Por el poder de la Karcher
Buenas:
A lo Clint Eastwood, conecto la máquina, la enchufo a la electricidad, a la manguera de agua y, con el mango, empiezo a endiñarse al suelo como si me fuera el sueldo en ello, montando la de San Quintín y, mientras escucho un par de Podcast, llego a la mitad del jardín con la hidrolavadora o hidrolimpiadora, ojo ahí, que al parecer ese es el nombre correcto, pidiendo guerra y conmigo parando un poquito para descansar.
No sé si el título de hoy te dice algo o no: si la respuesta es afirmativa, ya sabes lo que se viene y, si no es así, eres un urbanita, una persona de bien, alguien que vive desconectado de la naturaleza muerta que abundan en los jardines de millones de viviendas a las que, afortunadamente, no tienes acceso, ni te interesa, que el desarrollismo con urbanismo soviético en el que nacimos muchos de nosotros nos enseñó a entender que "un jardín" era un trozo de tierra con pasto que ponían entre edificios para hacerte sentir que había un mínimo de pensamiento en los dibujos que les enseñaron a tus padres antes de hipotecarse.
Turrón sin comisiones
El caso es que el domingo ha empezado con un cansancio notable, después de la caminata de ayer, pero nada que no pueda solucionar una buena ducha con cambios de temperatura que, en esta época de año, es tolerable (en invierno no hay cojones por estas latitudes) y te activa los músculos.
Con eso además de que me estoy haciendo una maratón de capítulos de la serie "30 Rock" en Netflix (que te recomiendo encarecidamente que veas), mientras me tomo mi primer café miro a la aplicación del tiempo en el iPad y me entero, con mi profundo pesar, de que tenemos varias alertas a partir de las tres de la tarde y cubriendo casi toda la semana, con vientos y lluvias, así que, comprometido con la causa y con un espíritu irreductible de hacer cosas que debería haber hecho hace unas semanas, enfilo hacia la caseta del jardín y allí, en su correspondiente caja, se encuentra el aparato, "la máquina"...
La Kärcher
Algo que uno descubre a lo largo de los años es que los baldosines de los jardines, con la lluvia y demás, eventualmente se quedan completamente negros y, aunque uno podría hacer lo más lógico que a uno le pide la cabeza al respecto (es decir, nada), la verdad es que, sí o sí, una vez al año, tienes que sacar la máquina que permite enchufar agua a presión, como si fueran las mangueras de un lavadero de coches, lo cual viene de fábula porque sacar toda esa contaminación y suciedad tarda y cuesta lo suyo, dándole que te pego al asunto, va y viene, va y viene, porque la cosa no te creas que va a querer colaborar contigo.l
Eso sería demasiado fácil.
Sin presión
A lo Clint Eastwood, conecto la máquina, la enchufo a la electricidad, a la manguera de agua y, con el mango, empiezo a endiñarse al suelo como si me fuera el sueldo en ello, montando la de San Quintín y, mientras escucho un par de Podcast, llego a la mitad del jardín con la hidrolavadora o hidrolimpiadora, ojo ahí, que al parecer ese es el nombre correcto, pidiendo guerra y conmigo parando un poquito para descansar.
Delante de mí, que es lo que tiene ir dándole, una ENORME cantidad de barro, que es la suciedad que se ha ido quedando en esas baldosas y que, literalmente, son kilos de una sustancia negra, con agua, tierra y todo lo que ha salido de ahí y de lo que me desharé unas horas más tardes en su correspondiente contenedor (porque sí: todo lo que es orgánico, de plantas o del jardín, como la tierra, tiene su correspondiente lugar para ser depositado).
Por cierto: la hidrolimpiadora, que no lo he mencionado, hace un ruido infernal, así que, si algún día tienes que hacer lo que yo he hecho hoy, te recomiendo unos buenos auriculares con cancelación de sonido, porque "el concierto" que vas a dar en el vecindario va a ser de llamar a la SGAE y cobrarte el canon.
Con esa reflexión de garrafón, continúo mis andanzas hacia la segunda mitad del jardín y ahí es donde recuerdo que soy un señoro, porque la espalda empieza a dar la señal de estar en reserva y que, si podemos ir terminando la misión, pues eso que nos llevamos todos.
Y por fin, dos horas más tarde de haber empezado, declaro victoria ante las rebeldes baldosas que han osado mancillar con su oscuridad y suciedad al buen nombre de los Paquito y grito un "¡Banzaiiiiiiii!" que, afortunadamente, siendo el día de la madre por estos lares (aquí se celebra el segundo domingo del año) entiendo que no ha escuchado nadie, porque tienen mejores cosas que hacer que estar siguiendo las andanzas del españolito que limpia un jardín con agua a presión y "vinagre de limpiar", aunque ahora el señor YouTube me viene con usar bicarbonato y jabón líquido, cosa en la que, quizás, haré algo en la segunda pasada, que será dentro de unas semanas, para dejar esto como la patena.
Los problemas de un maravilloso jardín en un país con tiempo inestable
Si te pasas algún día por una de esas tiendas de bricolaje, sobre todo a partir de la primavera, vas a descubrir un universo de complementos para el jardín que te va a dejar a la película americana de turno en pañales.
Tienes de todo: cobertizos, barbacoas, mesas, sillas... Te podrías montar un "Jardín Chill out" que sería la envidia de la "Terraza Chill out" que montó Mariano de "Aquí no hay quien viva" en la azotea de Desengaño 21 y como eres una persona muy observadora, te habrás dado cuenta de que he utilizado el condicional como tiempo verbal porque aquí, cuando hace bueno, te aseguro que es un lugar insuperable (ahora, con el Mundial de fútbol, si hace buen tiempo y es estable, las barbacoas que se va a montar el personal en las casas va a ser de competición internacional) PERO, como desafortunadamente esto no es así, todo lo que compres para el jardín, o tienes un buen lugar para guardarlo y conservarlo, o el agua que hace que las baldosas del jardín acaban completamente ennegrecidas se encargará de arruinarlo todo.
Y de eso te puedo hablar porque, como visitante asiduo del punto verde de mi ciudad, es rutinario lo de ver a gente tirando muebles de jardín completamente consumidos por el moho (y esto, ojo, en un país donde no se tira nada).
Y sí, aquí la Kärcher podría hacer milagros, pero al final son muebles baratos que se deterioran bajo esta persistente lluvia que, si no es ácida, poco le falta.
Hace un par de años, por ejemplo, se pusieron de moda los "muebles cuquis", que eran básicamente mesas y sillas decorativas, de maderas grises secas, como si fueran de una casa abandonada, o de la típica fotito de Instagram, con alguna macetita de latón oxidado...
Muy bonito, muy bucólico, muy Instagram, lo que tu quieras, pero absolutamente inútil (no te puedes sentar en ellas: son decorativas, no útiles) y, como ya te digo, todo esto antes de que los ocho o nueve meses de lluvia que se encargarán de destruir todo lo que dejes al aire libre.
Otro detalle: en los lugares donde se puso todo eso ya no queda nada, lo que es indicativo del problema.
Pero en fin... Las agujetas hacen de las suyas y me recuerdan que, más o menos a esta altura, ya he cumplido de sobra con el objetivo diario.
Recuerda: "mil y pico palabras", ese fue nuestro acuerdo.
Mañana más y tranquilo, que no hablaremos de jardines ni de limpieza de suelos con agua a presión.
Gracias por tu lectura.
Un saludo.
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