Escritura con cerveza de trigo
Buenas:
Hoy vamos a probar algo relativamente divertido y es la escritura en el blog bajo la influencia de una moderada ingesta de alcohol, cosa que es altamente inhabitual en mí pero que hoy, "por lo que sea", ha tocado y, de igual forma que conozco los efectos en mi forma de ser en los procesos de intoxicación etílica, no conozco el impacto en la expresión escrita, así que pongámonos cómodos, porque esto está a punto de despegar y quiero saber qué sale de esto.
Turrón al licor
"Licor", lo que se dice licor, no es, tampoco nos volvamos locos: "muy de cuando en cuando", en mi vida, me da por tomarme una (sólo una) cerveza de trigo alemana, que es vendida en botellas de medio litro con bonitos motivos de alguna abadía o lugar con nombre en alemán.
Siendo alguien además que no bebe alcohol casi nunca, el impacto es casi inmediato: con una sola de esas cervezas, siento los efectos en apenas unos minutos, momento en el cual una serie de efectos secundarios toman el poder y, a partir de ahí, "la playa", que es lo que estaba debajo de los adoquines, según los burgueses jugando a la revolución en París en Mayo del sesenta y ocho.
¿Cuáles son los efectos del alcohol en tu persona?
Mi límite son dos cervezas de trigo: más no sé a qué me lleva pero supongo que me sentaría mal, así que nunca subí a ese nivel.
Con una cerveza, en cambio, siento un ligero mareo, a mi cuerpo intentando digerir lo que me acabo de meter entre pecho y espalda, de pronto me encuentro más relajado y en el aspecto verbal, el pequeño margen que existe entre mi cabeza y mi lengua desaparece, haciendo que, sin ser hiriente, sin convertirme en un hooligan, ni nada por el estilo, simplemente sea mucho más directo de lo que ya soy en general.
Hubo un tiempo en el que, "esto", sucedía todos los viernes
Durante un tiempo, todos los viernes, empecé a ir al cine con un compañero de trabajo: un tipo inteligentísimo al que echo mucho de menos, porque juntos hicimos cosas alucinantes, a nuestra manera, con momentos histriónicos, absurdos, humor y trabajo, mucho, mucho, mucho trabajo.
Los viernes, en cambio, nos íbamos de cena y después al cine: empezamos a ir a un restaurante que llevaban unos turcos, pero había comida de todo tipo...
Lo primero que empecé a hacer fue dejar buenas propinas: como íbamos todos los viernes, eventualmente, cuando uno de los chicos nos veía venir, nos llevaba hasta una buena mesa y hacía esperar a otra gente ("Ellos tienen reserva" les decía).
En la cena, nos tomábamos dos cervezas de trigo cada uno: para mí, con mi baja tolerancia al alcohol, era casi para echarme a volar, porque entonces empezaban las carcajadas y, sobre todo, la sinceridad entre los dos, hablando de nuestras vidas personales y laborales.
Lo bueno de la situación es que él sabía cuando empezaba con la segunda cerveza (si llegaba: en cuanto notaba que ya estaba achispado, empezaba a tomar Coca-Cola Zero y a comer): sin dejar de ser yo, simplemente la cosa era mucho más directa, más divertida, más clara.
Nunca entendí a la gente que, cuando bebía, se ponía violenta: a mí me sucedía lo contrario, porque me reía más y, sobre todo, la poca o mucha bondad que pudiera tener dentro de mí salía a borbotones.
Después nos íbamos al cine, me tomaba una Coca-Cola, un cartucho de palomitas y, para el final de la película, ya estaba para poder conducir, porque estaba completamente limpio y sobrio (saber beber y cuando parar, sobre todo cuando te vas a montar en un coche y eres responsable de tu vida y de la de alguien que va contigo).
Pienso en aquellos años y no sé si siento nostalgia: siento esta noche esa sensación de embriaguez (porque ya digo que a mí, con una simple cerveza, ya estoy para pasar revista) y pienso en cual es el impacto sobre mi capacidad para escribir algo: en la evaluación de cómo está yendo la cosa, apenas noto diferencias, salvo que escribo más rápido, eso sí, más desinhibido, más suelto, sin pensar si esto se escribió de tal o de cual forma, sin corregir, yendo en una sola dirección y, según voy escribiendo estas palabras, ahí sí, la somnolencia hace su aparición, lo cual es el símbolo inequívoco de que la cosa está funcionando, lo cual es el objeto de la siguiente fase en el proceso y es, si resisto el sueño, a partir de ahí es un sentimiento de agradable calma y de calor (estoy empezando a sudar: entre el calor de la casa y "esto", estamos a punto de macerarnos, como la carne en una sartén a fuego lento, deshidratándose y cocinándose en su propio jugo).
Lo peor de la historia
Lo peor de todo es que, realmente, no me gusta el alcohol: lo único que tolero más o menos bien es la cerveza de trigo alemana (el resto de alcoholes y cervezas nunca me llamaron la atención) aunque, hace un tiempo, con eso de que en la cesta de Navidad me pusieron una botella de vino, para quitármela de en medio, empecé a beberme un vasito todas las noches en la cena: el sabor no era muy de mi agrado y, con un vasito, al igual que la cerveza, conseguía esta extraña sensación que me acompaña ahora.
Lo peor de todo es que, realmente, no me gusta el alcohol: lo único que tolero más o menos bien es la cerveza de trigo alemana (el resto de alcoholes y cervezas nunca me llamaron la atención) aunque, hace un tiempo, con eso de que en la cesta de Navidad me pusieron una botella de vino, para quitármela de en medio, empecé a beberme un vasito todas las noches en la cena: el sabor no era muy de mi agrado y, con un vasito, al igual que la cerveza, conseguía esta extraña sensación que me acompaña ahora.
En ese punto es donde la cosa me dejó de hacer gracia: era un anestesiante demasiado eficaz, lo cual me explica por qué el personal se engancha a este tipo de bebidas (tienes problemas, stress, lo que sea, y esto te ofrece una forma de evasión que, además, es fácilmente asequible, tanto en disponibilidad como en precio).
Y quizás por eso me cuido muy mucho de no beber este tipo de cosas a menudo: por el motivo que sea, les tengo mucho respeto, a pesar de que, conociéndome, sé que lo haría con la debida moderación, pero hay algo que, quizás la publicidad de los años ochenta contra las drogas, hizo algún tipo de mella en mí (no así el tabaco, al que dejaría a lo largo de los años, como hoy en día, por poner un ejemplo, que llevo sin tocar un cigarrillo varios años).
Dicho lo cual
Nuestro acuerdo fueron las famosas "mil y pico palabras" y hoy, curiosamente, se han hecho relativamente rápidas, lo cual es indicativo de que, efectivamente, las musas, cuando se les pone la gasolina debida, parecen más juguetonas.
No me voy a releer por vergüenza: las incoherencias de un señor semi-chispado con una simple cerveza no es probablemente algo de lo que uno se pueda sentir orgulloso.
Mañana más, creo, y mejor, quizás.
Un abrazo: gracias por llegar hasta aquí.
Paquito
Emilio: sugerenciasapaquito (arroba) yahoo (punto) es
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