Qué debería preocuparnos?
- No sé: estoy feliz.
- ¿No has aprendido nada de los rusos? Cuando uno sonríe, es que trama algo.
- Pero yo no soy rusa...
- Eso lo dices tú, Tovarich: a mí no me engañas.

Por partes

Rusa no es, pero es de Europa del Este: las comparaciones con los rusos no las lleva bien, pero da igual, porque esto va del sublime arte de la pullita, dar el suficiente toque de calidad para, de cuando en cuando, que el personal no se me apalanca.

Despachado ese tema, llego a mi mesa, dejo mis cosas, agarro mi portátil y, decidido, como el Terminator por los pasillos de la institución médica donde retenían a Sarah Connors, camino con paso decidido hacia el departamento técnico, que ahí es donde se parte el bacalao, donde van a saber de esto mejor que nadie...

- No tenemos ni idea de qué está pasando...

La cagamos, Luis

Las mentes intrépidas no se dan por vencidas, así que el siguiente paso es, si nosotros no sabemos lo que pasa, hay que encontrar a quien lo pueda saber.

Es la hora de empezar a hacer llamadas y, sobre todo, de empezar a meter a todo Cristo que tenga un mínimo de información en una videoconferencia donde, ahí sí, las ideas se empiezan a poner en fila y empezamos a tener respuestas.

En esta parte del cuento, lo más interesante es ver cómo toda la historia se va deconstruyendo: es una pequeña autopsia digital que nos tiene que llevar a los momentos anteriores al suceso, para así poder establecer, si la hay, algún tipo de indicador del lugar o, más divertido, lugares o secuencia de eventos que llevan a la situación que estamos intentamos arreglar.

Mientras todo esto sucede, un detalle: se mezclan los idiomas en las distintas conversaciones que suceden entre personas, momento estelar que al menos yo aprecio, porque me fascina trabajar en una pequeña "Naciones Unidas" con gente de medio planeta a mi alrededor.

ESO, es un lujo asiático que no soy capaz de explicar y que, desafortunadamente, a veces olvidamos.

Pero eso dura unos segundos: la realidad nos arrastra una vez más a una discusión técnica y, eventualmente, se llega a una conclusión, momento en el que se establecen una serie de pasos y una serie de tiempos para que, si la teoría se valida, consigamos resolver el problema de marras.

Y... ¿Se solucionó?

Me alegra confirmar que la operación fue un éxito, pero fue un día muy intenso: no le gusta a uno estar lidiando con cosas como estas, claro está, pero a su vez, el simple hecho de verificar y entender qué ha sucedido o qué está sucediendo, hace que mi trabajo sea un poquito más interesante, ya que, como deberías saber a estas alturas, este tipo de puzzles son mi delicia.

Y precisamente por eso, al final del día, cuando el personal ya estaba cerrando sesión, el que aquí escribe se puso a buscar "huellas digitales" y, como uno es un poco cuco, estoy orgulloso de anunciar que sí, que algo encontré, porque algo empezó a chirriar ayer, a las 06:55 de la mañana del domingo, un pequeño "silbido digital" en el mecanismo.

Mañana lo miraremos: recuerda que ahora ya sabemos una forma más en la que nuestros cacharritos se pueden romper y ahora, mientras escribo esto, en una pantalla, en la otra sigo revisando datos.

Uno tiene una reputación y tiene que cuidarla.

Nuestro acuerdo, recuerda, son "mil y pico palabras" y en este punto creo que ya he cumplido... Mañana más, espero que no sea parecido a esto y que todo funcione como lo hace casi siempre.

Gracias por pasarte por aquí.

Un saludo.


Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

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