Pero... Tú eres español, ¿No?
Buenas:
Algo que deberías saber cuando te vas de tu país es que, para bien o para mal, existen clichés de todo tipo para todos los lugares del mundo y esos clichés, tarde o temprano, aparecerán en tu camino, porque es lógico, porque es humano y porque, si no sucedieran, deberías preguntarte dónde estás y, con seguridad, te afirmo que deberías irte de ahí.
Aforismo: cuando todo el mundo es buenísimo, o mienten o es una secta.
Turrón sectareo...
La mañana empieza con un par de llamadas con la Confederación Helvética (Suiza, para los no leídos) donde me informan de una serie de cosas que, sospechamos, puede que necesiten un vistazo.
Es en ese momento donde mentalmente busco una cabina telefónica de las de los años ochenta y, después de meterme y cerrar la puerta, cambiarme de vestimenta para ponerme el traje de súper-héroe, salgo raudo hacia mi destino, que es ir preguntando por aquí y por allá si alguien me puede ayudar con las preguntas que tengo.
Tecnología versus personas
Desde hace muchos años, lo digo y lo repito, todo aquello que puedo hacer cara a cara lo hago así: sólo cuando no puedo o me apetece lidiar con alguien hago emails, mensajería instantánea, llamada o paloma mensajera, aunque esta última sólo en los casos más extremos, que no veas lo que cuesta conseguir una :-))
Mi punto es que nada puede batir el sentirse delante de una persona y hablarle de tú a tú, mirarle a los ojos, colaborar en tiempo real, preguntar que si no sabe la respuesta está bien, que te diga quién podría saberlo y, acto seguido, agarrar los bártulos y por el siguiente :-))
Siempre que puedas, hazme caso en esto, habla con las personas cara a cara: tu vida y tu carrera te lo agradecerán.
El punto es que...
Justo cuando estaba yendo hacia otra zona, al pasar por un sitio, una persona dijo mis apellidos españoles, momento en el que, como una de esas coincidencias del destino, me paré, me giré hacia ella y le dije:
- ¿En qué te puedo ayudar?
Silencio...
Ahí es donde te das cuenta de que, sea de lo que estuvieran hablando, no sería quizás muy positivo, no lo sé, porque lo único que sé es que sonreí, miré a la persona y le dije:
- Me has nombrado y he aparecido... Soy como Bitelchus, pero más eficiente: con una sola vez que digas mi nombre es suficiente.
La primera carcajada fue de una compañera que tiene una risa muy ruidosa, y ahí el tema pasó a lo intrascendente, momento en el que empecé a preguntar por mi asunto y conseguí mis respuestas.
Un ratito más tarde
En una llamada, decido ir fuera del edificio y escucharla mientras me doy un garbeo por la zona: es un día fantástico, pero caluroso y uno, que lleva mal el calor con humedad, empieza a sentir, como ahora mismo, que le cuesta hasta parpadear, porque los calores, en países donde hasta hace cuatro días no eran normales o eran muy muy muy breves, son cosa seria, hasta el punto en el que, en los últimos años, la más mínima ola de calor se lleva a ciento y la madre por delante, por cuanto no están acostumbrados a las altas temperaturas y, sobre todo, el sistema (las casas, los edificios) está diseñado para mantener o crear calor, pues imagínate en los hornos que podemos llegar a vivir.
Y ahí, en esa llamada, alguien oye que estoy en el exterior y me pregunta que cómo está el día por estos lares:
- ¿Cómo está la cosa por allí, Paquito?
- Mucho calor: yo estoy que me muero.
- Jajajajaja... Pero, Tu eres español, ¿No?
Una conversación muy innovadora
Este diálogo de besugos lo habré tenido, tranquilamente, treinta o cuarenta veces en mi vida: la premisa del asunto es que, porque soy de un país del sur, parece que el calor sea mi posición por defecto, cuando uno, de toda la vida, ha sido caluroso y, como toda persona de bien, siempre ha sido de otoños y de inviernos, donde al fresquito se le combatía con coraje, abrigos y resistencia.
Resulta que no, que no me gusta el calor: me encanta el frío y, como uno es un sibarita, me gusta el frío seco, el del centro de la península ibérica, donde una buena capa es más que suficiente para resistir y donde el truco es, precisamente, llevar ropa ligera debajo del abrigo así, cuando uno entra en un lugar con calefacción, con tan sólo despojarse de la cazadora o de lo que sea que lleves, estás para empezar a funcionar sin tener que morirte del calor por el cambio y, de igual forma, cuando tengas que salir, una sola (pero buena) pieza de abrigo será suficiente para volver a readaptarte a la temperatura exterior.
Ahora mismo, por poner un ejemplo, mi coche, al final del día, a pesar de ponerle un protector deflector en la luna para evitar que se ponga como un horno, está calentito y el aire acondicionado tarda unos minutos en poner todo en su lógica temperatura, lo cual a veces te lleva a poner el aire en modo Groenlandia y, al día siguiente, tienes la madre de todos los resfriados.
Y mientras todo esto sucede, el personal te mira y te ve agotado: el polen ha hecho su aparición y tienes que tomarte anti-histamínicos, que también te pueden dar un poco de somnolencia, o el despacho, desde donde escribo esto ahora mismo, que está calentito, por más que haya cerrado las cortinas para evitar lo que, de todas formas, el resto de la casa no puede evitar, que es "el efecto horno".
La buena noticia
La buena noticia es que, al menos el edificio donde trabajo, el sistema de control de temperatura es casi perfecto: en invierno no tienes ni frío ni calor y en verano igual, cosa que es remarcable, teniendo en cuenta que los sistemas de climatización de interiores considera un montón de factores, sobre todo, temperatura exterior, zonas del edificio y, muy importante, número de personas, cosa a tener en cuenta, porque los seres humanos somos pequeñas estufas que, si nos dejan juntitas unas horas, consumimos un buen puñado de oxígeno, producimos otro buen puñazo de dióxido de carbono y, con nosotros, calorías que calientan el entorno.
Y eso yo creo que, tarde o temprano en nuestras vidas, lo hemos vivido: el día en el que estamos en un sitio un grupo relativamente reducido de personas y, en un ratito, un espacio que no tiene necesariamente que ser pequeño de pronto se calienta.
La mala noticia
Que estamos a finales de Mayo, es decir: nos faltan los 3 meses de verdadero verano... Y me da que se me va a hacer muy, muy, muy largo.
Y eso es más o menos lo que te quería contar hoy: "mil y pico palabras", ya sabes que ese fue nuestro acuerdo.
Gracias por pasarte por aquí.
Un saludo.
Paquito
Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es
Comentarios
Publicar un comentario
Todo comentario, siempre y cuando sea educado, es bienvenido.