Microrrelatos

Buenas:

Cuando la inspiración no llega por los cauces naturales, uno tiene que buscarles las habichuelas de la forma que sea, sobre todo cuando se compromete a escribir "mil y pico palabras" diariamente y pretende, en un claro acto de enajenación mental transitoria, cumplirlo a costa de lo que se puede, dentro de unos parámetros que no afecten a la salud o, en su propiedad transitiva, que la salud no afecte a los parámetros que lo permiten.

Y quizás por eso, hoy la historia viene por ahí.

Turrón Transitivo

En un post escrito por uno de los blogs que sigo, el autor cuenta una historia sobre escribir un relato corto, entre 1480 y 2480 palabras, reto que, como ya sabrás, me puede resultar familiar, de ahí que, dejando un debido comentario al mismo (que es lo que toda persona de bien debe de hacer cuando visita un blog: dejarle una notita al autor del mismo para que sepa que no está solo, que sus lectores existen y no son sólo empresas de IA fusilándole el contenido) le confieso la historia de un buen amigo, que un día decidió partir y dejarnos atrás que, en sus años finales, se aficionó a escribir microrrelatos.

¿Qué es un microrrelato?

Por su propia definición, es una historia muy muy pequeña: suelen tener entre 50 y 150 palabras, dependiendo de las condiciones que se den para presentarlos en tal o cual lugar.

La temática es indiferente si lo haces por hobby: si te presentas a concursos, obviamente, te pueden dar pautas sobre lo que quieren que hables, o las palabras que uses (o que no).

Personalmente los considero un pequeño arte en sí mismos, porque ya es complicado en general saber escribir bien, no como la diarrea mental que gasto en esta pobre bitácora digital (conste que hubo un momento donde, modestia a parte, se escribieron posts gloriosos, pero hoy en día estoy en fase de mantenimiento cognitivo básico, esto es, utilizar mi idioma, escribir algo relativamente ligero y ser constante) para que encima te pongas restricciones.

Es relativamente "fácil" (muchas comillas en ese "fácil", cuidado) escribir una historia sin límites de palabras, pero es jodidísimo saber contar esa historia con una restricción sobre las mismas, donde cada uno de los elementos juega en tu contra para saber expresar lo que quieres, como lo quieres y que sea interesante, entretenido o que, simplemente, te lo leas a ti mismo y te digas "Pues oye: ni tan mal".

El microrrelato más corto que conozco y que más me gusta fue escrito por un autor guatemalteco de origen hondureño llamado Augusto Monterroso. Se llama "El dinosaurio" y dice lo siguiente:

Cuando se despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

En algunos países, este microrrelato se relaciona con la política, por según qué personajes o partidos políticos que, después de décadas y más décadas, siguen pululando el poder.

Para mí, en cambio, la primera vez que lo escuché, siendo niño, recuerdo pensar en lo inquietante de despertarte en algún sitio y saber que había un dinosaurio cerca de ti, con el miedo que eso debería darte (años más tarde llegaría la película "Parque Jurásico", con la famosa escena del Tyrannosaurus Rex corriendo detrás de los protagonistas y ahí la cosa tomó otra dimensión.

¿Cuál es el punto?

El punto es que ser capaz de contar toda una historia que te deje pensativo con ocho palabras es un arte: nótese en la composición que no repite ninguna palabra, no hay espacio para ello, y aún así consigue su cometido, que es que algo a lo que atribuimos mucho tiempo (un dinosaurio) sigue estando en lo que se supone que es una pausa (quizás una ausencia), con el miedo que eso debería darnos por la combinación de ambos factores.

Los japoneses tienen Haikus y Tankas

Efectivamente: ahí es donde los señores del país del sol naciente manejan esto como pocos.

Por si no lo sabes (eres una persona de bien, estoy seguro que esto lo sabes mejor que yo y que incluso tendrán en algún sitio algún libro de haikus exquisitos escritos en el siglo XVIII), un haiku es un poema compuesto de tres versos, con cinco, siete y cinco sílabas en cada uno de ellos.

Nota: una de las ironías de los haikus es que, al traducirse, rompen la estructura, pero algunos son de una belleza tal que se lo perdonas al idioma que romperá la métrica :-))

El día del libro, por ejemplo, me mandaron un haiku escrito probablemente hace más de quinientos años por el poeta japonés Arakida Moritake que decía algo así:

Una flor cayendo
Vuelve a su rama
Una mariposa

Eso son los haikus... Las tankas en cambio son un tipo de poesía, también japonesa, donde la estructura consta de cinco versos con cinco, siete, cinco, siete y siete sílabas en los mismos.

¿Su origen? Pues yo no lo sabía pero, gracias a la Wikipedia, descubro que nacieron como una fórmula para que los amantes se mandaran mensajes secretos (cosas que aprende uno, fíjate tú por donde).

Esto último es algo que conozco porque alguien me dedicó en su día una (cosa que guardo en algún sitio con cariño: de hecho, la tanka fue escrita en español y, después, fue traducida al japonés, gracias a un buen amigo de aquel país que se tiró el rollo conmigo :-)).

A veces pienso si tendría la paciencia para escribir microrrelatos o haikus... La verdad es que sería un desafío curioso: quizás tendría que buscar concursos o cosas del estilo para así animarme.

Recuerda: la capacidad para capturar algo de tal forma que, para el lector, sea comprensible e interesante, retos que, por sí solos, ya son lo suficientemente complicados en sí, como para encima ponerse a combinar más ingredientes, convierte a la escritura en uno de los artes que definen

La verdadera maestría no es sólo hacer eso, sino que, al leerlo, no puedas parar: los famosos "best-sellers", los súper ventas, son precisamente llamados en inglés "page turner" o "pasa páginas", como ilustración gráfica del acto de no ser capaz de parar de pasar páginas, porque la narrativa del libro es irresistible.

Imagínate ser capaz de crear algo así: ¿Qué no daría uno por tener semejante don?

Soñar es gratis

Efectivamente: es una de las pocas cosas que nos van quedando donde todavía no nos han metido la horquilla... La libertad de cerrar los ojos y dejar que tu mente construya espacios donde uno puede desafiar su propia realidad.

Cuando era niño, la escritura me enseñó que, más allá de los sueños, uno podía crear universos o realidades diferentes con tan sólo ponerlas en un papel.

Soy de la generación donde los padres enviaron a sus hijos a clases de informática, mecanografía e inglés, entre otras cosas, así que fui de los primeros que tuvo su propia máquina de escribir, para empezar y, tiempo más tarde, mi primer ordenador, donde descubrí el programa EDIT.com, que recientemente el señor Microsoft ha decidido, décadas más tarde que haberlo creado, abrir su código para así estudiarlo, replicarlo, recrearlo o portarlo a otras plataformas que no sean Windows (si tienes la competencia técnica para hacerlo, ojo).

Porque todo tiene su propia génesis, su propio por qué :-))

Dicho lo cual, creo que ya hemos llegado al fin de este día: ya te he dicho muchas veces que nuestro acuerdo fue escribir "mil y pico palabras" todos los días.

Mañana más, quizás mejor, o no, que uno nunca sabe con el proceso creativo.

Un saludo.



Paquito

Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es

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